sábado, 27 de febrero de 2021

Agenda 2030, el camino a la perdición

Por Juan Felipe Giraldo Trejos


Te cuidamos y te educamos para que seas un leal ciudadano




    Continuando con mi visión particular sobre los puntos de la Agenda 2030 promovida por Naciones Unidas desde hace ya cinco años, me refiero ahora a los objetivos 3, 4 y 5: la salud, la educación y la igualdad de género. ¿Cómo quiere el globalismo proveernos de bienestar, educarnos y de paso adoctrinarnos? En el artículo anterior expliqué cómo sus propuestas para erradicar la pobreza y el hambre no son más que palabrería vana. La forma de mejorar la salud, la educación y promover la igualdad de género puede suponer un atentado directo contra nuestras libertades individuales. A continuación explico de qué forma puede darse esto:

 


3. Salud y bienestar: Si la Agenda 2030 de la ONU apunta a reducir la tasa de mortalidad generada por las epidemias, las enfermedades mentales, la obesidad, la diabetes, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, entre otras, ¿cómo hará para lograrlo cuando los sistemas de salud públicos, incluso de los países más desarrollados están casi quebrados? La pandemia demostró que no estamos preparados, por incapacidad o por negligencia, para proveerle salud y bienestar a la población mundial. De hecho no conviene a los intereses del globalismo que las personas estén física y mentalmente sanas. Por un lado la élite es partidaria de una reducción de la población mundial, y por otro lado requiere de hombres débiles de cerebro para poder dominarlos a su antojo a través de la manipulación, o en el mejor de los casos, a través de propuestas como esta Agenda 2030 que es un fiasco en todos sus sentidos. Basta leerla para saber que dice mucho y no aporta nada de sustancia.

    ¿Cómo será la salud en un modelo social-económico regido por un líder del estilo Xi Jinping? Habría que sobrellevar la enfermedad en el más hermético de los silencios. Aceptar que seremos tratados como pacientes con una única enfermedad y para la cual existe un único tratamiento. ¿Acaso para lograr las metas del objetivo ya se cuente con el nuevo soma del mundo feliz? ¿Será un bienestar genuino el que se imponga con la agenda de la ONU, o será un alivio temporal asentado en los paliativos que nos ayudarán a soportar el dolor y la depresión? Mucho me temo que así como hoy, la salud de calidad le será negada a los más débiles en mayor medida. El sistema soporta, a duras penas, una cantidad de usuarios que le demandan cada vez más recursos, tratamientos y medicinas. Habría que preguntarse antes de formular cualquier objetivo en salud cuál es la expectativa de vida que conviene para los intereses de la élite. Habíamos avanzado en una humanidad que había erradicado por completo muchas enfermedades y reducido las causas más comunes asociadas a la mortalidad infantil. Muchas enfermedades han reaparecido con más fuerza y regresaron para quedarse definitivamente. El Covid, de hecho, será una enfermedad que tendremos entre los mortales por el tiempo que decidan los poderes globales. Las vacunas puede que ya estén inventadas, pero no en todos los países será efectiva su aplicación. Con el Coronavirus la salud colapsó, pero la esperanza de los hospitales vacíos de aquí al 2030 es un aliciente para la agenda. No habrá muchos más enfermos padeciendo porque estos morirán antes de tiempo. 

 


4. Educación de calidad: ¿Qué es una educación inclusiva, equitativa y de calidad? ¿Qué quiere decir la ONU cuando dice que la UNESCO está realizando una supervisión global de los cierres de las escuelas nacional y localmente? Aquí la educación podría entenderse como un proceso mediante el cual todos los estudiantes deberán aprender lo mismo en todas partes. Ellos serán los primeros ciudadanos, no de las naciones, sino del mundo entero. No es la educación para comprender la interculturalidad de los países, sino para aprender los valores de una cultura única en la que se prescinda de materias tan importantes como matemáticas, filosofía, ética y valores, humanidades e historia, a cambio de cátedras tan sospechosas como la igualdad de género. ¿Será educación de calidad promover aprendizajes basados en la igualdad antes que en el conocimiento? Sin pensamiento crítico ni abstracto no hay disertación, se anula el debate, no hay libertad. No tendremos mucha diferencia con los borregos que un solo pastor puede liderar sin que estos tengan la posibilidad de salirse del redil.

