Confirmado, comprobado. La evidencia es irrefutable. Yo siempre tuve la sospecha de que los militantes petristas eran unos piojosos, y he aquí que el petrista mayor, el modelo de estadista a seguir, la cabeza más brillante de Colombia; es decir, el mismo Petro, nos dio la razón a los que desde el primer momento lo intuimos.
Supongo que esa es la verdadera explicación de su ya confirmada alopecia. El presidente no se ha quedado calvo por un asunto de edad o de genética, o porque ello sea un requisito para pertenecer a alguna logia masónica, o por un mal procedimiento en un implante folicular hecho por los médicos cubanos que próximamente serán importados a Colombia, producto de la Reforma a la Salud. Nada de eso: el presidente ha tenido que prescindir de su otrora exuberante cabellera (no la que tenía en sus tiempos de congresista, sino la de sus tiempos de guerrillero) debido a que por desgracia fue portador de unos insectos sin alas que succionan la sangre humana: los piojos.
Aclaro que cuando utilizo el término “piojosos” no lo hago en forma peyorativa, o por lo menos no es esa mi intención. En ningún momento estoy diciendo que los petristas son unos sucios, unos desastrados, unos andrajosos, unos miserables. No hablo de eso, Lo que quiero decir es que tal vez su mayor problema se deba simplemente a que tienen piojos en la cabeza, o sea, que sean unos piojosos porque son portadores de este bicho que produce una comezón irresistible, y no por otra cosa. Y si así fuere, habría que dar gracias a la “Madre Tierra”, porque si la cosa es por los piojos, no hay nada que no se pueda solucionar con un buen pesticida, como el que habría que esparcir sobre los cultivos de coca. Algo así como un glifosato, pero para la cabeza.
En todo caso yo siempre sospeché de la comezón petrista porque cada que discutía con uno de ellos y le hacía una pregunta de la cual no podía zafarse tan fácilmente, el primer acto reflejo era llevarse una mano a la cabeza y rascarse como quien está pensando una respuesta inteligente. Al principio creí que se trataba simplemente un mecanismo de compensación, una postura intelectualoide para hacerse ver como gente letrada, pero a medida que el gobierno de Petro fue agravando la crisis del país, a los petristas no les quedó más remedio que hurgarse el cuero cabelludo como si estuvieran frotando la lámpara de Aladino para encontrar algún argumento en defensa de su ídolo. Ahí está la prueba de que lo que tenían no eran argumentos, sino piojos.
Tal vez a esto se deba la pobreza de sus ideas y la incapacidad para razonar: los piojos no sólo han hecho estragos en su epidermis, sino que también les han venido succionando la materia gris. Se han incubado en las neuronas, y el problema se ha agudizado de tal manera, que a estas alturas ya no vale un buen champú antipiojos, sino un trasplante de cerebro.
Por eso preocupa que los piojos, que a nuestro presidente ya le han saqueado los folículos capilares, le terminen carcomiendo el juicio. Eso explica muchas de sus salidas en falso, de sus ínfulas de dictador y de su mala sangre para con el pueblo. Ya entiendo que quien habla no es el representante de una “Colombia humana”, sino de una “Colombia piojosa”.
Según estudios recientes que han hecho los profesores de biología de Fecode, existen dos hipótesis para lo que le está pasando al presidente Petro. La primera hipótesis es que la que él llama “La señora de siempre” le ha generado una cantidad de cortisol tan abrumadora por todos los escándalos que le ha sacado a la luz pública, que hizo que el presidente se estresara más de la cuenta, y por tanto su cabello no resistiera la embestida.
La segunda hipótesis es que podría tratarse de una enfermedad llamada sarna, pero los dermatólogos especialistas aún no han descubierto los túneles bajo la piel que escarba el ácaro responsable de dicha infección. La obsesión de este parásito por cavar túneles es tan intensa que al final termina produciendo lesiones en la piel como ampollas y costras. Quién sabe, a lo mejor ello tenga que ver con el obstinado empeño del presidente en que el metro para Bogotá sea subterráneo. Él, hombre experto en la clandestinidad, sabe que bajo la superficie y en las sombras el mal se mueve a sus anchas.
