domingo, 6 de octubre de 2019

Como niño en juguetería

Por Juan Felipe Giraldo Trejos









    Mi corazón ha querido salirse de mi pecho y corretear como si fuera un niño deslumbrado en la juguetería mágica del cuento infantil de Pedro y sus juguetes. Mi corazón, acostumbrado tan poco a la explosión jubilosa, y endurecido tanto tiempo por el escepticismo de aquel que no se deja sorprender, ha caído por fin en la redada que le tendió su propia (y desfachatada) conciencia, porque aunque no parezca, el corazón también tiene su raciocinio: muy poquito pero lo tiene.
    Si les contara en dónde estuve metido estos últimos seis días, de dos a ocho, los pragmáticos del capital me tildarían de imbécil por perder mi tiempo de una manera tan infructuosa; sin haberle sacado ningún rédito económico a la situación, y en lugar de ello haber comprometido una importante suma de dinero con el riesgo inminente de la pérdida: podrían tener razón. Por su parte, los condenados irremediables al sistema opresor que los obliga a vivir en la esclavitud de un puesto para sostener el status quo por el que tanto han luchado, dirán que soy un triste desocupado sin oficio ni beneficio, y también podrá ser cierto. Finalmente, los amantes del hedonismo y el goce puro de la entidad corpórea me tildarán de aburrido, de amargado, y también lo puedo ser, qué carajo. Cualquiera dirá, en todo caso, que no tenía otra cosa mejor que hacer o que soy un vago irredento al que el virus de la ociosidad lo ha infectado. Les admito todo lo que quieran, porque sus opiniones no me quitarán la felicidad del alma, al menos por lo que aconteció la semana anterior. Ya no doy más vueltas y me confieso de una vez. Mi refugio del 1 al 6 de octubre del presente año se llamó Feria del Libro del Eje Cafetero: Paisaje, Café y Libro 2019, en su quinta versión, en Expofuturo. “Qué cosa más bella”, como diría un amigo al que no le gusta leer.
    Sí, ese evento es lo que me ha hecho tan feliz y le ha devuelto a mi corazón la alegría que en algún lejano recodo del pasado dejó olvidada, quién sabe cuándo: seguro el día en que dejó de latir como si fuera el de un niño para latir con el agrio pálpito de la adultez. La Feria del Libro, fue pues, ese evento fascinante que sólo se ve una vez al año en mi ciudad y al que asistí por primera vez, tratándolo de vivir con la mayor intensidad posible. Por eso esta versión resultó para mi inolvidable, emocionante; como si a los cinco o seis años hubiera cumplido el sueño de estar en un almacén rodeado por todos los juguetes del mundo sin la presencia de adultos importunando ni vigilantes prohibiendo lo que es divertido, y con toda la noche por delante.
    Como no tuve la oportunidad de asistir a las versiones anteriores, por el momento me quedo con la emoción reciente de esta última, felicitando de paso a las instituciones que la hicieron posible como la Cámara de Comercio de Pereira y a sus aliados y patrocinadores que son las empresas y estamentos gubernamentales que se vienen adhiriendo a esta iniciativa cada año desde el 2015. Esta feria, aunque más pequeña en tamaño que la de Bogotá, no tiene nada que envidiarle en calidad y en el nivel de los invitados a la que se hace en la capital de la república. Los stands de las editoriales y las librerías exhibieron una extensa oferta de clásicos y novedades; de ediciones de lujo y ediciones económicas; de temáticas de toda índole, para todos los gustos y todas las edades. El que no lea es porque no quiere, definitivamente.
    Pero como no sólo de libros vive el hombre, también en esta feria hubo espacio para la caricatura, el dibujo, la pintura, el cine, la música, la gastronomía, la reflexión, el comic, los negocios, y otras cosas. Como si fuera poco, las conferencias y los conversatorios definitivamente fueron los que impulsaron el grueso de la compra.
    De España, que fue el país invitado, me quedo por ejemplo con dos muy buenos escritores que no había tenido la oportunidad de leer y que ahora estarán encabezando los anaqueles de mi pequeña biblioteca. Javier Moro es uno de ellos, autor de novelas históricas de temática diversa y en la que la documentación rigurosa es el requisito principal de su obra, pues él afirma que no ha necesitado sacar sus personajes de su cabeza, que la Historia misma se los ha proporcionado, y él sólo ha contribuido a enriquecerlos e inmortalizarlos en sus páginas. El otro español que me quedó en la retina fue el escritor José Manuel Fajardo, autor de varias obras conocidas en España y Latinoamérica, y que me dejó con ganas de comprar su más reciente novela Mi nombre es Jamaica porque según me contó, los problemas de logística impidieron que sus libros llegaran a la feria, lo cual fue lamentable.