    Que no sea hipócrita la ONU. Con su discurso solamente está promoviendo políticas educativas de corte progresista que no forman en valores humanos sino en doctrinas totalizantes que en lugar de ser inclusivas excluyen más que cualquier movimiento separatista y dictatorial.

    Y no basta con hablar de educación pública y gratuita para todos. Nada hay gratuito, alguien de todas formas tendrá que pagarlo. Yo no veo, por ejemplo, a los hijos de los gobernantes, de los políticos de turno, o de los multimillonarios estudiando en las universidades estatales pobres de sus países. Ellos, como tienen con qué pagar educación —esa sí—de calidad, acuden al sector privado para formar a sus hijos. En ese caso sí no se los dejan al Estado para que los eduque y los adoctrine. Una verdadera educación de calidad no es que el estudiante rico sea el único que pueda asistir a una buena universidad. Es que todos los estudiantes estén en capacidad de decidir dónde quieren estudiar, sea en la universidad privada o estatal. ¿Acaso es equitativo o inclusivo que los jóvenes tengan que venderle su conciencia al Estado adoctrinador solamente porque este les está proveyendo la educación?

 


5. Igualdad de género: ¿Qué es lo inclusivo cuando se supone que en todas las legislaciones del mundo, (menos en las de los países comunistas, claro está) tanto hombres como mujeres pueden trabajar por igual amparados bajo las mismas normas, aun sabiendo que por naturaleza ni los unos ni los otros son iguales? La única igualdad que debe existir es la igualdad ante la ley en aras de mantener un sentido práctico de la justicia. No se construye un “mundo pacífico, próspero y sostenible”, como apunta la agenda, tratando de equiparar a hombres con mujeres como si se tratara de una competencia a ver qué género es mejor. Mantener el paradigma de que las mujeres están por debajo en el trabajo y en la escuela es ahondar en las diferencias que mantienen a ambos géneros en constante pelea. La idea de parte de la agenda es enemistarse entre unos y otros para reducir ostensiblemente las cifras de la procreación.

    La "igualdad de género" no es más que una lucha cultural con la que se quiere fomentar la división y el odio antes que la inclusión. Y eso es lo que la ONU está incentivando en cada uno de los países miembros. Ahí estamos en Latinoamérica volviendo a las viejas rencillas feministas cuando se supone que las mujeres han conquistado (y lo siguen haciendo) todos los derechos que les corresponde como personas que ejercen su ciudadanía. 

    Las facultades de humanidades en las universidades públicas están plagadas de militantes y no de maestros. Idealizan un mundo que no existe e intentan inocular la utopía en el cerebro de sus estudiantes. Ahora que la "Igualdad de Género" hace parte de la cátedra obligatoria nos espera una sociedad más confundida de lo que ya está. Un fomento a las rivalidades, un espoleo de la discriminación.


sábado, 20 de febrero de 2021

Agenda 2030, el camino a la perdición

Por Juan Felipe Giraldo Trejos


Combatir la pobreza matando a los pobres




    La agenda 2030 es un plan no vinculante ideado en 2015, firmado por los jefes de gobierno de los países adscritos a las Naciones Unidas como un compromiso para hacer frente a los retos económicos, ambientales y sociales de la globalización. Vale decir que por su carácter no vinculante, los países se reservan el derecho de implementarla a título propio. La ONU simplemente propone, pero casi todos sus miembros están yendo sobre esa vía.

    Consta de 17 puntos llamados “objetivos de desarrollo sostenible” con los que se pretende “fortalecer la paz universal, poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las vidas y las perspectivas de las personas en todo el mundo, asegurando el progreso social y económico…”. Promueve además el acceso a la educación de calidad, la igualdad de género, el empleo sostenible, la reducción de las desigualdades y un sinfín de beneficios para que la humanidad de aquí al 2030 sea un paraíso terrenal.




    Deteniéndonos ante esta narrativa, la Agenda 2030 parece ser la salvación. Un proyecto tan misericordioso que me conmueve hasta las lágrimas, porque al fin los gobiernos entendieron que la forma de constituir un mundo feliz y en paz era siguiendo los lineamientos de los 17 objetivos propuestos y que se pueden encontrar en la página de la ONU[1]. ¿Por qué no se les había ocurrido antes? Una maravilla esta agenda, que la presentan como un plan de acción considerado con la humanidad. Ahora, con el advenimiento de la pandemia, se puso en boga. No porque esté obrando en forma benéfica, sino porque nos estamos dando cuenta cuál es ese modelo de sociedad que tan maravillosamente nos vende la ONU, en contubernio con la élite de meta-capitalistas y gobiernos torcidos que conciben un planeta hermoso solamente para ellos.

