Nos pintan en el imaginario un
mundo donde la libertad es posible, donde gracias al pensamiento moderno y a
las redes sociales, que son producto de los avances de la tecnología de las
comunicaciones, podemos expresar nuestra opinión libremente sin temor a ser censurados.
Hoy día cualquiera que tenga acceso a un computador o a un teléfono puede opinar
e influir sobre la sociedad, nos dicen convencidos los internautas, pero nada
más alejado de la realidad. No es así. Nunca antes habíamos tenido tantas leyes
que nos dieran la sensación de ser libres, y nunca antes hemos sido más
esclavos. La única libertad posible es la que te permiten los detentadores del
poder, y eso incluye no opinar ni hacer nada distinto de lo que a estos les convenga.
Ocurrió en Inglaterra
finalizando el año pasado, cuando Isabel Vaughan-Spruce fue sorprendida por una
patrulla de la policía “violando el nuevo mandato de la ciudad de Birmingham”,
el PSPO, u Orden de Protección del Espacio Público por sus siglas en inglés.[1] Según
esta ley, nadie puede acercarse a menos de 150 metros de una clínica —en la que
se practiquen abortos— con intenciones de realizar alguna manifestación o
protesta en contra de este asesinato permitido, que al igual que en Colombia,
también está despenalizado en el Reino Unido.
Entre esas protestas y
manifestaciones que quedan prohibidas por violar la Ley del Espacio Público, se
ha catalogado el acto de rezar en silencio (y con los ojos cerrados) como una alteración
del orden: la más peligrosa de las actividades para la mentalidad atea; algo que
para las autoridades inglesas es motivo de detención e imputación de cargos, y
más si se realiza cerca a uno de estos centros en donde se ejecuta el sacrificio
de niños por nacer.
Es que cuando las feministas
queman iglesias y destruyen monumentos o pintan grafitis en los murales, o muestran
vulgarmente sus senos pintarrajeados con lemas insultantes y gritan como
posesas; esto no es considerado como una trasgresión al orden público de ninguna
manera: ellas, y quienes exigen el aborto “libre, seguro y gratuito”, están
ejerciendo su derecho a protestar de forma autónoma. Ahora, si alguien decide
que, para ejercer este mismo derecho desde una posición contraria, lo mejor es
rezar en silencio frente a la clínica en cuestión, esta persona debe ser
considerada como un sospechoso de alta peligrosidad. Así está el mundo.
Cuando el agente de policía se
le acercó a Isabel y le preguntó por lo que estaba haciendo, al verla impávida en
actitud reflexiva, la señora le respondió que podría estar rezando en su cabeza.
¡En su cabeza!, porque esto ha llegado al punto tal de que no se pueden tener
pensamientos propios.
Acto seguido requisaron a
Vaughan-Spruce hasta en el pelo y la condujeron a la patrulla. Vale decir que
los agentes en ningún momento la maltrataron ni la agredieron físicamente, pero
se mostraron como los fieles guardianes de “La Policía del Pensamiento” de la
que hablara Orwell en su tan mentada obra “1984”.
Resulta que Isabel Vaughan-Spruce es la directora de la ONG Cuarenta Días por la Vida en Birmingham, cuyo propósito central es convocar principalmente a mujeres para que recen por el fin del aborto, además de apoyar a las embarazadas, madres e hijos en situación vulnerable. Su único pecado fue ir contra el aborto, y sobre todo a través de un arma poderosa a la que la dictadura de la nueva gobernanza le tiene pavor: la oración.
Sí, esta actividad pacífica e
inofensiva que el sistema de la nueva tiranía desdeña es hasta ahora la fórmula
más personal de los creyentes ante la avalancha de censura y restricciones que
los gobiernos vienen imponiendo en todo el mundo. Acudir al poder de Dios es la
mejor defensa para pedir protección y suplicar por la piedad de nuestro creador,
y para que su espíritu obre en nuestras mentes confundidas y nos inhiba de
hacer el mal.
Pero estamos ante un escenario en el que quieren despojarnos de nuestra libertad mediante el control total y la uniformización del pensamiento. El gran pecado aquí es oponerse a una ley perversa que el Estado obliga a ser abrazada.
Y es que esta dictadura que se está metiendo lentamente y sin que nos percatemos, se camufla precisamente en la falsa autonomía. Ofrece un buenismo hipócrita, comprensivo, liberador, pero al tiempo promueve la abolición de la verdad, la supresión de la Historia, la negación de la naturaleza, el empobrecimiento de la lengua y la propagación del odio contra todo aquello que se oponga a la ideología que aspira a ser imperio.
De manera, pues, que casi que se debe estar a favor del aborto para no ser encarcelado en Inglaterra. No demoran esos avances legislativos en aplicarse por estos lares. Como mínimo se nos exige que no nos pronunciemos en contra de esta práctica, lo cual es ya un atentado contra la libertad de expresión: un crimen de pensamiento.
Eso sí, la progresía es libre
de pensar, manifestarse, actuar, y en muchos casos atacar a sus contradictores,
pues la mano déspota de los gobiernos les da el aval para hacerlo. Ellos
no atentan contra la moral y el orden público. Los malos somos los que tenemos
fe en Dios y queremos obrar con el bien.
¿Fue suficiente con que
detuvieran a esta activista provida para que las autoridades dejaran en paz a
quienes piensan diferente? Claro que no. Además, se le prohibió a esta señora
participar en oraciones públicas, incluso estando lejos de las clínicas
abortistas. La persecución apenas comienza. Practicar la fe será, dentro de
poco, una actividad de alto riesgo.
Es que no pasa nada si los
abortistas manifiestan abiertamente su opinión y exponen sus argumentos. De
todos modos, la legislación favorece sus posiciones. El problema (para ellos) está
cuando los defensores de la vida del niño por nacer influyen o aconsejan a una
mujer para que no lo haga. Si informan de los riesgos y persuaden a las mujeres
de que se abstengan de practicarse un aborto, la cláusula 9 del Proyecto de Ley
de Orden Público en Inglaterra caería con todo su peso. Podría haber prisión
hasta de dos años.
Algo como esto le sucedió a
una pareja de ancianos en España, donde hay una ley similar. Según otro
artículo de la profesora y columnista Mamela Fiallo, se nos informa que los
ancianos “entregaron un folleto a una mujer que entró a una clínica de abortos
y desistió de hacerlo al recibir la información”.[1] No valió que la aconsejada atestiguara a
favor de ellos, pues el delito aquí fue haberle hecho perder un negocio jugoso
a la clínica abortista, además de que se salvó una vida, y eso, para los
intereses del control demográfico, es una pérdida irreparable.
Tal parece que rezar sí sirve.
El poder de la oración, infinitamente superior a cualquier medida de restricción
que se ejerza sobre la libertad religiosa, es temido por los cultores del despotismo más que cualquier otro poder. Ellos, anticristianos y relativistas morales, no
saben, al fin y al cabo, cómo es que obran los milagros. Si no son capaces de
reconocer en dónde empieza la vida, mucho menos lo serán para contrarrestar “el
peligroso delito de oración”.
[1] Mamela Fiallo Flor. (22 de diciembre de 2022). Crimental es una realidad en Reino Unido: mujer fue detenida por pensar. Panam Post. Descargado de
https://panampost.com/mamelafiallo/2022/12/23/crimental-en-reino-unido-detenida-por-pensar/
[2] Mamela Fiallo Flor. (31 de mayo de 2022). Inició juicio en España contra dos ancianos por ayudar a salvar una vida. Panam Post. Descargado de
https://panampost.com/mamela-fiallo/2022/05/31/juicio-espana-dos-ancianos/


























