sábado, 22 de febrero de 2025

La selva de las almas perdidas

Por Juan Felipe Giraldo Trejos



    Desde hace poco más de cuatro años vengo madurando la idea de escribir una serie de cuentos sobre mitos, espantos, apariciones y seres de ultratumba que forman parte, no sólo del folclor colombiano, sino de la tradición narrativa alrededor del mundo.

    Los tópicos sobre brujas, fantasmas, espantos rurales, almas en pena, seres sobrenaturales con poderes especiales, monstruos, demonios, entre otros, son inagotables en la literatura en razón a que nunca dejarán de fascinarnos.

    Es cierto que estamos en un mundo hostil en el que constantemente vivimos ateridos de miedo a causa de la criminalidad, las guerras, el hambre, la polución, la intolerancia, los conflictos armados, la escasez económica, entre otros factores terrenales que nos abruman a diario a los pobres mortales en todo el planeta. Pero también hay un miedo al acecho por circunstancias que desconocemos y que nos imaginamos, sobre todo cuando estamos en la etapa de la niñez, pues es allí donde germinan nuestros temores más recónditos y que, muchas veces, cuando estos no son superados al crecer, nos acompañan toda la vida hasta que morimos con ellos.

     Esa imaginación nos ha llevado a encarnar nuestros miedos en personajes alegóricos a los que el cine y la literatura les han sacado el máximo provecho. Los lectores, por ejemplo, hemos disfrutado con las historias de misterio y terror que han cobrado vida propia en la pluma de grandes escritores como H.P. Lovecraft, Arthur Conan Doyle, Mary Shelley, Clive Barker o el mismo Edgar Alan Poe. Los temas relativos a lo ignoto, a los asuntos del más allá y a lo que rodea el fenómeno siempre latente y a la vez desconfiado de la muerte, están presentes en todo aprendiz que sabe que la labor escritural es precisamente un viaje a lo desconocido en el que se tiene que enfrentar con sus propios miedos.

     Independientemente de que los temas que se aborden en mayor medida sean aquellos que atañen a la realidad política, a la cultura, a la filosofía, a la vida cotidiana, a la complejidad del ser humano, a la perdición del mundo, el escritor siempre estará tentado a ahondar en aquello que no puede explicar sin recurrir a una dosis de inventiva y a una pizca de locura.

     Son esas invocaciones las que en este momento de mi vida despiertan mi curiosidad literaria, y he aquí que comienzo plantando el primer arbusto de un bosque que aspiro a cosechar siniestro y aterrador en unos casos; o atrayente y conmovedor en otros, pues ¿quién dijo que todo lo relativo a los mitos sobre apariciones tiene, necesariamente, que generar animadversión?

     Aunque la temática a la que me refiero mayoritariamente en este blog tiene que ver con las vicisitudes de la batalla cultural y política, a veces es preciso dejar volar la imaginación para no atosigarnos de tanta realidad innecesaria. Esta vez he querido comenzar tanteando a los duendes en un primer cuento que se titula “La Selva de las Almas Perdidas”, de una selección que quisiera algún día pulir y publicar. Lo dejo a consideración de los lectores y espero que lo disfruten.



LA SELVA DE LAS ALMAS PERDIDAS




     Ninguno de los lugareños se había atrevido a cruzar de nuevo por la Selva de las Almas Perdidas desde que el último de los paisanos desapareció sin dejar rastro. De eso habían transcurrido ya unos seis meses, y entonces los habitantes de la vereda Aguaverde preferían rodear la montaña para evitar la selva, aunque tardaran seis horas más en llegar al pueblo de El Laguito.

     ¿Quién osaría de nuevo cruzar ese monte insondable y ser tragado por la maraña de la vegetación? Nadie estaba dispuesto a hacerlo, a excepción de Juan Simón, un cultivador de papas díscolo y desafiante que ya desde hacía tiempo decía que él cruzaría ese pedazo de selva sin que le sucediera absolutamente nada y que se ahorraría el camino diario para llevar sus productos hasta el pueblo.

     —A mí no me vengan con cuentos —decía retador—. Los que no regresaron de la selva fue porque quisieron escapar de sus mujeres y sus deudas, pero deben andar felices en el otro pueblo con mujeres y deudas nuevas.

     Una tarde en que la luna se atrevió a brillar con el cielo aún claro, Juan Simón cargó su mula briosa con varios bultos de sus mejores papas y se aventuró a entrar en la selva con el objetivo de llegar al mercado de El Laguito sin reparar en lo que pudiera ocurrirle.

     A punto de ingresar en el bosque espeso, la mula se ranchó en el límite que señalaba un árbol centenario y no hubo poder humano que hiciera entrar al animal en la tupida selva. Juan Simón se terció uno de los bultos de papa al hombro y prosiguió su travesía, abandonando a la mula con enojo, pero al mismo tiempo con coraje, y dejando que ella sola encontrara el camino de regreso hasta la finca, como hacía cada vez que no estaba dispuesta a trabajar ni a obedecer las órdenes de su amo.

     Ya en lo profundo del bosque, luego de haber sorteado ramajes tupidos y breñas peligrosas, se detuvo a descansar por el dolor que la carga produjo en su hombro y en su espalda. De tanto en tanto tenía que hacer esta pausa, pero lejos de renunciar a su objetivo de llegar al pueblo vecino, Juan Simón recuperaba el aliento y proseguía con los mimos bríos, como si aquella misión se le hubiese vuelto un reto personal.

