sábado, 26 de noviembre de 2022

Del opio del fútbol a mis pronósticos alucinantes

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

Corrección de la columna del sábado 19 de noviembre por inconformidad del autor. Se trató de reescribir de una mejor manera, o tal vez de una peor, pero al menos más actualizada. Gracias por su comprensión.



    El fútbol, que nació como un entretenimiento que le permitió a los capitalistas del siglo XIX apaciguar los ánimos insurrectos de las clases explotadas en medio de la revolución industrial, ha permeado nuestras vidas como si fuera el opio del que antaño hablara Marx. Por ello nace en Inglaterra, allí donde estuvo el centro de la industrialización y convivieron —no precisamente en paz, sino mediados por el conflicto— proletarios con burgueses.

   El ocio tenía que ser convertido en un mecanismo para bajar los niveles de inconformidad. Por ello se requirió seducir a los trabajadores a través de un juego que les permitiera canalizar todas sus energías. Fue así como un balón de cuero lanzado a la clase proletaria en las horas de descanso se constituyó en un bálsamo para menguar su conciencia de clase: jugar para no pensar en la situación económica. Los patrones sabían en esencia del poder de control de masas que suscitaría el nuevo hallazgo. Por ello, cada que veían la oportunidad les proponían un partido de lo que después se conocería como fútbol a los futuros revolucionarios.

    Y es este nuevo opio, el fútbol, el que durante años ha convocado a la audiencia más numerosa que haya registrado deporte alguno. Incluso un mundial de fútbol supera con creces el número de espectadores y televidentes de unos juegos olímpicos, siendo este último un evento que, se supone, es de trascendencia superior.



    Y no sólo el mundial bate récord de seguidores, sino las demás competiciones (a nivel de clubes, por ejemplo) que giran en torno al fútbol: las copas continentales como la Champions League y las diferentes ligas en Europa, que son las que suscitan mayor interés; los torneos de selecciones de los distintos continentes, las eliminatorias, los mundiales de clubes, los mundiales de categorías juveniles, y por supuesto, las competiciones femeninas. Cada uno de ellos cooptando su mercado objetivo.

    El fútbol se ha convertido en una gran industria que moviliza las masas, no sólo a nivel deportivo, sino a nivel económico, social y cultural. Es un aparato mediático que simboliza la pertenencia, no digamos a un territorio geográfico en sentido estricto, sino a un conjunto de valores, símbolos, signos y devociones en común representados en un equipo de fútbol. Ha dejado de ser una práctica de proletarios para convertirse en un negocio de burgueses. Si se mira con detenimiento, es todo un emporio manejado por grandes monopolios y franquicias; una mafia al servicio de intereses metacapitalistas y globalistas. El fútbol ya no sirve para apaciguar una revolución, sino que es la revolución misma. Si la industria en el siglo XIX era regentada por un puñado de poderosos dueños de la producción de aquel momento, el fútbol en el siglo XXI es ya una maquinaria perteneciente a otros clanes iguales o más poderosos que los anteriores, que son los amos de la industria del entretenimiento y la diversión.  



    Son también los dueños del futuro de los descendientes de una vieja clase proletaria que ve en esta actividad una esperanza para salir de su pobreza. Millones de muchachos alrededor del mundo, muchos de ellos hijos de obreros, migrantes y desplazados, aspiran a encontrar en este negocio una redención para su destino condenado a la miseria, sólo que esta vez no esperan salir adelante con las manos laboriosas y encalladas de sus antecesores, sino con las piernas habilidosas y fuertes con las que los dotó la vida, y sobre todo con la improbable fortuna de ser uno entre un millón que pueda llegar a las grandes ligas y torcer de ese modo su destino incierto.

    Y precisamente, como estamos viviendo uno de los mundiales más polémicos de la Historia, no soy ajeno a las pasiones y los recelos que este deporte me despierta. Por una parte, celebro que haya mundial de fútbol una vez más, pues este será tal vez el último buen mundial que veremos. Se despedirán algunas leyendas históricas como Messi, Cristiano Ronaldo, Suárez, y seguramente Neymar si no se ajuicia.

    Por otra parte, están las estratagemas de la FIFA para arreglar partidos con la ayuda de la tecnología utilizada a su favor cuando convenga, o los torcidos que siempre han sido su característica y que no tendrán remedio. También están las leyes duras del emirato de Catar por las que muchos han protestado desde Occidente, desde donde pretenden que su pensamiento libertino se extienda a otros países obligatoriamente. O los abusos, las injusticias, la miseria que oculta el velo de las apariencias de todo evento magno en el que están puestos los ojos del mundo para ganarse una imagen favorable. Sólo que ese velo esta vez tiene forma de turbante y está lleno de maravillas y desencantos. En fin, que con todas las discusiones habidas y por haber, de todas maneras nada, salvo una guerra o una voluntad divina, ha impedido que se lleve a cabo el mundial de fútbol.



