La noticia de esta semana que acaba de concluir corrió por cuenta del cierre, o más bien del recorte presupuestal de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) por parte del gobierno del presidente Donald Trump.
Miles de voces progresistas alrededor del mundo han resentido este episodio y lo califican como “un atentado contra el propósito noble de fomentar la estabilidad económica y política en regiones vulnerables”.[1] También lamentan que con la suspensión de los recursos para esta agencia se acabarán muchas iniciativas que buscaban canalizar fondos para la mejora de la salud, la educación, la agricultura y el desarrollo económico sostenible, así como el fin de la lucha contra el hambre, la pobreza extrema y las enfermedades como el VIH, la malaria y la tuberculosis. Según los defensores de USAID, sin esta agencia, el mundo será un lugar peor.
Lo que no aceptan, es que si el organismo de USAID se utilizaba para donar millones de dólares a diversas causas de la izquierda mundial de cuenta de los contribuyentes estadounidenses, lo lógico es que ese chorro de agua se tenga que cerrar. Es entendible que cada movimiento político-ideológico financie sus propias causas, pero lo que no es justo es que esto se haga con el dinero público. De hecho, si ha de utilizarse el dinero de los contribuyentes para realizar asistencia humanitaria, pues que sirva para favorecer a quienes realmente sean cooperantes con las políticas del gobierno norteamericano, y en el caso presente, con las propuestas ofrecidas en campaña por el mandatario que hace poco más de tres meses eligieron los ciudadanos en democracia. En conclusión, hay un nuevo capitán al mando cuyos intereses son diametralmente opuestos a los de la administración anterior. Este tiene otros objetivos en mente para el bien de su nación, y considera que debe hacer aquello para lo que lo han elegido sus votantes.
Lo cierto es que con el regreso de Trump a la Casa Blanca, el nuevo orden mundial que se venía consolidando será materia de una profunda restructuración que pateará el tablero de juego y reacomodará todos los elementos de la geopolítica bajo una nueva configuración. El imperio intervencionista de los Estados Unidos llega a su fin porque a la cabeza está un hombre que no quiere seguir manteniendo la posición de un Estados Unidos como Policía del Mundo. Si la potencia del Tío Sam se ha beneficiado históricamente del colonialismo mundial, ahora, en la era Trump, ese colonialismo pretende ser parte del pasado. De modo que los que en otro tiempo criticaban los imperios no deben quejarse porque el imperio del norte ya no les quiera financiar más sus falsas banderas revolucionarias.
Pero todo tiene un modus operandi, y así como USAID es una agencia dependiente del gobierno americano, existen también otro tipo de instancias de carácter no gubernamental que se están arrogando todo el poder para sí. Véase el caso de Naciones Unidas y el Foro Económico Mundial. Ese poder intentando imponer una gobernanza global no tiene el visto bueno de Donald Trump, y USAID sí que caminaba de la mano con todas estas estructuras responsables de causar el caos y la desestabilización en las naciones.
Karoline Leavitt, la portavoz de La Casa Blanca, dio a conocer un listado de los despilfarros de la USAID financiando toda la agenda progresista internacional con la plata de los ciudadanos estadounidenses.[1] Además de comprobar que se realizaron aportes para óperas transexuales en Colombia, un cómic transgénero en Perú y hasta un musical feminista en Irlanda, lo más indignante de todo no ha sido tanto eso, como la corrupción con la que se manejaban las partidas, las cuales no eran para beneficiar a los países pobres, sino más bien a particulares muy ricos. Se usó el pretexto de la ayuda internacional para favorecer intereses de corporaciones como Open Society Foundation u organizaciones “filantrópicas” y medios de comunicación con marcados intereses políticos y económicos en favor de una élite corrupta y poderosa enquistada en las oficinas del gobierno y en agencias como la CIA, cuyas operaciones injerencistas en la política de otras naciones se pudieron llevar a cabo gracias a la fachada de USAID, según lo manifiesta el columnista Rafael Muñoz Canessa.[2]
Lo que arrojó el hallazgo, expuesto por la portavoz de la Casa Blanca, es que en realidad USAID hacía parte de una red mundial que en nombre de la ayuda humanitaria colaboraba en actividades de espionaje, financiación de revoluciones culturales e intrusión en la política de las naciones extranjeras para crear caos, de la mano del Pentágono y de la CIA, y con la anuencia del Departamento de Estado de los Estados Unidos bajo la administración de Joe Biden.
Desde que USAID fue creada en 1961, su objetivo inicial era el de proveer ayuda a países en vías de desarrollo a través del mejoramiento de las condiciones educativas, sanitarias, económicas y de salud, así como la promoción de la democracia y la “buena gobernanza”. Pero esas intenciones, lejos de cumplirse, solamente fueron el pretexto para hacer de los Estados Unidos un imperio interventor y esclavista durante mucho tiempo. Es cierto que gran parte de la riqueza de esta potencia ha sido a costa de la explotación y el sometimiento por la vía comercial (tratados de libre comercio), política (acuerdos bilaterales en los que los países pobres salían perdiendo) y diplomática (condicionamiento de visados y otras medidas para mantener la hegemonía en la región) de otras naciones que no pueden ofrecerle resistencia. Pero ahora que a la cabeza se encuentra alguien que piensa en contravía de todo ello, la progresía mundial lamenta que Estados Unidos renuncie a su papel de mecenas de todas aquellas causas que al final irán en detrimento del mismo Estados Unidos.
