La lista de los objetivos de la Agenda para
el Desarrollo Sostenible que promueve la ONU, y de la que he venido hablando en
artículos anteriores, continúa hasta completar 17 objetivos. He hecho mención
extensa de los primeros cinco, pero hacerlo uno por uno no se justifica, pues a
partir del quinto vienen los que podrían denominarse “objetivos del ecologismo
y el globalismo”, devenidos ideologías abyectas, y en los que se abordan
los temas del agua, la energía, el crecimiento económico, la infraestructura, la
reducción de las desigualdades entre países, las ciudades, la producción y el
consumo sostenibles, el cambio climático, los océanos, los bosques y la
diversidad biológica; y por último dos objetivos de talante imperial como el
asunto de la paz y la justicia, y las Alianzas.
En síntesis, el paquete completo para imponernos
gradualmente una calidad de vida que será modelo a seguir, independientemente
de si esta nos vaya a gustar o no. Aquí ya se insinúa cómo debe ser el mundo en
términos de producción y consumo, los artículos que se pueden utilizar, las posesiones
que nos serán permitidas o restringidas, y la libertad de la que "gozaremos" para el desarrollo de un “ambiente sostenible”, y por ende
para consolidar la cultura de ciudadanía mundial que deberemos adoptar.
¿Cómo se garantizaría el cumplimiento de
agua limpia y energías renovables, de producción sostenible y ciudades amables
con crecimiento económico e igualdad para todos, si no es con un poder
centralizado que reúna en uno solo el mando de todas las naciones para controlar
que sí se cumplan estos objetivos propuestos por la ONU? Me pregunto yo desde
mi trinchera, pues admito que siempre me abruma la sospecha cuando leo acerca
de propuestas tan cargadas de belleza e idealidad.
El Ecologismo, que en esta agenda se quiere
imponer a rajatabla, es otro vector de guerra revolucionaria, al igual que el
Feminismo y la Ideología de Género, todos hijos del Progresismo o el
Post-Marxismo, y que se agrupan en lo que se ha denominado como Nueva
Izquierda, aunque no todo tiene que ver con ideas de izquierda o estrictamente
marxistas.
Es en todo caso otra manera para contrariar
las leyes científicas y que se nutre de las minorías (movimientos indigenistas,
migratorios, animalistas, ecologistas, feministas, antirracistas, y activistas
en general contra el orden establecido) para engendrar las semillas de las que
provienen los idiotas útiles que esa Nueva Izquierda utiliza. El ecologismo no
es una propuesta para solucionar los problemas ambientales, sino otro frente de batalla que la ONU ha respaldado para encumbrar a la élite mundial a un poder
que tiene por objeto suprimirnos de la faz de la tierra. Así de sencillo: arguye
que la culpa del desequilibrio de la naturaleza es completamente del hombre blanco occidental hetero-patriarcal; que es por tanto quien debe desaparecer, o como mínimo quien debe someterse al nuevo orden global para que se restablezca el equilibrio perdido.
Como el Ecologismo es parte del Nuevo
Socialismo, pues no le queda de otra que atacar directamente al sistema capitalista:
que muera el capitalismo, la economía de mercado, el modo de producción vigente
y las leyes de la oferta y la demanda. Que reine el poder del Estado Global, el
mandato divino del líder supremo que le traerá la felicidad a su pueblo. Así
fue como Stalin vendió su revolución, y el resultado fueron más de cien
millones de muertos. Un bonito panorama el que nos espera.
Cabe mencionar que esto de la agenda 2030 compagina
con el proyecto del Gran Reseteo del que se hablara recientemente en el Foro de
Davos. Son dos caras de la misma moneda en la que se pierde con cara o con
sello.
Desconocer que existe un proyecto de dominio mundial es no querer admitir que se ciernen sombras sobre el futuro. El proyecto está ahí y se está cumpliendo a los ojos de todos. Hablar de sus peligros no es otra Teoría de la Conspiración porque el proyecto en sí ya es una conspiración. Todo está escrito y es público. La ONU lo describe en su página y lo vende como una cosa bella, pero los que somos antiglobalistas estamos siendo tachados de antidemocráticos y de desinformadores. Esa es la estrategia: si tu opositor no piensa como tú, basta tildarlo de fascista. Si eres escéptico ante la agenda te ganas el mote de conspirador, enemigo, irracional, inhumano.
Total, ellos son los que ostentan el
monopolio de la verdad, y cualquiera que se oponga a la verdad que propone la
Agenda 2030, es un candidato a la lista negra de la ONU; un sujeto al que habrá
que cancelarlo primero por los medios virtuales, y luego volverlo un paria del
planeta: confinarlo a esas zonas que en la novela de Aldous Huxley, Un mundo feliz, se conocían con el nombre de Reservas Salvajes, fuera del Estado Mundial, donde no tenía nadie la
posibilidad de ser reconocido como sujeto de derechos. Ni siquiera como ser
humano.
Para allá vamos: hacia la pérdida de
nuestras libertades por asegurar un pedazo de pan; hacia la renuncia de
nuestros derechos a pensar diferente y expresar esos pensamientos; a entregarle
nuestra intimidad y nuestra fe sagrada al poder que todo lo controla. ¿Qué otra
cosa es esta agenda sino una sociedad totalitaria? Un moderno Socialismo en el
que el Estado Mundial concentrará todo el poder, y ya no habrá a dónde escapar.
Lo peor es que todos nos refugiaremos en ese silencio obligatorio propio del
esclavo. Habremos de renunciar hasta de nuestro más elemental derecho a pensar
por sí mismos.




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ResponderBorrarmuy interesante tu articulo. me hizo ver como nuestro futuro se va acercando a un mundo muy diferente al que Aldous Huxley nos deja ver en su novela un mundo feliz.
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