sábado, 29 de mayo de 2021

Los derechos de los izquierdos

Por Juan Felipe Giraldo Trejos







    Hay cuestiones que por más que resulten inconcebibles, uno no entiende por qué se siguen normalizando en la realidad, como si aceptar aquello, que está a todas luces mal, fuera en últimas lo más aconsejable.

    Me niego rotundamente a comulgar con este estado de cosas, con esta imposición de ideologías de odio, con esta lucha sin cuartel en la que ya la vida humana no importa, como si hubiéramos retrocedido a los malos tiempos de la guerra, o como si más bien nunca hubiéramos salido de ella y la estuviéramos recrudeciendo. Sí, más bien, porque lo que se dice paz, en este país no hemos tenido, mucho menos después de la falsa paz que nos impuso el sátrapa de Santos a las malas.

    Al parecer vivíamos en una falsa tregua. Aquí y en el resto del mundo.




    Si uno mira para el Oriente Medio, por ejemplo, se encontrará que Hamas decidió atacar a Israel luego de un tiempo de aparente calma en la Franja de Gaza, en donde nunca la ha habido. La respuesta de Israel fue tan contundente que obligó al grupo terrorista a retroceder y a suspender sus ataques mientras se reagrupa y vuelve a arremeter. La prensa internacional condena a Israel por haberse defendido, pero nadie cuestiona que el grupo Hamas haya roto la tregua. Como si lo lógico fuera que el que se defiende no tuviera derecho a ello; como si sólo primara el derecho del agresor.




    Pero no nos vayamos lejos. En Colombia, una Concejal (Concejal y no Concejala para que no me vengan ahora a tratar de corregir con su estupidez gramatical los del lenguaje inclusivo), de nombre Heidy Sánchez, que pertenece a uno de esos partidos de oposición; pone un mensaje en redes sociales diciendo que las ambulancias están llevando los heridos de las protestas y entregándoselos a la Policía, y enseguida llueve la hondonada de ataques contra los diferentes vehículos de la misión médica. A punta de piedra y palo los intersectaron y los vandalizaron. Ni un solo pronunciamiento de los partidos de la paz, de los promotores del paro, de los medios de comunicación leales al progresismo.

    En otro lugar del país, entre Buenaventura y Cali, le impidieron el paso a otra ambulancia. Hicieron bajar al personal médico. Llevaban a una bebé entubada a la que obligaron a sacar del vehículo, siendo esta una maniobra imposible para someter a ella a una criatura que está en grave riesgo de muerte. El resultado fue que la niña no sobrevivió y hasta ahora no hay un solo imputado por el hecho. ¿Y los de Derechos Humanos? Me pregunto yo. ¿Por qué ahí sí no se han pronunciado los medios como CNN y el resto de vendidos al globalismo de la ONU tampoco dicen una sola palabra? Ah, me olvidaba que ellos sólo están vigilando a la Policía, no vaya a ser que a un agente le dé por defenderse de un ataque contra su integridad.




   Y para colmo la señora María Antonia Pardo, jefe de prensa de un candidato a la presidencia de ese mal llamado movimiento Colombia Humana, que de humana poco; aseguró descaradamente que la niña de todas maneras se iba a morir, como si la criatura fuera cualquier cosa; como quien dice, que no valía la pena siquiera intentar trasladarla. Como quien dice, que sólo se trataba de una niña pobre que seguro iría a sufrir mucho, entonces para qué.

    Días atrás, también habíamos padecido la muerte del niño Salvador, quien nació en plena ambulancia cuando en medio del traslado su madre entró en trabajo de parto. Pero Salvador requería atención médica oportuna, y los “pacíficos manifestantes” no dejaron pasar a la ambulancia. Los criminales no se compadecieron de aquella criatura que acababa de ver la luz hacía unos pocos minutos; no tuvieron piedad con una madre que anhelaba tener a su primer hijo después de cuatro intentos fallidos. ¿Dónde está la señora Bachelet condenando el hecho? ¿Dónde los tales veedores de la ONU? ¿Qué han dicho los mamertos de la CIDH? Nada, silencio absoluto, porque ellos son defensores de derechos siempre y cuando convengan a la causa que defienden soterradamente. 




    Han atacado 126 misiones médicas, violando todos los tratados internacionales, sobre todo el Acuerdo de Ginebra acerca del sentido de humanidad que hay que tener por el personal de salud y los enfermos, pero no veo activistas protestando por ello. No veo que en las redes sociales, tomadas ya por la resistencia del Paro, alguien condene estos hechos.

     Entonces se pide desde los espacios que la izquierda ya ha copado, que no estigmaticen la protesta, que no maten a los civiles, que respeten los derechos de los manifestantes. ¡Canallas!, les digo. ¿Cuál protesta? ¿La de los obstructores de caminos, los que impiden que llegue el alimento y las medicinas a los ciudadanos, los que atacan las ambulancias, los que tienen quebrados a los empresarios y al borde de perder el empleo a los trabajadores?




    Hace rato esto ha dejado de ser una protesta, y la CIDH, las ONG’s, la ONU y demás organismos de la Comunidad Internacional no están dispuestos a reconocerlo. Ellos seguirán en su juego de pedir que cesen las masacres, como si ya no se le hubiera prohibido a la Policía utilizar sus armas y como si ya no hubieran maniatado al presidente para que no ejerza la defensa de los colombianos azotados por ese terrorismo urbano. Un presidente que prefiere entregar el país en manos de una caterva de maleantes y ceder a la extorsión, y ni así dejan de falsear los hechos estos idiotas útiles de los que nos quieren llevar al despeñadero.