Pese a todo, las hipótesis quedan descartadas porque el presidente muy seguramente tuvo que aplicar medidas de choque para erradicar el mal de su cabeza. Él tendrá que reconocer su intención de entablar unos diálogos con los piojos y sus disidencias, y de hecho les permitió todo tipo de desmanes hasta que el ardor fue más fuerte que su voluntad de paz total. Intentó tranzar con ellos enviándoles dinero a través de unos cuantos funcionarios corruptos que se le colaron en su gobierno, pero los piojos no se dejaron sobornar. Así las cosas, no hubo más remedio que llevarlos al “suicidio”, como suelen suicidarse los testigos que se vuelven una piedra en el zapato.
Hay que anotar que el prolongado uso de la gorra durante estos últimos dos meses sirvió para tapar el piojicidio que se estaba llevando a cabo en la mollera presidencial. Por los espinosos temas de la paz que abandera el gobierno, no era conveniente dejar ver los cadáveres de los piojos auto masacrados con el pediculicida que, según Medicina Legal, los piojos mismos esparcieron sobre la cabeza del presidente para inmolarse. Una aclaración: cuando menciono la palabra pediculicida en ningún momento estoy insinuando que el caballero en cuestión tenga alguna tendencia o aberración de esas que son tan comunes hoy en día, gracias a la ideología de la Nueva Izquierda.
Yo sólo espero que este lamentable episodio por el que atraviesa nuestro presidente Petro no sea tomado como motivo de burlas y como pretexto para crear memes en las redes sociales habiendo cosas tan importantes que discutir en Colombia, como por ejemplo el rescate de los cadáveres de los “obreros revolucionarios” que construyeron el Canal de Panamá hace más de cien años.
Es que no veo por qué hay que reírse del aspecto físico del presidente. Un petrista jamás haría eso ni siendo caricaturista. Jamás se ha tenido noticia de que en otros gobiernos los petristas se hayan burlado por los zapatos que usa un mandatario o porque este se parezca a un animal de buen sabor. Esta noble gente que siempre se distinguió por la mesura y el respeto al que piensa diferente jamás se hubiera atrevido a hacer un chiste de mal gusto sobre la apariencia de un contradictor. El expresidente Duque puede dar fe de eso.
Pero tampoco hay por qué alarmarse por esta pérdida de pelaje. Según la ciencia, muchas especies animales (incluido el hombre) se quedan sin pelo cuando afrontan una etapa crucial de su desarrollo. En el suborden de los miomorfos, mamíferos roedores Rattus, por ejemplo, estos mudan su pelaje al promediar su edad adulta y sobre su cuero crece una pelambre roída, cochambrosa y dispareja de consistencia débil y espinosa en algunos tipos, o lanuda y espesa en otros, muy similar a lo que está ocurriendo hoy sobre la cabeza del presidente.
No sé si sea ese su caso, pero ya habría que acudir a un taxonomista muy versado para que aclare si el presidente pertenece a la especie de las ratas o no. Al menos en su equipo de gobierno ya se ha descubierto que se filtraron unas cuantas. Se dice que unas están en Londres, otras en Italia, y otras presiden algunos ministerios, dirigen empresas del Estado y oficinas de prosperidad social.
Seguiremos informando cómo evoluciona la salud capilar del presidente. De momento se están recibiendo donaciones de gorras en la Casa de Nariño con todo tipo de estampados y símbolos culturales a nivel mundial, excepto aquellas que tienen la estrella de David.
Los dejo por hoy: ya ha comenzado a picarme la cabeza y eso sí que me preocupa, no tanto porque me quede calvo, que es muy posible de aquí a unos años, sino porque corro el riesgo de volverme petrista.






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