    México tuvo a Mario Bellatin en conversación con Rodrigo Argüello promocionando su más reciente libro Cartas sobre los ciegos para uso de los que no pueden ver, el cual plantea una historia muy interesante acerca de los problemas de comunicación de las personas ciegas y sordas, y sobre cómo estos impedimentos, mediante un complejo proceso de pedagogía logran ser superados; un libro que deja un mensaje que sin duda pone a pensar al lector. Y por otro lado se pudo apreciar la charla de Guillermo Arriaga, el guionista de cine mexicano, conocido por la novela El búfalo de la noche y por la película Amores Perros, y que nos dejó para la biblioteca personal su novela El Salvaje, que aunque es un mamotreto de 700 páginas, promete ser una aventura fascinante de crimen y venganza en la colonia Unidad Modelo de Ciudad de México.
    Otro invitado internacional que pude conocer fue el escritor argentino Eduardo Sacheri, autor del libro que inspiró la película ganadora del Premio Óscar a mejor película extranjera en el año 2010, El secreto de sus ojos, y de emocionantes cuentos sobre fútbol; ahora vino a promocionar su más reciente novela, La noche de la Usina, una historia que se derivó de la problemática argentina vivida a inicios de la década de los dos mil, cuando se dio lo que se conoce como El Corralito, aquella medida económica del gobierno en la que los ciudadanos no podían retirar su dinero de los bancos, provocando una falta de liquidez y una crisis general que afectó a millones de argentinos. Además dio un conversatorio fenomenal sobre la escritura creativa, de la cual es todo un maestro Sacheri.
    De los escritores colombianos de trayectoria, no tengo necesidad de hablar de ellos. Su solo nombre es garantía de aforo completo, y habla muy bien del nivel alto de esta feria. Así se logró comprobar en las charlas que dieron hombres y mujeres como Piedad Bonnett, Marvel Moreno, Pilar Quintana, Héctor Abad Faciolince, William Ospina, Santiago Gamboa, Miguel Torres, Róbinson Quintero, Rodrigo Argüello, Mario Mendoza (a quien no pude ver porque se llenó el auditorio), Fanny Buitrago, entre otros. No puedo dejar pasar por alto a las dos figuras más importantes del cine en nuestro país: Sergio Cabrera y Víctor Gaviria, quienes nos estuvieron contando acerca de sus experiencias en la dirección del séptimo arte. Y no hay que olvidar tampoco que el arte de la caricatura estuvo representado por dos grandes como Vladdo y Matador. No alcanzaría en este artículo a exponer el inmenso aporte que hicieron los invitados a esta feria del libro. Ya ustedes los conocen y saben lo que pueden despertar en los lectores y espectadores.
    Y cómo no, hay que hablar de los escritores regionales que también dejaron el nombre de la ciudad muy en alto. Me sorprende lo mucho que se está escribiendo en la ciudad y en el Eje Cafetero en general, y la buena calidad de los libros que se están produciendo, así algunos amargados todavía piensen que en Pereira no hay cultura ni literatura y mucho menos escritores. Esta versión de la feria les quitó la razón, porque les puedo mencionar personajes que esta semana deambularon por los corredores de Expofuturo y que en sus conversatorios le dieron gran realce al panorama de las letras a nivel regional y hasta nacional, sea porque fueran pereiranos de nacimiento, porque vivan o hayan vivido en la ciudad, o porque siendo de otro lugar hayan escrito sobre la región; oficiando como escritores, historiadores o intelectuales. Entre ellos cabe destacar los nombres de Julián Chica Cardona, Víctor Zuluaga Gómez, Rigoberto Gil Montoya, Cecilia Caicedo Jurado, Wilmar Ospina, Javier Alfonso López Morales, Alfredo Cardona Tobón, entre otros que no menciono porque aún no los retengo en mi cabeza. De las figuras jóvenes que prometen en el mundo de la escritura puedo mencionar a Hernán Mallama Roux, Diego Alexander Vélez, Santiago Guevara, Andrea Mejía, Santiago Cardona, William Vega, Juliana Javierre, y otros tantos que se me quedan, que a pesar de su corta edad para ser escritores, ya están asomando y reclamando un lugar en el panorama de las letras.