    Pero el fútbol, como deporte que aglutina masas, no dejará de ser nunca una pasión, independientemente de las turbulencias que se muevan a su alrededor. Muchos progres que se las dan de defensores de los derechos humanos cuestionan el mundial por la falta de libertades, por la explotación a los inmigrantes, por la esclavitud de sus ciudadanos, por la prohibición de la homosexualidad, por el sometimiento de las mujeres a la ley islámica. Pero no dicen nada de otros países donde igualmente se violan los derechos humanos, donde igual hay explotación laboral, donde no se respetan las libertades. No dicen nada de sus propios países en donde se imponen a la fuerza leyes de género, de cuotas, de supuesta igualdad, inclusión y diversidad que de manera soterrada atentan contra la profesión religiosa, la libertad de expresión, la institución familiar y el derecho al trabajo digno. La hipocresía no solamente es de la FIFA o de Catar, sino de todos aquellos que criticamos la paja en el ojo ajeno y no miramos la viga en el propio.



    Ya para terminar, y adentrándome en el terreno del balón, creo que este mundial puede ser para Argentina. Lo veo en la final. Lo quieren en la final y hay un ambiente favorable en torno a Lionel Messi para que se no se retire del fútbol sin haber sido campeón del mundo, de modo que pueda pasar a la Historia como el mejor de todos los tiempos. Sería muy bueno por Messi, que es prácticamente el único título que le falta en su palmarés, sólo que esperamos que no lo consiga ayudado por fuerzas externas, como consiguió Argentina su primer título mundial en 1978 durante la dictadura de Videla, quien sin duda metió la mano para que de algún modo se favoreciera a su nación. O como cuando ganó el campeonato en 1986 ayudado por la otra mano, la de Maradona frente a los ingleses; cosa que es celebrada con exaltación y orgullo, y en ese caso no se apela a la rectitud ni al juego limpio. Claro, es que Maradona era otro progre igual de hipócrita, un ídolo de barro.

    Si Argentina ha de ser el próximo campeón, que lo sea en franca lid, compitiendo, esforzándose, sin favorecimientos arbitrales ni de ningún otro tipo, sin trampas, dándolo todo como es su característica. Así se haría justicia con Lío Messi, y no como sucedió en 2014, cuando fue premiado como el mejor jugador del mundial sin haberlo sido. Hasta él mismo se avergonzó de recibir semejante honor a pesar que logró ser subcampeón del mundo.



    Todo apunta a que será Argentina un seguro finalista, posiblemente contra Alemania, Inglaterra o Portugal, si no sucede algo extra futbolístico (¿Acaso ya no estará sucediendo?). Contra Alemania puede ser, por aquello de cobrar revancha de las dos últimas finales que tuvieron estos dos equipos en los mundiales de 1990 y 2014, y en las cuales el resultado fue favorable para los teutones, y de las eliminaciones en 2006 y 2010 del equipo gaucho de las que le costó mucho recuperarse. Argentina tiene una espina con Alemania, y qué mejor que sacársela en este mundial. Con Inglaterra se puede prever una final por aquello de tomar revancha por lo de la Guerra de las Malvinas y revivir nuevamente un conflicto político que ponga en crisis a Occidente desde otra perspectiva. Sería una final geo-política. O se podría incentivar esta final con Portugal por el morbo de ver enfrentados a dos grandes estrellas que se retirarían de los mundiales en esta edición: Cristiano y Messi, los dos íconos futbolísticos de este siglo. Al menos los que más reconocimiento han ganado. Pero mejor no me atrevo a hacer pronósticos, no me comprometo porque casi siempre me salen mal. A lo mejor no sea con Argentina la final, sino España Vs Holanda, como en 2010, o Brasil Vs Alemania como en 2002. Todo depende de quién juegue mejor (o de quién tenga la chequera más abultada).



    En fin, que continúe el mundial y que esto se defina en la cancha. Al fin y al cabo, nunca sucede lo que uno se imagina, y en este deporte, como en cualquier otro, tampoco existe la lógica. Siempre hay un palo que se atraviesa y le daña el caminado a un grande. No falta sino que Estados Unidos intervenga otra vez en una disputa internacional y nos arruine la fiesta.

    Obvio, estoy hablando de la selección de los Estados Unidos, no me malinterpreten, pues de pronto se le atraviesa a Holanda y luego a Argentina, y deja viendo un chispero al público futbolero. A mí no me disgustaría la idea, pero eso ya es mucha ciencia ficción. En el fútbol, como en la vida, cualquier cosa puede pasar.  


sábado, 19 de noviembre de 2022

Mundial es mundial

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




  

    Y por fin llegó el mundial. Hubo que esperar casi seis meses de más, pero los aficionados a este campeonato no hemos perdido la emoción. El fútbol seguirá moviendo las masas a pesar de todo, no importa que coincida con las fiestas decembrinas: doble celebración.

