sábado, 26 de febrero de 2022

Un triunfo para Herodes

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





    Buena noticia para los genocidas. En Colombia se legalizó el asesinato de niños de hasta seis meses de gestación sin tener que recurrir a justificación de ningún tipo para poder hacerlo. Basta con el deseo de la madre y el hecho será perpetrado. Además será posible a partir del 21 de febrero de 2022 eliminar la criatura hasta un minuto antes del parto. (Grábense esa fecha, que será recordada de ahora en adelante como la fecha en que se legalizó el genocidio en mi país, y será repudiada cada año).

    Sí, despreciados asesinos, pueden frotarse las manos, no estoy mintiendo. Como si fuera poco quedó extendido el plazo para la matanza: se puede pedir el amparo de una de las tres causales dictaminadas por esa “honorable” Corte Constitucional para practicar el aborto hasta los nueve meses de gestación.  

    Este es un triunfo para Herodes, que ni en sus más remotos sueños hubiera imaginado que dos mil años después de su paso por la tierra, la humanidad hubiese hecho oficial y legal su voluntad de matar a los niños. Todavía mejor, a los niños que están por nacer, a los que ya cuentan hasta con seis meses de gestación, cuando ya se han formado como una persona con órganos y sentidos diferenciados de los de la madre, y que todavía no han visto la luz del mundo. Celebren pues los genocidas, porque ese delito quedó legalizado en esta tierra cafetera que se preciaba de ser el país del Sagrado Corazón. Corazón fue lo que le faltó a los magistrados. Quién iba a pensar que habitar el vientre de la madre sería un lugar altamente inseguro.




    Es que así como la práctica ya se ha legalizado en otros países del mundo (“del primer mundo”) que siempre van a la vanguardia de todo, y en algunos de la región latinoamericana como Argentina y México, aquí no nos podíamos quedar atrás, no señor, y por eso casi que les doblamos el plazo para darles más oportunidades a los genocidas. Que se vea el progreso, que se vea que el país va por la modernización, que se vea que matar niños en el vientre materno es ya un gran salto hacia adelante, porque era que antes estábamos al borde del precipicio.

    Y hay quienes dicen que esto es un gran triunfo de las mujeres, como el candidato de la P, el ex guerrillero que ya todos conocemos, que prefiere un toro a un bebé, diciendo que con esto la mujer se empodera, y que ese es el mejor camino para proteger la vida. ¿Ah? ¡Qué tal el cinismo! ¿Y eso es lo que la gente quiere elegir?



    Porque el discurso de que este “asfixiante sistema patriarcal” no les ha permitido tomar decisiones sobre sus cuerpos, que siempre las ha invisibilizado y no ha tenido en cuenta su opinión cuando son ellas las que tienen que soportar los embarazos no deseados, está mandado a recoger. La vida está por encima.

    Excepto en los casos de abuso, para lo cual hay otro tratamiento jurídico, y que no reflejan la mayoría de los embarazos, la mujer también puede decidir si se embaraza o no.  No es el “Estado opresor”, “el juez que te juzga por nacer”, el que decide por ellas. Con el reciente pronunciamiento de la Corte no hace falta sufrir una violación, o que se vea comprometida la salud de la mujer[1] para tener derecho al aborto. Además no importa que el niño esté teniendo un perfecto desarrollo embrionario. Si esa madre lo desea, puede condenarlo a muerte. ¿Eso era lo que querían decidir?




    Me apena por esas mujeres que no saben que lo que llevan en su vientre es un cuerpo con vida propia que ya siente dolor; un ente que está allí formándose y que necesita de ella para vivir. Alegar que el embarazo está causando problemas psicológicos a la mujer, que la tiene deprimida y que por ello toma la decisión de salir de ese estado hasta el sexto mes de gestación, como aprueba esta satánica ley, es ampararse en la más grande de las cobardías, aquella que inspira a matar a un ser en su propio vientre que no tiene cómo defenderse.

    No, detestadas pro-aborto, no son sus cuerpos el objeto sobre el que creen tener derechos. La naturaleza creó a las mujeres con la facultad de engendrar vida, y esa naturaleza tiene que ser respetada, pues se sabe lo que pasa cuando se va en contra de ella: tarde o temprano nos cobra nuestros errores, ya que ella no perdona.



