El hijo del presidente ha confesado que entraron dineros de dudosa procedencia a la campaña presidencial de su padre. La fiscalía lo ha dejado libre a condición de que revele toda la verdad, aunque eso implique el riesgo de que Nicolás Petro desaparezca o lo desaparezcan. Y vaya que lo han intentado silenciar. Un abogado de apellido Henao que se hizo pasar como abogado de la defensa de Petrico Junior trató de contactarlo con la intención de llevarle un mensaje, y no pudo hacerlo. A través del apoderado de Nicolás Petro, el abogado David Telequi, se dejó en claro que el imputado no quiere hablar con nadie del gobierno y mucho menos con su padre, y que el único vocero válido en este proceso es el señor Telequi. Nicolás está dispuesto a continuar entregando información con tal de que siga siendo en libertad, porque si por algún motivo llega a pisar una prisión, ya sabe lo que le espera: un “suicidio” imprevisto y sin carta de despedida. Lo que uno no entiende es por qué se le da tantas largas a este proceso y apagan momentáneamente el ventilador que prendió Nicolás Petro tras su captura. Urge que hable lo más pronto posible antes que una fatal casualidad ocurra en este país en el que reinan el silencio y la impunidad. A veces el silencio se rompe, pero siempre queda en pie la impunidad, que ya es el sello característico de la justicia colombiana. Aquí nada pasa ni pasará.
Como si fuera poco, se devela por
parte de la Fiscalía un plan orquestado por el grupo narcoterrorista ELN para atentar
contra la vida del Fiscal General de la Nación, de un general retirado del
Ejército de Colombia (el general Eduardo Zapateiro), y de una congresista líder
de la oposición, la senadora María Fernanda Cabal. Un plan del que, por cierto,
el Ejército, en cabeza del general Luis Mauricio Ospina, tenía total
conocimiento desde hace por lo menos dos meses, pero estaba impedido para
revelarlo, seguramente por órdenes del ministro de defensa y del presidente. Ya
saben, todo en aras de la “paz total”, o la “paz cocal”, como la llama la misma
senadora Cabal. Los petristas furibundos con la prensa están diciendo que se
trata de un entrampamiento para acabar con esta “hermosa paz” en que nos tiene
viviendo el gobierno Petro. En todo caso la información se filtró desde el
Comando Especial Estratégico del Ejército y ahora comenzarán las bajas y las
destituciones.
Lo que uno no tampoco entiende
es qué hace el esposo de María Fernanda Cabal sentado en la mesa de
negociaciones, representando al sector de la oposición, con aquellos que
quieren matar a su señora. ¿Será que al doctor José Félix Lafaurie lo tienen
chantajeado para que haga parte de esa mesa so pena de que el gobierno tome
venganza contra los ganaderos que él representa? Peor aún, ¿será que está
obligado a formar parte de esa comitiva para generarle un costo político a la
carrera de su esposa, que es una de las figuras de oposición más relevantes en
este momento y candidata firme a la presidencia de la República en 2026? ¿Será
que el esposo de la futura candidata tiene que aceptar esa designación para
proteger la vida de la doctora Cabal, quien sigue bajo amenaza?
Porque donde sí cumplieron la amenaza fue en el país hermano del Ecuador. Allí mataron al candidato presidencial de la derecha, Fernando Villavicencio, quien había realizado varias denuncias contra sus opositores involucrados en casos de corrupción y narcotráfico, incluyendo al mismo ex presidente Correa. Este último anunció que su “venganza sería contundente” mientras abrazaba a la representante de su partido, la señora Luisa Gonzáles, principal contrincante del candidato Villavicencio, tristemente asesinado esta semana. Y un agravante: los asesinos fueron sicarios colombianos. Como si no bastara, Villavicencio había involucrado en sus denuncias a personajes de la fauna política colombiana como la señora Piedad Córdoba (la que esconde la plata en el turbante y en los cuadros, no se nos olvide). Y nuevamente, el mismo Nicolás Petro, hijo del presidente colombiano, vuelve a ser el hilo conductor de una trama de corrupción a través de un primo suyo, Camilo Burgos, que es pareja de Raisa Vulgarín, una aspirante a la Asamblea de Ecuador por el mismo movimiento izquierdista de Revolución Ciudadana, el de Rafael Correa, y que ayudó a mover unos doscientos millones de pesos a Nicolás Petro desde Bogotá hasta Barranquilla. Esta denuncia también había sido hecha por el candidato asesinado en un video que publicó el 29 de julio, cuando denunció las amenazas contra su vida. Fatalmente se cumplieron esas amenazas. Tal parece que la mafia asesina ya es trasnacional y se llama Foro de Sao Paulo: una mafia que se ha encumbrado en los cargos de poder de los diferentes países y que ya no lucha contra la ley y las fuerzas de seguridad de los Estados, pues ahora la mafia es ley. O si no miremos quién gobierna en cada uno de los países que son leales al Foro.
