(Columna)
Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová, tu Dios, te da,
no aprenderás a cometer abominaciones como las de esas naciones,
no ha de haber en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego,
ni quien practique adivinación o astrología, hechicería o magia.
Ningún encantador ni consultor de espectros o adivinos,
ni evocador de muertos, porque todo el que hace estas cosas
es una abominación para Jehová, tu Dios.
Y por estas abominaciones, Jehová, tu Dios,
echa estas naciones de delante de ti.
Deuteronomio 18:9-12
Como si no tuviéramos suficiente con la maldad que campea en estos pagos de nuestra vilipendiada patria en manos de la peor clase de gentuza, ahora hasta a las cajas de compensación les ha dado por exaltar esa terrífica maldad, cuya puesta en práctica ha arruinado moral y espiritualmente a países como Haití y Cuba, sumidos en la miseria más degradante tras la incorporación, como parte de su idiosincrasia, de las formas más abominables de brujería y satanismo. Solo que esa malevolencia ya viene envuelta ⸺una vez más⸺ con el celofán de la “diversidad”, la “multiculturalidad”, “la amplitud de mirada” y todos esos aderezos que le ponen al veneno para hacerlo parecer como alimento.
Me refiero particularmente al caso de Comfama, que decidió celebrar por estos días la Feria Popular de la Brujería. Qué cosa tan sanadora.
La señora Paola Mejía, directora del Área Cultural de Comfama, dice que esta caja de compensación “tiene un proyecto educativo y cultural muy grande en el que se proponen conversaciones alrededor de diversos temas como literatura, cine, teatro”, y que estas conversaciones “siempre van enmarcadas a tejer puentes entre distintos puntos de vista”. El evento de los brujos es para “ampliar la mirada”, según ella, “para abrir una conversación muy importante para el país acerca de la diversidad”, en este caso no sexual, sino religiosa y cultural. La brujería, para la señora, es una categoría espiritual que goza de la misma respetabilidad de cualquier otra, y por ello el propósito del congreso es “generar una visión nueva sobre un país diverso que tiene muchas culturas y muchas manifestaciones espirituales”. Según esta defensora de brujos, esto es una práctica común y cotidiana conocida por la comunidad en general. “Porque hay que dejar que ello nos una y nos permita repensarnos para convertirnos en una sociedad cada vez más justa, más incluyente y más humana", fueron sus palabras en entrevista con la emisora La F.M.
Qué hermoso suena ese discurso, qué causas más loables para rendirle honor al diablo. A esta señora la deberían echar a patadas, no sólo porque encubre místicas sórdidas y las vende como un bienestar para los trabajadores y sus familias, sino porque está utilizando los recursos que los empresarios pagan a Comfama para este fin. Recursos que, por cierto, deben ser retribuidos por ley a los empleados y a sus familias en forma de programas sociales. En lugar de ello, lo que se patrocina es un evento para promover la brujería. En el fondo, lo que alienta detrás de todo ese telón de buenas intenciones, de diversidades, encuentros, saberes y diálogos, es la más pura ideologización de los ciudadanos para normalizar lo que está mal. No se me hace raro que tal evento haya sido concebido bajo el auspicio de este gobierno. No me digan que la brujería es una cosa benigna y ancestral que aborda los saberes más profundos que nos otorga la naturaleza. Este congreso, de inofensivo, no tiene nada.
Así como en la época de las Cruzadas se asesinaba en nombre de Jesucristo, hoy se apela al nombre de otras aparentes buenas razones para imponer, ya no la religión cristiana, sino la religión anticristiana.
