sábado, 19 de agosto de 2023

Ruge un león argentino

Por Juan Felipe Giraldo Trejos






    Tiene el aspecto y la actitud de un rockstar, lleva al viento su melena indomable y es dueño de una mirada de felino al acecho que hace temblar a sus oponentes. Su lenguaje engalanado de procacidad y agresividad, y su temeridad a prueba de fuego para señalar a los políticos corruptos de “la casta” —como él los llama—, diciéndoles en su cara lo inútiles y lo ladrones que han sido, le han hecho ganarse tantos simpatizantes como enemigos. Acaba de triunfar en las elecciones primarias de Argentina y se perfila como el más firme candidato a ocupar la presidencia de la nación en los comicios del próximo 22 de octubre, si es que gana en primera vuelta.

    Se trata de Javier Milei, el economista y político argentino, líder del movimiento La Libertad Avanza que hoy tiene en vilo a muchos oficialistas e izquierdistas, y que es celebrado por el votante de a pie que no tiene vínculos ni contratos con el Estado. Su frase “no vine a guiar corderos, vine a despertar leones”, es una muestra de que, si llega al poder en Argentina, lo hará para arrasar con todo vestigio de las fuerzas políticas que han gobernado durante las últimas décadas a esa nación.

    No quiere nada con el oficialismo: ni con el macrismo ni con el kirchnerismo peronista (por ahora). Se define a sí mismo como un libertario, aunque la prensa escéptica lo catalogue como de extrema derecha: ultraderecha es el término que han puesto de moda los de la otra orilla. Este ex arquero de las divisiones inferiores del club Chacaritas y ex vocalista de una banda de rock, no está en ningún extremo violento en el sentido que le dan sus contradictores, pero sí es un candidato políticamente incorrecto que no se adhiere a los postulados de la derecha cobarde que hasta hace poco gobernó en Argentina y que en 2019 permitió que llegase al poder la izquierda socialista y empobrecedora que tiene a esa nación sumida en la peor crisis económica y social de su historia.



    “El fenómeno Milei” ha roto todos los pronósticos en las elecciones del pasado domingo, cuando alcanzó un 30% de la votación en las llamadas PASO de Argentina (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), que es como el equivalente a las consultas partidistas en Colombia, en donde se definen los candidatos que representarán a las coaliciones y a los partidos. En el caso de Javier Milei no hubiera habido necesidad de consulta, pues era el único aspirante de su movimiento La Libertad Avanza y no competía con ningún otro. No obstante, es obligatorio que todos los candidatos se sometan a una medición para saber cómo están las fuerzas en pugna. Pues bien, Milei se sometió a votación, y de una expectativa de apenas un 20%, sobrepasó a sus contrincantes, y eso que aún no estaban en la contienda directa.

    Lo cierto es que “El León de Argentina”, como se le empieza a conocer en las redes, ha generado mucha polémica por sus propuestas económicas y sociales basadas en el pensamiento de la Escuela Austríaca. Él se denomina como un “anarcocapitalista en teoría”, pero como un “minarquista en la vida real”. Esto es: promueve el libre mercado hasta los tuétanos, pero propende por un Estado reducido a su mínima expresión. Su posición con respecto al aborto, al cual se opone rotundamente; su rechazo a la mal llamada Educación Sexual Integral, que es un caldo de cultivo para adoctrinar a los jóvenes en la ideología de género; sus propuestas de acabar con el Banco Central, de dolarizar la moneda, de reducir el gasto público, de rebajar los impuestos y suprimir más de diez ministerios; su apoyo al libre porte de armas; su rechazo al ecologismo alarmista; su estilo agresivo, directo y pendenciero; todo eso ha hecho que a Milei se le considere como un ultraconservador y hasta como un fascista. Nada más lejos de la realidad.



    Porque Milei no es un pan de Dios, eso está claro. Es un populista de derecha que supo cómo generar un discurso contundente y sencillo de entender en contra de lo que él llama “la casta política”. Desenmascaró a los zurdos que gobiernan allí y a los tibios de centro que se hacen pasar por oposición y no son más que los idiotas útiles al servicio de un régimen que empobreció a la Argentina, otrora uno de los países más prósperos del mundo.   

    Y es que así tiene que ser, pues con la progresía de izquierda toca tratar de frente y sin anestesia. Milei ha sabido capotearlos, incluyendo a los periodistas del oficialismo y a las estrellitas de la farándula que no tienen idea de cómo se maneja un país, pero se dan el lujo de opinar y mover a la opinión, y a todos les ha cantado sus cuatro verdades con su lengua soez y sin filtros. Si fuese simplemente un buen economista que habla en lenguaje técnico o con palabras rebuscadas para no atentar contra la corrección política, el pueblo no le hubiera entendido, y hoy no sería el predilecto de las masas, porque es ahí donde ha logrado calar su discurso: rompiendo el paradigma de que sólo la izquierda es la única que toca la fibra de las clases populares.