    Ya lo dicen los que saben: la preocupación ahora no es el Qué, porque es evidente que el discurso resulta conmovedor. ¿Quién no quiere vivir en un mundo en paz, con acceso a la educación, con agua limpia, con trabajo decente, con igualdad de oportunidades, etc, etc.? Sin embargo la forma en que se va a implementar esta agenda sí es para asustarse. El Cómo, aquí, es el meollo del asunto.


    El plan globalista ya se quitó la máscara. El Covid fue tal vez la medida más extrema que han tomado, y aunque todavía no nos consta que haya sido un virus creado en laboratorio y tirado adrede a la humanidad, sí sabemos quiénes fueron los que más se beneficiaron con este: China, el país que se erige como nueva potencia en reemplazo de Estados Unidos, con todo lo que ello implica; las organizaciones y comisiones supranacionales (ONU, OMS, BID, FMI, Banco Mundial, OCCDE, Human Rights, CEPAL, y demás) que asumieron el liderazgo y el protagonismo, consolidándose en posiciones encumbradas; las multinacionales dueñas de los laboratorios y las empresas de tecnología (BigTech), que en últimas son propiedad de los ricos más ricos del mundo, los que ostentan el 99% de la riqueza del planeta. Ya sabemos sus apellidos, pero es mejor no mencionarlos. Y por último las ONG’s que estos ricos financian y que son fundamentales a la hora de fracturar las instituciones y las democracias con su influencia perversa.

    Como esta entrada es simplemente una opinión sobre hechos que acontecen en el mundo, sería bueno que todos le diéramos una mirada crítica a esos puntos de la agenda y descubriéramos el veneno que encubren. Allí encontraremos una palabrería peligrosa y sutilmente engañosa que se riega a lo largo del discurso que proponen. Nos hablan de resiliencia, de sostenibilidad, de igualdad, de seguridad… todas palabras vanas que sirven de comodín a un discurso políticamente correcto.

    Se hace muy extenso el análisis de los 17 objetivos propuestos por la ONU, y por tal razón este artículo ha sido seccionado en varias entregas con el ánimo de abordar los puntos que creo más relevantes. En esta primera entrega me he centrado en los dos primeros: la pobreza y el hambre.



    1. El fin de la pobreza: para 2030 la meta es erradicar la pobreza extrema en todo el mundo. ¿Cómo se acaba con la pobreza cuando los grandes potentados especulan con el dinero aquí y allí sin serle útil al sistema productivo? Los filántropos que donan su dinero a las causas más nobles para que vean qué buenos son, son los mismos que se han hecho ricos a partir de la quiebra de otros. La voluntad de acabar con la pobreza no existe. Si en verdad lo quisieran, deberían pensar primero en acabar con el sistema financiero especulativo, que ahí está la clave de por qué se origina la pobreza. No se habla del daño que le hacen los empréstitos del Banco Mundial o del FMI a los países latinoamericanos, por ejemplo. Eso sí no lo visibiliza la ONU. La usura en los intereses o el engorde de los capitales improductivos crea mucha pobreza, pero al final los bancos siempre obtienen réditos sustanciosos.

    Fíjense que no es hablando de redistribución de la riqueza ni de ingreso básico vital como se combate este flagelo, y que es lo que se ha propuesto desde las diferentes comisiones de la ONU, siendo estruendosamente aplaudido por todo el socialismo rampante.

    Si hay pobres en el mundo es porque no se fomenta la inversión en países pobres, donde se le pueda dar empleo a la gente; porque las grandes corporaciones entran a explotar y a saquear los recursos de un país sin que haya una autoridad que los limite ni los regule, pues bien sabemos del servilismo de los gobiernos de turno ante la élite global que maneja los hilos del poder económico y que se ha echado al bolsillo a tantos funcionarios de esas organizaciones que supuestamente velan por el bienestar de la humanidad como la ONU.  ¿Por qué en los países pobres a los campesinos y a los pequeños industriales no les dejan entrar sus productos a las grandes cadenas, o si se los compran es al precio que el distribuidor impone? ¿Por qué los tratados comerciales obligan a los gobiernos a que sus productores compitan en desigualdad de condiciones contra los emporios insuperables que todo lo entran subsidiado? Aquellos no pedían antes que el Estado los mantuviera, sino que los dejaran participar del mercado. Ahora, cuando lo han perdido todo y el mercantilismo se los ha devorado, tienen que clamar por una ayuda. No es rompiendo piernas y entregando muletas como vamos a acabar con la pobreza, y mucho menos matando a los pobres.