     El viento parecía un susurro de voces ininteligibles, y Juan Simón aguzó el oído. Escuchó, entre las hojas de los árboles, como si unas risas alborotadas e infantiles se burlaran de él. ¿Sería posible, acaso, que hubiese niños en el bosque? En absoluto. Se estaba dejando sugestionar por las advertencias que sus paisanos le habían hecho sobre adentrarse en la selva por el puro capricho de creerse el más valiente.




    Los susurros pueriles comenzaron a escucharse con mayor intensidad, y a Juan Simón se le heló la sangre. Seguidamente, vio un destello que brillaba delante suyo. Puso el bulto en tierra y sacó tres o cuatro papas grandes para arrojarlas al primer intruso que se topase en su camino. Trató de llevarse la mano al cinto para desenvainar su machete, pero las manos no le respondieron.

    —¿Quién anda ahí? —preguntó el campesino a media voz. La luz refulgió de tal modo que Juan Simón se tapó los ojos, y cuando menguó el resplandor, el brillo se había transformado en una figura demasiado pequeña para ser humana, mucho más pequeña que la de un recién nacido, pero de aspecto tan viejo que parecía de una antigüedad milenaria. Se le vio en su rostro la señal de los estragos que el resentimiento y la soledad causan después de muchos años de vivirlos. Definitivamente era un ser que albergaba bastante maldad en su diminuto corazón.

    —¿Quién eres tú? —preguntó aterrado Juan Simón.

    —Soy el guardián de las almas perdidas —le respondió la criatura con una voz chillona y repelente.

    —¿Qué quieres de mí? —indagó Juan Simón con su mano al cinto en caso de que tuviera que responder a algún ataque. Recién había comprendido que estaba tratando con un duende, y había escuchado en muchas historias que en esa clase de seres no se podía confiar.

    —Tu alma, desde luego —le respondió otra vez el pequeño diablo con una risita oportunista.

    —¿Por qué?

   —Por haber invadido mis dominios. Esa alma me pertenece.

    —Olvídate —refutó Juan Simón—, mi alma es mía y de nadie más.

    —En poco tiempo ya la habrás perdido —replicó el duende.

    —Tendrás que quitármela en un duelo a machete limpio —lo desafió Juan Simón temblando de coraje.

    El duende, que no esperaba semejante despliegue de valentía, pues le había bastado su aspecto horripilante para intimidar a los primeros campesinos desaparecidos a los que les robó el alma, le propuso un reto:

    —Si logro hacer que tu costal de papas se convierta en un costal con monedas de oro me darás tu alma y te llevarás el oro.

    —Hecho —dijo Juan Simón encendido por la codicia.




    El duende se acercó al lugar en donde estaba Juan Simón, cargó el pesado bulto de papas a pesar de su insignificante tamaño mientras el hombre lo observaba receloso, y lo transportó hasta ocultarlo detrás de un arbusto cercano. Luego movió sus dedos con artes de prestidigitador para que el campesino lo viera ejecutar un acto de magia y enseguida un brillo incandescente emanó del arbusto en donde el duende había depositado el bulto.

    —Listo, ya está —dijo—. Ven a mirar.

    Juan Simón caminó entre una pesada niebla que se levantó después del acto de hechicería, sintiendo cómo el aire se volvía irrespirable, casi tangible, a medida que se acercaba a ver el supuesto oro que la diminuta figura le había prometido. En efecto, el contenido del bulto abierto se había transformado en un capital de aproximadamente cincuenta kilos en monedas de oro, todas relucientes y tentadoras. El campesino no lo podía creer. Introdujo su mano en el bulto para sentir el contacto del precioso metal, su temperatura fría, su textura, su dureza. Exclamó de emoción y se dijo que no podía ser cierta tanta dicha.

    —Sí, lo es —le dijo el duende sacándolo del trance—. Ahora tu alma me pertenece.

    —Llévatela, no la necesito— le respondió Juan Simón al tiempo que regaba las monedas en el suelo y se zambullía sobre ellas como si estuviese en un estanque de oro.

    —Con este bulto de monedas no necesito nada más —declaró al duende—. No necesito cultivar más papas, ni volver a pasar por tus dominios, y ni siquiera regresar a mi vida anterior… Ahora soy rico, llévate esa alma, que ni siquiera sé en qué parte de mí se encuentra.

    —Ya la hallaré, ya la hallaré —le dijo el duende alejándose y desapareciendo en medio de una cortina de niebla con un viento azaroso que parecía susurrar el nombre del campesino.




    Juan Simón se sobrecogió ante esta desaparición, pero luego miró el bulto de oro y se olvidó de todo nuevamente. Enloquecido de felicidad se dispuso a meter todas las monedas al costal y a emprender el camino de regreso. ¿Qué le diría a su mujer?, pensó en ese instante, pero siendo el poseedor de semejante fortuna, concluyó que mejor no le diría nada a nadie; que se marcharía del pueblo y de la vida de todos para no tener que compartir su riqueza con nadie. Juan Simón nunca volvió al pueblo de donde era oriundo. En lugar de eso, avanzó en lo profundo de la selva para llegar por ese atajo al Laguito, como era su misión inicial. Al fin de cuentas, ¿qué podría ocurrirle si ya había hecho trato con el duende?

    En la vereda de Aguaverde fue noticia por una semana la desaparición de otro lugareño que se había aventurado en la Selva de las Almas Perdidas.