Arriba: magistrados que votaron sí al aborto.

Abajo: magistrados que votaron no al aborto.


    Con este pronunciamiento la Corte hizo un llamado a los asesinos del mundo para que vengan a Colombia, porque aquí van a encontrar el paraíso del infanticidio. Y todo gracias a cinco infames, digo, cinco magistrados de la Corte Constitucional que votaron a favor de la despenalización. Ellos son Diana Fajardo, Antonio José Lizarazo,Julio Andrés Ossa (conjuez), Alberto Rojas y José Fernando Reyes. Recordemos bien estos nombres, que fueron los que arbitrariamente decidieron por cincuenta millones de colombianos sin que nadie los hubiera elegido, porque sus cargos no provienen de la democracia. Otros los han puesto allí, y ese modus operandi algún día habrá que terminarlo. Urge la reforma política para que no se siga estableciendo la dictadura del poder judicial. Ya que a esos cinco demonios no se les puede cobrar electoralmente su infamia, habrá que cobrarles al menos socialmente, exponerlos, publicar su foto en redes, abuchearlos en la calle y recordarles cada día su tremenda culpabilidad en el genocidio que comenzó a operar en Colombia a partir, repito, de la fatídica fecha del 21 de febrero de 2022, que será instaurada como el día del infanticidio colombiano, para que la repudiable ONU tome nota.



    Lo que sigue ahora es que el movimiento Provida se una y utilice las mismas estrategias del enemigo: que salga a las calles, que se haga notar, que se apodere de las redes sociales y del lobby, que hagan todo el ruido y el proselitismo que hacen los pro-muerte, que además son minoría y están muy bien financiados. Pero sabemos que más que una batalla cultural, esta debe ser una lucha política. De nada vale que los hombres de bien nos rebelemos si no tenemos forma de llegar al poder. En eso debería pensar primero un colombiano a la hora de votar, ya que estamos en la época electoral: pensar cuál de los aspirantes a ocupar los altos cargos del gobierno es realmente defensor de la vida, la libertad, la familia y la propiedad.

    Propongo, sí, una gran movilización a quienes trabajan para construir país y aspiran a una sociedad de ideales trascendentes; que salgamos a las calles y exijamos nuestro derecho de vivir en una nación que ama y respeta la vida. Tenemos que formar una organización civil para que hagamos un frente de resistencia tan implacable, que esos partidarios de la muerte, como los que consideran que esto es un triunfo, tiemblen cuando tengan que enfrentarnos.



    Ya mi generación y la siguiente se han echado a perder por causa de las enseñanzas que se derivan de acciones como la que tomaron los magistrados de la corte; es decir, que por el hecho de hacer legal el infanticidio se crea de ahora en adelante que es bueno, y la generación siguiente crezca pensando que lo es. Pero todavía se puede hacer algo por las generaciones venideras; por los adolescentes que apenas están empezando a asomarse a un sistema que los quiere adoctrinar; por los niños que hoy deben ser disciplinados y educados en valores para que cuando crezcan no sean terreno fértil para la manipulación; por los que están naciendo con el consecuente riesgo de ser abortados gracias a la mala legislación de las cortes y a la desinformación que los medios poderosos infunden en sus madres confundidas. 

    Por ahora celebra Herodes, hace su fiesta y su banquete, seguramente con partes de niños abortados sazonados con pimienta. Y están haciendo fiesta también algunas corporaciones farmacéuticas de las que se sospecha que experimentan con restos de fetos para sacar sus vacunas y sus productos médicos. Ya pronto abundarán en materia prima para abaratar sus costos de producción. Celebren por ahora, piensen que es un derecho que les da la ley para hacer a la mujer más libre, que es una ayuda para quienes desconocen los métodos de planificación. El día de mañana esas risas probablemente se conviertan en lágrimas. Bueno, si es que tienen conciencia.