    Desde que inició este torneo por allá en el año de 1930 en Uruguay, ha sido costumbre que el evento se realice a mitad de año. Así han sido las 21 ediciones anteriores. Esta vez, porque las circunstancias obligan, el mundial tocará jugarlo a final de año: una fecha demasiado atípica para una fiesta futbolera. Habrá que celebrar al campeón con natilla y buñuelo, en medio de la novena de aguinaldos.

    Y es que digo que las circunstancias obligan porque el mundial es en Catar, y las temperaturas en este país durante la temporada de verano son algo más que infernales, imposibles para jugar al fútbol, y a lo que sea bajo un calor que puede llegar hasta los cincuenta grados centígrados; algo que evidentemente hubiera puesto en peligro la vida de los futbolistas y los espectadores. La plata, por otro lado, también obliga, y por supuesto la FIFA no iba a dejar perder semejante oportunidad de otorgarle ese honor a los millonarios cataríes, aunque tuviera que correr unos meses la fecha en que es tradición que se juegue el campeonato del mundo.



    Pero no importa. Más allá de que sea en junio o en diciembre, mundial es mundial. Más allá de que sea en Catar, un país sin tradición futbolera, sin escenarios disponibles al momento de ser elegido sede, sin una liga profesional de calidad y con todos los reparos que ha suscitado su cultura teocrática por aquello de los cuestionamientos que tiene este principado con respecto a la violación de los derechos humanos; el mundial de fútbol es una fiesta de la cual no nos queremos privar los que somos amantes de este evento que se realiza cada cuatro años.

    El país petrolero supo resolver sin dificultad lo de la liga de fútbol y lo de los escenarios, los cuales construyó en un lapso de diez años para finalmente obtener los estadios más modernos y suntuosos que mundial alguno hubiera presentado como un mérito de su organización. Eso sí, una vez finalizada la fiesta, los estadios serán desmontados, porque sólo fueron construidos específicamente para este certamen. Como una especie de escenarios desechables: cosas que el dinero de los jeques puede comprar.

    De otro lado, en lo referente al tema de las violaciones a los derechos humanos en el país árabe, específicamente por la prohibición de la homosexualidad y las restricciones a las libertades de las mujeres, la polémica sigue servida. El preámbulo del mundial se ha visto opacado por los cuestionamientos por parte de activistas de derechos humanos, de organizaciones internacionales, de figuras importantes del mainstream y demás artistas y personalidades reconocidas que a través de las redes sociales han intentado influir en la opinión con su postura contra el mundial de Catar.

    Entre los cuestionamientos más agudos que se le hacen al mundial están:



    1. Las acusaciones de corrupción de los dirigentes de la FIFA sobre el proceso de elección de Catar como sede del mundial. Se sabe que hubo mucho dinero de por medio, como en los anteriores mundiales. Sólo que al parecer esta vez hubo mucho más del que se podía imaginar la prensa. Según una investigación del periódico inglés Sunday Times, el país árabe pagó más de cinco millones de dólares en sobornos para asegurarse el apoyo de su candidatura.[1] Lo increíble habría sido que la FIFA no recibiera ningún soborno. ¿Saben las organizaciones de prensa, los activistas y los artistas cuánto se recibió por sobornos en los mundiales pasados? Para Rusia 2018, por ejemplo, se habla de que hubo mucho dinero por debajo de la mesa, y en Sudáfrica 2010 lo mismo. Estados Unidos, que tampoco tenía liga profesional ni estadios de fútbol, también pudo realizar un mundial en 1994, de modo que las razones para asignar la sede siempre han ido mucho más allá de lo deportivo. Los dólares  son los que mandan la parada en estos asuntos, y para nadie es un secreto el carácter mafioso de los dirigentes de la FIFA.

    Sin embargo, muchos de estos que hoy protestan por los chanchullos de la FIFA en Catar, de alguna manera participaron en los otros mundiales donde pululó la misma corrupción, y nunca se escuchó nada de hacer un desplante al evento. La cosa, creo yo, va por otro lado para que se suscite tanta polémica alrededor de este mundial, y es una cuestión ideológica.



