Tiene el aspecto y la actitud
de un rockstar, lleva al viento su melena indomable y es dueño de una mirada
de felino al acecho que hace temblar a sus oponentes. Su lenguaje engalanado de
procacidad y agresividad, y su temeridad a prueba de fuego para señalar a los
políticos corruptos de “la casta” —como él los llama—, diciéndoles en su cara
lo inútiles y lo ladrones que han sido, le han hecho ganarse tantos
simpatizantes como enemigos. Acaba de triunfar en las elecciones primarias de
Argentina y se perfila como el más firme candidato a ocupar la presidencia de
la nación en los comicios del próximo 22 de octubre, si es que gana en primera
vuelta.
Se trata de Javier Milei, el economista
y político argentino, líder del movimiento La Libertad Avanza que hoy tiene en
vilo a muchos oficialistas e izquierdistas, y que es celebrado por el votante
de a pie que no tiene vínculos ni contratos con el Estado. Su frase “no vine a
guiar corderos, vine a despertar leones”, es una muestra de que, si llega al
poder en Argentina, lo hará para arrasar con todo vestigio de las fuerzas políticas
que han gobernado durante las últimas décadas a esa nación.
“El fenómeno Milei” ha roto todos los pronósticos en las elecciones del
pasado domingo, cuando alcanzó un 30% de la votación en las llamadas PASO de
Argentina (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), que es como el
equivalente a las consultas partidistas en Colombia, en donde se definen los candidatos
que representarán a las coaliciones y a los partidos. En el caso de Javier Milei
no hubiera habido necesidad de consulta, pues era el único aspirante de su movimiento
La Libertad Avanza y no competía con ningún otro. No obstante, es obligatorio
que todos los candidatos se sometan a una medición para saber cómo están las
fuerzas en pugna. Pues bien, Milei se sometió a votación, y de una expectativa
de apenas un 20%, sobrepasó a sus contrincantes, y eso que aún no estaban en la
contienda directa.
Porque Milei no es un pan de
Dios, eso está claro. Es un populista de derecha que supo cómo generar un
discurso contundente y sencillo de entender en contra de lo que él llama “la
casta política”. Desenmascaró a los zurdos que gobiernan allí y a los tibios de
centro que se hacen pasar por oposición y no son más que los idiotas útiles al
servicio de un régimen que empobreció a la Argentina, otrora uno de los países
más prósperos del mundo.
Opinadores, políticos, celebridades,
empresaurios de monopolios y demás figuras de izquierda lamentan la intención
de voto por Milei. Han salido a desprestigiarlo y a decir que el señor es un
peligro para la nación. Pero más que para la nación, es un peligro para ellos
mismos. Temen que se les acabe la burocracia, los puestos, los contratos, los subsidios,
las intermediaciones, las exenciones, la competencia desleal. En otras
palabras, que se les dañe el negocio de la política. Por eso todos estos zurdos
del establishment le temen a Milei, incluyendo los que se hacen pasar
por demócratas de centro, que no han servido para nada. No les gusta que una
nueva fuerza de derecha irrumpa en el espectro, pues eso significa la pérdida
de unos privilegios imposibles de recuperar. No les conviene que la gente abra
sus ojos.
En Colombia, por ejemplo,
tenemos el caso de un politiquero de oficio y vendepatria como lo es Humberto
de la Calle, quien salió a quejarse por el peligro que representaba el posible
ascenso de un candidato como Milei, no sólo para Argentina, sino para toda
Latinoamérica. De la Calle y los bodegueros zurdos hablan de que los “fachos” volverán
a ganar las elecciones sólo porque Javier Milei quiere arrasar con el status
quo de los políticos, reducir el Estado y dejar que sean los privados los
que impulsen la actividad económica, además de no financiar las causas que
actualmente el Estado le financia —a nivel internacional— a la Nueva Izquierda.
Desconozco el origen de Milei, sus alianzas, su probabilidad de ser un
antidemócrata por el tinte autoritario que a veces pudiera confundirse con la
pasión con que se expresa. No lo sé, en política no se puede meter la mano al
fuego por nadie. Pero me identifico con las propuestas que hasta ahora ha lanzado
en su país. Por algo hay que empezar. Ojalá gane la presidencia de Argentina y
sea ese león que ruja contra la llamada “casta política”.
No como le sucedió a cierto presidente
en Colombia: toda su vida buscó el poder, y una vez que llegó a él a través de
una simulada democracia, se convirtió en el más ruin de los oligarcas. Si en
Colombia eligieron a un tipo con problemas mentales que está llevando al país a
un abismo, ¿por qué no elegir a otro loco en Argentina? Sólo que este sí sería
un loco bueno; uno que por lo menos entiende cómo sacar al país de esa “cordura”
asfixiante a la que lo llevó el socialismo Kirchnerista. Uno que sabe que el Estado
no tiene por qué meter las narices en el proyecto de vida de cada individuo “basado
en el principio de no agresión y en la defensa del derecho a la vida, la
libertad y la propiedad”, tal como definió la doctrina liberal el doctor en
economía Alberto Benegas Lynch, y cuyo pensamiento adoptó el mismo Javier Milei.
¡Que viva la libertad!






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