    2. Hambre cero: El segundo objetivo de la agenda es erradicar el hambre. Para ello utilizan la misma fórmula de la pobreza. ¿Cuántas toneladas de comida se tiran al año en el mundo? ¿Es el hambre un problema de falta de comida o de mala distribución de esta? Incluso si la comida está mal repartida, ¿la falta de alimento en el mundo es por incapacidad de la tierra de producir sobreabundancia? Las políticas mal diseñadas de los gobiernos en materia alimentaria son las que están ocasionando el hambre. Los agricultores en muchas ocasiones se ven abocados a tirar sus productos porque les sale más barato que salir a venderlos. La ONU habla de promover la agricultura sostenible, pero no dice que el problema del hambre es producto de la desmedida globalización en donde los productos nacionales tienen que competir con los extranjeros en un mercado común, y que quien ose colocar aranceles para proteger su industria se le considera xenófobo y retrógrado. No dice que mientras las grandes potencias subsidian a sus productores y pueden entrar sus productos libres a cualquier otro país, los países pobres tienen que llevar la peor parte con esto del libre mercado. Están capacitados para producir comida pero no encuentran mercado nacional que les compre porque este ya está saturado de importados. Y cuando encuentran un comprador en el exterior, tienen que comprometer toda su producción para venderla con exclusividad y a bajo precio, y lo que queda para el consumo interno es poco o nada. De ese modo hay incapacidad para atender la demanda, se genera escasez y sobreviene el hambre. Los países pierden así su soberanía alimentaria y quedan dependiendo de lo que otros les quieran enviar. De esto no dice nada la agenda 2030 que simplemente se limita a repetir que hay que erradicar el hambre, promover una agricultura sostenible (siempre con esa palabra), y suprimir la malnutrición por una alimentación sana y nutritiva.

    El gran problema del hambre, como el de la pobreza, no se soluciona con palabras bonitas como el discurso de la Agenda 2030, que es vacío y no ofrece solución. Se soluciona dejando trabajar a la gente, promoviendo el empleo, incentivando a las empresas para que lo generen. Sin trabajo no se crean las condiciones objetivas para mantener una estabilidad económica que pueda suplir las necesidades básicas. Todo lo contrario a lo que se ha hecho por parte de Naciones Unidas, quien apoya los subsidios y las rentas básicas que el Estado otorgue a perpetuidad, con las que tampoco se solucionará el problema, pues si los países cada día se empobrecen y están más endeudados, ¿de dónde van a sacar para alimentar a una población que no puede bastarse a sí misma y por tanto generar las condiciones para desarrollarse? 




    El mundo que nos pintan a futuro es una farsa. Hablan de reducir la pobreza pero todos en el fondo seremos pobres y dependientes, porque así nos quieren. Aparte, con la imposición de auto percibirnos como ricos por el hecho de no necesitar comprar nada. La posesión será un verbo del pasado. Pero no porque me digan que ya no necesito comer voy a dejar de sentir hambre. 










[1] www.un.org/sustainabledevelopment/es/development-agenda/


 


sábado, 13 de febrero de 2021

Vitrinas y censura

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





    Conversando acerca de la peligrosidad y la vacuidad de las redes sociales, ante las que nos hemos desnudado (literalmente) sin ningún pudor, exponía no hace mucho mi punto de vista para un pequeño auditorio de contertulios jóvenes que vivían las veinticuatro horas del día en función de las pantallas y los dispositivos.

    —Las redes sociales son la cloaca donde se vierten los resentimientos y las frustraciones del hombre moderno.