    —Mucho le rogamos que no se fuera, pero el porfiado este no hizo caso —declaró la esposa de Juan Simón en la Estación de Policía cuando se confirmó la ausencia definitiva de su marido. Las autoridades de El Laguito tampoco dieron con su paradero, así como con el de ninguno de los otros lugareños que se habían adentrado en esa selva espesa donde había algo que se los tragaba para siempre.

    Solamente Juan Simón sabía de sí mismo, extraviado por toda la eternidad en la Selva de las Almas Perdidas, de donde jamás pudo salir, pues le fue imposible encontrar el camino de regreso. Erró durante días y semanas cargando a cuestas un pesado bulto de oro que en el denso bosque no le servía para nada, hasta que cayó desfallecido, casi inconsciente por el hambre y el cansancio, despojado de sus bríos y su alma. Habría dado todas esas monedas de oro por poder comerse, aunque fuera, una de sus gigantescas papas que le habría sido de utilidad para calmar el hambre de momento, pero al cambiarlas al duende por el oro se dio cuenta de lo estúpido que había sido.

    Lo último que se supo fue que una cuadrilla de policías se internó en la selva para averiguar lo que sucedía. Todos iban en fila india guiados por una cuerda que amarraron en un árbol a la entrada del laberinto espeso para no perderse. No encontraron el cuerpo de Juan Simón ni el de ningún otro campesino, pero uno de los policías halló un costal repleto de algo que a simple vista no se podía determinar qué era. Cuando se acercó lo suficiente para abrir un poco el saco y mirar en su interior, se dio cuenta del contenido de ese misterioso bulto, no sólo por su aspecto desagradable, sino por su repugnante olor, y así lo manifestó con sus propias palabras:

    —Allí no había más que un costalado de papas podridas y hediondas llenas de gusanos.

sábado, 15 de febrero de 2025

USAID: negocio para justificar la subversión

Por Juan Felipe Giraldo Trejos







     La noticia de esta semana que acaba de concluir corrió por cuenta del cierre, o más bien del recorte presupuestal de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) por parte del gobierno del presidente Donald Trump.

     Miles de voces progresistas alrededor del mundo han resentido este episodio y lo califican como “un atentado contra el propósito noble de fomentar la estabilidad económica y política en regiones vulnerables”.[1] También lamentan que con la suspensión de los recursos para esta agencia se acabarán muchas iniciativas que buscaban canalizar fondos para la mejora de la salud, la educación, la agricultura y el desarrollo económico sostenible, así como el fin de la lucha contra el hambre, la pobreza extrema y las enfermedades como el VIH, la malaria y la tuberculosis. Según los defensores de USAID, sin esta agencia, el mundo será un lugar peor.

     Lo que no aceptan, es que si el organismo de USAID se utilizaba para donar millones de dólares a diversas causas de la izquierda mundial de cuenta de los contribuyentes estadounidenses, lo lógico es que ese chorro de agua se tenga que cerrar. Es entendible que cada movimiento político-ideológico financie sus propias causas, pero lo que no es justo es que esto se haga con el dinero público. De hecho, si ha de utilizarse el dinero de los contribuyentes para realizar asistencia humanitaria, pues que sirva para favorecer a quienes realmente sean cooperantes con las políticas del gobierno norteamericano, y en el caso presente, con las propuestas ofrecidas en campaña por el mandatario que hace poco más de tres meses eligieron los ciudadanos en democracia. En conclusión, hay un nuevo capitán al mando cuyos intereses son diametralmente opuestos a los de la administración anterior. Este tiene otros objetivos en mente para el bien de su nación, y considera que debe hacer aquello para lo que lo han elegido sus votantes.




     Lo cierto es que con el regreso de Trump a la Casa Blanca, el nuevo orden mundial que se venía consolidando será materia de una profunda restructuración que pateará el tablero de juego y reacomodará todos los elementos de la geopolítica bajo una nueva configuración. El imperio intervencionista de los Estados Unidos llega a su fin porque a la cabeza está un hombre que no quiere seguir manteniendo la posición de un Estados Unidos como Policía del Mundo. Si la potencia del Tío Sam se ha beneficiado históricamente del colonialismo mundial, ahora, en la era Trump, ese colonialismo pretende ser parte del pasado. De modo que los que en otro tiempo criticaban los imperios no deben quejarse porque el imperio del norte ya no les quiera financiar más sus falsas banderas revolucionarias.

     Pero todo tiene un modus operandi, y así como USAID es una agencia dependiente del gobierno americano, existen también otro tipo de instancias de carácter no gubernamental que se están arrogando todo el poder para sí. Véase el caso de Naciones Unidas y el Foro Económico Mundial. Ese poder intentando imponer una gobernanza global no tiene el visto bueno de Donald Trump, y USAID sí que caminaba de la mano con todas estas estructuras responsables de causar el caos y la desestabilización en las naciones.




     Karoline Leavitt, la portavoz de La Casa Blanca, dio a conocer un listado de los despilfarros de la USAID financiando toda la agenda progresista internacional con la plata de los ciudadanos estadounidenses.[1] Además de comprobar que se realizaron aportes para óperas transexuales en Colombia, un cómic transgénero en Perú y hasta un musical feminista en Irlanda, lo más indignante de todo no ha sido tanto eso, como la corrupción con la que se manejaban las partidas, las cuales no eran para beneficiar a los países pobres, sino más bien a particulares muy ricos. Se usó el pretexto de la ayuda internacional para favorecer intereses de corporaciones como Open Society Foundation u organizaciones “filantrópicas” y medios de comunicación con marcados intereses políticos y económicos en favor de una élite corrupta y poderosa enquistada en las oficinas del gobierno y en agencias como la CIA, cuyas operaciones injerencistas en la política de otras naciones se pudieron llevar a cabo gracias a la fachada de USAID, según lo manifiesta el columnista Rafael Muñoz Canessa.[2]

     Lo que arrojó el hallazgo, expuesto por la portavoz de la Casa Blanca, es que en realidad USAID hacía parte de una red mundial que en nombre de la ayuda humanitaria colaboraba en actividades de espionaje, financiación de revoluciones culturales e intrusión en la política de las naciones extranjeras para crear caos, de la mano del Pentágono y de la CIA, y con la anuencia del Departamento de Estado de los Estados Unidos bajo la administración de Joe Biden.