 

23/02/22  


[1] La salud real, no el concepto que emite la OMS sobre salud integral, en el que incluye la salud física, mental y social. Bajo ese supuesto, una depresión menor es considerada  una falta de salud, lo que habilitaría a la mujer embarazada para practicarse un aborto aduciendo problemas sociales a raíz de su estado.

sábado, 19 de febrero de 2022

Las penas eternas de América latina

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




    Mientras en Ucrania muchos de sus ciudadanos se han quedado a pelear la guerra y están dispuestos a defender su patria y a dar la vida por ella ante la invasión del tirano Putin, en una muestra magnánima de patriotismo verdadero, de sacrificio en nombre de la libertad; en la región latinoamericana se presentan hechos que nos llenan de vergüenza, que nos convierten en el hazme reír del mundo o que simplemente son motivo de una indignidad profunda.

    Definitivamente Dios le da pan al que no tiene dientes. Cuánto no dieran los ucranianos por vivir en una tierra como la colombiana, por ejemplo, con tantas posibilidades de ser una potencia agrícola, la despensa alimentaria del mundo. Y sin embargo ahí están soportando unos bombazos injustos que no tienen por qué soportar, y todo porque a un loco se le antojó que Ucrania tenía que estar bajo su mando, porque no quiere que su vecino sea un país libre. Claro, las razones son mucho más complejas, y es fundamental estudiar la Historia para entender el contexto de la guerra, pero en últimas todas las guerras siempre serán una cuestión de mala voluntad. Al final no falta el fanático que la declara y está dispuesto a llevarse a todo el mundo por delante, pensando que tiene que promover una acción bélica. Y aunque haya motivos para realizarla, nunca será suficientemente justificada. Nada, absolutamente nada justifica la matanza de inocentes. Máxime tratándose de una potencia nuclear frente a una nación democrática que no pude pelearle de igual a igual.



    La valentía de los ucranianos es un ejemplo para el mundo. Ellos saben que existe una amenaza externa que les quiere anular su soberanía como país.

    En Colombia tenemos esa misma amenaza, pero al parecer no nos queremos dar cuenta. Atendiendo a esa insensata terquedad nos empeñamos en irnos por el precipicio con tal de que también se vayan otros. Es la nefasta lógica del “si a mí me va mal, a ti te tiene que ir peor”. Eso es típico de un país cuyos ciudadanos no tienen sentido de patria. Como si esta no les perteneciera.

    Y esa amenaza es el fantasma, no digamos del comunismo, para no caer en el discurso extremista, sino de una dictadura, cualquiera que sea su orientación: es la amenaza del totalitarismo, la esencia de todas las tiranías.

    Actualmente están predominando los gobiernos devenidos del Socialismo del Siglo XXI en Latinoamérica, aunque también en otros tiempos tuvimos las llamadas dictaduras de derecha, que de derecha no tenían nada. Hoy, tanto en Colombia como en el resto de la región, se está propiciando un ambiente de marcada tendencia izquierdista. Algunos países ya están disfrutando de esas mieles; otros apenas vamos a verter ese manjar en nuestro plato. Pronto estaremos pagando el precio de no haber actuado con patriotismo, una palabra que nos queda grande.



    Ayudados por la corrupción de los opositores, que son sus principales jefes de campaña, los demagogos que hablan a favor de la justicia social y la igualdad ascienden como globos de helio. También los impulsa la apatía de unos ciudadanos hastiados de la politiquería, la corrupción, el clientelismo, que a la final optan por la opción que ellos ingenuamente creen que es la opción del cambio, sin entender que esa decisión los llevará a un destino trágico. Votan por cansancio, y por cansancio entregan el país a ese llamado cambio que lo único que cambia es de nombres, pero no de prácticas.

    En Cuba, por ejemplo, llevan sesenta años de dictadura. Ya se sabe que es un país perdido para la posteridad. Allí no hay nada por rescatar, salvo su gente buena, pues el régimen se adueñó de lo único que no le deben quitar a un individuo aparte de la vida: la libertad. Y sin libertad ni comida, pero  sobre todo sin sentido de trascendencia, el sujeto político carece de la fuerza para romper sus cadenas. La política de sumisión lo hace preguntarse ¿para qué va a luchar si siempre ha vivido así?