    Aseveraba yo con una seguridad de erudito, con un mal disimulado desprecio por estas invenciones modernas que nos tienen a todos esclavizados, y en el mismo tono continué mi disertación:




    —Uno se encuentra allí con lo más sórdido y trivial de la condición humana: peleas de arrabaleros en Twittter por razones casi siempre políticas; ostentaciones de estilos de vida falsos en Instagram a través de fotos retocadas de muchachitas bellas que viajan por el mundo con el éxito que les provee la plata de sus padres; monerías grotescas de gente fea en Tik-Tok que hace fono mímicas de diez segundos, y que en lugar de risa provocan coraje; cadenas intimidantes de WhatsApp en donde te amenazan que si no las compartes te caerá una maldición de más de diez años de soledad, que fue la que me cayó a mí; titulares mentirosos en Youtube para dilapidar nuestro tiempo reproduciendo videos en los que no se saciarán las expectativas de lo prometido; falsos amigos en Facebook que fisgonean con esmero en la vida del prójimo para levantar calumnias más tarde. En fin, todo lo malo que uno se pueda imaginar. Las redes sociales son, por lo tanto, un artilugio para perder el tiempo y desaprovechar la inteligencia.

    Convencido de lo que acababa de esbozar, me paré de la silla creyendo que aquellos adictos informáticos no me iban a comprender. Yo, que soy más bien un relegado de la tecnología, opto por el papel de crítico ante la incapacidad de ponerme al día con los avances informáticos. Sé que esa posición me hará perder la guerra contra lo inevitable, pero sigo siendo un hombre de las cavernas en la materia.

    Uno de los que habían estado escuchando con sospechosa atención, pues nunca dejó de mirar su celular mientras hablé, intervino para refutarme, aún sin levantar su mirada del aparato.




    —Se equivoca, mi amigo —me espetó—. Usted habla de lo que no conoce en su totalidad. A lo mejor reniega del lado insubstancial de las redes… que lo tienen, como lo tenemos todos los humanos, pero se le olvida que en este mundo globalizado se necesita de esas banalidades para competir con éxito en el mercado. No se quede en la anécdota, no sea tan simplista. Amplíe su campo de visión y reconozca que ellas son necesarias para algo más que darnos vitrina. De hecho, son la vitrina.

    No me quedó más de otra que darle la razón al contertulio. Estos muchachos de ahora tienen muchos argumentos para debatir, y yo no soy ni tan enérgico ni tan fluido de palabra como para sostenerle la discusión.

    Sí, las redes sociales son una vitrina para todo. Allí es donde se están gestando los mejores emprendimientos, se están materializando los grandes sueños, se promocionan los nuevos descubrimientos (casi nunca científicos), y en donde actualmente se está definiendo el futuro del mercado de bienes y servicios. Por eso son la forma más eficaz de dar a conocer nuestros negocios, nuestros saberes, nuestro arte; nuestro paquete de cualidades con el que fuimos dotados para hacer algo por el mundo.

    Yo no lo había pensado de esa manera hasta que comencé a compartir las columnas de mi blog por Facebook, y de esta forma me resultaron los primeros lectores, o por lo menos los primeros curiosos que al menos dieron clic en el enlace.




    Y sí, así como las redes hacen las veces de facilitadoras para promover cuanta idea se nos ocurra, también ofician como juez supremo a la hora de censurarnos. Ellas son las dueñas del centro comercial, y si nuestras cuentas fueran un local de ese gran centro, allí sólo podríamos comercializar lo que las directivas autoricen. Con las opiniones sucede lo mismo. Una palabra mal interpretada por los algoritmos y te quedas sin estante para vender tus sueños.

    Pero la función de las redes va más allá. No sólo dinamiza el mercado de bienes y servicios, sino también el de personas: si anteriormente la mercancía era el fetiche supremo de nuestros más arcaicos deseos, ahora ese fetiche somos nosotros. Nosotros somos el producto. Nos hemos vuelto mercancías que se exhiben en vitrinas. Y esa palabrita (vitrinas) que mencionaba el compañero de la discusión, ya no se suele asociar solamente con el escaparate físico en el que se colocan los productos, sino que ahora se emplea en todos los contextos de las actividades sociales: un torneo de fútbol, una feria empresarial, un certamen de belleza, un reportaje publicitario, una presentación en sociedad, un concurso literario; cualquier cosa que sirva como aparador, no para vender mercancías, sino para vender nuestra propia imagen. Estamos tan necesitados de atención que hacemos lo que nos pidan para figurar, así sea en donde no debiéramos figurar. El hecho es que nos vean, porque nos hemos cansado de ser espectadores.




