¿A quién se le ocurre hacer un
plantón en medio de una pandemia? A Fecode y a las centrales obreras. ¿A quién
se le ocurre proponer el día sin IVA? Al Gobierno Nacional. ¿A quién se le
ocurre salir y hacer cola a la entrada de los almacenes sin tomar las medidas
de protección? A los ciudadanos inconscientes. ¿A quién se le ocurre hacer
fiestas en esta época? A los necios irresponsables.
No importa que no se guarde la
distancia, no importa el riesgo de contagio, no importa que se reúnan cientos
de personas cuando se supone que está prohibido. Eso no importa, porque lo que
importa es vender, protestar, obstaculizar, comprar, beber trago, fregar la
vida. La Federación Colombiana de Educadores ya nos dio su ejemplo el pasado 15
de junio: un aplauso para los maestros desobedientes a su sindicato que se
quedaron en casa. Ellos son hombres sabios. El 19 de junio el gobierno ayudó a
que la gente rompiera sus propias leyes, y a la gente le importó un comino su
salud y la de los demás. A la porra los tres meses de cuarentena.
Fecode y los sindicatos
Empecemos por Fecode. Cada que
yo escucho su sigla de tres sílabas, como que comienza a darme un jaqueca que
no se imaginan ustedes. No sé por qué, pero algo han hecho los miembros de este
grupo para que sean el sindicato más aborrecido del país. No estoy diciendo que
los aborrezco, cuidado pues con lo que vayan a interpretar de aquí. Estoy diciendo
que Colombia no los ve con muy buenos ojos, que es distinto, así que cualquier
reclamo se lo hacen al país, como siempre.
Señores de Fecode, estoy de
acuerdo con su lema de mejorar la educación, de exigirle al gobierno recursos,
y si es necesaria la protesta, ¡háganla!, porque está consagrada en la Constitución
Política, pero por favor, sepan hacerla. En primer lugar, no utilicen a los
menores como objetos de su ideología. En segundo lugar, no obstruyan el paso en
las calles a los demás ciudadanos que tenemos tanto derecho como ustedes a transitar
en este país. En tercer lugar, si no quieren perder sus privilegios, que de
hecho los tienen, demuestren que son competentes para enseñar: mejoren,
aprendan. En cuarto lugar, les informo que hay un virus suelto que está dando ahora
y que se llama Covid, por si no lo sabían, y es supremamente contagioso. A las
personas inteligentes también les da. Qué bueno que ustedes gozan de perfecta salud
para animarse a hacer plantones, pero nos pueden poner en riesgo a los demás.
No es como dicen los
sindicalistas de Fecode, que nos parece un “un pecado mortal que salgan a
marchar”. Nada de eso. El pecado está cuando interfieren con la libertad de movilización
de las demás personas. Es lo que siempre hacen ellos, los maestros que debieran
dar ejemplo. Soy testigo de innumerables marchas en las que detienen el tráfico
y perjudican a los que deben asistir a cumplir con sus obligaciones de trabajo,
de estudio, con sus citas médicas, con sus demás quehaceres. Sabemos de su derecho
a la protesta por una mejor educación, pero entiendan que también hay otros derechos
que los demás tenemos, como el derecho a la vida, el cual riñe ásperamente con
la protesta en este momento en que la peste está en curva ascendente.
No es momento de protestar, ni
de hacer fiestas, ni de atiborrar los almacenes de cadena por ganarse un
descuento; no es responsable, no es solidario con una ciudadanía que quisiera salvarse
del Covid-19. Quienes nos guardamos en casa también queremos vivir sin enfermarnos.
En las circunstancias actuales, lo que se genera en esos escenarios es un foco
de contagio inevitable que luego alcanzará a los que estamos tratando de protegernos.
