sábado, 13 de enero de 2024

Rechazar al pecado, no al pecador

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





    Hace seis meses, miércoles 21 de junio de 2023, para ser exactos, se produjo una noticia que, en otra época menos liberal y desapegada de toda fe en Dios, habría suscitado un escándalo a nivel mundial: la ONU revisó el informe “Madrigal” sobre el uso del ejercicio de la libertad religiosa, concluyendo que era una violación a los derechos LGBT, y le dio la razón a su autora. En síntesis, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU admitió que la religión viola los derechos de las minorías como la del lobby gay. Encontró que existen “contradicciones percibidas entre la libertad de religión y la protección contra la violencia y la discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género”.[1] Así las cosas, la “narrativa progresista” que hoy abandera Naciones Unidas, estará siempre por sobre la “narrativa religiosa” que esta misma unión censura.

    Yo no escuché en aquel entonces a ninguna institución de carácter religioso, a ninguna iglesia cristiana, a ningún sacerdote católico, ni al Vaticano mismo, tan afín a la ideología de la ONU, pronunciarse en contra de aquella determinación: que la religión cristiana es un discurso de odio. El hecho es que el cristianismo cada día sigue perdiendo más y más adeptos, y los pocos que se mantienen firmes en su fe están comenzando a sentir temor ante la ola de persecución religiosa que se les va a venir encima. Si ya la ONU decretó que la religión cristiana promueve el discurso de odio, su siguiente paso, y sobre el cual está trabajando muy asiduamente, es el de condenar, censurar y perseguir a todo individuo u organización que predique la palabra de Dios. En aras de defender los derechos de un lobby a los que nadie se está interponiendo legalmente, la religión, que promueve unos valores de vida contrarios a la ideología LGBT, no tardará en ser expresamente prohibida.



    Lo interesante del informe en cuestión no es tanto que la ONU, modelo de la secularización a nivel mundial, se haya opuesto a la fe cristiana, pues esa postura ya la ha venido tomando desde hace rato, sino la forma como lo hacen sus burócratas: a través de una capacidad discursiva, retórica e imaginativa que ha excedido todos los límites. Como ya no saben qué inventar para destruir la civilización occidental cristiana, ahora se inventan que la doctrina de Cristo es antiderechos, y para ello hacen acopio de todos los recursos de la palabra que pueden utilizar mediante la tergiversación y la manipulación, en la cual son expertos.

    Resulta que la ideología posmodernista no calza con las enseñanzas de la Biblia, lo cual tiene muy molestos a estos progres, que ven incompatibles las enseñanzas de un personaje como el apóstol Pablo, por ejemplo, con las teorías deconstructivistas de estos tiempos en decadencia que quieren a toda costa imponer como si fueran una cosa de obligatorio entendimiento y aceptación. La no admisión de sus teorías por parte de una gran mayoría cristiana implica que se está fomentando la discriminación y la violencia contra quienes promueven los postulados del posmodernismo: igualdad, inclusión y diversidad.

    Para la señora Madrigal, autora del informe que lleva su nombre y que la ONU acogió en su seno como si fuera un dogma revelado, la religión solamente admite la heteronormatividad, lo cual “permite, promueve y tolera la violencia institucional y personal y discriminación contra las personas por su orientación sexual o género”.[2] Afirma también que esto ha resultado en “una variedad de construcciones normativas discriminatorias reforzadas a lo largo del tiempo”. Se queja de las actitudes anti-LGBT de las corrientes religiosas, las cuales no admiten las identidades diversas dentro de sus sistemas de creencias, siendo que un principio esencial de la fe es amar al prójimo como a sí mismo.



    A la señora Madrigal, experta en Identidad de género, no le explicaron que ni la religión ni la Biblia, ni las iglesias cristianas atacan a las personas por la orientación sexual que han decidido elegir libremente. Lo que sí no es posible admitir ni tolerar, porque dentro de los sistemas de creencias constituye una grave falta a la moral cristiana, es la actitud, la conducta, el hecho de incurrir en prácticas homosexuales. Dos cosas diferentes. Las iglesias censuran el acto, no la persona. No se rechaza jamás al cristiano que por alguna razón ha incurrido en esta conducta y quiere cambiar su estilo de vida. No sé en dónde está el discurso de odio que alega insertarse en la ideología cristiana.   