    Pero el diputado Milei no solamente ha llegado donde está por su ímpetu para denunciar ni por su capacidad para poner a los contrincantes en su sitio. Su conocimiento en el área económica es impecable. Es licenciado en Economía de la Universidad de Belgrano, tiene dos maestrías y un doctorado honoris causa; catedrático durante más de 21 años en Macroeconomía, Microeconomía, Teoría Financiera y Matemáticas, tanto en Argentina como en el exterior, además de conferencista, consultor, escritor y columnista de diferentes medios. Se ha preparado toda su vida hasta llegar a ser un experto en la materia, lejos de la ideologización tan corriente de los políticos de nuestro continente y más cerca del conocimiento técnico imprescindible para dirigir la economía de un país. Sus propuestas económicas y sociales se corresponden con el movimiento denominado “Nueva Derecha”, que no es lo mismo que el espectro de la derecha tradicional. Representa una fuerza con aires renovados que no se vale de la victimización ni de las arengas lastimeras, así como tampoco de la retórica y los lugares comunes tan presentes en los discursos de los políticos tradicionales. Milei ha sido disruptivo, generador de odios y amores, y por ello ha causado tanta conmoción su liderato en los comicios primarios.


   Opinadores, políticos, celebridades, empresaurios de monopolios y demás figuras de izquierda lamentan la intención de voto por Milei. Han salido a desprestigiarlo y a decir que el señor es un peligro para la nación. Pero más que para la nación, es un peligro para ellos mismos. Temen que se les acabe la burocracia, los puestos, los contratos, los subsidios, las intermediaciones, las exenciones, la competencia desleal. En otras palabras, que se les dañe el negocio de la política. Por eso todos estos zurdos del establishment le temen a Milei, incluyendo los que se hacen pasar por demócratas de centro, que no han servido para nada. No les gusta que una nueva fuerza de derecha irrumpa en el espectro, pues eso significa la pérdida de unos privilegios imposibles de recuperar. No les conviene que la gente abra sus ojos.

    En Colombia, por ejemplo, tenemos el caso de un politiquero de oficio y vendepatria como lo es Humberto de la Calle, quien salió a quejarse por el peligro que representaba el posible ascenso de un candidato como Milei, no sólo para Argentina, sino para toda Latinoamérica. De la Calle y los bodegueros zurdos hablan de que los “fachos” volverán a ganar las elecciones sólo porque Javier Milei quiere arrasar con el status quo de los políticos, reducir el Estado y dejar que sean los privados los que impulsen la actividad económica, además de no financiar las causas que actualmente el Estado le financia —a nivel internacional— a la Nueva Izquierda.   

    Bien por Milei, que ojalá gane la presidencia de Argentina y que ojalá algún día en Colombia tengamos a un Milei que no tema enfrentarse con la verdadera casta, que son los que actualmente nos gobiernan: los que prometieron el cambio solamente para beneficiarse a sí mismos.


Desconozco el origen de Milei, sus alianzas, su probabilidad de ser un antidemócrata por el tinte autoritario que a veces pudiera confundirse con la pasión con que se expresa. No lo sé, en política no se puede meter la mano al fuego por nadie. Pero me identifico con las propuestas que hasta ahora ha lanzado en su país. Por algo hay que empezar. Ojalá gane la presidencia de Argentina y sea ese león que ruja contra la llamada “casta política”.

    No como le sucedió a cierto presidente en Colombia: toda su vida buscó el poder, y una vez que llegó a él a través de una simulada democracia, se convirtió en el más ruin de los oligarcas. Si en Colombia eligieron a un tipo con problemas mentales que está llevando al país a un abismo, ¿por qué no elegir a otro loco en Argentina? Sólo que este sí sería un loco bueno; uno que por lo menos entiende cómo sacar al país de esa “cordura” asfixiante a la que lo llevó el socialismo Kirchnerista. Uno que sabe que el Estado no tiene por qué meter las narices en el proyecto de vida de cada individuo “basado en el principio de no agresión y en la defensa del derecho a la vida, la libertad y la propiedad”, tal como definió la doctrina liberal el doctor en economía Alberto Benegas Lynch, y cuyo pensamiento adoptó el mismo Javier Milei.

    ¡Que viva la libertad!

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