Porque la brutalidad del gobierno nacional, o de Fecode y las centrales
obreras, o de los ciudadanos que rompen la cuarentena y no toman medidas, es
intolerable. Los llamados a plantones, los días sin IVA, las fiestas, las
aglomeraciones, todo ello atenta contra la vida.
Así que no me digan, en el caso de Fecode, que los
que estamos en desacuerdo con su protesta sólo generamos ruido cuando se sabe
que estamos en emergencia sanitaria.
No veo que hayan hecho ningún despido
masivo de maestros del sector público durante este confinamiento, a diferencia
de muchos otros colombianos que sí han perdido su empleo. Ha tocado laborar con
limitaciones, es cierto, porque la enseñanza virtual es una modalidad muy poco
explotada en nuestro país, y el virus nos obligó a considerarla como un
instrumento valioso. A pesar de ello, no podemos engañarnos: como no estábamos
preparados para la educación a distancia, el resultado fue un aumento de la
mediocridad académica.
Sin embargo no veo que estén
pensando en estrategias para mejorar la educación virtual, que seguro que como
vamos, se tendrá que seguir apelando a ella. No se ven propuestas que aminoren
el impacto de la emergencia, ni de parte de Fecode, ni de parte del gobierno,
que tampoco entiende que no todos los estudiantes tienen acceso a un computador
y a internet, y en eso les doy la razón a los maestros, pero ¿será acaso que
marchar en plena pandemia solucionará en algo las cosas? Como tampoco salir
desbocados a comprar artículos suntuosos sin IVA nos va a servir de nada. Al
contrario, todos saldremos damnificados en un juego de pierde-pierde, así que
no hay que empeorar la situación.
No basta sólo con exigir recursos como si
estos fueran ilimitados. A este país no le cabe una deuda más encima y lo que
se viene es una explosión social por la recesión que estaremos próximos a
vivir.
Salvo unos cuantos que se preocuparon
por implementar métodos de enseñanza ajustados a las condiciones difíciles que
nos ha tocado padecer, pareciera que muchos otros fueron rebasados por las
circunstancias y que no supieron ponerse a la altura del reto. Rescato por
ejemplo aquellos docentes que cambiaron su metodología para romper con el
paradigma de la pedagogía tradicional, trabajando en el desarrollo de la
capacidad oral y el pensamiento crítico a través de lo audiovisual que
sustituyó a la tarea escrita. Eso se logra mediante la convicción de que es
posible crear otra realidad; cuando se piensa más en una sustancial mejora de
la educación con el uso de la herramienta tecnológica, que en invertir el
tiempo en plantones que en este momento son tan inconvenientes como las
reuniones sociales. Tuvo que venir el Covid para pensar en reinventarnos, no
sólo a nivel educativo, sino también a nivel laboral, y al menos eso será algo
bueno que saquemos de esta crisis.
Ya sé que con lo que acabo de
escribir sumo un nuevo grupo de detractores a mi columna, y eso me encanta. Fecode
será sin duda un enemigo muy aguerrido, con su caterva de intelectualoides que
están más en la función sindical que en la pedagógica; seguro tendrán
argumentos para destrozarme en el debate y no tendré cómo defenderme. Pero no
me van a convencer. Debería darles vergüenza. Creo que es de esos gremios que
no se necesitan, pues poco valor le aporta al sector educativo cuando sus
miembros y sus directivos tienen privilegios que la gran mayoría de colombianos
no tenemos.
“Si los demás no luchan por lo
suyo, ¿por qué nosotros tenemos que quedarnos callados y no exigir lo que nos corresponde?
No es culpa nuestra que otros no reclamen”, me decía un día uno de los
sindicalizados con la empatía que los caracteriza. Hoy que conozco más de este
gremio, yo le respondo a este docente, al que me consta que no le falta nada,
que en justicia todos deberíamos tener los mismos derechos, y que para hacerlos
valer, también hay que cumplir con nuestros deberes como ciudadanos. No contrariar
las normas es uno de esos deberes.