Sólo que no se cree que sea así porque durante toda la vida USAID siempre generó un impacto positivo en el mundo. Su imagen se asoció a la caridad, al amor por la humanidad, a la buena voluntad. Pero de eso se trataba, precisamente, la intención encubierta: aprovecharse de la noble fama de una agencia internacional para utilizarla políticamente en beneficio de un sector ideológico que lo que en realidad ha buscado por todos los medios es llevar a Estados Unidos a la destrucción.
Aparte de dar dinero a ONG’s y fundaciones privadas, se halló que también financiaba ejércitos extranjeros; grupos terroristas; medios de comunicación simpatizantes de dichos grupos; todo tipo de organizaciones que encabezaran los movimientos woke como el feminismo radical, la justificación de la inmigración ilegal, la agenda LGBT…; la promoción de la ideología de género y el aborto bajo el eufemismo de “salud sexual y reproductiva”; políticas de equidad “antiracistas” por medio de la discriminación inversa; además de financiar universidades y centros de formación y adoctrinamiento, y en general, cualquier causa que conllevara a crear el caos y la desestabilización política y económica en el mundo. ¿Es eso realmente ayuda humanitaria, desarrollo de los pueblos, asistencia social?
Cuántos años llevan agencias de este tipo dizque ayudando a combatir la pobreza, el hambre, la inestabilidad económica, la desigualdad, los problemas de salud y medioambientales, recibiendo millones de dólares de los contribuyentes sin que la situación mundial haya cambiado para nada, sino al contrario, reflejando un mundo en el que la pobreza sigue en aumento, el hambre y la violencia se han multiplicado y las injusticias prosperan por doquier. ¿A dónde se han dirigido los recursos entonces?
Nos preguntamos cuál es la razón de desviar todos estos fondos que recibía USAID de parte del gobierno si al final los resultados de estas inversiones se volverían contra el mismo gobierno que los patrocinó. La respuesta es muy simple. Es que todas aquellas causas que alientan movimientos antiamericanos conllevan revoluciones para implementar el socialismo en el mundo o cualquier otra clase de sistema totalitario. El atentado no es contra el gobierno de los Estados Unidos, hasta hace poco conducido por el partido demócrata, sino contra la nación de los Estados Unidos, dos cosas muy diferentes. Porque la élite que gobierna y sus grandes fundaciones y corporaciones no se acabarán jamás, pero el pueblo que constituye esa nación sí quedaría derrotado, y ya se sabe lo fácil que es tomar control de un pueblo que no tiene nada que perder, y que tan solo por un bocado de comida se somete al dominio perenne.
De ahí que no es cierto que la decisión de cerrar parcialmente a USAID vaya a tener consecuencias devastadoras para la humanidad, por aquello de que se corta de tajo la inversión en desarrollo, la seguridad nacional y el bienestar global. Mentira. Se verán a gatas aquellos que siempre han vivido de las dádivas con las cuales poder alimentar su discurso de “ayuda humanitaria”, para así seguir recibiendo dinero a manos llenas con el pretexto de estar “trabajando por la paz y la seguridad mundial”. Todo ha sido careta (y carreta), fachada, engaño. A buena hora decidió Trump cortar la financiación del progresismo internacional que tanto daño le ha hecho a las naciones, y que en realidad solo se lucra a costa de la necesidad de los pobres para seguir engordando sus burocracias con el dinero de los impuestos de aquellos que poca o ninguna ayuda reciben.
Se les acabó el marrano, señores de USAID, señores de ONG’s, agendas del wokismo, militantes de la progresía, medios hegemónicos, periodistas prepago, universidades vendidas a la ideología en lugar de contribuir a la enseñanza de la ciencia. Ahora tendrán que ver lo que es ganarse la vida honradamente, trabajando duro. Porque la ayuda humanitaria sí debe existir, pero para el que de verdad la necesite, que en este caso, es primero el ciudadano estadounidense, el dueño real de la plata que le dan a otros.
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[1] USAID 2025: Las repercusiones del cierre de la agencia de cooperación dentro de Estados Unidos | RPPUSA | RPP Noticias
[2] USAID Spends Millions on Diverse and Inclusive Projects. (s.f). https://bostontimes.org/2025/02/04/usaid-spends-millions-on-diverse-and-inclusive-projects/
[3] Rafael Muñoz Canessa (27 de febrero de 2025). La USAID: ¿Un tapadero de la CIA
https://www.linkedin.com/pulse/la-usaid-un-tapadero-de-cia-rafael-mu%C3%B1oz-canessa-r7sje/






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