sábado, 12 de julio de 2025

Un comunista con Iphone devorando la Gran Manzana

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

Columna







     Si hay que hablar de una ciudad que represente al mundo entero en tan solo una superficie de mil doscientos catorce kilómetros cuadrados, no cabe duda de que esa ciudad es Nueva York. No en vano la llaman la capital del mundo. Lo que no se encuentre en Nueva York en materia de fauna humana, no lo encontrarás en ninguna otra parte. Más de 180 idiomas pueden ser hablados allí de manera casual en los diferentes barrios y distritos que la componen, porque es una cápsula cultural única. A cualquier hora del día, en cualquier vagón del Subway, que es la insulina que transporta la energía vital de la metrópoli, te puedes encontrar arquetipos de todas las razas y nacionalidades sentados uno al lado del otro, como si se hubieran dado cita allí para una convención de diversidad cultural: hispanoamericanos, afroamericanos, indios, árabes, caucásicos, chinos, indochinos, europeos, oceánicos; en fin, que es un lugar donde nadie se queda sin representación, incluyendo a los neoyorquinos americanos natos; sí, esos gringos rubios de ojos verdes que ya hoy son minoría. 
     
     Pues bien, esta introducción sobre el multiculturalismo y el multi-etnicismo de Nueva York es para señalar hasta qué punto la ciudad dejó de ser norteamericana para convertirse en una ciudad del ámbito global, tanto que hoy día se figura que un inmigrante musulmán chiita, activista por la “liberación del pueblo palestino”, llegue a ser la máxima autoridad de la metrópoli en las elecciones programadas para noviembre.




     Resulta que el pasado 25 de junio se llevaron a cabo las elecciones primarias del Partido Demócrata para la alcaldía de Nueva York. El ganador, fiel representante de esa diversidad cultural que tiene la ciudad, fue el candidato Zohran Kwame Mamdani, un inmigrante indio, hijo a su vez de inmigrantes musulmanes y especialista en estudios africanos. En él convergen, tanto las raíces indias, como las africanas. Contrario a lo que se quiere mostrar, no es de origen humilde: su padre, nacido en Bombay y criado en Uganda, es un académico especializado en estudios poscoloniales y fue funcionario del Congreso Nacional Indio. Su madre, de ascendencia hindú punjabí, tuvo la oportunidad de estudiar Sociología en una universidad prestigiosa de Nueva Deli, y luego, becada en Harvard, hizo una carrera en artes audiovisuales. Desde luego, la mayoría de sus films han sido patrocinados por el Estado a través de organizaciones filantrópicas que la han subvencionado. No es de extrañar que con esta ascendencia, Mamdani sea un promotor del control estatal de los medios de producción, erigiendo al Estado como la fuente de poder supremo.

     Desde ya se perfila como el candidato más fuerte para quedarse con el puesto de Mayor de la ciudad en los comicios que se llevarán a cabo el próximo 4 de noviembre de 2025. Luego de vencer en las primarias a figuras de la talla de Andrew Cuomo, ex gobernador del Estado de Nueva York, y a Brand Lander, Mamdani se enfrentará en la elección definitiva al mismo Cuomo, quien decidió relanzarse por un partido independiente; a Eric Adams, actual alcalde de la ciudad que busca su reelección; y a Curtis Sliwa, el candidato del Partido Republicano, de espíritu combativo. 
     
     Su triunfo inicial, considerado una sorpresa política, lo está catapultando a ser el próximo alcalde de Nueva York. Dicen los medios que es ahora el más opcionado y que sus propuestas progresistas de congelamiento de alquileres, gratuidad del transporte y aumento del salario mínimo a 30 dólares la hora, están despertando la simpatía de los votantes potenciales. Pero ¿quién es este Mamdani y qué intención se vislumbra realmente detrás de sus propuestas? ¿Le convendría a Nueva York un líder de orientación marcadamente izquierdista, mucho más que la del actual alcalde Adams?




     No es para nadie un secreto que Nueva York se haya en una decadencia sistemática desde hace algunos años. El reconocimiento como ciudad santuario para recibir a toda clase de inmigrantes ha afectado mucho la seguridad, la limpieza y el orden de la antigua Gran Manzana, que viene en un retroceso crítico, asemejándose cada vez más a la distópica Ciudad Gótica del atormentado Batman. Parte de esta decadencia se debe a políticas progresistas que han implementado los últimos mandatarios y que han dado al traste con el otrora sueño americano, convirtiéndose en una pesadilla para quienes en alguna época de su vida lo cumplieron y ya están allí radicados, y para quienes apenas aspiran a hacerlo realidad.