    Finalmente quiero destacar el homenaje que se le brindó por parte de la Secretaría de Cultura de Pereira a la escritora pereirana Alba Lucía Ángel Marulanda, a través de la reedición de toda su obra, en una colección de sus principales libros que ella autorizó sin fines comerciales. Muy bueno para quienes podrán tener esta colección en sus bibliotecas de colegios, de universidades o particulares, pero muy malo para quienes, al igual que en el pasado, nos quedaremos otra vez con las ganas de adquirir los ejemplares de la autora, que no se consiguen en Pereira. Es una pena que ahora que existe el interés de publicar y comercializar los libros de Alba Lucía, ella responda con el mismo desplante que otrora le hicieron las editoriales que no tuvieron la visión suficiente de publicarla y difundirla, pues ya no le interesa que sus libros sean vendidos. Con eso nos cercena las posibilidades a los lectores que no pertenecemos a ningún círculo especial ni a ninguna institución, de poder tenerla. Nuevamente un pequeño grupo será el que gozará de conocer y disponer en propiedad de su obra. 
    Sé que se me quedan muchos escritores, artistas, músicos, promotores culturales, conferencistas de peso y otros por mencionar, y les pido disculpas por no hacerlo, pero es que la lista es muy extensa y la verdad no alcancé a escucharlos a todos y mucho menos los he podido leer: ya les llegará su momento. La programación fue tan nutrida que en ocasiones tenía que renunciar a unos eventos por asistir a otros, y por ello es que tuve que dejar muchos nombres importantes por fuera. Sólo espero que para el próximo año no me crucen las conferencias de interés como lo hicieron este año, que pusieron a competir en el mismo horario y en diferentes auditorios a dos figuras llamativas, y uno tiene que escoger sólo a uno, con la lástima del padre que debe elegir a cuál de sus dos hijos siameses debe sacrificar.
    De modo que la semana que pasó, repito, será inolvidable para mí, y no me imagino cómo será la próxima feria a la que asistiré, que será en Bogotá si no me muero antes de seis meses.
    La razón de tanto alborozo la puedo sintetizar en una sola frase: para mí los libros son un fetiche de mis ambiciones literarias, son mi motivo de felicidad. Ahora entiendo perfectamente lo que siente un adicto cuando se encuentra en pleno disfrute de su droga, porque debo reconocer, no sé si para mi ventura o mi desgracia, que soy un bibliófilo. Sí, ya sé que la cosa puede resultar peligrosa, que más que una adicción, puede tornarse en una aberración, pues para los mortales que no leen debe ser extremadamente raro —al punto casi de rozar con lo enfermizo—, aquel tipo que se la quiere pasar metido entre las páginas de un libro, y que llega al clímax de un placer intelectual cuando descubre en los cajones de las librerías y en los estantes de las bibliotecas algún ejemplar perdido, de esos que se habían camuflado en el agotamiento de las editoriales; o cuando sale al mercado una novedad imposible de ignorar, una nueva colección, o el descubrimiento de un autor que lo motiva a ejercer su legítimo derecho a la imitación de su estilo. Porque en últimas esa es la esencia deliciosa de la escritura: nutrirse del plagio, consciente o inconsciente.     Felicidades a quienes hicieron posible esta quinta Feria del Libro del Eje Cafetero 2019, y muchas gracias por el sabor de boca literario que nos dejaron. La próxima debe ser superior, porque aún falta mucho por mejorar en este recorrido infinito de la construcción de la cultura.
    Por mi parte no queda más que sentarme a leer, si es posible, en lo que resta de mi vida. He invertido una suma considerable que debo recuperar en forma de lectura; con lo cual tendré que abstenerme de comprar bagatelas o privarme de satisfacer los placeres requeridos para llevar una existencia medianamente decente. Ahora que he decidido que definitivamente no voy a ser escritor, me encerraré por muchos meses y me perderé del encuentro con viejos conocidos. Espero me comprendan. Me acabo de meter a otra profesión mucho más necesaria: soy ahora lector, y tengo mucho que ejercer en este oficio.

06/10/19


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