domingo, 21 de julio de 2024

Escándalos, vergüenzas y humillaciones

Por Juan Felipe Giraldo Trejos






    ¿Habíamos tenido la oportunidad de ver corrupción en los gobiernos anteriores? Sí, de todas las maneras posibles se han robado las empresas del Estado, han hecho desfalcos, fraudes, triquiñuelas, alianzas con criminales. Siempre ha estado la corrupción a la orden del día en la política colombiana y de todo el mundo, y cada vez es un fenómeno que va in crescendo. ¿Habíamos visto anteriormente un gobierno más corrupto que el que tenemos actualmente presidido por el guerrillero Gustavo Petro? No, a tal colmo no habíamos llegado. Y es tanto el descaro que hasta la dignidad de llamarle “presidente” le queda grande al sujeto que hoy nos desgobierna.

    Son tantos los escándalos y tan graves a lo largo de estos casi dos años en que Petro ha disfrutado de las mieles del poder, que si me pongo a enumerarlos me quedaría muy larga esta entrada. Además, que ya que estamos asqueados con las noticias que a diario nos produce este apátrida, porque prácticamente se utiliza un escándalo para tapar el otro, como si esa fuera la metodología de un gobierno que ha batido todos los récords de la deshonra y la humillación para un país que no se merece este oprobio.


    Es que ya de nada le sirve al presidente la estrategia de taparlo todo, de pagar bodegueros en las redes sociales para que desvíen la información y sesguen la opinión, de hacer desaparecer las evidencias y hasta los testigos en caso de ser necesario, de acusar a los contradictores de nazis, de fachos y de cuantas más ofensas a bien tenga para tildar a los demás de lo que él mismo es, de culpar a los que se han salido de su redil o a los que ha tenido que aventar al agua cuando las pruebas han sido más que contundentes. Puede decir que la culpa de su debacle es de la oposición, de la revista Semana, de los uribistas, del imperio yanqui, de los blanquitos ricos, de Israel, de la Mossad, de Donald Trump, y hasta del patriarcado, pero la verdad es que ya nadie le cree a este gobierno encabezado por un presidente guerrillero que jamás colgó el fusil y que lo único que pretende es llevar al país por el camino de la derrota que él ha transitado desde que nació, pues siempre piensa, habla, escribe y actúa desde allí: la derrota es su fortín; Petro es un gran perdedor, y el perdedor desvergonzado jamás hará algo por ganar, sino que lo quiere es que los otros también pierdan para ser un tuerto en tierra de ciegos.

    Los ciudadanos estamos cansados de la política y la estafa. Ya no quisiéramos ver los noticieros para no tener que verle la cara a esa cáfila de bandidos que nos someten y se están robando el producto de nuestro trabajo. Y no sólo Petro y sus amigos, sino quienes le están haciendo el juego para aprobarle todo, para recibirle todo y para no juzgarle nada. Ahí caben los congresistas, los magistrados de las cortes que no hacen respetar la Constitución que este señor se está llevando por delante, los encargados de administrar justicia, los organismos de control, las agencias de seguridad e inteligencia; en fin, los funcionarios de las tres ramas que están permitiendo el saqueo con toda impunidad, seguro porque ya están compradas sus conciencias. Los políticos, en general, que le han permitido al gobierno tranzar con delincuentes y asesinos sin que esto amerite la mínima investigación.


    Pero qué se puede esperar, si ya tienen fiscal de bolsillo y esta nunca les va a tocar un pelo. Eso que criticaban del gobierno anterior por aparentemente tener al fiscal de su lado es lo mismo que están haciendo ahora, pues hay que ver cómo esta Fiscalía General de la Nación no actuará en ningún proceso contra la cúpula del cartel que se apoderó de este país. No por nada al hijo corrupto del presidente corrupto le cambiaron el fiscal para que el juicio no avance y quede libre muy pronto por vencimiento de términos. Ya está.