    2. Haber utilizado mano de obra esclava para la construcción de los estadios, la mayor parte de ella proporcionada por migrantes a los que se les pagaba una miseria y eran obligados a trabajar en condiciones infrahumanas. Se habla de que alrededor de 6.500 obreros murieron desde que comenzaron las obras de construcción de los escenarios. Pese a ello, medios como CNN no han podido confirmar esta cifra de muertes en relación con el mundial de Catar. Tal parece que los 6.500 trabajadores fallecidos desde 2010 de los que se habla, no configuran datos reales. En todo caso se presentaron muertes por accidentes de trabajo y condiciones extremas de calor, pero no la cantidad mencionada. Tampoco es cierto que todos estaban trabajando para las obras del mundial. Se sabe con pruebas que hubo tres fallecimientos directamente relacionados con las obras del campeonato. Otras treinta víctimas se contabilizan como muertes no vinculadas a las obras del mundial. ¿Sabe alguno de estos personajes de la farándula y los medios que rechazan a Catar cuántas víctimas dejó la construcción de escenarios para el mundial de Rusia? Sería bueno que investigaran ese dato.(https://as.com/futbol/2017/06/14/internacional/1497472116_003614.html)

    Por lo demás, existen peligros inherentes de muerte en todas las construcciones, puesto que se considera una actividad de alto riesgo. Hasta el momento nadie había protestado por ello; la comunidad de los activistas contra Catar no se pronunció en ninguno de los otros eventos deportivos en los que también se presentaron víctimas fatales. ¿Por qué ahora?    


 

   3. La verdadera razón es la que más les urge a los progres, y es que “Catar es uno de los 70 países en el mundo donde están criminalizadas las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, según Amnistía Internacional”.[2] Hasta siete años podría ascender la pena por violar esta ley. Nos guste o no, son las leyes de ese país. 

    Desde luego que esto es una medida retrógrada y sin sentido, pero el gobierno del principado ha dicho que aceptará a turistas que pertenezcan a la comunidad LGBT siempre y cuando no hagan públicas sus manifestaciones de afecto. Sus leyes son duras, pero son sus leyes. Lo paradójico es que celebridades como Shakira, J Balvin, Dua Lipa o Rod Stewart, quienes rechazaron presentarse en el mundial por considerar que en este país no se respetan los derechos de la comunidad LGBT ni de las mujeres, sí hayan aceptado hacer su show en otros países en donde también se violan los derechos humanos de manera sistemática y se imponen unas legislaciones tan radicales o peores a las de Catar. Tal es el caso de la China comunista, país en el que persiguen a católicos y disidentes y los condenan a las peores penas, incluso a la muerte. Qué raro que cuando Shakira o Dua Lipa estuvieron allí cantando no dijeron nada de ese gobierno y ahora se van contra el mundial de fútbol sólo para alebrestar al mundo progre que las sigue y las encumbra. Se supone que la vara debe ser la misma, ¿no?



    Claro que la ley de Catar discrimina a los homosexuales y a las mujeres, y esto de ninguna manera se aceptaría en Occidente. No está bien criminalizar a nadie por su orientación sexual. Pero también es claro que su religión islámica es inflexible al respecto y que ella hace respetar sus costumbres y tradiciones como no se hace en Occidente con el cristianismo, al que dicho sea de paso, lo están convirtiendo en una religión vaciada de sacralidad. Los musulmanes no permiten que engendros como la ideología de género o el feminismo radical permeen su sociedad, y para ello toman medidas tan brutales como la prisión o la lapidación. No estoy de acuerdo con eso, pero ellos tienen sus normas, y esas leyes habrá que respetarlas mientras los espectadores y los protagonistas del evento estén allá.

    Hacen bien los artistas, los influencers, los periodistas y militantes del derechohumanismo en no ir a Catar si les parece que es un país muy dictatorial. Pero también harían bien en aplicar sus principios para todos los países que restringen las libertades y los derechos, como para que no se le abra la puerta a una cosa llamada doble moral. También hacen bien los que quieren ir y respetar las normas sin meterse a hablar de política. El ejemplo lo tenemos en el cantante de reggaeton Maluma, cuyas canciones me parecen una degradación y pensaría que son la antípoda de lo que el islam predica. Sin embargo, fue invitado por la organización del mundial para animar el espectáculo, y así lo entiende él. Por eso cuando un periodista le preguntó qué opinaba de la violación de los derechos humanos en el principado, el cantante se molestó y se retiró del set diciendo que él no podía resolver ese asunto, que él sólo iba al mundial porque quería disfrutar de la fiesta del fútbol. De paso ganarse unos pesos que no le caen mal a nadie, pero nada más. La respuesta correcta que esperaba el periodista no salió de los labios de Maluma. Él también está en su derecho de no hablar de política y de aceptar las leyes de un país con una visión de mundo diferente. Sabe que “en Catar hay que acatar”.

    Más allá de lo bien o lo mal que nos pueda parecer que la copa del mundo se realice en este país árabe, la buena noticia es que una vez más tenemos copa del mundo después de lo que ha pasado de 2020 para acá, y eso ya es un milagro.



    Se marcharán unas figuras legendarias a las que no volveremos a ver, llegarán otras. Lo importante aquí no son los negociados de la FIFA, ni los autoritarismos de los jeques, ni las pataletas de los faranduleros de la progresía, ni el tiempo inapropiado para este evento. Lo importante es el balón, los jugadores, la cancha, la pasión del fútbol, los goles, el amor por la camiseta. (Lástima lo de Colombia).