    Desde que USAID fue creada en 1961, su objetivo inicial era el de proveer ayuda a países en vías de desarrollo a través del mejoramiento de las condiciones educativas, sanitarias, económicas y de salud, así como la promoción de la democracia y la “buena gobernanza”. Pero esas intenciones, lejos de cumplirse, solamente fueron el pretexto para hacer de los Estados Unidos un imperio interventor y esclavista durante mucho tiempo. Es cierto que gran parte de la riqueza de esta potencia ha sido a costa de la explotación y el sometimiento por la vía comercial (tratados de libre comercio), política (acuerdos bilaterales en los que los países pobres salían perdiendo) y diplomática (condicionamiento de visados y otras medidas para mantener la hegemonía en la región) de otras naciones que no pueden ofrecerle resistencia. Pero ahora que a la cabeza se encuentra alguien que piensa en contravía de todo ello, la progresía mundial lamenta que Estados Unidos renuncie a su papel de mecenas de todas aquellas causas que al final irán en detrimento del mismo Estados Unidos.

     Sólo que no se cree que sea así porque durante toda la vida USAID siempre generó un impacto positivo en el mundo. Su imagen se asoció a la caridad, al amor por la humanidad, a la buena voluntad. Pero de eso se trataba, precisamente, la intención encubierta: aprovecharse de la noble fama de una agencia internacional para utilizarla políticamente en beneficio de un sector ideológico que lo que en realidad ha buscado por todos los medios es llevar a Estados Unidos a la destrucción.




     Aparte de dar dinero a ONG’s y fundaciones privadas, se halló que también financiaba ejércitos extranjeros; grupos terroristas; medios de comunicación simpatizantes de dichos grupos; todo tipo de organizaciones que encabezaran los movimientos woke como el feminismo radical, la justificación de la inmigración ilegal, la agenda LGBT…; la promoción de la ideología de género y el aborto bajo el eufemismo de “salud sexual y reproductiva”; políticas de equidad “antiracistas” por medio de la discriminación inversa; además de financiar universidades y centros de formación y adoctrinamiento, y en general, cualquier causa que conllevara a crear el caos y la desestabilización política y económica en el mundo. ¿Es eso realmente ayuda humanitaria, desarrollo de los pueblos, asistencia social?

     Cuántos años llevan agencias de este tipo dizque ayudando a combatir la pobreza, el hambre, la inestabilidad económica, la desigualdad, los problemas de salud y medioambientales, recibiendo millones de dólares de los contribuyentes sin que la situación mundial haya cambiado para nada, sino al contrario, reflejando un mundo en el que la pobreza sigue en aumento, el hambre y la violencia se han multiplicado y las injusticias prosperan por doquier. ¿A dónde se han dirigido los recursos entonces?

     Nos preguntamos cuál es la razón de desviar todos estos fondos que recibía USAID de parte del gobierno si al final los resultados de estas inversiones se volverían contra el mismo gobierno que los patrocinó. La respuesta es muy simple. Es que todas aquellas causas que alientan movimientos antiamericanos conllevan revoluciones para implementar el socialismo en el mundo o cualquier otra clase de sistema totalitario. El atentado no es contra el gobierno de los Estados Unidos, hasta hace poco conducido por el partido demócrata, sino contra la nación de los Estados Unidos, dos cosas muy diferentes. Porque la élite que gobierna y sus grandes fundaciones y corporaciones no se acabarán jamás, pero el pueblo que constituye esa nación sí quedaría derrotado, y ya se sabe lo fácil que es tomar control de un pueblo que no tiene nada que perder, y que tan solo por un bocado de comida se somete al dominio perenne.




    De ahí que no es cierto que la decisión de cerrar parcialmente a USAID vaya a tener consecuencias devastadoras para la humanidad, por aquello de que se corta de tajo la inversión en desarrollo, la seguridad nacional y el bienestar global. Mentira. Se verán a gatas aquellos que siempre han vivido de las dádivas con las cuales poder alimentar su discurso de “ayuda humanitaria”, para así seguir recibiendo dinero a manos llenas con el pretexto de estar “trabajando por la paz y la seguridad mundial”. Todo ha sido careta (y carreta), fachada, engaño. A buena hora decidió Trump cortar la financiación del progresismo internacional que tanto daño le ha hecho a las naciones, y que en realidad solo se lucra a costa de la necesidad de los pobres para seguir engordando sus burocracias con el dinero de los impuestos de aquellos que poca o ninguna ayuda reciben.

     Se les acabó el marrano, señores de USAID, señores de ONG’s, agendas del wokismo, militantes de la progresía, medios hegemónicos, periodistas prepago, universidades vendidas a la ideología en lugar de contribuir a la enseñanza de la ciencia. Ahora tendrán que ver lo que es ganarse la vida honradamente, trabajando duro. Porque la ayuda humanitaria sí debe existir, pero para el que de verdad la necesite, que en este caso, es primero el ciudadano estadounidense, el dueño real de la plata que le dan a otros.