    Hace poco me hablaron de una plataforma que opera con el mismo modelo de una red social; se llama Onlyfans, y al parecer le ha servido a los famosos para que publiquen contenido sin censura, dirigido a mayores de edad. El perfil concreto y personal de una celebridad se puede ver pagando la suscripción para obtener así un contacto más cercano. Ahora, si no se es famoso, también se puede abrir una cuenta, crear un perfil en la plataforma, subir contenidos y cobrar por ello. A mí como que en alguna parte me habían hablado de una actividad similar, pero no recuerdo cómo ni dónde. Es que esto de los negocios virtuales se volvió tan masivo…

    Siempre nos han dicho que tenemos que saber vendernos a nosotros mismos, que es fundamental para nuestro éxito en las relaciones interpersonales. Hoy disponemos de los medios tecnológicos a nuestro alcance, por lo que no tenemos excusa.

    Yo, que no me caracterizo por ser muy buen vendedor, voy a ver si me le mido a OnlyFans. Quizá algún incauto me dé cualquier cosita por dejarle leer mis artículos. No importa que no sea mucho, yo los seguiré escribiendo de corazón.



    Es que ya ni en Facebook me los dejan publicar. La dictadura de sus estándares comunitarios me tiene censurado. Hay cosillas que uno dice y no les gusta, como por ejemplo que son tendenciosos porque sólo dejan pasar las opiniones que les conviene a sus intereses de manipulación. Ojalá los dos mil quinientos millones de usuarios nos abstuviéramos de usar la red por una semana para que vieran cómo se les va al piso su negocito a costa de nuestra privacidad. Sólo eso pido: una semana.

    A la fija que esta entrada también me la censuran. 


sábado, 6 de febrero de 2021

No solo serlo sino parecerlo

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





   Qué es más importante, ¿ser buena persona o ser buen profesional? Me pregunto en este instante en que descubro que los ídolos de la humanidad siguen siendo de barro, como siempre… y como nunca antes.

    Cuando me refiero a lo de buena persona, obviamente estoy indicando aquellas cualidades que hacen del sujeto un ser íntegro y de aprobada moral, cuya conducta se ajusta a un decálogo de valores que precisamente concuerdan con su condición de humano. Ser coherente con sus pensamientos, sus dichos y sus acciones, es una de las formas de volverse confiable para sus semejantes. No es asimilarse al estado de santidad de algunos mártires, sino corresponderse con una ética que se resista a la tentación de obrar con mala fe.

    Cuando me refiero a lo de buen profesional estoy hablando específicamente del talento y la experiencia con los que se ejecuta el trabajo, sea cual sea el enfoque de este. No tiene que ser una profesión académica. El profesionalismo está más bien relacionado a la actividad por medio de la cual la persona se gana la vida y se construye un nombre en el oficio o en el arte que practica; de esta manera desempeña un rol en la sociedad.

    Un buen médico, un buen abogado, un buen escritor, un buen actor, un buen periodista, un buen constructor y demás, se suelen catalogar con el adjetivo “bueno” porque justamente realizan su trabajo con maestría, logrando los resultados que de ellos se espera. Esa enaltecida valoración los pone en ventaja frente a la media obtenida por los competidores de su ramo. Ahora, si la manera de conducir su vida personal y su escala de valores no es la más deseable, eso ya es otra cosa.




    Hace poco, en una discusión sobre las inclinaciones políticas de un cantante (tiempo atrás se había manifestado partidario del régimen de Chávez en Venezuela), alguien me decía que no se podía juzgar a los artistas ni a las figuras públicas por sus filiaciones u opiniones políticas, y ni siquiera por su conducta privada, porque lo realmente objetivo es “juzgar al virtuoso como virtuoso y no como bondadoso”. Que una cosa es la persona y otra la celebridad, y que por supuesto, nuestros sesgos ideológicos o éticos no deben servir como vara para medir la capacidad profesional del personaje en cuestión.




    El ejemplo más palpable me lo evidenciaron con Dalí. ¿Quién puede dudar de las excelsas calidades del artista? Y sin embargo el hecho de que se haya declarado partidario del Régimen Franquista en la Guerra Civil Española y le haya vuelto la espalda a su amigo García Lorca, no le quita que sea uno de los grandes exponentes de la pintura y la escultura del siglo XX. Si no el más grande. Un megalómano que después de haber sido expulsado del movimiento surrealista respondió que él era el Surrealismo. Aun así, Dalí se sigue considerando por mucho como el máximo representante del movimiento. Una prueba de que la persona y el genio no siempre van de la mano.