    Lo importante es no dejar de ver el evento, aunque sea por televisión. No sabemos si este pueda ser nuestro último mundial, a sabiendas de que cada vez más el campeonato se degrada con la mediocridad de meter 48 equipos y ahora con las injerencias de la corrección política que quiere acabar hasta con la alegría del fútbol. Que nada de eso nos dañe la fiesta, porque de todos modos mundial es mundial.



[1] CNN Español. (20 de noviembre de 2022). Las siete polémicas que rodean a Qatar durante el Mundial 2022: condiciones de migrantes, falta de derechos y el cuestionado proceso de elección.  https://cnnespanol.cnn.com/2022/11/20/siete-polemicas-qatar-mundial-2022-

[2] Citado en Amnesty International. Qatar. 2021. https://www.amnesty.org/en/location/middle-east-and-north-africa/qatar/report-qatar/

sábado, 12 de noviembre de 2022

Los diez mandamientos de la ley del clima

Por Juan Felipe Giraldo Trejos







    Confirmado. El ecologismo es una religión y no una ciencia.

    Una religión cuyo propósito no es formar en principios y valores, ni orientar a la búsqueda del bien, ni a la exaltación de un Dios creador, ni a la construcción de un modelo de vida que sirva como guía para la humanidad. No, nada de eso. Ni siquiera a esta nueva religión le interesa direccionar el comportamiento del hombre en un sentido que obre en su propio beneficio, de manera que pueda salvar el medio ambiente y de paso se salve así mismo. En lugar de ello promueve la desaparición de una parte de la especie humana (la que no tiene razón de ser desde la óptica de los titiriteros de la élite) para que aquellos que se están apropiando del planeta y sus recursos (los dueños de este terreno) puedan seguir viviendo confortablemente y tengan la posibilidad de heredarle un lugar mejor a su descendencia. A la descendencia de ellos, por supuesto, no a la de los demás.

    Por añadidura, tampoco es una religión que respete las posiciones diferentes, los credos relacionales que van en una vertiente contraria. De hecho, el ecologismo se conjuga con el fascismo del que tanto se quejan los progres, y he ahí que se obtiene la combinación perfecta de una religión mundial de la que nadie puede excluirse de profesar, pues irá siendo poco a poco de carácter obligatoria: el ecofascismo.

    Suena un poco totalitario el asunto, pero qué le hacemos, si desde las organizaciones internacionales y ONG’s patrocinadas por los magnates más acaudalados nos han hecho sentir culpables hasta el remordimiento de la destrucción de un mundo que seguramente ha sobrevivido a especies más dañinas que la especie humana, y eso es mucho decir.   



    ¿Alguna prueba de que el ecologismo se puede constituir ya como un credo de fanáticos y catastrofistas? Pues bien, la cumbre climática que se está realizando por estos días, y que responde al nombre de COP 27, fue escenario de un pronunciamiento por parte de la ONU en el que los líderes del Centro Interreligioso para el Desarrollo Sostenible se reunirán el próximo 13 de noviembre en una “ceremonia de arrepentimiento” para hacer un “llamado profético a la justicia climática”, en el cual se darán a conocer un conjunto de diez nuevos mandamientos ambientales.[1] Si de replicar con mayor exactitud el Arca del Pacto del que se habla en las Sagradas Escrituras se trata, estos “guías espirituales” serán convocados en el Monte Sinaí, aprovechando que la COP es en Egipto, donde harán las veces de Moisés en calidad de líder del rebaño, mientras que la ONU estaría oficiando como Dios mismo, ya que es ella quien decretará los diez mandamientos ambientales. Valga decir que, si se decretan nuevos mandamientos, es porque los Mandamientos de la Ley de Dios, los originales, quedan abolidos en esta reedición de la Escritura. Así es como funcionan las nuevas narrativas, ¿verdad?

    Es que ni siquiera son originales para inventarse su propia alegoría. La falta de creatividad es, pues, un rasgo de esta pseudo religión ambientalista que pretende inculcarnos la idea de que el mundo pronto se va a terminar, que el apocalipsis está por cumplirse, que hay que olvidarse de la idea de vivir en la fe de Cristo para insertarse así en un nuevo período de oscurantismo. Las palabras de Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, nos alertan de la debacle soñada por ellos mismos: “Las temperaturas globales siguen aumentando y nuestro planeta se acerca con rapidez a puntos de inflexión que harán irreversible el caos climático. Estamos en la autopista hacia el infierno climático con el pie en el acelerador”.[2]



    Todo se vale con tal de tergiversar la religión de Dios; sus mandamientos. Hablando de paz, de fraternidad, de armonía universal, de cuidado del planeta, se prepara el camino para la falsa religión: una plataforma anticristiana que servirá para impulsar lo que profetizó Isaías cuando decía que “enseñarán como doctrinas, mandamientos de hombres”. (Mateo 15:9).