    Estamos en manos de un sinfín de mafias: la del país, compuestas por los políticos demagogos que le echan gasolina al fuego y aprovechan la pesca en río revuelto para hacer campaña; la de los narcoguerrilleros de las Farc y el ELN, que son los que ponen las armas y el dinero para agitar su revolución; la del Cartel de los Soles y el régimen cubano, que son los que envían agentes secretos para infiltrarse y poner a tambalear las instituciones; la de los promotores del paro, que son los que movilizan a las masas adoctrinadas, los que dicen representar al pueblo, pero el pueblo no se siente representado por ellos, y aun así es con los que hay que negociar; todos hermanados en la misma causa de destruir la democracia, si es que queda alguna. 




    Y una mafia tal vez más peligrosa: la de los organismos internacionales, a la que creo yo que está obedeciendo este gobierno Duque. Son todas esas instancias que acusan a las autoridades colombianas de asesinas y que hacen ojos ciegos a los desmanes y al terrorismo de los verdaderos violentos. Ellos están alineados con ese comunismo internacional que aquí nos quieren implantar y del que ya nos han dado a probar un poco. Cómo no, si a ellos los sostienen los metacapitalistas como Soros, a través de fundaciones filantrópicas "que no le hacen mal a nadie" pero que destilan un veneno ruin. Al final están aliados para luchar por un objetivo común mientras en el medio queda la gente más indefensa: los enfermos, los niños, los ancianos, los pobres, en fin, los ciudadanos.

    Todo hace parte de la misma estrategia.

    Mientras tanto el mundo clama por el respeto de los derechos humanos en Colombia, pero por los derechos sólo de los izquierdos.

sábado, 22 de mayo de 2021

Políticamente irreconciliables

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




    — ¿Tú crees que un gobierno de izquierda le vendría bien a Colombia? —le pregunto a mi amiga Cata, La Marxista, a propósito del tema que por estos días es centro de las tertulias de amigos y los círculos de opinión de la ciudadanía. Ella pone los ojos en blanco y me responde como quien se apresta a darle una lección a un niño:

    —Pues mira, la derecha lleva gobernando este país doscientos años, y ya ves a dónde nos ha conducido. La élite de derecha tiene amañada la democracia a su propio antojo: cuando les sirve, la alaban y ponderan sus virtudes. Dicen que como han ganado las elecciones, entonces que se tiene que respetar la democracia. Y ahora que este gobierno tramposo se está cayendo a pedazos gracias a las manifestaciones del pueblo pacífico que se volcó a las calles, entonces ahí sí quieren los grupos de poder que se le permita a la gente defenderse, que se saque al ejército, que se declare la Conmoción Interior, que se encierre a los promotores del paro. Claro, van perdiendo y se sienten acorralados, y se olvidan de la voluntad del pueblo. 

    — ¿O sea que sí eres partidaria del gobierno de izquierda? —insisto yo, consciente del lugar a la que la quiero llevar, pero ella, mucho más probada en estas lides del debate político, todavía no me da su respuesta, sino que continúa una disertación con argumentos, que no se pueden negar, son muy interesantes.

    —Es que esto no se trata de derecha o izquierda, sino de democracia con justicia social —añade—. La protesta está exigiendo respuestas a peticiones muy serias y humanas de la gente olvidada por el Estado. ¿O acaso te hubiera gustado que nos aumentaran los impuestos con la Reforma Tributaria de Duque? Gracias a nosotros, los marchantes, eso no será posible. Estamos logrando cambios muy importantes, y el pueblo lo debería agradecer.




    — ¿Agradecer por los bloqueos de las vías, la destrucción de los comercios, la quiebra de las empresas, la vandalización del transporte público, la quema de estaciones de Policía hasta con policías adentro, la imposibilidad de movilizarse libremente, el desabastecimiento y el encarecimiento de los alimentos, el sacrificio de los animales, la pérdida de los empleos, las agresiones a la propiedad y al patrimonio de la nación y las personas, el hambre a la que están llevando a la gente por culpa del paro, etc., etc.? —cuestiono al saberla partidaria de esa debacle.

    —Ahh, pero miren no más quién me lo dice —respondió en tono de reproche—. ¿Y a ti te parece bien la forma como la policía está asesinando a los manifestantes, como la clase política se burla de los ciudadanos, como se roban la plata del pueblo, como nos dejan sin educación? ¡Já!, Ahora a la élite le está doliendo la quiebra de sus empresas, la imposibilidad de sacar sus carros para irse a pasear, se molesta por no encontrar lo suficiente en el supermercado a pesar de tener plata con qué comprar, así sea caro; le da tedio tener que ver a la clase marginal obligada a obstruir las calles para ver si así el gobierno los escucha. Pues mira, esto se trata de que nos mejoren la vida a todos, o nos vamos al caño todos, incluyendo los ricos, porque no es justo esta desigualdad social tan extrema. Y tienes la desfachatez de decir que es por culpa del paro. Nooo… esto es culpa del Uribismo y sus aliados políticos y sus grupos de poder que nos quieren tener pobres para toda la vida. Pero te digo algo, el pueblo ha despertado.




    —Pues yo no veo al presidente y a los ministros haciendo bloqueos en las vías —repliqué en un tono menos amable gracias a su juicio lapidario—, de modo que esto sí es culpa de los promotores del paro, o de quienes azuzados por quién sabe qué fuerzas oscuras salen a paralizar un país de cincuenta millones, y te apuesto que ellos no son más de cien mil. ¿Te parece bien que paguemos justos por pecadores? Y por cierto, no te equivoques, Catica, que yo no pertenezco a ninguna élite. De hecho tú tienes un buen empleo en una universidad pública que te sigue pagando el sueldo a pesar que no estás trabajando, y yo estoy sin trabajo. Tú vives en Pinares y yo vivo en el barrio Berlín, entonces no sé a cuál élite pertenezco. 

    —Tu actitud es típica de los fascistas que no tienen empatía con la gente pobre para nada— profirió decepcionada.

