La agenda 2030 es un plan no vinculante ideado
en 2015, firmado por los jefes de gobierno de los países adscritos a las Naciones
Unidas como un compromiso para hacer frente a los retos económicos, ambientales
y sociales de la globalización. Vale decir que por su carácter no vinculante,
los países se reservan el derecho de implementarla a título propio. La ONU
simplemente propone, pero casi todos sus miembros están yendo sobre esa vía.
Consta de 17 puntos llamados “objetivos de desarrollo sostenible” con los que se pretende “fortalecer la paz universal, poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las vidas y las perspectivas de las personas en todo el mundo, asegurando el progreso social y económico…”. Promueve además el acceso a la educación de calidad, la igualdad de género, el empleo sostenible, la reducción de las desigualdades y un sinfín de beneficios para que la humanidad de aquí al 2030 sea un paraíso terrenal.
Deteniéndonos ante esta narrativa, la Agenda
2030 parece ser la salvación. Un proyecto tan misericordioso que me conmueve
hasta las lágrimas, porque al fin los gobiernos entendieron que la forma de
constituir un mundo feliz y en paz
era siguiendo los lineamientos de los 17 objetivos propuestos y que se pueden
encontrar en la página de la ONU[1].
¿Por qué no se les había ocurrido antes? Una maravilla esta agenda, que la
presentan como un plan de acción considerado con la humanidad. Ahora, con el
advenimiento de la pandemia, se puso en boga. No porque esté obrando en forma
benéfica, sino porque nos estamos dando cuenta cuál es ese modelo de sociedad
que tan maravillosamente nos vende la ONU, en contubernio con la élite de meta-capitalistas
y gobiernos torcidos que conciben un planeta hermoso solamente para ellos.
Ya lo dicen los que saben: la preocupación
ahora no es el Qué, porque es evidente que el discurso resulta conmovedor. ¿Quién
no quiere vivir en un mundo en paz, con acceso a la educación, con agua limpia,
con trabajo decente, con igualdad de oportunidades, etc, etc.? Sin embargo la
forma en que se va a implementar esta agenda sí es para asustarse. El Cómo,
aquí, es el meollo del asunto.
El plan globalista ya se quitó la máscara.
El Covid fue tal vez la medida más extrema que han tomado, y aunque todavía no
nos consta que haya sido un virus creado en laboratorio y tirado adrede a la
humanidad, sí sabemos quiénes fueron los que más se beneficiaron con este:
China, el país que se erige como nueva potencia en reemplazo de Estados Unidos,
con todo lo que ello implica; las organizaciones y comisiones supranacionales
(ONU, OMS, BID, FMI, Banco Mundial, OCCDE, Human Rights, CEPAL, y demás) que asumieron
el liderazgo y el protagonismo, consolidándose en posiciones encumbradas; las
multinacionales dueñas de los laboratorios y las empresas de tecnología (BigTech),
que en últimas son propiedad de los ricos más ricos del mundo, los que ostentan
el 99% de la riqueza del planeta. Ya sabemos sus apellidos, pero es mejor no
mencionarlos. Y por último las ONG’s que estos ricos financian y que son
fundamentales a la hora de fracturar las instituciones y las democracias con su
influencia perversa.
Como esta entrada es simplemente una opinión
sobre hechos que acontecen en el mundo, sería bueno que todos le diéramos una
mirada crítica a esos puntos de la agenda y descubriéramos el veneno que
encubren. Allí encontraremos una palabrería peligrosa y sutilmente engañosa que
se riega a lo largo del discurso que proponen. Nos hablan de resiliencia, de
sostenibilidad, de igualdad, de seguridad… todas palabras vanas que sirven de
comodín a un discurso políticamente correcto.
Se hace muy extenso el análisis de los 17
objetivos propuestos por la ONU, y por tal razón este artículo ha sido seccionado
en varias entregas con el ánimo de abordar los puntos que creo más relevantes.
En esta primera entrega me he centrado en los dos primeros: la pobreza y el hambre.
1. El fin de la
pobreza: para 2030 la meta es erradicar la pobreza
extrema en todo el mundo. ¿Cómo se acaba con la pobreza cuando los grandes
potentados especulan con el dinero aquí y allí sin serle útil al sistema
productivo? Los filántropos que donan su dinero a las causas más nobles para
que vean qué buenos son, son los mismos que se han hecho ricos a partir de la
quiebra de otros. La voluntad de acabar con la pobreza no existe. Si en verdad
lo quisieran, deberían pensar primero en acabar con el sistema financiero
especulativo, que ahí está la clave de por qué se origina la pobreza. No se
habla del daño que le hacen los empréstitos del Banco Mundial o del FMI a los
países latinoamericanos, por ejemplo. Eso sí no lo visibiliza la ONU. La usura
en los intereses o el engorde de los capitales improductivos crea mucha pobreza,
pero al final los bancos siempre obtienen réditos sustanciosos.