    Los diez principios universales para lograr la “justicia climática” que proponen los organizadores de esta pantomima tienen un alcance mucho más que ecológico: un alcance para transformar la conciencia del ser humano: si no atiende los llamados del ecologismo, sufrirá las consecuencias.

    Según datos de la ONU, la vida en el planeta no podría ir más allá del año 2050 de seguirse derritiendo la capa del Océano Glacial Ártico. Se prevé un aumento de los desiertos y un deterioro en la calidad del aire. Ni qué decir de las tragedias que nos tienen pronosticadas, como el paso de huracanes con vientos hasta de más de 400 kilómetros por hora. El panorama, desde luego, es preocupante, pero ¿estamos seguros de que todo esto ocurrirá por la acción inconsciente del hombre que contamina su planeta o porque se agudizará alguno de los ciclos evolutivos de la Tierra que conllevan cambios climáticos y transformaciones extremas que atentan contra la especie humana?

    Más allá de la problemática ambiental, que sí existe; del cuidado que hay que tener para preservar nuestros recursos naturales que no son renovables y que es cierto que se están agotando; la dialéctica de estos diez mandamientos ambientales pareciera preocuparse menos por la ecología que por la sustitución de la creencia del individuo en Dios. Esto con el fin de cambiarla por la creencia en la capacidad del propio Hombre de modificar el curso natural de la Tierra.

    Sobre estas ideas es que va la propuesta de los diez mandamientos para el “arrepentimiento climático”[3]:

 

1. Somos los administradores de este mundo.

2. La creación manifiesta la divinidad.

3. Todo en la vida está interconectado.

4. No hagas daño.

5. Cuida el mañana.

6. Elévate por encima del ego por nuestro mundo.

7. Cambiar nuestro clima interior.

8. Arrepentirse y volver.

9. Cada acción importa.

10. Usar la mente con un corazón abierto.



    De lo que se trata aquí no es de cambiar nuestra forma de ser, de concientizarnos de la importancia de cuidar el planeta y ser mejores personas. Lo malo no es lo que está escrito, cosa que a la luz del sentido común cualquiera lo podría compartir. Lo que deja la sensación de suspicacia es el quién lo escribe y para qué. Me late que esto tan bonito se trata de unir todo bajo el dogma del cambio climático; cerrar filas en torno a él para impedir que otra forma de pensamiento, en especial religioso, pueda infiltrarse en esta teología de Zeus, el dios griego, amo y señor de las nubes, la lluvia y el trueno.   

    Entiendo que no hay nada tan efectivo para mitigar la moral del hombre como promover el caos y el desenfreno. Cuando el final se asoma y no hay dónde esconderse, cuando es inevitable el sufrimiento a futuro, o cuando no hay una esperanza que pueda darle luces a ese futuro, se quiere vivir en el eterno presente. La consigna de vivir el momento, de no proyectarse hacia adelante, de saber que no hay un mañana, es lo que tiene secuestrada el alma de la humanidad. Y peor si aparecen los encumbrados que nos advierten que estamos en un laberinto sin salida y que no podremos salir de él sin su ayuda; es decir, sin su voluntad y su consentimiento. Porque como reza el primer mandamiento de este falso decálogo, ellos son los administradores del mundo. Yo diría que son los dueños… por ahora.



[1] Rvdo Miguel Ángel Casco Gonzáles. (11 de noviembre de 2022). ¡Alerta!: A los pies del Monte Sinaí se construye el nuevo becerro de oro. El 19 digital.  https://www.el19digital.com/articulos/ver/titulo:

134312-alerta-a-los-pies-del-monte-sinai-se-construye-un-nuevo-becerro-de-oro

[2] Ibíd.

[3] Toy Staff. (13 de noviembre de 2022). Líderes multirreligiosos se reunirán en Israel y en todo el mundo para el "arrepentimiento climático". The times of Israel.  https://www.timesofisrael.com/multifaith-leaders-to-gather-in-israel-and-around-the-world-for-climate-repentance/

sábado, 5 de noviembre de 2022

La reforma para llamar el hambre

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





    Se aprobó en el Congreso la reforma tributaria. Se veía venir. Pero como no veremos sus efectos hasta dentro de unos meses, no podemos reaccionar como es debido, así como nadie piensa que se va a morir en cualquier momento aun cuando tiene a la muerte esperando a la vuelta de la esquina.

    Gobierno nuevo, impuestos nuevos.

    Nos lo habían anunciado, sólo que los colombianos todavía no despertamos del letargo en el que nos imbuyó la izquierda desde el año 2021 —con la toma guerrillera urbana—, y el año 2022 con las elecciones presidenciales, de las cuales todavía no hemos sido capaz de reponernos. Seguimos adormilados, anestesiados. Escasamente levantamos la voz para quejarnos de lo cara que está la vida, pero nuestra voz no se escucha en el inmenso bosque de la política. De esta manera, quienes tomaron las decisiones en el Congreso por el pueblo, no tuvieron en cuenta sus necesidades. Y al final, este es el que paga, como siempre.