    —Te recuerdo que el fascismo es socialismo, porque ambos tienen el mismo origen.

    —Tú no sabes de eso, en cambio yo soy politóloga.

    —Yo lo único que sé es que esta protesta es violenta y está infiltrada.

    —Estás estigmatizando a quienes nos pronunciamos contra las injusticias de los políticos.

    —Pero ¿acaso no ves la violencia que hay? Cada que hacen marchas hay desmanes.

    —La que mata es la Policía y el gobierno que son unos asesinos.

    —Pero si son los manifestantes los que provocan y los que agreden primero.

    — ¡Mentira! Las redes sociales lo están denunciando, y ya la ONU se pronunció contra la violencia del Estado.

    —Sólo muestran un solo lado de la historia porque les conviene darle mala prensa a nuestra Fuerza Pública.

    —Qué estúpido eres. ¡¿Acaso no ves que nos están matando…?!

    —A los demás ciudadanos es a los que nos van a matar de hambre si esto sigue así.

    —El gobierno es el que no quiere ceder a las peticiones. Duque es un tirano.

    —Los representantes de las Centrales obreras están exigiendo reformas imposibles que valen cuatro veces la tributaria, y no hay de dónde.

    —Pues que acaben la corrupción.




    Mi amiga Cata y yo no logramos ponernos de acuerdo. Terminamos casi agarrados de las mechas sin llegar a un entendimiento pacífico, y eso que tenemos una amistad de vieja data. Creo que con nuestra conversación de hoy la amistad tomará un viro. Tuvimos que volver a sentarnos y aplacar los ánimos porque el acaloramiento había hecho que nos paráramos de la silla y quedáramos frente a frente. Yo hubiera intentado calmarla robándole un beso, pero a lo mejor hubiera agravado las cosas, ahora que ella pertenecía al Comité de la Lucha Feminista. Así que nos dimos la espalda y fue ella quien habló primero.

    —No me vuelvas a llamar.

    —Perdón —le dije—. No quería que las cosas terminaran así. ¿Crees que podríamos volverlo a intentar?

    —No sé si pueda ser amiga de alguien que piensa tan diferente —concluyó tomando el bolso para irse del café en el que nos habíamos dado cita—. De hecho no sé ni por qué somos amigos.

    —Acuérdate que antes nos llevábamos muy bien, cuando no sacábamos el tema político a relucir —dije mirando al horizonte, acordándome de esos bellos momentos en que nos aceptamos como amigos.

    —Es que tú no entiendes que esto ya no es por política, es la nación la que necesita que nos reconciliemos todos.

    —En eso estamos de acuerdo —le dije—, pero así como vamos no lo vamos a lograr. Hay gente interesada en dividirnos, hay mafias, hay intromisiones extranjeras. Esto es mucho más complicado de lo que creemos.

    —Hay gente con hambre, hay muchachos que piden oportunidades… Lo siento, pero es mejor que nos dejemos de ver por un tiempo. —Cata agarró su suéter y dio media vuelta. Antes de marcharse se detuvo y me miró por última vez.

    —Sé que has estado hablando a espaldas mías, y eso no me gusta— me confrontó—. Te pareces a Duque en lo hipócrita.

    — ¿Qué hice yo? —pregunté extrañado.

    —Sé que me llamas La Marxista entre tu círculo de amigos y te ríes de mí, sobre todo con ese tal Diego, el facho. Te pido el favor que no me llames así, porque para empezar, ni siquiera sabes quién fue Marx. Yo por lo menos me leí el Manifiesto del Partido Comunista y lo apoyo en todo.

    —El Marxismo es una doctrina en desuso —le reproché antes que terminara de salir del café. Ella no quiso seguir la discusión. Los demás clientes nos miraban aterrados, como si fuéramos un matrimonio que acababa de disolverse.

    —Ya déjalo así —dijo Cata con lágrimas en los ojos.




    Mientras tanto, a esta hora el Gobierno y los representantes de las Centrales Obreras y otros sindicatos se reúnen para negociar la entrega del país. Posiblemente se pararán de la mesa diciendo que no hubo acuerdo, porque hay peticiones que sencillamente son imposibles de cumplir, y porque el desbloqueo de las carreteras no se quiere aceptar como condición de negociación. O dirán que “el gobierno no tiene voluntad de paz”. Es que no se puede hacer la paz en medio de la guerra.

    O podría haber acuerdo, y al término de este fin de semana salgan anunciando en los noticieros que por fin el presidente cedió y entró en razón, y que los representantes de las centrales obreras han decidido levantar el paro. Los ciudadanos celebraremos y saldremos tranquilos a abastecernos de víveres, ahora que por fin llegará medicina, alimento, gasolina, insumos, y todo lo necesario para el funcionamiento de la economía.

    Muy posiblemente despacharán los camiones fletados con mercancías, pero cuando estén a la entrada de las ciudades, un grupo de manifestantes agresivos les impedirá el paso. Ellos argumentarán que se ha negociado con las personas equivocadas porque esa gente no los representa. Que tienen que hablar es con ellos, que son los que abogan por el pueblo. Entonces habrá que tirar las cartas nuevamente, y el paro continuará, y Dios no lo quiera, se recrudecerá la violencia, pues está muy claro que el objetivo no es llegar a ningún acuerdo, sino derrocar al gobierno.


sábado, 15 de mayo de 2021

Gente de mal

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




    Acababa de subir una publicación en mi estado de WhatsApp —la única red social de la cual todavía no me han censurado—, y no habían pasado tres minutos, cuando ya mi amiga Cata, La marxista, me estaba respondiendo. Lo que publiqué fue un video en el que se mostraban los actos de vandalismo y terrorismo que están dejando las protestas; los ataques a los miembros de la Fuerza Pública, los bloqueos hechos por civiles, la pérdida de alimentos como producto de esos bloqueos, y en general todas las violaciones de derechos ejecutadas por quienes en Colombia detentan el mando del paro, que de ninguna manera se puede llamar pacífico.

