Hay que ser muy bruto, o muy
mal intencionado, o estar a punto de explotar, como para promover un Gran Paro
Nacional en medio del peor pico de una pandemia que nos está dejando ya quinientos
muertos diarios. Yo digo que son las tres cosas juntas: a punto de explotar está
el pueblo; mal intencionados los políticos oportunistas que promueven la anarquía
con su grito de “resistencia, resistencia”; y brutos los que saldrán a la calle
a gritar la consigna el próximo 28 de abril, cuando vayan en oleadas a contagiarse
y a esparcir el virus que luego llevarán para sus casas.
Hay cosas que son de sentido
común. El incremento de las muertes y los enfermos que está arrojando el Covid
debería ser una muy buena razón para posponer la protesta, que por cierto
parece ser el único derecho fundamental en este país, por encima del derecho a
la vida, a la salud, y a la libre movilización.
Hay que ser muy bruto, o vivir
en el país de las maravillas de Alicia, como para prometerle al país una Copa
América en un momento en el que el fútbol es lo de menos. Se nos muere la
gente, señores del gobierno, y en lugar de fútbol lo que se necesitan son
vacunas.
Hay que ser muy bruto, o muy
inconsciente, o importarle un bledo la familia como para seguir saliendo a reuniones
y a beber trago, y a estar en francachelas y comilonas, y asistir a conciertos
y recibimientos multitudinarios de cantantes de poca monta cuando la realidad
nos está sobrepasando. Es que la cifra no es menor: quinientos muertos.
Quinientas familias que están hoy pasando el dolor que yo llevo pasando desde
noviembre, cuando esta maldita tragedia se llevó a mi padre. Ya suficiente es
con que nos tengamos que arriesgar en el transporte público por tener que salir
a trabajar; allí donde no hay distanciamiento ni bioseguridad porque eso es
tierra de nadie, y los gobernantes apenas improvisan, inferiores como fueron al
reto que supuso este virus. Y sin embargo los ciudadanos no aprendemos, y ni siquiera
somos aptos para llevar un simple tapabocas de la manera correcta. Y el personal
médico, cansado y a punto de desfallecer, nos suplica que por el amor de Dios
nos cuidemos y salgamos solamente a lo más elemental.
Hay que ser muy bruto, o un
desconectado de la realidad, o un perverso para calcular que una docena
de huevos vale mil ochocientos pesos. El ministro Carrasquilla selló aquí la
derrota de su reforma porque también sería muy bruto, o muy corrupto el
Congreso, si se la aprueba.
Y vaya que la brutalidad le
podría salir cara a este gobierno cuando el próximo miércoles salga el pueblo a
las calles y lo ponga contra la pared. Sólo espero que la protesta sea pacífica
y al menos se avance con cierto distanciamiento entre las personas para
disminuir el riesgo de contagio, ya que no vamos a poder persuadir a los
organizadores del Paro de que lo pospongan unos días. No crean, yo también
estoy en contra de la Reforma Tributaria y me uno al clamor, pero ojo con lo
que puede pasar, y sobre todo ojo a los políticos que desde sus cuentas de Twitter se quieren apropiar del sentimiento
patrio para después mostrarse como los grandes redentores.
Hay que ser muy bruto, lo
admito, para pensar que el Paro será pacífico o será una manifestación espontánea
del pueblo que se quiere hacer sentir. La experiencia nos dice que el cien por
ciento de las últimas jornadas de protesta terminó con disturbios. Ya vamos viendo
cómo se están manejando los hilos de esta nueva convocatoria a paro: se
anuncian bloqueos, se vaticinan ataques a los bienes y al transporte público,
se convoca a una parálisis total del país para orquestar lo que podría ser un movimiento
vandálico y violento que ponga en vilo a la Policía y al Ejército, quienes muy
seguramente utilizarán sus armas contra aquellos que puedan atacarlos, corriendo
el riesgo de que las utilicen mal, con el consecuente saldo de muertos y heridos
que podrían resultar justo ahora en que no hay capacidad hospitalaria para atender
a nadie. Por favor, no seamos brutos.
Todo esto lo digo porque veo a
políticos, a periodistas, a profesores y a dirigentes sindicales calentando el
ambiente, y mucho cuidado que el colombiano de a pie es una caldera a punto de
estallar. Claro, el gobierno será el gran responsable si algo llega a suceder,
pues su embeleco de Reforma Tributaria ha sido una bofetada para un pueblo
cansado de tanta humillación. Pero por favor, moderación ante todo; no seamos tan
brutos para llevar este país a una destrucción que después tendremos que pagar los
mismos ciudadanos para su reconstrucción, y adivinen con qué… con impuestos.


























