(Columna)
Se está hablando mucho de paz por estos días. El Comité Noruego del Nobel, con sede en Oslo, le concedió el Premio Nobel de Paz a María Corina Machado “por su incansable lucha a favor de la democracia de Venezuela”.
Ayer, viernes 10 de octubre, se hizo el anuncio oficial al mundo. La líder opositora más férrea contra el régimen dictatorial de Nicolás Maduro, dedicó el premio al “bravo pueblo de Venezuela”, y expresó que este reconocimiento impulsa la lucha por la libertad de su país. También le agradeció al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, por el apoyo recibido y porque en los actuales momentos tiene en jaque al dictador y a sus secuaces por encabezar esa conspiración para introducir drogas al país del norte, llamada El Cartel de los Soles. Existen voces a favor y en contra de este reconocimiento para María Corina. Veamos.
Voces a favor
A favor de ella se puede decir que ha sido una luchadora y aguerrida mujer que ha puesto al régimen contra las cuerdas. Nunca en los veinticinco años que lleva la dictadura chavista se le ha visto tan desdibujada en su imagen y tan aislada del mundo democrático. Ha perdido el espaldarazo de los países que en otro tiempo apoyaban el Socialismo del Siglo XXI, incluyendo otras dictaduras como la china y la rusa, y eso no solamente es por la lucha que ha hecho María Corina Machado desde adentro, sino por la llegada en enero del presidente Trump al poder en los Estados Unidos, el cual pateó el tablero geopolítico que se tenía hasta el momento y está comenzando a instaurar otro orden desde afuera. Bastaría con que moviera un dedo para sacar al narcotraficante de Nicolás Maduro directo a una cárcel en La Florida, pero quiere ser precavido para no sacrificar civiles innecesariamente.
Si algo ha hecho María Corina por su país, es jugársela por la democracia, al punto de que decidió apostar por unas elecciones que sabía que se las iban a robar, nada más para demostrar por enésima vez que en Venezuela la democracia es una farsa y que todo lo controla el régimen. Al final lo demostró y asestó el golpe de credibilidad más fuerte que ha sufrido el dictador. En eso hay que reconocerle su valor. Los que hoy celebramos el premio de María Corina Machado somos los demócratas, los partidarios del mundo libre, los que no queremos comunismo en ninguna parte de la tierra. Porque así ella aún no haya logrado la paz para su país, logró algo muy importante para el mundo: unirse en contra de la dictadura socialista. Lo primero es lo primero. Sacar a Maduro y a sus lugartenientes mafiosos, y después ver bajo qué principios ideológicos remiendan ese país, que no se recuperará de su retroceso ni gobernando diez María Corinas en seguidilla.
Voces en contra
En contra de ella están los malvados de esta historia: los dictadores, los narcotraficantes, los comunistas, los violentos, la progresía chillona en pleno que solo llora por el ojo izquierdo y que en este momento solo escupe veneno contra María Corina. Si uno tiene esta clase de enemigos, quiere decir que va por buen camino. Por lo menos los casi diez millones de venezolanos que han tenido que salir huyendo de la dictadura la deben de apoyar: la gente común y corriente, la gente trabajadora, la gente honesta.
En contra de ella están los socialistas y algunos radicales trumpistas, que a la vez son los más puristas de los principios de derecha, y que ven en María Corina a una opositora de mentiras; a un caballo de troya que soterradamente está dándole fuerza al régimen al haberse prestado a participar con un candidato de su movimiento en unas elecciones con apariencia democrática en medio de una dictadura despiadada.
Comencemos por los segundos, los del ala más trumpista y de derecha. Ni siquiera el presidente Trump reniega del premio para María Corina, sino más bien la felicitó. Un sector de seguidores suyo ve con recelo que ella, siendo una opositora tan aparentemente encarnizada del régimen violento, todavía sigue libre en Venezuela y la Guardia Bolivariana, que debe saber en dónde está, todavía no haya ido por ella. Ven con extrañeza cómo todos los youtubers y medios de comunicación la encuentran fácilmente y que los únicos que no puedan hacerlo sean los esbirros de Maduro. Para aquellos, ella es un instrumento servil a la dictadura: parte de la disidencia controlada, además porque ha sido ella el freno para una intervención armada en Venezuela por parte de Estados Unidos, ¿por qué?