    Contradictores tan ásperos como mi amiga Cata piensan lo contrario. Ellos me han conminado a darme cuenta del error que supuestamente cometo, pues desde su punto de vista, la violencia es ejercida por la Fuerza Pública en contra de los manifestantes, exclusivamente.

    De modo que cuando creí que el mensaje haría reflexionar a algunos pocos de mi círculo social, acerca de la inconsciencia que nos está llevando a la ruina, Catica me contestó la publicación en su tradicional tono revolucionario:

    —Mijo, es que así tiene que ser —me escribió—, ¿o usted cree que es hablando y tomando tintico como esto va a cambiar? Aquí toca a las malas. ¡Que viva el Paro Nacional! 


 


    Enseguida me anexó uno de tantos videos que circulan por las redes, en el que se muestra a varios agentes de la policía aprehendiendo a unos "inocentes ciudadanos" y conduciéndolos de una manera no muy santa cuando les daban captura. Al parecer la violencia que se respira en mi país es de lado y lado, pero cada cual llora por el ojo que le conviene.

    Pensé que a lo mejor yo me estaría parcializando; que podía ser cierto ese repetido clamor de “¡Nos están matando!” por las denuncias de jóvenes desaparecidos, la brutalidad policíaca y las agresiones del ESMAD. Todo eso también estaría contribuyendo a recrudecer la violencia de estos días, así que copié el video de mi amiga Cata y lo repliqué en mi estado, para dejar constancia de que estoy en contra de toda forma de violencia, venga de donde venga.

    No habían pasado otros tres minutos, cuando esta vez fue mi amigo Diego, El Facho Lince, quien me reconvino con un mensaje de respuesta por mi nueva publicación:

    —Weón, la cagaste. Esos videos son editados, puras fakenews, averigüate bien. Esa gente está pagada por las Farc y por Maduro, no seás weón.




    No es posible, me dije, ¿entonces quiénes son los malos?

    Qué feo eso de que le fabriquen a uno la realidad sobre lo que está sucediendo, que manipulen para engañar al ciudadano. Al fin a quién creerle, si de todas partes nos bombardean con videos, noticias, comentarios, declaraciones de figuras públicas, de políticos, de líderes mundiales; uno y otro bando ensartados en una guerra de desinformación igual de dañina como la que se vive en las calles.

    Entonces empiezo a comprender que en esta problemática que estamos viviendo en Colombia no se pueden hacer señalamientos de buenos y de malos aleatoriamente sin antes haberlos individualizado. Es decir, que no se puede generalizar; y así como todos los que salen a protestar por un país mejor no son vándalos, los que se ponen un uniforme y se juegan la vida para defender a la ciudadanía no son criminales de estado. Porque lo que aplica para un lado, aplica para el otro. Lo que sí hay, y todos afectados por los hechos, son puñados de víctimas que resultan de cada fragmento de la sociedad: madres cabezas de hogar, ancianos, niños, empleados, campesinos, comerciantes, empresarios, estudiantes que sí quisieran estudiar, en fin.


 


    Pero no sé qué lógica es aquella que le dice a un supuesto manifestante que tiene derecho a violar la ley y a entorpecer la vida de sus compatriotas para hacerse sentir. Ahí ya no cabe la palabra “protesta” y mucho menos la palabra “pacífica”.

    Las cosas como son.

    No por el hecho de no agredir físicamente a los otros se puede decir que se ejerce la libertad de protestar en paz. Una sola calle que se cierre; una vía que se bloquee para que no pase el transporte masivo, los alimentos o las medicinas, y automáticamente se pierde el grado de pacifismo. La violencia no sólo se produce en la confrontación. La anulación de los derechos ajenos es la manifestación más latente de ella: la gente no puede quedar secuestrada en sus ciudades.

    De otro lado se entiende el malestar social, el hambre, el desempleo, la falta de oportunidades para los jóvenes, la corrupción de una burocracia que ha sido diseñada para seguir saqueando al Estado. Se entiende el mal talante de la clase que nos gobierna, pero el remedio no debe ser peor que la enfermedad, ni el fin justificar los medios. Esa forma de “pacífica parálisis nacional” es tan letal como las violencias de las más descarnadas guerras.


    



    Se habla de la Protesta como un derecho constitucional, y qué curioso, esa palabra no está en el artículo al que hace referencia el “Derecho a la protesta”. Lo que consagra la Constitución es el “Derecho a manifestarse pública y pacíficamente, que es muy distinto a protestar; siendo esta una acción que conlleva en sí misma una violencia implícita (Art. 37, Constitución Política de Colombia). Incluso la ley es la que establece los casos en los cuales se puede limitar el ejercicio de ese derecho, que repito, no es derecho a protestar, sino a manifestarse pacíficamente en la forma en que mejor se deseen expresar las inconformidades, sin dañar los bienes materiales ni bloquear las vías, porque eso es la violación de los derechos ajenos. ¡Es tan obvio!




    Ni mi amiga La Marxista, ni mi amigo El Facho tienen razón en sus posiciones radicalizadas. La primera me dice que ella no es socialista, pero que si fuera Presidente de la República le quitaría todo a los ricos oligarcas para entregárselo a los pobres, que son los que necesitan la tierra para trabajar, y que acabaría con ese cuento de la Propiedad Privada, porque este país, según ella, es de todos y no se le puede escriturar a nadie. Que habría educación, salud, transporte, vivienda, todo gratis para los más pobres. Yo le pregunté que de dónde sacaría el dinero para financiar todo eso, y me contestó con una lapidaria frase en tono desapacible: “Que lo paguen los ricos”. Se le olvida a ella que vive a sus anchas en un apartamento que le costean sus padres en uno de los mejores barrios de Pereira.