    Venezuela y Nicaragua son otros dos ejemplos de perdición. Las protestas son una cosa del pasado, pues nadie se atreve a hacerlo. A los opositores los encarcelan y a los ciudadanos inconformes los dispersan con un par de tiros. La última vez que lo hicieron les fue tan mal en la Hermana República, que hasta el líder religioso más importante del catolicismo salió pregonando el camino del diálogo y con eso le dio alas al régimen, como si todos se hubieran puesto en contra de los inocentes. El resultado: posiblemente otros veinte años de dictadura, de los cuales llevan veintitrés y van contando.

    Argentina comenzó hace una década y ya está recogiendo los frutos del socialismo con una inflación galopante del 80% que no se quiere detener. El comercio está arruinado, el argentino promedio cada vez más desmoralizado, la comida escasa, la cultura totalmente depreciada. La solución que ofrece el gobierno es promover las ideas de la degradación para que desde el sistema escolar se gesten los nuevos ciudadanos que serán como zombis bien adormilados y no se atreverán a cuestionar a sus dirigentes el día de mañana. Como dato curioso en ese país, hace poco se invirtieron millones de pesos en una discutida licitación para comprar penes de madera con los que supuestamente les enseñarán a los niños de primaria sobre educación sexual. Vaya manera de podrir a la niñez con lo que ahora llaman educación. Vaya futuro  el que nos espera. ¿Puede un padre protestar por esto? Por supuesto que no. Es obligatorio para todos imbuirse en el nuevo plan curricular. El Estado es quien manda.  


    En Bolivia ya se acostumbraron al robo continuado y a la pobreza perenne. Están resignados a ser un país que nunca saldrá adelante, y parece que no les interesa mucho. México, que sí es un país que aspiraba al primer mundo, y que tenía  con qué serlo, cogió por el camino equivocado. Su gobierno es nada menos que el anfitrión del Foro de Puebla, el cónclave de los socialistas de la peor laya, de donde salen muchas de las directrices para la región. Por su parte, Perú y Chile, este año, ya decidieron su destino con sendos pro-comunistas en el poder. Ya están hablando de cambiar la Constitución, de empoderar a los marginales, de distribuir lo que hay entre todos. Craso error, porque Perú venía en ascenso económico hasta hace unos tres años, y Chile era el modelo a seguir en Latinoamérica. Al parecer no basta con tener buenos indicadores comerciales si de todas maneras hay que hacer la revolución por la revolución.



    Y Colombia, ¿qué puede uno de decir de Colombia a estas alturas? Nada, sólo que se encuentra recreando el título de una novela de García Márquez, en otrora amigo del tirano Fidel Castro: “Crónica de una muerte anunciada”.

   Es una vergüenza que mientras un pequeño país de la Europa oriental que ha sufrido históricamente los vejámenes de la guerra lucha a muerte por mantener a su patria a salvo de la dominación, la región latinoamericana se regodea con caudillos vulgares que la esclavizan, la saquean y la destruyen mientras el pueblo se sienta a esperar que sea el Estado el que le resuelva todos sus problemas. Parece que nos gusta entregarle todo el poder a un Leviatán con tal de que nos brinde algo de pan y cualquier circo con el que nos podamos conformar. Parece que no queremos ser llamados a la grandeza, a despertar, a ser parte de los destinos de la patria. El mínimo esfuerzo nos parece suficiente para continuar viviendo hasta que llegue el día en que la Historia la cambien otros, tal vez los que todavía no han nacido. 


¿Será acaso que estamos condenados a padecer las penas eternas de América latina? ¿Qué es lo que pasa con nuestra raza? Sospecho que todo obedece a un macabro plan, y ese plan lo tenemos que desbaratar. Aunque sea sabotear, así como un valeroso pueblo le está saboteando los planes al siniestro Putin. Que triunfe la libertad.

sábado, 12 de febrero de 2022

¿Para qué votar si Petro ya es presidente?

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




    La Misión de Observación Electoral (MOE) en Colombia lanza una advertencia por riesgo de fraude electoral en más de 331 municipios para el 13 de marzo, día de las elecciones parlamentarias.[1] Se advierte, además, por parte de la Registraduría, que alrededor de cuatrocientos mil ataques fueron realizados a su página, provenientes de hackers desde Venezuela y Centroamérica con el objetivo de impedir que esta pueda actualizar los resultados el día de las elecciones o funcionar normalmente.[2] El FBI anunció apoyo logístico para contrarrestar los ataques. El gobierno lo sabe y está tomando medidas, aunque es probable que esto no sea suficiente para evitar la vulneración. Y no lo es por una razón muy sencilla: los votos no serán contados ni verificados por el sistema nacional. El Software encargado de contabilizar los votos en Colombia le pertenece nada más y nada menos que a Indra Sistemas S.A.