    Hasta nos alcanzaron a ilusionar con un juicio político. Otro engaño más de una oposición que es disidencia controlada. Siempre hemos sabido que en este país no hay quien le haga un juicio político al indeseable porque los encargados de juzgarlo están con él. El sistema todo está bajo su control. Petro no tiene oponentes políticos ni civiles de peso, de modo que las tiene todas consigo para perpetuarse los años que él quiera.

    Los escándalos no cesan en el “gobierno popular e intergaláctico del cambio”, como diría el periodista Samuel Ángel. Tanto así que al interior de la organización petrista hay una serie de divisiones y peleas que darían la impresión de que el reinado se está desmoronando, o al menos eso es lo que nos quieren hacer creer.


    No obstante, Petro avanza con su quimera de la Constituyente y poco a poco aclimata el ánimo para que esta finalmente sea recibida por el pueblo, pues de tanto escuchar la propuesta va a terminar normalizando su puesta en marcha, y cuando menos piense se verá atrapado en un punto de no retorno. Constituyente comunista, no le busquen más a eso. Constituyente para que las guerrillas sean “actores de paz” a los que hay que sostener económicamente por los siglos de los siglos… la extorsión institucionalizada. El ELN, las Farc y la Primera Línea como sustitutos de nuestro menguado Ejército Nacional y nuestra vituperada Policía por causa de su principal enemigo, que es el que está a la cabeza. Constituyente que arrastrará por el suelo el principio de libertad, el ideal de democracia, el concepto de propiedad privada, la libertad de expresión. Constituyente para seguir dividiendo y polarizando al país, para que la casta política se encumbre y se solidifique cada vez más y sea imposible reemplazarla por las vías de la democracia. Constituyente para enriquecer a los políticos a costa del esfuerzo de los que no viven del Estado, quienes por su parte serán empobrecidos apenas les quiten su medio de sustento a punta de impuestos, inflación y desempleo. Constituyente para seguir alimentando y engordando parásitos. Constituyente para consolidar el proyecto de la “potencia mundial de la infamia”.


    Mientras tanto continúa la danza de los millones, como en los tiempos en que se encendían los cigarrillos con billetes de tanto que abundaban. Así están Petro y sus “cuarenta ladrones”, braceando en la piscina de monedas de oro, cual Tío Rico de la mafia que a través de contratos con sus funcionarios se ha robado todo de la nación. Dinero para dar y convidar, y hasta para financiar al ELN, porque Petro ya lo sugirió alguna vez, sólo que no pensamos que hablara en serio. Y sí, resultó ser tan cierto, que ahora el nuevo escándalo del gobierno es que financia a la guerrilla con la plata de los colombianos.

    En otro tiempo, esto habría sido causal de cárcel para el presidente. Pero la respuesta del ilegítimo es muy sencilla: tratar de paramilitares a quienes denuncien sus canalladas. Porque todo se trata de un juego de campaña sucia contra su gobierno de parte de “la prensa que difunde cadenas de fake news”. O la ultraderecha, como la llamaría él. Ahora resulta que sus viejos amigos que lo llevaron al trono y que hoy están bajo la mira de las autoridades son paramilitares. Ya no le sirven a Petro para sus propósitos.


    Escándalos, vergüenzas, humillaciones, todo un coctel molotov de explosión controlada para que no quede duda a quién fue que los colombianos llevaron al poder. Desde luego, los petristas de corazón no están arrepentidos, aunque en público hallan dicho que sí. Lo que pasa es que les queda muy engorroso aceptar que nos entregaron al verdugo, pero estoy seguro de que volverían a votar por ese diablo si pudieran hacerlo, porque así es la izquierda resentida. Por eso no creo en eso del petrista arrepentido, no lo hay. Ahora están negando a su señor porque los ha hecho quedar mal, pero esperarán la próxima elección para respaldarlo soterradamente.

    El resto, que no sonamos ni tronamos, que somos el pueblo a secas, nos tocará seguir resistiendo hasta donde sea posible y no acostumbrarnos al cinismo con el que nos quieren embelesar. Para empezar, rechazar esta infamia con vehemencia y declararlo con las palabras para no caer en la espiral del silencio. Jamás sometidos, jamás entregados, jamás complacientes con los escándalos y mucho menos apaciguados con la humillación.

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