Pero los escándalos de este
gobierno no paran: cae en España un cargamento de cocaína perteneciente a la
banda de los “Petrosky”, la cual se dedicaba al envío de coca en maletas ocultas
en vuelos comerciales. Sí, así se hace llamar ese grupo traqueto en honor al “impoluto”
presidente Gustavo Petro. Es que como Petro es ahora compinche de los narcotraficantes,
de los grupos terroristas y de los bandidos a los que propone pagar un millón
de pesos para que no sigan matando, pues lo más elemental es que estos le
rindan homenajes etiquetando los paquetes con su rostro sonriente en la figura
del joker.
Así las cosas, con un
presidente que merece un juicio político por haber dejado entrar dineros
calientes a su campaña, (y al que no le pasa nada… ¿en dónde he visto eso
antes?); con un gobierno que ha permitido que los narcoterroristas sean los que
manden en Colombia, pues está entregándole el país a ellos; con una cáfila de
maleantes dirigiendo los destinos de una nación vilipendiada; con la amenaza de
muerte a la democracia que está dispuesta a caer sobre todo aquel que ose
pararse contra el régimen, como le pasó a Fernando Villavicencio en Ecuador;
con la restricción impuesta a la libertad de opinión, en donde la única opinión
que no peligra es aquella que va en la dirección de los que mandan; con un
presidente que no respeta las instituciones y pretende acumular un poder
supremo encarnado en unas milicias urbanas a las que disfraza de “pueblo” y a
las que acude cada vez que necesita de su apoyo; con la indefensión total a la
que están sometiendo a los ciudadanos, dejándolos expuestos a la delincuencia y
sin poderse defender por sus propios medios; con el desmembramiento de la
Fuerza Pública, cada vez más descuidada, más desfinanciada, más abandonada y
señalada como la responsable de la guerra; con la manipulación de un sistema
electoral que alcahuetea la compra y el trasteo de votos, permite que se vuelen
los topes de gastos de las campañas políticas, o se hace el de las gafas cuando
se comprueba la infiltración de la mafia en las mismas; con el cinismo con el que
un gobierno justifica su inmoralidad, su maldad, su impudicia; con todo esto,
repito, estamos asistiendo a la muerte del Estado de derecho.
La democracia es apenas un
discurso de papel en nombre de la cual se permiten todo tipo de autoritarismos.
La voz del pueblo ya no existe, el pueblo no elige con libertad, el concepto de
ciudadanía es un mito cuando la voluntad de los ciudadanos está cooptada. Somos
un país secuestrado dentro de sus propias fronteras; un continente amordazado
por el comunismo internacional del que ya nadie, excepto ellos, quiere saber.
Nuevamente, así las cosas, asistimos
al fin de la democracia. Es el enseñoramiento de una dictadura, y a los dictadores
no queda otro camino que el de sacarlos utilizando todas las herramientas que
pone a disposición el Estado, incluyendo el uso de la fuerza.
Lo otro es dejar todo como está y que el país se siga perdiendo; comenzar a hacer maletas y votar con los pies lo que unos inconscientes votaron con las manos, creídos que estaban ante la llegada de un salvador. El camino fácil es la claudicación, humillarse para conseguir la paz, y al final, quedarse con la guerra y con la humillación, como lo aseveraba Churchill. El camino difícil, por su parte, es oponerse con vehemencia a este mandato, dar la pelea, alzar la voz, marchar, hacerse sentir, exigir la renuncia inmediata de la cofradía que nos gobierna, no tolerar que nos cambien nuestro sistema profundo de valores que todavía existe en el pensamiento de aquellos que creemos en la disyuntiva de lo bueno y de lo malo. De lo contrario, habrá que decirle adiós al Estado de derecho, y con él a nuestra libertad.





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