    Indra es una empresa española (país en donde gobierna el partido socialista) que ofrece servicios de consultoría sobre transporte, defensa, energía, telecomunicaciones, servicios financieros, entre otros, cuyos dirigentes hace poco se reunieron con Gustavo Petro, no se sabe para qué. Como sea, cayó el manto de duda sobre lo que pueden ser las elecciones presidenciales del próximo mes de mayo, incluso las del 13 de marzo. Porque hay que advertir que ese candidato participante de estas elecciones se reunió a puerta cerrada con el jurado, es decir, con el responsable de dar el veredicto final sobre quién ganará la presidencia. ¿No estarían los medios de comunicación en otro tiempo protestando por semejante intrusión en política de parte de la compañía que va a contar los votos? ¿A qué tenía qué reunirse con uno de los contendientes? ¿Qué arreglo hicieron? El ex presidente Andrés Pastrana hace poco lo denunció en los medios, pero aparte de su inquietud no veo a nadie más sentando un precedente sobre la visita de Petro a España para reunirse con los que manejan del software de las votaciones.

    Los medios hegemónicos guardan silencio o lo restan gravedad al asunto porque al parecer están conformes con que estas irregularidades se presenten, como si fuera normal, como si simplemente se tratara de una reafirmación de garantías para el candidato que va punteando en las encuestas.

    Y más raro todavía cuando este candidato en cuestión llegó de Europa y se pronunció sobre un posible fraude electoral en caso de perder él las elecciones. Ya se sabe que no reconocerá la derrota hasta no comprobar que fue una elección transparente, cosa que a su juicio nunca lo será. Repito, sólo si él no gana. Porque si gana era porque estaban dadas todas las garantías. Desde luego, para algo le tiene que servir su reunión con los de Indra.



    Es que esa compañía genera tantas suspicacias que no lo pueden culpar a uno por sospechar de lo que es evidente. No hay que olvidar, por ejemplo, que Indra es la empresa que ha auditado todas las elecciones en Venezuela desde que está Nicolás Maduro en el poder. Elecciones que por cierto gana el régimen una y otra vez a pesar de que la gente no asiste a las urnas a votar. Hay que ver la soledad de los centros de votación en Venezuela cuando en ese país organizan el simulacro de la democracia. Al final de la jornada siempre sale el dictador a celebrar la votación masiva y el triunfo en democracia avalado por la firma auditora que corrobora la cantidad de votantes y participa de la farsa. Es que el régimen es tan popular en Venezuela que ellos ganan las elecciones incluso antes de la votación.  

 A todas estas, ¿por qué está tan seguro el candidato Petro de que no puede perder (a pesar de ser el que estén favoreciendo las encuestas), y que si pierde deja abierta la puerta para la sospecha de fraude? ¿Está todo acordado para que sea él el presidente y de ninguna manera otro? ¿Por qué los otros candidatos no sentaron su voz de protesta frente al Consejo Nacional Electoral y frente a la Registraduría por la actuación de esa empresa española que en últimas es la que tiene la responsabilidad de decir quién gana y quién pierde? Me surgen tantos interrogantes que me da por pensar que todo esto en verdad está arreglado de antemano. No hubieran surgido las sospechas si Petro no se hubiera reunido con representantes de Indra, si no hubiera comenzado a hacer su campaña presidencial mucho antes de lo permitido por la Ley de Garantías Electorales, si no se ignorara la forma en que financia semejantes despliegues de su campaña en plaza pública cuya logística hay que pagar, en fin. El señor hace alocuciones casi que presidenciales por redes sociales, incentiva paros, maneja el discurso de odio de clases, y no pasa nada. Al parecer sólo le falta posesionarse.