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[1] USAID 2025: Las repercusiones del cierre de la agencia de cooperación dentro de Estados Unidos | RPPUSA | RPP Noticias

[2] USAID Spends Millions on Diverse and Inclusive Projects. (s.f). https://bostontimes.org/2025/02/04/usaid-spends-millions-on-diverse-and-inclusive-projects/

[3] Rafael Muñoz Canessa (27 de febrero de 2025). La USAID: ¿Un tapadero de la CIA
https://www.linkedin.com/pulse/la-usaid-un-tapadero-de-cia-rafael-mu%C3%B1oz-canessa-r7sje/



sábado, 8 de febrero de 2025

La agenda del parásito

Por Juan Felipe Giraldo Trejos







     Que si la yuca es la yuca, el achiote es el achiote, la papa es la papa, la carne es la carne y el sancocho es el sancocho; que si la cocaína es menos dañina que el whisky; que si el presidente es un verdadero revolucionario, pero sus ministros no; que si les pide la renuncia protocolaria a todos y unos renunciaron y otros no; que si los concejos de ministros seguirán siendo televisados a pesar de haber puesto en evidencia el propio fracaso y la incompetencia, pero sobre todo la mediocridad y la falta de patriotismo por un país que solamente les sirve para desangrarlo de la misma manera como el parásito se alimenta del organismo sano; que si el presidente ahora se va de viaje para el Medio Oriente a hablar de cambio climático en la meca del petróleo, allá donde están los jeques con los que acaso piense hacer negocios, no para el beneficio de Colombia, sino para el beneficio de sus arcas personales. Que si todos estos bochornosos actos con los que la clase política se supera a sí misma en nivel de vergüenza y auto humillación deben ser repudiados o son simplemente los yerros normales de la política como lo fueron en los otros gobiernos; eso no importa. Cualquier noticia que se produzca en el país de aquí en adelante, sea un escándalo de corrupción, una salida en falso del presidente y sus ministros, o una ley para seguir favoreciendo criminales, sólo deja una cosa en claro: todo está debidamente dispuesto para contribuir al cumplimiento de la agenda.

     La agenda del gobierno Petro, que no es otra que la de perpetuarse en el poder indefinidamente, tal vez para el resto de su vida y de las vidas de sus sucesores. Aquí los escándalos de la Casa de Nariño son pequeños palitos que le tiran al perro de la opinión pública, para que mientras el perro vaya a recoger el palito y a entretenerse un rato haciendo malabares, publicando memes, indignándose en las redes sociales, o escribiendo columnas de opinión como esta y perdiendo tiempo en lo banal, el amo que lo gobierna aproveche ese tiempo fundamental para ejecutar su proyecto de la imposición de una dictadura, como efectivamente viene haciendo desde el día uno de su llegada a la presidencia.




     Todos sabemos que el sinvergüenza quiere quedarse, que no va a soltar el poder, pero al mismo tiempo pensamos que democráticamente no tiene cómo, porque carece del voto del ciudadano consciente. En unas elecciones limpias, el sinvergüenza nunca ganaría. Pero las palabras “democracia” y “limpieza” son variables que tendremos que quitar de la ecuación para que este proyecto antipolítico perdure: no habrá reelección democrática ni elecciones limpias. Basta con eso, y el país tendrá un futuro de dictadura socialista. Sencillamente el maniático que nos desgobierna podría quedarse por decreto, sin convocar a elecciones y amparado en la imposibilidad de llevarlas a cabo debido a una hipotética situación de orden público que él mismo podría hacer estallar (como ya lo hizo una vez); sin destinar los recursos a las instituciones encargadas para ello, o destinándolos con la condición de que sea él (o cualquiera que designe) el ganador.

     Esto es muy simple, compatriotas, cuando se trata de torcer la democracia y hacer que parezca que el pueblo ha decidido su destino, cuando de antemano han elegido por él. Y vaya que este gobierno, experto en torcidos y platas por debajo de la mesa tiene la capacidad para hacerlo. No se nos olvide que detrás del telón está el tahúr Santos, que es el jefe de jefes.

     En Venezuela se robaron varias elecciones, y ni siquiera con la más reciente, que fue la más obvia, pasó alguna cosa. En Colombia no será distinto, sobre todo cuando ya tienen la experiencia del vecino ladrón que les dejó la lección para no cometer los mismos errores con las actas.




     Lo que tenemos que darnos cuenta es de que Petro está cumpliendo una agenda paso a paso, y en este momento estamos atravesando la fase tres, que es la inducción al caos generalizado y a la anarquía total. No crean que la crisis ministerial después del vergonzoso “Concejo de ministros” del pasado 4 de febrero es una situación coyuntural. Al contrario, todo estaba perfectamente organizado para que fuera así: al sinvergüenza le sirve quedar como el único de su gobierno que de verdad lo intenta, "el único revolucionario", pero al que su equipo de trabajo no le sigue el ritmo. “Pobre hombre, no tiene con quién, no lo quieren dejar gobernar”. Y a los ministros les sirve la renuncia, porque así pueden lanzarse como hienas a la presa de la candidatura presidencial, como para disimular que estamos en una democracia libre, aunque ellos saben que ya la presidencia tiene dueño: el que elija Petro, que por lo narcisista que sabemos que es, muy seguramente se elegirá a sí mismo.