    Por el lado de mi amigo El Facho, el tono no es más esperanzador. Él me dice que no es fascista, pero que si fuera el Presidente de la nación, no permitiría que un solo “mechudo” le cerrara las calles. Él sacaría el ejército y les daría orden de disparar a quienes osen paralizar la circulación de los demás con su marcha. “A este país lo que le hace falta es bala, weón”, me dice vehemente.

    En esa disyuntiva nos encontramos, creyendo que con llevarnos los derechos de los otros por delante vamos a remediar los problemas. Y no se cede de un lado ni del otro. 






    Mientras tanto los colombianos buenos quedamos en el medio. Sí, los que somos gente de bien, aunque ese término no le guste al profesor Sanabria (otro de los tantos adoctrinadores que por ahí tanto pululan). Porque gente de bien, independiente de si tienen plata o no, son los que hacen todo para ayudar a construir país en lugar de destruirlo. Hay en estas personas, que son la mayoría, un gran componente de amor, de esfuerzo, de sentido de lealtad por su patria.

    El resto es la minoría que están proponiéndose acabar una nación de doscientos años de historia de sacrificio, pero esos son gente de mal… de mucho mal.


sábado, 8 de mayo de 2021

Carta a los promotores del paro

Por un ciudadano colombiano



    Señores promotores del Paro Nacional en Colombia: Centrales Obreras, Fecode, organizaciones sindicales, líderes estudiantiles, líderes políticos de oposición y extrema izquierda, ideólogos, artistas y activistas de la revolución de las masas. Pero también indígenas que tumban estatuas, camioneros que bloquean vías, juventud rebelde y adoctrinada, guerrilleros de las FARC, del ELN, de las disidencias, de las otras disidencias, las Bacrim y demás miembros de organizaciones armadas, carteles de drogas, agentes bolivarianos del Sebin, agentes cubanos y demás actores que están involucrados en la parálisis del país… etc., etc.:

 





    Quiero enviarles a ustedes este mensaje de agradecimiento por todo lo que han hecho desde el pasado 28 de abril, cuando el país se pronunció en contra de la Reforma Tributaria. Fue por la movilización del pueblo pacífico, exclusivamente, que esta fue retirada, configurándose así una victoria que sólo le pertenece al pueblo y no a ustedes.

    Pero mi agradecimiento no es por presionar a la obtención de este triunfo con sabor a derrota del ciudadano de a pie, el cual salió a marchar masivamente, incluso al lado de los que después agriarían la protesta con su vandalismo. Muchos ciudadanos buenos a lo mejor ignoraban que esos elementos estaban ahí orquestados por ustedes, listos para ensombrecer un derecho a manifestarse en paz. Mi reconocimiento para con ustedes, señores gestores y ejecutores del Paro, es por lo que han venido haciendo después del retiro de la Reforma Tributaria del gobierno, cuando tuvieron que haber terminado con esta iniciativa ante la ola de vandalismo y terrorismo que se presentó en las calles de nuestro país.




    Lo han hecho muy bien y les reconozco esa patriótica labor de coartar los derechos de las personas a movilizarse, a trabajar, a cuidar de su salud, a poder abastecerse de alimentos, a no enfermarse de Covid o de cualquier otra enfermedad imposible en este momento de tratar oportunamente. Son unos verdaderos expertos para joder a los que nada más queremos vivir en paz. Nunca olvidaremos los colombianos lo que ustedes han hecho por nosotros, y si es que no destruyen la democracia como lo están haciendo ahora, los tendremos en cuenta para las próximas elecciones. Se lo agradeceremos toda la vida.




    Gracias a ustedes, la otra parte de los compatriotas que no quiere salir a protestar, y menos salir a causar desmanes y dificultades a los demás, y que necesitan continuar con su existencia; gracias a ustedes, repito, estamos pagando los alimentos, los medicamentos, el transporte, la gasolina y los servicios en general, a un costo treinta veces más alto que si hubieran aprobado la reforma tributaria. No lo pudieron haber hecho mejor. Y eso si es que se logran conseguir los bienes en las plazas de mercado, en las farmacias o en las gasolineras, porque tenemos un desabastecimiento infame por culpa de los bloqueos en los que ustedes tan gentilmente insisten “por el bien del pueblo”.

    Con el respeto que ustedes no me merecen, queridos artífices del Paro, les quiero solicitar muy humildemente y con una gran vergüenza por no acompañarlos en la destrucción de la nación, que por favor no manden a obstruir las vías, no atenten contra los bienes públicos y privados, ni contra la infraestructura del transporte; que por favor nos permitan el derecho a movilizarnos, y sobre todo a alimentarnos, ya que son ustedes los que nos están matando, pero de hambre. Y tampoco, por el amor de Dios, terminen de quebrar la economía de un país que está tratando de levantarse, ni azucen el incendio con opiniones en redes sociales a través de figuras públicas que generan desinformación.

   



    Entiendo su lucha por hacerse con el poder o hacer parte de él mediante la vía violenta y no por la democracia. Entiendo su afán de destruir la economía de mercado para convertirnos a los ciudadanos en súbditos de un Estado poderoso que nos tire las migajas de una Renta Básica Vital. Entiendo su desespero por implementar una economía socialista basada en principios ateos y progresistas, todo para dar cumplimiento con la agenda del globalismo que definitivamente nos robará la vida y la libertad. Entiendo que nos impondrán una nueva Constitución hecha a su antojo bajo la amenaza de una guerra urbana a costa del estallido social, reflejado este en unas personas a las que ustedes manipulan con su discurso de odio. Entiendo su preocupación por hacer de Colombia un gran país cocalero en el que nadie va a querer trabajar porque el negocio es la coca y vivir de la subvención del Estado. Entiendo todo eso, señores promotores del Paro, pero por favor, no nos representen más, no nos ayuden ni se adjudiquen la causa de los ciudadanos. Es que a ustedes todavía no los han elegido de nada, y deben ganar en democracia y no por la vía de la violencia.



