Un poeta en la ciudad es tal vez una
especie en vía de extinción si es de aquellos que salen de su cueva inaccesible
o dejan escapar el alma a través de su ventana secreta con el propósito de
recorrer el “paisaje urbano del siglo que amanece”. Un poeta “de alas rotas” y
de hablar pausado, de esos que son capaces de gastar horas sentado en una banca
de un parque estremecido mirando el horizonte, como diluyéndose al paso de la
gente, pero al mismo tiempo elevando sus ojos al cielo nublado y borrascoso
para hallar la palabra precisa que tendría que aparecer en su siguiente verso
aún no escrito. Un poeta que a pesar de ese soplo que le llega, se abstiene de
escribir en el instante mismo de la iluminación, todo para no perderse el
milagro de encontrar la ciudad
utilizando sus señales.
Ese poeta existe en mi ciudad. Es además
filósofo, profesor universitario y pensador de oficio. Su nombre es Antonio
Alberto Berón Ospina, y hace poco resultó ganador del Premio de Poesía de la
colección de Escritores Pereiranos 2020 convocado por la Secretaría de Cultura
de la ciudad con su poemario titulado Librería
de viejo.
Es, como diría un colega suyo, un hombre de
ciudad. No de los que se quejan por la falta de tiempo, sino de los que utiliza
el tiempo en la fugaz aventura de vivir por y para las palabras, pues como él
mismo lo afirmara en uno de sus versos, “es un equívoco pretender aniquilarlas”.
El profesor Berón es un poeta preocupado,
se le ve en sus ojos. No por publicar, ni por alimentar las vanidades personales
de tantos escritores que incursionan en la literatura y hacen de ella su
negocio. No. El profesor Alberto Berón es esa especie de poeta extraño que se
preocupa por descubrir las claves de un lugar que guarda en sus piedras sus
secretos. Quizá le suceda algo parecido a lo que le sucedía al escritor Joseph
Roth, que veía en los sueños de su juventud las
ciudades blancas que lo obsesionaron hasta el punto de que así se llamó una
de sus novelas.
No lo sé, pero lo que sí puedo intuir al escuchar de propia voz del autor algunos apartes del poemario titulado Librería de viejo que saldrá para el mes de agosto, es que el profesor Berón lleva también su ciudad interior, tan ideal y tan disímil de la física.
Si Borges se obsesionó con sus ciudades de
espejos, o Joyce con una ciudad enrevesada y circular que envolvía a sus habitantes
hasta la locura, el profesor Berón no pudo escapar al influjo de la renovación
urbana de una ciudad que llevaba en su memoria desde la infancia. Así como se
le quedó anclada en el corazón la imagen de la Pereira de sus tiempos, la villa
transformada y revestida de colores y ornamentos logró desconcertarlo, como a
todos los que nacimos y crecimos en este suelo en los últimos cincuenta años.
Brotó entonces la metáfora de la ciudad
mujer, embellecida un poco más de lo necesario; acechada y codiciada por
pretendientes embaucadores, mercachifles y corruptos. Ultrajada, pero siempre
amada, y sobre todo narrada por sus literatos que son “pávidos a la crítica
bajo la mirada cíclica del progreso”, como lo dijera en uno de los poemas del
libro, Parque de los poetas. Esa
Pereira que vivió ese proceso feroz de renovación urbana todavía sigue
inquietando al escritor cuando el pasado cobra vida en su memoria. Porque la
ciudad no es aquella que se fija en un punto geográfico, sino en el tiempo de
nuestros corazones.
Walter Benjamin
Acérrimo seguidor de Walter Benjamin, el
profesor Berón, como casi todo intelectual de izquierda, es simpatizante de ese
marxismo romántico y decadente que tanto lamento y aborrezco. Pero como no se
trata aquí de sacar a relucir el tema político (en el que estoy en un punto diametralmente
opuesto al de la opinión del canon literario), sino el tema escritural, cabe
resaltar que fue Benjamin quien lo cautivó profundamente a través de la mirada que este
daría a la literatura moderna bajo su velo historicista. Es por ello que Alberto
Berón reflexiona sobre cómo adaptar esa crítica para traerla al contexto de su
ciudad. Y fue entonces, en su propio campo de acción, que se asumió en el papel
del “poeta que revisa la vida de los poetas”.
En el conversatorio del pasado 23 de marzo
que sostuvo con el también poeta Diego Alexander Vélez en el programa La Cueva
de las Letras de la Biblioteca Pública de Pereira, el profesor Berón dejó
registrada su visión ante la transformación de la urbe al afirmar que la ciudad
no solo tiene hombres de negocios o políticos, sino poetas que cumplen un papel
muy importante. La ciudad, según su mirada, es más que un conjunto de edificios, calles y
fábricas. En ella moran más de setecientos mil poemas, quizá un millar de
poemas en cada habitante que la compone. Y muchos poetas estarían
dispuestos a “cambiar neveras por utopías
de fuego”, o a “caminar y detenerse”,
como se titula otro de sus libros, porque en ello radica la esencia de la vida,
que toda ella es poesía y que a veces no requiere de palabras.
Esperaremos con ansia la publicación del nuevo poemario, Librería de viejo, para disfrutar a
este poeta que sigue dejando señales para encontrarnos en la ciudad.


