     Decía que estamos iniciando la tercera fase de la agenda petrista, que es en sí la misma agenda utilizada por los dictadores amparados en el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla (léase López Obrador, Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Lula Da Silva, etc.). Si se mira bien, la estrategia del socialismo siempre es la misma: llegar al poder por la vía democrática, y una vez allí, destruir la democracia. Ahora se hacen llamar progresistas, pero en el fondo la receta es la misma, servida en platos más modernos.




     Pero recordemos cuáles fueron las fases anteriores de este programa en el que nos embarcaron a los colombianos gracias al resentimiento y a la ignorancia de unos cuantos, y al poder corruptor de otros. Según las conclusiones del abogado, analista político y activista de derecha, Samuel Ángel[1] (@samuelangel.tv), Petro empezó su agenda el primer año (primera fase) de su gobierno asegurándose a sus votantes y a su cuerpo especial de seguridad: cambió la cúpula del Ejército y la Policía para poner gente de su entera confianza, incluso metiendo antiguos insurgentes del grupo terrorista M19 dentro de las instituciones de seguridad, como por ejemplo la Unidad Nacional de Protección. Infiltró la inteligencia con bandidos y nos dejó en manos de los criminales. Por otra parte, dio rienda suelta a la feria de los subsidios, a las políticas de “inclusión y diversidad” (con ministerio a bordo que ni falta que hacía, y menos si al frente estaba Francia Márquez), a la repartija de dádivas para mantener el caudal electoral. Lo más grave de todo esto es que mucha gente en las próximas elecciones estaría dispuesta a votar nuevamente por el sinvergüenza con tal de que les siga llegando su bicoca de $80.000, $160.000, $520.000, un millón de pesos o la cifra que a bien tengan que recibir del gobierno. Ya les compraron el voto de antemano. Y lo harían, no por convencimiento político, sino porque esa platica no se puede dejar perder. Más que el voto, les han comprado el futuro: como decía Chávez, a los pobres hay que mantenerlos pobres, pero con esperanza. Por eso el primer año de Petro fue tan exitoso en términos de apoyo popular, todo era inclusivo, feliz, con Ministerio de la Igualdad, con marchas del orgullo por todas partes, con gestores de paz, liberación de bandidos de las cárceles, todos "viviendo sabroso".




     El segundo año fue el año de la radicalización activista: un llamado a las “fuerzas populares”, tales como las Guardias Campesinas, Guardias Indígenas o Primera Línea a que marchen y hagan despliegues ofensivos de fuerza para presionar a la aprobación de sus reformas. Esto incluye incursionar en todos los mecanismos de lucha que sus colectivos le puedan dar, ya sea de base cultural (como pintar murales para difamar a la oposición), política, o a través de las redes sociales, financiando y contratando a los bodegueros para que le laven la cara con la plata de los contribuyentes. La radicalización activista consiste en dar pelea en todos los ámbitos posibles para favorecer su imagen, para convencer así a los incautos que todavía no se han adherido a su causa. Es aumentar el caudal electoral, no a través de compra de votos directamente, pero sí a través del lavado de cerebro. Y para eso cuenta con todo un ejército de influenciadores que están a su servicio.




     La tercera fase para perpetuarse en el poder es en la que estamos, que es el caos inducido a través de un desastre social, económico y político para exacerbar la pobreza y la violencia del país. La situación en el Catatumbo que el gobierno no ha querido atender es producto de ese caos inducido. Es el mismo presidente el que lo permitió, no solo porque hay una guerra de carteles entre las FARC y el ELN que está desplazando y matando a la población, sino porque es el Cartel de los Soles de Nicolás Maduro el que se está apoderando de la zona, con respaldo del mismo ELN, que es ya un grupo terrorista trasnacional al servicio del régimen, y con la anuencia de Gustavo Petro, que en lugar de atender la crisis se va para Haití, dejando a la gente de la zona a merced de los criminales. Esta fase contempla también la entrega del territorio a las guerrillas y a Venezuela. A nivel económico Petro busca destruir el país, ya sea ganándose un bloqueo de parte del nuevo gobierno de los Estados Unidos, ya sea promoviendo la siembra y compra de coca para que en lugar de comida solamente haya cocaína en el país, con la consecuente tragedia de la carestía de los alimentos y el hambre; ya sea a través de decretos para aumentar los impuestos e imponer algunos nuevos con la excusa de que no hay con qué hacer las inversiones sociales que se necesitan. O ya sea por la vía de acabar con la extracción de petróleo y gas, lo que a largo plazo nos costará lágrimas. A nivel monetario muy pronto nos castigará con la propuesta de emitir billetes a la nueva Junta Directiva del Banco de la República, en donde ya queda con mayoría, lo cual destruirá el poder adquisitivo de las personas y ocasionará niveles de hiperinflación nunca antes vistos.




     Por último, la cuarta fase, que comenzaría a mediados de este año, consiste en la ruptura institucional definitiva, viéndose reflejada en golpes contra el Consejo Nacional Electoral, la Registraduría, las cortes y las instituciones de seguridad. Esta ruptura busca desconocer el papel de los Organismos de Control, agudizar el desmantelamiento del Ejército y la Policía como ya lo viene haciendo hasta prácticamente anular su campo de acción. Con la Fiscalía y la Contraloría de su parte, el gobierno Petro queda prácticamente autorizado a hacer lo que se le venga en gana, incluso decretando nuevos estados de Conmoción Interior para expandir los límites de su poder. A última hora podría inventarse un mecanismo para una reforma constitucional de urgencia que le permita reelegirse en aras de evitar una posible guerra civil, desde luego, azuzada por él mismo.