    Sí, sé que esa es la naturaleza de su vieja doctrina Marxista que consiste en levantar las masas, pero les ruego que por ahora nos dejen así, ya ha sido suficiente de protestas. Por ahora no nos den más muestras de cómo sería el país bajo una revolución de izquierda liderada por ustedes. Ya la corrupción de los gobiernos de “derecha” nos ha hecho suficientemente pobres.

    Y discúlpenme este destello de asertividad. No saben con cuánta vergüenza se los pido. “Es por el bien de todos”, como ustedes mismos lo afirman. Muchas gracias.  

 

Atte,

 

Un ciudadano colombiano.

   

viernes, 7 de mayo de 2021

Entonces no era protesta; era revolución

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




  La comunidad internacional, el Departamento de Estado, el Parlamento Europeo, la ONU y Human Rights están haciendo un llamado para que cesen “los atropellos contra los civiles”, por culpa de las fuerzas del orden en Colombia.

    Por otro lado, las redes sociales muestran sin mucha claridad los excesos cometidos sólo por la Policía en medio de un caos imparable en el que no se le ve la cara al enemigo, y enfatizan en el abuso de autoridad del Estado colombiano. “Nos están matando”, es la frase que ponen junto con la imagen de la bandera volteada, promovida por quién sabe qué ONG dizque para pedir un llamado de auxilio. No saben aquellos que replican esa imagen que eso tiene una connotación de traición a la patria, que le están faltando el respeto a un símbolo nacional y le están haciendo la segunda al globalismo, que es aquella ideología que propende por destruir la iconografía patriótica, pues su objetivo es la desaparición de los estados. 

    De otra parte, la Justicia Especial para la Paz (JEP), siendo una corte tan controvertida y tan sesgada en la aplicación de su “justicia”, propone reformar las fuerzas armadas del estado colombiano sin siquiera entrar de lleno a un proceso de investigación, acusación, comprobación, juicio y sentencia, como debiera ser el debido procedimiento a los agentes del orden que se excedan en sus funciones. No. La JEP pone a la institución de la Policía en la misma bolsa junto con los delincuentes, y asume que todos los policías son violadores de los derechos humanos per sé



    Y para rematar, se juzga desde los medios de comunicación internacionales (CNN, New York Times, BBC, RT, etc.) a los policías que han estado actuando para intentar contener las acciones vandálicas de algunos que osan llamarse “manifestantes pacíficos”, y que le han dejado al país un sinfín de destrozos, desabastecimiento, bloqueos, anarquía, miseria económica y moral, y hasta pérdida de vidas humanas.

    Nadie puede decir, ni mucho menos probar, que las órdenes de los Comandantes de la Policía hacia sus subalternos fueron impartidas para masacrar a la población inocente, como lo quiere mostrar el canon informativo. No es cierto que las actuaciones de los organismos encargados de brindar protección a los civiles estén dirigidas a la violación sistemática de los derechos humanos, como lo insinúan los críticos del gobierno, en especial los líderes de la izquierda radical colombiana. Sí es cierto que en los enfrentamientos entre vándalos y policías, han resultado más de 24 muertos en lo que va corrido del paro, pero sería una falacia decir que fueron asesinados porque esa era la orden dada al cuerpo policial. En una situación de confrontación violenta se violan los derechos humanos de parte y parte, porque ante la arremetida desmedida de los agresores es prácticamente imposible dosificar la fuerza de la ley.



    Es verdad que los agentes de la policía se han visto en la necesidad de accionar sus armas contra unos ataques que ya sobrepasan el límite del vandalismo, pero se supone que ellos debieran hacer uso de esas armas para defender al Estado y a los ciudadanos de las hordas enloquecidas dispuestas a destrozarlo todo. Sin embargo, no se les permitía disparar en medio de las revueltas. Algunos han tenido que hacerlo como respuesta a los atentados que han sufrido por parte de los delincuentes, que dicho sea de paso, pierden su condición de manifestantes pacíficos.

    ¿Por qué entonces pretender juzgar a la fuerza pública como unos asesinos sistemáticos cuando en realidad están actuando dentro del marco que les asigna la ley para defender el Estado de derecho ante los violentos que se tomaron las calles y que todos sabemos que no representan al pueblo?

    No falta quienes hayan abusado de su poder, es cierto, y en ese caso hay que investigar y judicializar a los agentes responsables, y condenar en firme a los que cometan excesos cuando ya han logrado dar captura a los detenidos, pero hay que desmontar esas falsas versiones que circulan en redes y en los pasillos de los estamentos internacionales que dicen que es el Estado el que está matando a los civiles a través de su ejército y su policía. Eso es poner una cruz encima de nuestras instituciones de defensa y encasillarlos como el enemigo del pueblo.

    En realidad el enemigo está agazapado entre la multitud incendiando los bienes públicos y privados, generando caos y destrucción, bloqueando vías, provocando escasez de alimentos, impidiendo la libre movilización y el derecho de los demás al trabajo. Esos sí son los verdaderos enemigos, los que nos están matando.

    Obvio, de ellos no dice nada la ONU, ni CNN, ni el New York Times, ni los líderes que están manejando los hilos de esto que ya no es protesta; ni de ellos suben videos en las redes sociales, pues los que trabajan para la causa revolucionaria se encargan de editar lo que no les conviene mostrar.