   La constante a la que se tiene que someter un pueblo subyugado es bien conocida por la Historia: con la llegada de cada nuevo rey, los súbditos deben rendirle a este un poco más de tributo de lo que le rindieron al predecesor. No sólo tributos representados en el orden de la pleitesía, sino en dinero, lógicamente: más impuestos para sostener el reino. Sólo que a los gobernantes modernos no les importa otra cosa que no sea el dinero y el poder. La honra, el buen nombre, el honor de representar al vulgo, parecen ser cosa del pasado.

    Y es que se supone que las reformas tributarias se diseñan para recoger una cuantía considerable con el propósito de atender las necesidades más apremiantes de la población: alimentación, educación, vivienda, salud, generación de empleo, infraestructura, y un sinfín de ellas. Incluso se contempla con ello el pago de la deuda pública, cada vez más impagable. Al menos, en teoría, ese es el propósito de los impuestos: recoger plata para tener con qué solventar el presupuesto de la nación. Nunca para pagar con ello la excesiva burocracia, los lujos y el despilfarro de los gobernantes, la corrupción de la clase política, el chantaje de los grupos criminales a costillas de los contribuyentes para obtener su indulto. En teoría, repito, porque en la práctica se da todo lo contrario. ¿O acaso en este gobierno se ha prescindido de alguna institución burocrática, se han reducido puestos diplomáticos, se han suprimido ministerios o se han bajado los salarios de los funcionarios? En síntesis, ¿se han hecho propuestas para reducir el gasto del Estado, para aplicar eso que los políticos tanto le endilgan a la ciudadanía y que llaman austeridad? Para nada. Al parecer, la única austeridad la tienen que hacer los ciudadanos de a pie.



  También se supone que una reforma tributaria es para que el país obtenga ingresos adicionales y no para que pierda dinero. Pues bien, el sentido de esta imposición canalla que aprobaron en el Congreso fue para perderlo. No ha comenzado a operar el cobro de los nuevos impuestos y ya los colombianos vamos perdiendo aproximadamente 77 billones de pesos gracias a la devaluación de la moneda. Devaluación que, dicho sea de paso, se le atribuye en gran medida a esta misma reforma tributaria.

    Veamos lo siguiente: la subida de impuestos contempla recoger aproximadamente 22 billones de pesos. No obstante, el impacto económico y la incertidumbre que produjo la propuesta es algo que no se puede cuantificar. Los inversionistas que pensaban poner su dinero en Colombia seguramente están pensando en irse a otro país en donde, por ejemplo, no les graven su patrimonio como se piensa hacer ahora. Las declaraciones del presidente y sus ministros en el sentido de llevar adelante unas propuestas económicas de corte socialista han ahuyentado hasta a los fantasmas. ¿Quién tiene la cifra de lo que se ha perdido por fuga de capitales desde que Petro fue elegido presidente aquel nefasto 19 de junio de 2022? Ese dato es imposible de conocer, pero hay una cifra que sí puede dar luces sobre lo que realmente se perdió con la aprobación de la reforma tributaria, entre otras propuestas imposibles y declaraciones estúpidas de quienes presiden este gobierno. Y esa cifra es el precio del dólar, la devaluación hecha materia.

    Que el dólar está caro en todo el mundo, que la inflación es una situación coyuntural debida a la pandemia, a la guerra Ucrania-Rusia, a la crisis de los contenedores, a la crisis de las materias primas, etc. Es cierto, pero estas explicaciones son las que suelen esbozar los que todavía no quieren entender la realidad colombiana, o sólo quieren ver la parte de ella que les conviene. Desde luego, todo lo anterior ha contribuido a la carestía a nivel mundial, máxime cuando en Estados Unidos han tenido que subir las tasas de interés para controlar la inflación y muchos inversionistas han comprado más dólares, que es la moneda que ofrece mayores tasas de rentabilidad. Así, prefieren llevarse su dinero de las economías emergentes y ponerlo a buen recaudo. 



   Pero no se puede eximir de la responsabilidad al gobierno Petro de lo que pasa en Colombia con tan solo tres meses de haberse posesionado y casi cinco meses de haber sido electo. Si bien no es responsable de la subida general del dólar en el mundo, sí lo es de la devaluación del peso colombiano. Es que el dólar no es el que gana valor con respecto a sí mismo; es el peso el que pierde su capacidad adquisitiva: la segunda moneda más devaluada de Latinoamérica en los últimos dos meses, después del peso argentino.[1]  

    Si a mitad de año el dólar estaba rondando los cuatro mil pesos ($3.898 al 19 de junio), hoy 5 de noviembre está en $4974 y llegó a estar en $5.091 el día de ayer, lo que quiere decir que el peso ha tenido una devaluación de más o menos $1.100 por dólar en los últimos cinco meses.