    ¿Que la religión le quita la libertad al hombre al impedirle asumir su orientación sexual como él quiere? Antes bien, la Biblia enseña que Dios le dio al hombre el libre albedrío para que tuviera el discernimiento entre lo que está bien y lo que está mal, y asimismo es el hombre el que elije cómo vivir. Desde luego, al ponerse por fuera de las leyes de Dios, no es factible esperar que la doctrina cambie su postura para que el pecador sea perdonado y aceptado. Así no funciona ninguna fe religiosa. Es al contrario. La persona es quien debe amoldarse a las leyes divinas, al sistema de sus creencias, de la fe que quiere profesar, porque todo en la vida está regido por normas. Aceptar a Dios en el corazón implica dejar de cometer los actos que Dios aborrece. Y los aborrece porque son antinaturales, porque contradicen el principio de la vida, porque la unión entre dos personas del mismo sexo no deviene en la alianza sagrada que Dios estableció y que es llamada matrimonio, que proviene de la palabra Madre, que es dadora de vida. No hay en la religión violación contra los derechos de ningún grupo humano, no se promueve rechazo ni discriminación contra persona alguna. Antes bien, la religión invita a la unión con Cristo, a llevar una existencia sin mácula, a seguir el ejemplo de Jesús.



    Pero pretender culpar a la religión por la violencia contra las personas homosexuales, y encima obligarla prácticamente a cambiar sus postulados de fe para que estas personas no se sientan discriminadas equivale a pretender cambiar las leyes de una empresa, organización o país para que se adapten a mis gustos y preferencias, a mi estilo de vida, a mi declaración de principios personales. Si la organización no hace esto, ¿tendría yo el derecho de acusarla de violenta y discriminatoria porque no me acepta como soy?      

    Tengo muchos conocidos y amigos cuya orientación sexual es diferente a la heterosexual, que es la única que acepta la iglesia. Pero independientemente de sus pecados y de los que cometemos los demás, todos nos reconocemos igualmente pecadores ante Dios. No es que haya unos pecados que se puedan pasar por alto y otros no. Desde luego, los hay más graves, pero la postura religiosa siempre está llamada a amar al pecador y rechazar al pecado, lo cual no quiere decir que para hacer sentir amado al pecador la religión tenga que modificar sus estructuras y validar en ellas la aceptación del pecado, transformándolo en una virtud, o en una condición normal de cualquier cristiano.

    La libertad que Dios le dio al hombre es tan grande, que el hombre puede elegir no ser cristiano si acaso no le gusta la fe cristiana. Dios puede cambiar al hombre, pero el hombre jamás podrá cambiar a Dios, aunque se lo fabrique a la medida.   

    A pesar de que han corrido seis meses desde el análisis del informe Madrigal por parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, lo he vuelto a traer de vuelta en este espacio porque de llegarse a convertir estas recomendaciones en una política legal a nivel internacional, los cristianos-católicos, los cristianos-evangélicos y otras denominaciones religiosas estaremos asistiendo al fin de la profesión de nuestra fe.



    A las minorías sexuales nadie les está negando el derecho de disfrutar de su sexualidad y buscar su felicidad como bien lo consideren. Legalmente, a ninguna persona se le puede discriminar por efectos de su orientación sexual, de modo que no cabe la etiqueta que le imponen a las iglesias cristianas rotulándolas como antiderechos. Si la religión está en contraposición con la conducta de las personas homosexuales, no es para generar ningún acto de violencia o discriminación, sino para alentar una conducta de vida compatible con el punto de vista ético y moral.

    En caso de que los gobiernos interfieran en los asuntos religiosos, como efectivamente pasa en lugares como China, vendrá a tomar forma la pérdida del derecho a la libertad religiosa. Un sacerdote o pastor ya no podrá, desde el púlpito, enseñar la Palabra de Dios según como lo enseña la Biblia por temor a ser perseguido, y de hecho ya está sucediendo en países como Nicaragua, y hace poco, en México, a un sacerdote se le prohibió hablar mal contra la ideología de género porque supuestamente estaba dando un discurso de odio.

    Yo pienso que, así como unos tienen derecho a elegir su orientación sexual, otros tienen el derecho de elegir sus creencias religiosas.


   Me quedan algunas preguntas: ¿debe suprimirse la libertad religiosa para darle relevancia a otra religión, como lo es la ideología de género? ¿Debe una persona creyente abstenerse de opinar a la luz de su fe sólo para no molestar a quienes no piensen de la misma manera? ¿Tiene menos derechos un cristiano por ser cristiano que una persona adscrita a la corriente LGBT por ser precisamente LGBT? ¿Deben las iglesias modificar sus dogmas de fe para normalizar las conductas que hoy son consideradas como pecados con el objeto de que las minorías sexuales no se sientan vulneradas en sus derechos? ¿Entrará el mundo en una época de Nueva Inquisición al revés en donde comenzarán a quemarse las biblias? ¿El problema es obedecer el mandato de Dios o aceptar las transgresiones de los hombres? ¿Quién está detrás de la persecución, no contra el lobby LGBT, sino contra los cristianos? Sería bueno que alguien respondiera.




[1] fsspx.news.  (29 de junio de 2023). ONU: informe califica la doctrina cristiana como discriminatoria. Actualidad. Noticias y análisis de la vida de la iglesia. https://fsspx.news/es/news/onu-informe-califica-la-doctrina-cristiana-como-discriminatoria-29518

[2] Ibíd.

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