    No veo a ningún internauta que proteste, por ejemplo, contra la quema del Hotel La Luna en Cali, al que lo redujeron a cenizas sólo porque albergó por unos minutos a los miembros del ESMAD para que descansaran, dejando a su propietario en la completa ruina. No veo a CNN, ni a la ONU, ni a la prensa internacional, ni a Human Rights elevar una voz de protesta por el CAI que quemaron los terroristas con quince policías adentro, sin importar que los hubieran podido calcinar vivos. ¿Y por qué no se hace eco de la ambulancia a la que cogieron a pedradas y no la dejaron pasar aun cuando transportaba a una mujer en trabajo de parto? No; prefirieron dejar que ella pariera en la calzada y que la criatura muriera a los pocos minutos por falta de atención médica oportuna. Sobre eso es que se debiera pronunciar el señor Vivanco de Derechos Humanos, que más bien parecieran “Izquierdos Humanos”.

    Es que hay que ver que no se le puede llamar protesta pacífica, y mucho menos del pueblo, a un grupo de facinerosos que atendiendo instrucciones salen a acabar con la infraestructura. Ellos no nos representan. El pueblo salió de manera espontánea a participar de la marcha en contra de la Reforma Tributaria, y lo han utilizado los promotores para escudar sus verdaderas intenciones. Al contrario, quienes tienen en jaque al país son un reducto encargado de cumplir una tarea dentro de la fase de su Revolución Molecular para desestabilizar la democracia y tomarse el poder como consecuencia del debilitamiento de nuestras instituciones. Culpa del gobierno, sí. No cabe duda. Pero culpa también de los dirigentes del Paro que no han querido llamar a la cordura. Y eran los mismos que decían que había que sentarse con la guerrilla de las Farc a negociar la paz.  


    Yo asumo mi defensa de la policía, como un patriota colombiano, como muy pocos están dispuestos a hacerlo. Yo me alineo del lado de la ley. Si no hay bloqueos, ni desmanes, ni saqueos, ni vandalismo, ni violencia, ellos no tendrían por qué intervenir. No estarían en las calles detrás de la protesta viendo en qué momento se arma el zafarrancho para intentar evitar el desastre. No habrían muertos como consecuencia de los enfrentamientos, tanto de civiles como de los mismos policías que también han puesto muertos y heridos, y no es justo que esto suceda por culpa de unos actores invisibles que fomentan el odio en la turba aleccionada, todo desde la comodidad de sus casas.

    Claro que el gobierno se equivocó. Claro que tenemos un presidente confundido, rodeado de asesores que no sirven para nada, de altos Consejeros que no logran justificar su sueldo, de ministros tecnócratas que no conectan con la realidad del pueblo. Claro que hay que cortar toda esa burocracia del Estado y reducirlo a sus mínimas proporciones, y reducir el Congreso, y acabar con tanta corte corrupta que no condena a los delincuentes. Pero eso no justifica acabar con un país, ni meternos en una guerra por capricho.

    Si lo que queremos es cambiar el gobierno, y hasta el modelo económico, que sea en elecciones, señores, como lo dicta la Constitución, así sean las últimas elecciones democráticas que tengamos, a ver si es verdad que la mayoría quiere el estatismo que los populistas del socialismo venden como la panacea. Pero no decidiremos el destino del país a través de esta violencia patrocinada por mafiosos, bandas criminales, y políticos corruptos.   




    La mayoría de los policías están ahí poniendo la cara, exponiéndose a la muerte para protegernos, cumpliendo con el deber para con la patria, y no es justo hacerlos ver como unos asesinos, como lo hacen muchos periodistas, militantes, artistas, y figuras públicas que no conocen la realidad; todos fieles a la causa del progresismo que algún día les pasará factura.

    Ahora que se han quitado la máscara y se aprovecharon del sentimiento del pueblo, ahora sí nos damos cuenta de las intenciones de llegar al poder que tienen los directores de esta orquesta de violencia en contubernio con la guerrilla y el narcotráfico. Ahora sabemos que nunca quisieron hacer una protesta pacífica, sino una revolución. Han chantajeado al país. Nos engañaron una vez más.

 

06/05/21


domingo, 2 de mayo de 2021

Arde Colombia

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





    Desde este año he venido adquiriendo la costumbre de escribir y publicar los artículos de mi blog los días sábados. El sábado  24 de abril, cuando se anunciaba el Paro Nacional del 28 de abril, puse de manifiesto que ojalá los colombianos no fuéramos a cometer la brutalidad de alborotar el avispero en medio del peor momento de la pandemia.




    Al igual que la gran mayoría, yo también apoyo las razones de la protesta, porque nada más justo que el sentimiento de rechazo contra un alza de impuestos en semejante situación en la que nos encontramos. Había que ser muy bruto para proponer reformas tributarias de un lado, incendiar al país de otro, y ser los idiotas útiles de los que están moviendo los hilos invisibles de un estallido social, del cual los políticos sacarán sus mayores réditos. Porque no se crea que esta es una manifestación espontánea solamente de la gente trabajadora: todo está bien orquestado, bien preparado. Hay intereses detrás que trabajan para desestabilizar la democracia, si es que queda algo de ella.

    Igual, esos planes también servirían para que el desgobierno que tenemos recapacite y reaccione, o dé un paso al costado, cosa que dudo que haga.

    Ayer sábado no escribí el artículo. Preferí esperar si hoy, domingo 2 de mayo, la protesta tenía algún desenlace o el gobierno hacía un pronunciamiento. Finalmente el Presidente dio el anuncio de retirar el Proyecto de Reforma Tributaria, y cuando se creía que todo retornaría a la normalidad, volvieron a tronar los ecos de la guerra.