     Con este panorama no hay motivos para no reaccionar ni dormirse en los laureles, ni entretenerse con anuncios de candidaturas, ni sentarse en el sillón a ver los programas de ciertos pseudo periodistas que todo lo vuelven chiste. Esto es demasiado serio, porque mientras que perdemos tiempo como el perrito que va por el palito que le tiran, el astuto de Petro se atornilla en el poder. 

     Es una lástima que la misma oposición en Colombia le haya puesto trabas al juicio político que, invocando el artículo 109 de la Constitución, habría destituido a Petro del cargo por el sólo hecho de haberse volado los topes de la campaña presidencial. Bastaba con eso, no importando si el presidente sabía o no sabía. Pero uno no entiende cómo ciertos políticos que dicen ser de oposición le ponen palos a la rueda y complican las cosas para luego sacar pecho y decir que fueron ellos los que interpusieron las demandas. Como siempre, son los políticos los que por A o por B no permiten que nos liberemos de su yugo. Que no perdamos el país. O nos desparasitamos, o el parásito nos come vivos.



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[1] https://www.semana.com/nacion/articulo/ha-sido-un-verdadero-desastre-cada-dia-tenemos-un-escandalo-distinto-samuel-angel-investigador-colombiano-sobre-el-gobierno-de-gustavo-petro/202334/

domingo, 2 de febrero de 2025

El informante

Por Juan Felipe Giraldo Trejos









     —No necesita volver a llamarme —le dijo el informante al comandante guerrillero más sanguinario del grupo terrorista ELC, alias Bochinche, con quien en ese momento sostenía una comunicación altamente confidencial—. De hecho, espero que no volvamos a establecer contacto nunca más. Es muy peligroso. Ya ustedes tienen lo que querían, de modo que no me vuelvan a buscar por este medio. Las líneas podrían estar interceptadas.

     —Entiendo —asintió Bochinche en medio de un rumor de pitidos y sonidos entrecortados—, pero ¿cómo sabemos que usted sí nos va a ayudar con la información del operativo militar? ¿Cómo nos comunicamos entonces?

     —No habrá necesidad de eso, ustedes se darán cuenta sin que tengamos que hablar. Para eso se inventaron el internet.

     Acto seguido, el informante colgó sin despedirse de su interlocutor. Sorbió un trago de whiskey de un vaso que tenía a medio llenar, sin hielo, como le gustaba a él, y luego encendió su ordenador para comenzar a trinar los mensajes que tenía represados. Era una tarea ardua, a la que se dedicaba todos los días sin descanso, porque él, ante todo, era un informante, y en aras de desbaratar la estrategia del enemigo, tenía que ponerse a desinformar. Desinformar para entretener, por un lado, y para confundir, por el otro. “Entretener” y “confundir”, cuando en el fondo de lo que se trataba era de crear cortinas de humo permanentes: dos palabras que significaban lo mismo en el contexto de la lucha ideológica. Se veía cansado, pues no había dormido muy bien. Sólo un pase de cocaína que lo pusiera eufórico lo restablecería de ese adormilamiento que le producía el trasnocho y el exceso de licor.




     El informante compartió la imagen de una ubicación geográfica de Google maps con su respectivo pin desde un chat que minutos antes le enviara el comandante del Ejército; la descargó a su ordenador y luego la subió a su cuenta de X acompañada de un mensaje que había que entender, según su lógica, en sentido inverso: “El guerrero que apunte su arma contra el pueblo será maldito”. Era una frase de Bolívar, pero el Libertador había hablado del soldado que apunte sus armas contra el pueblo, sólo que para el informante un soldado y un guerrillero venían a ser lo mismo. La fotografía mostraba un mapa con la ubicación del punto exacto en donde se presumía que se encontraba el campamento principal del ELC, y el informante confiaba en que los guerrilleros entendieran su señal, que vieran la publicación lo más pronto posible, pues sabía que tendría que borrarla un par de minutos después, cuando el revuelo estuviera desatado.

     En ese mismo lugar oculto entre las montañas de Colombia en la región del Catatumbo, el comandante Bochinche vigilaba las publicaciones de las redes sociales del informante y, en efecto, allí estaba el mensaje de la ubicación como un aviso ineluctable de que este último había cumplido su parte.

     —¡Arley, Satélite, Alfredo! —llamó a sus compañeros inmediatamente, cerrando su dispositivo y guardándolo en un bolsillo del camuflado—. Recojan todo que nos tenemos que largar ya —ordenó.

     —¿Qué pasa, Bochinche?

     —El ejército nos tiene ubicados, ¡vámonos, vámonos!... ¡Oigan, camaradas, a levantar todo y darse a la fuga! —gritó a la tropa que aparentemente descansaba diseminada en cien metros a la redonda, cuyos integrantes, al oír el grito de alerta, de inmediato recogieron todo y ejecutaron la huida.

     —Imposible, Bochinche —le replicó Arley a su jefe mientras recogía apresuradamente sus cosas—. ¿Quién dio esa información? El ejército no podía llegar hasta aquí, ese era el trato con el informante, ¿o no?

     —Sí, pero seguro no pudo detener a su gente. Por eso toca retirarse antes de que nos caigan. Al menos nos avisó.




     —¿Y usted sí confía en ese informante? ¿Qué tal que nos esté tendiendo una trampa? —replicó Alfredo receloso ante la intempestiva huida.