Tanto lo uno como lo otro está mal: está mal matar bajo la aparente bandera de la causa cristiana, como también está mal adoctrinar en nombre de la inclusión, máxime si de incluir lo malo se trata. Pero este relato, que es un anexo del discurso progresista empeñado en podrir todo lo que toca, le está costando a la sociedad su cohesión y su supervivencia. No sólo se ha producido con ello el más grande lavado de cerebro a través de ideologías como por ejemplo la ideología de género ⸺y ahora la de la brujería⸺, sino también el exterminio en masa de bebés que cada día son asesinados antes de nacer; el adoctrinamiento de niños a los que les arruinan su identidad sexual confundiéndolos y haciéndoles trizas su futuro; la disolución de las familias cuyos miembros se ven obligados a enfrentarse ante la narrativa de ver al otro como enemigo; en fin, la destrucción y atomización del individuo, tanto física como espiritual… y todo en nombre del amor y del respeto a las diferencias. Tendrían que empezar por respetar el legado de la civilización occidental judeocristiana, que no admite este tipo de prácticas macabras.
Porque está claro que la época de la Inquisición ya pasó, por fortuna, y no hay que cazar a las brujas, ni perseguirlas para darles muerte. Allá ellos con sus conjuras demoníacas, pero en privado y lejos de las familias colombianas. Muy lejos, y tal vez en la clandestinidad, ocultos en las sombras por miedo a la condena social, que debería ser bastante ejemplarizante. Bastaría con impedir que sus ideas lleguen a hacerse extensivas a las instituciones del gobierno y empresas privadas que brindan apoyo. Entiendo que cada cual tiene la libertad para pensar y creer en lo que quiera, pues la espiritualidad pertenece al fuero privado. Lo que no está bien es que idolatrías tan abominables para la sana convivencia de las familias sean promovidas y ensalzadas como otro tipo de espiritualidad. Mucho menos cuando es una caja de compensación, que maneja recursos que no son propios, quien se encarga de ofrecer este nefasto mensaje. ¿No pondrían el grito en el cielo estos mismos promotores de la brujería si se financiara un congreso católico con la plata de Comfama, que no es un ente del todo privado, sino que se mueve con los recursos de las empresas? Porque eso de sembrar a Cristo en los corazones como que no es con ellos. Pero apoyar a los brujos, emisarios del ente que representa la malignidad en la tierra, eso sí que les suena bastante bien.
Me da mucha pena, señores de Comfama, que dilapiden el dinero de los empresarios para beneficio de los trabajadores en congresos de brujos o nigromantes. No importa que la plata la administren ustedes, o sea de ustedes, porque el objeto de su existencia es cumplir con la labor social, la cual debe ser vigilada por el Estado, al que por cierto le debe agradar mucho este congreso desde sus estamentos superiores de gobierno.
El hecho aquí es que están justificando prácticas que dañan al ser humano. ¿Acaso meterse con la brujería, la santería y el satanismo le ha dejado algo bueno a las sociedades en donde se realiza? Ahí está la ruina de países como Haití, Cuba, y la mayoría de los africanos, imbuidos en una maledicencia sin retorno; entregados a un culto que para nada puede considerarse cotidiano y normal; alternativo y ancestral. Con ese hueso a otro perro: ese tipo de eventos lo único que va a traer es destrucción, envilecimiento de la sociedad. Los pactos con el diablo nunca reportan beneficio espiritual, y eso fue lo que hizo Comfama al disfrazar un congreso de intenciones oscuras con el traje de la actividad lúdica y cultural.
Hace unos años este aquelarre habría movilizado a la ciudadanía para sentar su voz de protesta. Hoy, en cambio, somos muy pocos los que nos atrevemos a condenar semejante despropósito. Y muchos ni siquiera tenemos alcance ni difusión, sino apenas las cuatro paredes de nuestro cuarto para expresarnos mentalmente. Debe estar bastante mal una sociedad que admite la brujería y el satanismo como parte de una expresión cultural y religiosa tan válida como la profesión de la fe cristiana. Han equiparado el mal con el bien hasta el punto de que hoy en día no sabemos en dónde termina el uno y dónde comienza el otro. Pero sigan creyendo en las promesas del encantador de serpientes, que así les irá. No le auguro mucho porvenir a esta caja de compensación ni a su directora cultural, porque será cuestión de tiempo para que, como dice el texto bíblico, Dios eche a los practicantes de estas abominaciones lejos de su tierra prometida.





