No les faltan tampoco razones de peso a quienes cuestionan este Nobel para la opositora venezolana. De hecho, lo consideran un arma de doble filo. ¿Cómo espera María Corina que caiga la dictadura y que Venezuela sea libre si no es con una intervención armada en la que obligatoriamente tienen que haber muertos y heridos? ¿Pretende acaso que Maduro salga por las buenas? En ese caso peca de ingenua, o hace las veces de idiota útil de la dictadura. Ahora con el Nobel de Paz no le queda bien a ella decir que si toca sacar a Maduro con los pies por delante, hay que hacerlo. Tal vez ese fue el salvavidas que el Comité Noruego, zurdo por antonomasia, le lanzó a Maduro para seguir preservándolo con vida; para frenar a Trump, ahora que el mandatario norteamericano también está consolidando su imagen de hombre de paz en Gaza. Así las cosas, no podría haber intervención militar en Venezuela y Trump tendría que retirar sus tropas y dejar que el cartel siga haciendo de las suyas, todo en aras de la paz que estaría siendo reivindicada a través de la reciente Nobel.
El Comité Noruego, que ha estado galardonando durante los últimos años a líderes del progresismo mundial (véase el caso Obama y Juan Manuel Santos, por ejemplo), no puede ya hacerse el ciego ante las tropelías que desde los activismos de izquierda se vienen cometiendo contra los derechos humanos. Lo que tanto decían defender ahora es lo que menos les importa: han traicionado su causa, demostrando que nunca fue verdadera.
Quizás por ello el Nobel de Paz es un merecimiento que hoy está mucho más cercano a los líderes de derecha que a los de izquierda, como es el caso de Donald Trump, el real merecedor de ese premio. Y con seguridad, si acaso el Comité no se vuelve a torcer, debe ser el personaje postulado más importante al premio del año 2026.
Y aunque María Corina Machado no es una líder de derecha propiamente, sino más bien de la social-democracia, que también tiene su germen progresista, hoy goza de un prestigio que la hace parecer de ultraderecha en el contexto de una dictadura socialista. Están tan graves las cosas en Venezuela, tan permeado el país por el Foro de Sao Paulo, que no hay una verdadera derecha, y lo más parecido que se pudieron conseguir fue a María Corina Machado, que todavía aspira a una salida pacífica del dictador y le pide a Donald Trump que no realice intervención militar. Ahora que es Premio Nobel de Paz, no le quedará bien a ella abogar por esa opción que de todos modos contempla el derramamiento de sangre. Ella no lo puede permitir con el reconocimiento que le acaban de dar: no hablaría muy bien de su pacifismo.
Tal vez ese sea el freno que el globalismo, a través del Premio Nobel, le haya querido imponer a Donald Trump para que no haga intervención militar en Venezuela. Los otros que se encuentran enardecidos por este premio son, cómo no, los zurdos más zurdos y recalcitrantes. Petro, el gran perdedor de la humanidad, no ha podido contener su furia ni su envidia. Se está remordiendo porque quería ese premio para él, y todos los premios que reconozcan el liderazgo de alguna personalidad en cualquier campo. Quiere pasar a la Historia como alguien relevante en el planeta, pero no es más que un monigote que delira con reconocimientos en su narcotizada mente. Otra que tampoco lo puede soportar es la femi-socialista presidente de México, la señora Sheinbaum, que para no morderse la lengua y envenenarse, dijo que el premio de María Corina no le merecía ningún comentario. Ni siquiera por solidaridad con una persona de su mismo género. Sí, una mujer latinoamericana que volvió a ganar un Nobel, mínimo merece una felicitación, pero el feminismo de Sheinbaum es selectivo. Antes que feminista, se debe ser socialista, o si no, no vale.
Mi humilde opinión
Personalmente, yo quisiera creer en el sector de los que hoy aplauden con esperanza y optimismo este galardón. Yo quiero estar con María Corina esta vez, aunque algo muy profundo de esa intuición que todavía me queda de mal pensado me dice que este Nobel es un dulce envenenado. Todo el mundo está aplaudiendo a la Nobel de Paz por su lucha por la democracia, pero… ¿la democracia para cuándo?
Infortunadamente la libertad contra un tirano no se logra sin derramar sangre, y si María Corina quiere la libertad de su país, tendrá que hacer ojos ciegos a la palabra paz y declararle la guerra a muerte al régimen. Y cuando digo a muerte, es porque muertos es lo que va a haber cuando tengan que entrar por Maduro y los demás. No se puede ser tan ingenuo de seguir esperando la voluntad de entrega del tirano o la negociación. Con el diablo jamás se negocia, querida Nobel.






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