     —Hombre, el informante es de los nuestros, Alfredo. Es el más leal al movimiento —le aclaró Bochinche en el momento en que le señalaba a su cuadrilla el camino a tomar y se separaba de sus colegas—. Nos reunimos a mis órdenes. Ustedes vayan por el río, nosotros por la montaña. De todas formas, el viernes nos tomamos el resto de la zona como estaba acordado, y el que no haya salido ligero es hombre muerto. Sin piedad, camaradas.

     La tropa se separó en dos grandes grupos, uno al mando de Bochinche y el otro al mando de Arley. Esa tarde, cuando miembros del Batallón de Alta Montaña llegaron a la zona, no encontraron absolutamente a nadie. Apenas los rescoldos de un par de fogatas y las cáscaras de las frutas que habían arrojado los subversivos después de comer, pero nada más.

     —Estos hijueputas fueron avisados —sentenció el comandante del batallón en medio de su rabia y su impotencia.





     Por su parte, los medios de comunicación ya estaban dando la noticia: más de 60 muertos, 18.000 confinados, 50.000 desplazados en la región del Catatumbo por enfrentamientos entre dos grupos terroristas por el control de la zona que era fundamental para la operación del narcotráfico. Además, la inteligencia realizada por las fuerzas militares, que logró ubicar el punto exacto en el que se encontraba uno de los actores armados causantes de esa masacre, había sido saboteada. Alguien en el gobierno había revelado la información que sólo podían conocer los altos mandos, el ministro de Defensa y el presidente de la República. Había entre las filas del gobierno un traidor, un campanero, un informante al servicio del terrorismo al que en un país serio habría que juzgar por traición a la patria. Sin embargo, a este informante nada podría sucederle en lo más mínimo, y el mazo de la justicia no podría tocarlo de ningún modo. Por encima del informante no existía nadie que se atreviera a llamarlo a rendir descargos ante un poder superior, pues él era el poder superior. Se trataba nada más y nada menos que del señor presidente de la República, el doctor Octavio Greco, que en menos de quince días ya había realizado dos publicaciones clave que para el mando militar eran top secret. Y las había publicado así, sin más, en su cuenta de X como una manera de alertar a los criminales acerca de los movimientos del Ejército, cosa que tuvieran tiempo de armar una estrategia o de fugarse, ya sabiendo cuál iba a ser la siguiente jugada de su enemigo.

     Desde luego, el presidente Greco se cuidó de borrar su publicación unos minutos después, pero ocurre que la red es implacable con todo lo que se publica allí: no da lugar a arrepentimientos, no hay manera de deshacer lo hecho, pues todo queda registrado y la información, de alguna manera, se puede recuperar. Por eso los medios de comunicación se dieron cuenta de quién era el informante.




     Nunca hubo una explicación de parte de Greco; nunca unas disculpas en las que manifestara si se trató de una imprudencia, de una decisión apresurada por las ganas de publicar, de un “error de dedo de su parte", o de un hecho premeditado. Ni una sola palabra, y ni un solo periodista que se atreviera a preguntarle. La mayoría de los que dieron la información al inicio se olvidaron luego del asunto por orden de sus jefes, porque el gobierno les había advertido que si seguían recabando en la noticia de la publicación de la foto con la ubicación de la guerrilla, se acabaría la pauta publicitaria, y los medios vivían de eso: no se podía jugar con la comida. Por ello el asunto fue olvidado con prontitud para pasar al escándalo del siguiente día, que bien podía ser un nuevo insulto de Greco al presidente de los Estados Unidos en una entrevista realizada por un periodista simpatizante en otro tiempo de sus ideas, o las declaraciones desde Haití en el sentido de hacer un frente contra el mismo mandatario norteamericano al que ningún presidente de la región le sonó, porque nadie era tan bruto e irresponsable como Greco.

     Mientras tanto, el país de a pie estaba preocupado por la clase de sujeto que tenían en la presidencia. Él no era el gobernante que los representaba, sino su propio enemigo, defensor a ultranza de sus amigos guerrilleros. Él no había sido puesto allí por el pueblo, sino por el brazo armado del narcotráfico y del terrorismo. ¿Habría necesidad de más pruebas para saber que el traidor era el que estaba sentado en la Casa de Nariño?




     Esa tarde, el presidente Greco le ordenó a su asistente que le programara agenda privada. Se encerró nuevamente en su estudio, encendió su computador y se puso a trinar sobre Palestina. Le tenía sin cuidado lo que pasara en su propio país, y bien podía el ELC o las FARS tomarse las regiones que le diera la gana y desplazar a los campesinos indefensos que tenían que huir de sus parcelas, dejar sus animales, sus cultivos, sus pertenencias, sus seres queridos sin enterrar siquiera. Bien podría el dictador de Venezuela, el jefe del Cartel de los Soles y al mismo tiempo el socio de la guerrilla colombiana, intervenir en Colombia y entrar en la frontera para enseñorearse también de toda la zona del Catatumbo. A Greco sólo le importaba ejecutar la agenda de los carteles del narcotráfico y las guerrillas a través del ideario del Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, adscritos a su vez a una agenda internacional más poderosa que cualquier otra, consistente en destruir a los Estados a través de medidas impuestas desde los organismos internacionales para luego entrar a comprar cada país destruido por una bicoca. Era un completo lacayo capaz de entregar a su patria a cambio de cualquier reconocimiento internacional.

     Andaba en sus quiméricas cavilaciones cuando de repente le entró un mensaje de alias Bochinche, el comandante de esa guerrilla a la que él había ayudado con su publicación: “Muchas gracias, señor presidente”, decía, “ha hecho usted un gran servicio a nuestra causa. ¡Viva la revolución!”.







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