    ¿Qué hubiera pasado si en lugar de Petro hubiera sido por ejemplo un Oscar Iván Zuluaga o cualquier candidato del otro frente político el que se hubiera reunido con el responsable de contar los votos? Seguramente habrían salido los seguidores del caudillo a protestar, a incendiar las calles, a hacer bloqueos como sólo ellos saben, y estarían gritando “fraude, fraude” antes de tiempo. Que no quede duda: todo está servido para que Petro sea el presidente. Hay muchos poderes en juego y ninguno de ellos estará dispuesto a perder su inversión.

    Así las cosas, a los colombianos que no queremos esa alternativa se nos cae la moral al piso, corriendo el peligro de caer en la trampa que desde la izquierda nos quieren tender. Esa trampa que nos haría sucumbir en la derrota al formularnos una pregunta nacida desde el más hondo sentimiento de negatividad: ¿para qué votar si Petro ya es presidente?

    Pero no vamos a caer en ese juego.



[1] https://www.pulzo.com/elecciones-2022/alerta-fraude-electoral-colombia-PP1210757

[2] https://90minutos.co/colombia/anuncian-apoyo-del-fbi-contra-ciberataques-a-la-registraduria-04-03-2022/


sábado, 5 de febrero de 2022

Los juegos del hambre

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




    Ahora resulta que la FAO funge como directorio político de la izquierda. La Agencia de Agricultura y Alimentación de las Naciones Unidas, FAO (Food and Agriculture Organization of the United Nations), publicó a inicios de esta semana un informe en el que se concluye que Colombia está en riesgo de sufrir una hambruna similar a la de los países africanos. Colombia, junto a Honduras y Haití, fueron los únicos puntos críticos en Latinoamérica. ¿El resto de los países? Muy bien, gracias, dice la FAO. En ninguno de los otros hay riesgo de sufrir hambre. Solamente en Colombia, Honduras y Haití. Es más, en 2020 la FAO felicitó a Cuba por sus buenas gestiones en materia alimentaria y porque en dicho país “no hay hambre”.

    Que Colombia esté incluida en una lista de países en riesgo de hambre para el 2022 es una noticia que resulta difícil de creer, si se tiene en cuenta que esta es una tierra con capacidad de producción de alimento suficiente para abastecer a sus ciudadanos y exportar al resto del mundo. Si ese riesgo fuera real, sería en todo caso el mismo para todos los países del mundo. De hecho el riesgo para Colombia es menor en comparación con otros países de la región. Esto más bien parece un informe para que un sector político lo convierta en un botín electoral, como sólo ellos lo saben hacer.


    El mismo representante de la FAO, el señor Alan Jorge Bojanic, tuvo que salir luego a rectificar ante una nota de protesta de la canciller colombiana, diciendo que sería injusto no reconocer los grandes esfuerzos del gobierno en la lucha para garantizar la seguridad alimentaria a través de la implementación de sistemas agroalimentarios, los planes de alimentación escolar, el mantenimiento de los canales de comercialización, etc. (Por cierto, durante la pandemia, gracias a la labor de nuestros campesinos que continuaron sembrando comida, y al trabajo de los centros de acopio, no hubo escasez de alimentos en nuestro país). Entonces, ¿de qué riesgo de hambre habla la FAO? ¿Para qué presenta un informe en el que sugiere que somos un país que está ad portas de la insuficiencia alimentaria junto a Honduras y Haití cuando es sabido que en todos los países de Latinoamérica y del mundo, incluyendo los países ricos, existe un porcentaje de la población que aguanta hambre?

    Me imagino que la falta de claridad en ese informe era un guiño para que la izquierda pudiera decir su frase de marras, la misma con la que apuntan a desmoralizar a los compatriotas: “Ya estamos peor que Venezuela”. Y como en el mapa del hambre que diseña la FAO apenas aparecen Colombia y dos países más, y no están marcados los países de la región con los que simpatizan políticamente los mamertos (donde comprobadamente la gente sí ha perdido su capacidad alimentaria), estos celebran el informe como si fuera un triunfo suyo.



    Según la FAO, en Colombia podría haber este año más de siete millones de personas envueltas en situación de hambre si no se corrigen las políticas económicas del gobierno. Pero luego sale a decir el funcionario que hay que reconocer los esfuerzos que este ha realizado en la lucha contra el hambre. ¿Al fin qué?