Fíjense que no es hablando de redistribución de la riqueza ni de
ingreso básico vital como se combate este flagelo, y que es lo que se ha propuesto
desde las diferentes comisiones de la ONU, siendo estruendosamente aplaudido
por todo el socialismo rampante.
Si hay pobres en el mundo es porque no se
fomenta la inversión en países pobres, donde se le pueda dar empleo a la gente;
porque las grandes corporaciones entran a explotar y a saquear los recursos de
un país sin que haya una autoridad que los limite ni los regule, pues bien
sabemos del servilismo de los gobiernos de turno ante la élite global que
maneja los hilos del poder económico y que se ha echado al bolsillo a tantos
funcionarios de esas organizaciones que supuestamente velan por el bienestar de
la humanidad como la ONU. ¿Por qué en
los países pobres a los campesinos y a los pequeños industriales no les dejan
entrar sus productos a las grandes cadenas, o si se los compran es al precio
que el distribuidor impone? ¿Por qué los tratados comerciales obligan a los
gobiernos a que sus productores compitan en desigualdad de condiciones contra
los emporios insuperables que todo lo entran subsidiado? Aquellos no pedían
antes que el Estado los mantuviera, sino que los dejaran participar del
mercado. Ahora, cuando lo han perdido todo y el mercantilismo se los ha
devorado, tienen que clamar por una ayuda. No es rompiendo piernas y entregando
muletas como vamos a acabar con la pobreza, y mucho menos matando a los pobres.
2. Hambre cero:
El segundo objetivo de la agenda es erradicar el
hambre. Para ello utilizan la misma fórmula de la pobreza. ¿Cuántas toneladas
de comida se tiran al año en el mundo? ¿Es el hambre un problema de falta de
comida o de mala distribución de esta? Incluso si la comida está mal repartida,
¿la falta de alimento en el mundo es por incapacidad de la tierra de producir
sobreabundancia? Las políticas mal diseñadas de los gobiernos en materia
alimentaria son las que están ocasionando el hambre. Los agricultores en muchas
ocasiones se ven abocados a tirar sus productos porque les sale más barato que
salir a venderlos. La ONU habla de promover la agricultura sostenible, pero no
dice que el problema del hambre es producto de la desmedida globalización en
donde los productos nacionales tienen que competir con los extranjeros en un
mercado común, y que quien ose colocar aranceles para proteger su industria se
le considera xenófobo y retrógrado. No dice que mientras las grandes potencias
subsidian a sus productores y pueden entrar sus productos libres a cualquier
otro país, los países pobres tienen que llevar la peor parte con esto del libre
mercado. Están capacitados para producir comida pero no encuentran mercado nacional
que les compre porque este ya está saturado de importados. Y cuando encuentran
un comprador en el exterior, tienen que comprometer toda su producción para
venderla con exclusividad y a bajo precio, y lo que queda para el consumo
interno es poco o nada. De ese modo hay incapacidad para atender la demanda, se
genera escasez y sobreviene el hambre. Los países pierden así su soberanía
alimentaria y quedan dependiendo de lo que otros les quieran enviar. De esto no
dice nada la agenda 2030 que simplemente se limita a repetir que hay que
erradicar el hambre, promover una agricultura sostenible (siempre con esa palabra), y suprimir la malnutrición por
una alimentación sana y nutritiva.
El gran problema del hambre, como el de la
pobreza, no se soluciona con palabras bonitas como el discurso de la Agenda
2030, que es vacío y no ofrece solución. Se soluciona dejando trabajar a la
gente, promoviendo el empleo, incentivando a las empresas para que lo generen.
Sin trabajo no se crean las condiciones objetivas para mantener una estabilidad
económica que pueda suplir las necesidades básicas. Todo lo contrario a lo que
se ha hecho por parte de Naciones Unidas, quien apoya los subsidios y las
rentas básicas que el Estado otorgue a perpetuidad, con las que tampoco se solucionará
el problema, pues si los países cada día se empobrecen y están más endeudados,
¿de dónde van a sacar para alimentar a una población que no puede bastarse a sí
misma y por tanto generar las condiciones para desarrollarse?
El mundo que nos pintan a futuro es una
farsa. Hablan de reducir la pobreza pero todos en el fondo seremos pobres y
dependientes, porque así nos quieren. Aparte, con la imposición de auto percibirnos
como ricos por el hecho de no necesitar comprar nada. La posesión será un verbo
del pasado. Pero no porque me digan que ya no necesito comer voy a dejar de
sentir hambre.






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