    De un lado los organizadores del paro: gremios, sindicatos, educadores, estudiantes, y demás, anunciaron que las protestas continuarían hasta que no se acabara la injusticia social y la corrupción. Los transportadores se han unido bloqueando las vías, los taxistas se van a paro el lunes, la minga indígena se está desplazando, y mientras tanto, los vándalos (que apuesto a que deben pertenecer a las milicias urbanas de los grupos armados) siguen haciendo de las suyas, destruyendo los bienes del Estado, los negocios de las personas honradas, saqueando almacenes de cadena, bancos, quemando las estaciones del transporte público masivo, etc. De otro lado el gobierno, en respuesta a la situación del orden público salido de control, envía al ejército y la policía bien armados a contener a los delincuentes y a tratar de restablecer el orden, desencadenando la consecuente furia de sus enemigos, quienes también anunciaron que sacarían sus armas. El resultado: un enfrentamiento entre policías y civiles (sean vándalos o no) que está dejando un saldo de muerte y horror, y que nos está poniendo, Dios no lo quiera, a las puertas de una guerra civil.






    Escribo esta columna con miedo, con preocupación, con una permanente zozobra, como nunca antes había escrito nada en la vida, salvo las cartas que le escribo a mi padre ausente; porque me parece que se ha despertado un león dormido, el pueblo; y este está dispuesto a liberarse de las cadenas que lo subyugan, que son las cadenas que le ha impuesto la clase dirigente y corrupta de este país, a la cual ya no le creemos nada.

    En este momento arde Colombia, y yo espero que entre todos podamos apagar esa llama antes que sea demasiado tarde. Escucho voces airadas que incentivan a seguir en las calles, a movilizarse, a hacer una revolución, a llegar hasta las últimas consecuencias, hasta la muerte, si es posible, porque el pueblo está cansado y está enfurecido. Por doquier veo mensajes que alientan a seguir, a no cejar, que gritan “resistencia, resistencia”; grito de batalla aquel que un político les insufló a sus seguidores.

    Amigos y conocidos que antes se caracterizaban por su pacifismo me dicen que así tiene que ser, que no es con protestas pacíficas ni tomando tinto como se tiene que tratar a este gobierno para que se largue. En definitiva, lo que se pretende es un Golpe de Estado.

    Y es extraño, porque aquellos que decían que con la guerrilla de las FARC había que sentarse a una mesa de conversaciones para lograr la paz, hoy no están dispuestos a hacer una tregua y bajarle el ritmo a la protesta y sobre todo al lenguaje guerrerista, ni siquiera por respeto a los que se están muriendo de Covid en las clínicas atestadas.




    Ya el gobierno ha retirado su propuesta de reforma tributaria. Ya se logró algo, aunque a un costo muy alto, porque de todas maneras ese proyecto estaba muerto desde que se concibió y no tenía apoyo en el Congreso. (Claro que como nuestros políticos dicen una cosa y hacen otra, uno entiende la desconfianza). ¿Por qué no hacer un alto al paro para dar un respiro a la tranquilidad?

    Ahora lo importante es no paralizar el país, porque esto acarreará más hambre y más violencia. No permitamos el desabastecimiento, ni la emprendamos contra los centros de acopio, ni las gasolineras, ni los negocios de la gente, ni las empresas de los ricos, que se necesitan, ni contra el sistema bancario, que aunque es usurero, lamentablemente tenemos que recurrir a él mientras cambiamos las leyes económicas con este o con otro gobierno.

    Si el pueblo oprimido ya ha salido a las calles, que sepa que una revolución en estos momentos nos mandará a la ruina. Y cuando esté el país destrozado y hayamos puesto más muertos inútilmente, se levantará una junta militar que gobernará a su antojo mientras se convoca a elecciones, lo cual puede tardar dos meses, o veinte años más de guerra.




    O lo otro: esperar el año largo que le queda a este gobierno en medio de la más férrea oposición; y después que elijan al que quieran. Al candidato de la izquierda, si es que el desespero es tanto, porque al parecer el grueso del pueblo que protesta lo está pidiendo a gritos, como si fuera el redentor.

    Pero también hay otro pueblo, el que no sale a las calles, el que no protesta por miedo a ser herido, o por las razones que quiera, porque igual tiene derecho a no hacerlo y se debe respetar. Ese pueblo sabe que lo que quieren los políticos, tanto de derecha como de izquierda, es pescar en río revuelto.

    El de la izquierda radical, por ejemplo, debe estar contento, cómodamente sentado, azuzando al país a través de su Twitter.

    El Uribismo, por su parte, al que Duque (queriendo o no) acabó de enterrar, propondrá con cinismo un gran acuerdo nacional, pero acudirán los politiqueros de los otros partidos a pretender ser ellos los que digan la última palabra. Al final no habrá valido la pena el baño de sangre si otra vez el destino nacional queda en manos de la misma clase dirigente que tanto mal le ha hecho a este país: los Uribe, los Gaviria, los Vargas Lleras, los Petro, los Santos, los Pastrana, cuál de todos peor.  




    La otra opción es avanzar con el estallido social y ver qué pasa. A esa opción le tengo más miedo, porque un pueblo enardecido no razona, se aferra a un caudillo y se autodestruye. La consecuencia siempre será una tiranía peor que la que había. O si no pregúntenle a los franceses quién quedó al mando después de matarse en su Revolución Francesa. O a los rusos si les pareció que Stalin era el gran conductor de las masas que exigían los bolcheviques.

    Sí, le tengo más miedo al pueblo oprimido que estalla con violencia, porque con el pueblo es a otro precio. Pero también le tengo empatía; entiendo que su lucha es por derechos y no por ideales. 




    Nos dirán quienes quieren prolongar el paro que hay que hacer el sacrificio ahora para obtener un bienestar después, para que todo cambie, para que implantemos una justicia social, pero ¿cuántas veces nos han dicho lo mismo?

    Dios quiera que me equivoque: agudizar el problema, justo ahora, no logrará mejorar nada y menos con violencia de por medio. Por eso pido una tregua, y que el paro pare.

 02/05/21


Por una nueva refundación

Por Juan Felipe Giraldo Trejos (Reflexión)      Volvió a temblar la tierra. Se estremeció como un gigante que despierta de un mal sueño, o m...