    Un caso similar sucede con la figura del futbolista Diego Armando Maradona. Cuando los especialistas de los medios quisieron elegir al mejor jugador de la historia, y pusieron a la gente a escoger entre el Rey Pelé y el Pelusa, surgió la discusión de si podía un hombre de conducta reprochable y un mal ejemplo deportivo y personal ostentar esa distinción. Porque una cosa era la vida privada y otra el talento deportivo. Yo, desde luego, me quedé con Pelé mil veces. Aparte de que aborrezco como persona al argentino, que en paz descanse, pienso que la habilidad del brasilero fue insuperable. Pero sobre todo, pienso en quién ha sido mejor persona para merecer un reconocimiento mundial. No desconozco el talento de Diego, pero ¡por Dios!, el brillante futbolista se diluyó en el mundial de 1994, cuando fue expulsado por dopaje. De ahí para acá sólo existió un militante mercenario que aparte de risa provocaba lástima.

    Para rematar, hay otro argumento que esgrimen los partidarios de no juzgar las actitudes sino las aptitudes; y es el que todos los seres humanos también somos seres políticos: la política es inherente a la naturaleza del hombre como las mismas ganas de practicar el viejo ritual de la sexualidad. Es inevitable. A veces yo también sucumbo a la tentación de mostrar mi lado político (o antipolítico) más de lo necesario, y declaro abiertamente mis inclinaciones, que por lo general no son en favor de…, sino en contra de…   Claro, por fortuna no soy una figura reconocida. Ni siquiera un tipo poco conocido. En el contorno de la opinión no existo y menos en el de las letras. Por tal razón me doy mis licencias para opinar como cualquier ciudadano del común.




    Estoy de acuerdo con el postulado aristotélico que afirma que todos los hombres somos seres políticos, y por eso hasta a los más indiferentes los acosa la impertinencia de pronunciarse. No es raro que los artistas o los famosos demuestren abiertamente sus preferencias en todos los ámbitos, incluyendo el de la política. El problema, me parece a mí, es cuando se llega al extremo de apoyar totalitarismos genocidas como lo fue el régimen de Franco en su momento y como lo es el de Maduro ahora. Hay cosas en las que se debería ser más prudente como figura pública. Por muy personal que sean las opiniones, no se debieran tolerar ciertas actitudes que traen consigo el odio y la división.

    Tal vez al cantante que mencioné al inicio, o a Maradona, les hubiera parecido muy democrático y humano el Socialismo del Siglo XXI en Venezuela; o a Dalí le hubiera resultado muy apropiado el Franquismo. Pero lo que debe entender la humanidad es que esta clase de tiranías son nefastas y que por ningún motivo se debe tolerar la simpatía hacia ellas; menos si esta proviene de figuras públicas cuya repercusión es importante para la masa idólatra. Por lo menos creo que en ese aspecto se deben mantener las formas.

    Pese a todo, admito que tampoco hay que dejar dejar amordazada la opinión por muy artista o gloria deportiva que uno sea. La corrección política es un veneno mortal.

    Reconozco que un tipo como yo es incapaz de separar lo intrínseco de lo extrínseco a la hora de hacer un juicio, ya que siempre me he reconocido en la unidad. Para mí es tan importante una cosa como la otra, y así como un incompetente no debe guiar la opinión de un colectivo, tampoco debe guiarla un desalmado.

    El escritor William Faulkner, en una carta a París Review en 1956, comprendía perfectamente que no todos los hombres talentosos tenían que ser buenos muchachos: “El buen arte también puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros”, afirmó, dando a entender que  a veces la inteligencia anida en las mentes más perversas y no tenemos derecho a cuestionarla porque no estamos libres de pecado.

    Yo, en cambio, pienso diferente. Siendo un poco cauteloso en el asunto, y declarándome en contra de toda forma de despotismo, reniego de quienes apoyan esas causas indolentes que atentan contra la vida y la libertad, por muy buenos músicos, artistas, políticos, deportistas o líderes de opinión que sean. Si no se es buena persona no se debe aspirar a nada. Ni siquiera a la simpatía del vulgo.



    Prefiero apelar a la antigua frase acuñada por el Emperador Julio César (que tampoco era buena persona ni me simpatizaba) para justificar su separación de Pompeya en el momento en que vio amenazadas sus aspiraciones políticas: “La mujer del César no sólo tiene que serlo, sino parecerlo”.

Por una nueva refundación

Por Juan Felipe Giraldo Trejos (Reflexión)      Volvió a temblar la tierra. Se estremeció como un gigante que despierta de un mal sueño, o m...