    Esto equivale a lo que subió el dólar en cuatro años. Desde el 25 de abril de 2018, cuando pasó la barrera de los $2.800[2] al 19 de junio de 2022, cuando estuvo en $3.898, el aumento fue de casi $1.100, lo mismo que ha aumentado desde junio a noviembre. Así las cosas, los colombianos somos un 28% más pobres hoy de lo que éramos en junio.

    ¿Y qué tiene que ver la reforma tributaria?, se preguntarán los petristas. Pues muy sencillo: la reforma tributaria contribuyó a espantar la inversión extranjera, y la incertidumbre financiera disparó el precio del dólar. Ahí están las consecuencias de los malos anuncios, de generar pánico financiero y de gravar supuestamente a los “más ricos”, que en últimas perjudica es a los más pobres.



    La cuenta es peor si se analiza desde el lado de la deuda privada. Quienes tienen deudas en dólares, como los importadores, por ejemplo, ya no pueden pagarlas de la misma manera. Los endeudados en el exterior en este lapso de cinco meses o menos, han visto crecer su deuda en un 28% con los intereses respectivos que esto conlleva. ¿Puede un empresario manejar una crisis de semejante magnitud? Y encima con la reforma se aumentan los impuestos a las importaciones, lo cual hace inviable que al país pueda ingresar cualquier producto del exterior. Resultado: menos posibilidades de comprar artículos, no sólo importados, sino también nacionales que en muchos casos requieren de insumos que aquí no se producen. Y no digamos nada de muchos alimentos que también en gran parte vienen de afuera. Con la reforma tributaria habrá que decirle adiós al trigo, al maíz, a la lenteja, a la soja, a la cebada, al sorgo, al frijol blanco. Peor aún: al pollo, a las arepas, al pan, a la carne, a la cerveza, al arroz, al huevo y a cualquier producto que sirva para alimentarnos. ¿Acaso los fertilizantes para cultivar la tierra y los concentrados para alimentar los animales no son también importados? Vaya forma de llamar el hambre.



    Por último, y lo más grave, la reforma tributaria no va a servir ni siquiera para hacerle un abono al aumento de la deuda externa. Se piensan obtener unos ingresos adicionales de 22 billones de pesos. Lo malo es que la deuda del país estaba en 175.917 millones de dólares[3] al término de junio de 2022, lo que equivaldría a unos 686 billones de pesos. Hoy, esa deuda, con los $1.100 de aumento por cada dólar que se debe, asciende aproximadamente a unos 879 billones de pesos. Si la sola deuda pública (sin contar la deuda privada) es de 70.000 millones de dólares[4], eso significa que el gobierno debe pagar 350 billones de pesos a hoy, cuando hace cinco meses debía de pagar 273 billones. La diferencia, que son 77 billones de pesos, no se alcanza a pagar ni con tres reformas tributarias. En conclusión, lo mucho que se piensa recoger con la reforma tributaria no alcanza ni siquiera para cubrir el mayor déficit que se generó por el efecto de la devaluación entre el día en que fue elegido el presidente Petro y el día de hoy. Ya no sirve de nada la reforma si el peso se sigue depreciando, si la inversión extranjera se sigue retirando, si el presidente continúa adelante con sus políticas empobrecedoras.



    Dicen los petristas que cómo espera la gente que un presidente arregle un país si apenas lleva tres meses de gobierno; que eso ni siendo un mago. Yo simplemente les digo que no recuerdo un presidente en la historia de la nación, por perverso que fuera, que nos hubiera empobrecido tanto en tan poco tiempo. Claro que sabemos que nadie va a arreglar el país en tres meses, y mucho menos Petro. Pero por favor, que no nos haga más daño del que nos ha hecho.



[1] La silla vacía. (octubre 21 de 2022). Detector: el peso no es la moneda más devaluada, pero sí la segunda de la región. https://www.lasillavacia.com/la-silla-vacia/detector-de-mentiras/detector-el-peso-no-es-la-moneda-más-devaluada,-pero-sí-la-segunda-de-la-región

[2] El Tiempo. (25 de abril de 2018). Dólar dio salto de $35 y superó los $2.800    https://www.eltiempo.com/economia/dolar-vuelve-a-tocar-los-2800-pesos-209662

[3] Fuente: https://www.banrep.gov.co/sites/default/files/paginas/bdeudax_t.pdf

[4] Dato basado en la editorial de Fernando Londoño del programa radial La hora de la verdad. Colombia, cada día más pobre. (Noviembre 3 de 2022) disponible en https://www.youtube.com/watch?v=GDAAXFBskt4&t=127s


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