    Como sea, si esa indeseable contingencia llegara a presentarse, no será por el buen diagnóstico de la FAO en cuanto a responsabilizar exclusivamente al gobierno nacional por sus políticas económicas —que hay que decirlo, sí han sido insuficientes, y algunas erráticas—, sino por la situación de alcance mundial que se viene generando luego de dos años de pandemia; además de una inmigración descontrolada de ciudadanos venezolanos que cruzan la frontera hacia Colombia en su legítima búsqueda de un plato de comida.

    Y particularmente, en nuestro país, la situación de carestía también se explica por la crisis que produjo el mal llamado paro nacional de mediados del año pasado que la misma izquierda ayudó para que se gestara y se agravara. No olvidaremos la alocución cuasi presidencial del senador Gustavo Petro invitando a que la gente no usara el transporte público ni comprara en las grandes superficies; ni olvidaremos al escudero financiador de la Primera Línea —el grupo urbano que se tomó las ciudades con toda clase de hechos vandálicos y terroristas— recogiendo plata por internet para prácticamente armarlos contra la Fuerza Pública. Sí, hablo del otro senador, el señor Gustavo Bolívar, que fue el primero que saltó en una pata cuando le llegó el informe a sus manos para poder tergiversarlo en redes sociales diciendo que si se miraba el mapa, sólo tres países aguantaban hambre en Latinoamérica, entre ellos Colombia. Y el informe lo que decía era que lo que podría haber en esos tres países era un incremento de la inseguridad alimentaria en los próximos meses, cosa que tampoco es probable en Colombia. Pero es que Dios los cría y ellos se juntan: la FAO presentando informes amañados y los mamertos falseándolo y agravándolo todavía más. No olvidemos que la FAO es una oficina de la ONU, la misma que tiene a su cargo la CIDH, esa que emitió un informe durante la pasada toma guerrillera de abril diciendo que en Colombia la Policía era la que asesinaba a los manifestantes.



    Desde luego que en Colombia tenemos una carestía real, que los alimentos cada vez están siendo más inaccesibles para la gente más pobre, pero ¿será realmente que la causa es que no hay producción de comida en Colombia o que el modelo económico está llevando al desabastecimiento? ¿O será que la causa de la carestía y la escasez se debe a la especulación de los grandes poderes económicos que se amparan en una crisis de alcance global para abusar con los precios de los alimentos? ¿No será que la política del gobierno de extender los subsidios como el de Ingreso Solidario que se implementó a raíz de la pandemia ha empujado un alza de precios por el incremento de la demanda? ¿No será que la autorización para emitir moneda es la culpable de que todo esté más caro?

    Ya sabemos que a mayor circulante de dinero, mayor inflación: es una regla básica de la economía de la que al parecer se olvidaron los gobernantes. Será la fórmula que aplicará el candidato de la extrema izquierda en Colombia cuando llegue al poder, así que preparémonos para una subida peor de los precios, y ahí sí, para un hambre que ni la FAO va a poder pronosticar.  

    No hay que olvidar que la carestía de los alimentos y de todos los bienes y servicios es un fenómeno que se está dando no sólo en Colombia, sino a nivel mundial como consecuencia del cierre de las empresas por falta de materia prima y mano de obra, producto también de los confinamientos obligatorios que impuso la pandemia; además de las medidas tendientes a implementar, a través de la agenda 2030 de la ONU y del Foro Económico Mundial, una nueva ordenación económica que ya no se defina por el sistema de mercado, sino por un tipo de consumo intervenido en el que los bienes y servicios son de carácter limitado y están en poder de las corporaciones globales.



    Desde luego que el hambre puede estar a la vuelta de la esquina si el sistema sigue dando tumbos y los mercados mundiales se siguen resquebrajando, pero decir que en Colombia no habrá alimento suficiente en 2022 es un despropósito que la izquierda aprovecha para cimentar su discurso.

    A no ser que la FAO lo haya pronosticado basándose en la encuesta presidencial, cosa que sí es factible: la posibilidad inminente de que venga el hambre si gana el que va punteando las encuestas. Que Dios tenga piedad de nosotros.


Por una nueva refundación

Por Juan Felipe Giraldo Trejos (Reflexión)      Volvió a temblar la tierra. Se estremeció como un gigante que despierta de un mal sueño, o m...