     Con la posible llegada de Mamdani al primer cargo de la ciudad, la capital del mundo podría ahondar en su caos urbano y colapsar cuando los choques culturales, producto de las oleadas de migrantes con valores tan diferentes y opuestos al espíritu de la unión americana, provoquen una crisis irreversible hasta el punto de que “la ciudad que nunca duerme” se convierta en un insomnio de pánico permanente. 

     Pero el problema más grave no es tanto el de los migrantes pobres que se cuelan por la frontera y van a parar a Nueva York, y que al fin y al cabo están buscando un plato de comida y la oportunidad de salir adelante honradamente (aunque sin documentos) que no tuvieron en sus países de origen. El problema es cuando quienes migran, aparte de no compartir la cultura ni los valores originales de una nación formada bajo ciertas concepciones de la fe, la familia, la patria o el trabajo, tienen la posibilidad de llegar a un cargo de poder político e intentar transformar todo eso desde adentro, modificando así el ethos de un pueblo que se forjó con un sentido muy diferente. Ese pudiera ser el caso del joven Mamdani, que a pesar de que ya es candidato a sus escasos 33 años, me genera todos los temores.




     Es cuando menos paradójico que un musulmán socialista pretenda ser la primera autoridad de la ciudad cuyo símbolo es la libertad. Paradójico, teniendo en cuenta que Nueva York pondera un espíritu libre y es el centro mundial del capitalismo. Si uno revisa a vuelo de pájaro las propuestas de Mamdani, se puede percibir allí un tufillo social-wokista que no deja de inquietar. Por ejemplo, el congelamiento de alquileres, los supermercados públicos con precios controlados gestionados por el gobierno local, la transformación de 50 escuelas en centros de “resiliencia climática”, la gratuidad del transporte, la creación de la Oficina de Asuntos LGBTQIA+, o el aumento de impuestos y del salario mínimo hasta llegar a 30 dólares la hora para 2030, son medidas que solamente se consiguen a través de la vieja fórmula conocida: los privados serán los que tendrán que financiar todo el aumento del gasto público. En otras palabras, para que un segmento de la población reciba ciertos beneficios, habrá que restringírselos a otro segmento que ya trabajó y pagó por ellos.

     Desde luego que el Estado de bienestar es muy importante conservarlo, y más en una nación que siempre se ha preocupado por la gente, pero ese bienestar debe estar sustentado sobre una productividad generada por la empresa privada. Si se aumentan los impuestos a las grandes corporaciones para financiar programas sociales, se corre el riesgo de que a largo plazo desaparezcan tanto corporaciones como programas. Pero Mamdani, que se llama a sí mismo un “socialista democrático”, propende por una distribución real de la riqueza y una lucha encarnizada contra la desigualdad de ingresos. Dos conceptos que son marcadamente socialistas: distribución, desigualdad. No habla de generación de riqueza, que sería realmente la forma como se combate la pobreza. Porque si habla de desigualdad, no le apunta a que los pobres ganen tanto como los ricos, sino al revés: que los que hoy son ricos, o más bien clase media, sean tan pobres como los pobres. Ese es el peligro con este tipo de propuestas populistas que ofrecen la gratuidad como una forma de ayudarle a los más necesitados para que sigan hundidos en la pobreza.




     En el tema de la seguridad tampoco me deja tranquilo cuando afirma que “la violencia es una construcción artificial”. Me pareciera oír al patético presidente de Colombia cuando dice que si se deja de llamar delito al delito, entonces habrá menos delito. Y así está Mamdani, como todo un candidato de república bananera en la urbe más reconocida del mundo. ¿Y qué es eso de comprar las viviendas gradualmente en el mercado privado para convertirlas en propiedad comunitaria? Pues es comunismo puro y duro, de ese que va poco a poco absorbiendo la propiedad privada para hacerse con ella impunemente.

     Queda en manos de los electores neoyorquinos el futuro de su ciudad. Si se depuran por este joven comunista y oportunista activista pro-Palestina, doy por sentado que el futuro que le espera a Nueva York será desolador: aumento de la inseguridad por desfinanciación de la Policía y tolerancia al delito, aumento del consumo de drogas, aumento de los impuestos, aumento del costo de vida, aumento de la insalubridad, violación a la propiedad privada, restricción a la libertad política y religiosa, impulso de la ideología progresista para generar pérdida de identidad, desarraigo por la patria chica que le pertenece a todos, pero que en realidad no es de nadie. Todo eso lo profundizará Nueva York más de lo que ya está en caso de elegir a Mamdani como alcalde, porque sería la extrema izquierda caviar gobernando en el centro financiero mundial: nada más y nada menos que un comunista con Iphone devorando la Gran Manzana.



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