El pasado miércoles 7 de Julio salió a la
luz el informe que la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos)
realizó tras su visita a Colombia con motivo del mal llamado Paro Nacional en
el que se presentaron los graves hechos de violencia que ya conocemos: bloqueos
de vías, vandalismo, terrorismo, y la alteración en general del orden público
en el país.
Lo que vivimos los colombianos durante los
meses de mayo y junio todavía no ha finalizado por completo, ya que la amenaza
de eso que podría considerarse el nuevo grupo terrorista llamado “Primera Línea”,
todavía sigue latente. Porque en mi opinión, esto es ese colectivo surgido de
las protestas, que no son tales, sino una toma guerrillera urbana.
El informe, como esperábamos, es totalmente
parcializado y favorable a los agresores en lugar de defender a la ciudadanía y
a los policías atacados que también tienen derechos humanos. Si la CIDH vino a
Colombia, fue porque el gobierno del presidente Duque autorizó su entrada y
confió en que serían objetivos e imparciales, porque no había nada que ocultar por
parte de sus instituciones ni era cierta la narrativa de la izquierda sobre los
abusos sistemáticos de autoridad de la policía y el ESMAD contra los “manifestantes”.
De facto, valdría la pena recordarle a la CIDH que es el Estado el que tiene no
sólo el derecho, sino el deber de usar la fuerza cuando la protesta se torne
violenta y se accionen las vías de hecho. En ese momento el ejercicio de la manifestación
se convierte en una violación de los derechos de otros. Es algo tan obvio que
uno no debería gastar las energías escribiendo una columna de reclamo a la CIDH.
Qué equivocados estaban el presidente y sus funcionarios de gobierno por pensar que una comisión que se basa en los informes que les dan ONG’s y medios de comunicación sesgados y alineados con la internacional comunista y el globalismo, financiados en su mayoría por la Organización de Sociedades Abiertas del vejete Soros; iba a ser objetiva, parcial y justa. Además de que los funcionarios de esta comisión gustan de hacerse fotografiar sonrientes con algunos políticos izquierdosos que promovieron y alentaron toda esta debacle, todo ello mientras estos funcionarios estaban de paseo por Colombia documentando la película que posibles libretistas de novelas de narcos les narraron.
La CIDH fue más allá, y ni siquiera los promotores
del paro tuvieron tantas agallas para decir semejante cantidad de mentiras.
Porque estos mamertos internacionales invirtieron la realidad para que el mundo
viera sólo lo que ellos quisieron ver, al mejor estilo del emperador del cuento de Andersen;
el mismo que va desnudo creyendo que tenía un vestido mágico y al que sólo la
sinceridad de un niño tuvo el valor de contrariar.
Así son estos sujetos de la CIDH. Basta
saber su origen y su filiación política para entender el objetivo que
persiguen. Adscritos a la ONU, de la que no se puede esperar sino manipulación
e intromisión en la soberanía de los países, hacen todo lo posible por producir
un discurso que vaya en contravía con las instituciones democráticas, porque de
lo que se trata es de debilitarlas, de modo que el sistema se desmorone y entre
a gobernar un grupo de poder afín a sus intereses. Duque parece ser uno de sus
lacayos. No de otra forma se puede uno explicar que haya sido tan condescendiente
cuando aceptó que vinieran a Colombia para elaborar un informe en el que atacan
a su propia policía. Pero tal parece que él les ha obedecido en algunos
lineamientos por miedo, y necesitan uno que les obedezca por convicción. Que
sea un agente mucho más volcado hacia la corriente zurda, y ya lo deben tener
en la mira.
Del informe no es mucho lo que se pueda
decir. Está publicado en la página oficial o en cualquier portal noticioso. Ahí
se puede leer como si fuera un documento precioso, pero es tan solo un escrito
basura.
La CIDH comienza por cambiar el lenguaje,
por ejemplo, y usa el eufemismo para suavizar el delito. Ya sabemos cómo la
izquierda sabe utilizar las palabras como arma de manipulación. A los bloqueos
les dice “cortes de ruta”, como si fuera una cuestión inocua en la que simplemente
se corta un paso con la justificación de protestar y ya, como si aquello no
infartara todo un país que ve paralizado su desarrollo económico. Y lo peor es
que los avala como una simple expresión de la protesta, qué cinismo.
Tampoco toma en cuenta los informes del
estado colombiano con relación a los actos de vandalismo y terrorismo, eso no
lo ve. No ve la agresión a los agentes de la Policía, ni los ataques a las ambulancias
que llevaban niños que dejaron morir. No dice nada de los incendios al sistema
de transporte, los saqueos a los comercios, la quema de edificios públicos y el
atentado contra el patrimonio cultural. No emite una mísera opinión del
motociclista que fue degollado con un alambre atravesado de lado a lado de la
vía en inmediaciones del Portal de las Américas en Bogotá; no se pronuncia
sobre la quiebra de cientos de empresas, el desabastecimiento, el desempleo
generado y la tragedia económica para una nación en quiebra. No, eso no es importante
para la CIDH. Para ellos lo grave fue que la fuerza pública intentara reprimir a
los “manifestantes” que simplemente tiraban bombas molotov porque necesitaban
expresarse. Hablan de un presunto vandalismo, pero que no se puede comprobar. Lo
que para ellos sí es comprobado es el abuso de autoridad, que dan por cierto.
Es que además se extralimitaron en sus funciones y oficiaron como jueces por adelantado.
Y qué decir de sus recomendaciones en
asuntos internos de Colombia. Ahora resulta que la CIDH es la que dice que el
gobierno tiene que cumplirle a las Farc con los acuerdos de La Habana, como si
ya no le hubieran cumplido lo suficiente. Y que la Policía debe estar a cargo
del Ministerio del Interior y no del de Defensa, desconociendo totalmente que
en la historia del país tuvimos una policía política que nos hizo un grave daño
durante la época de la violencia partidista, precisamente porque era un cuerpo
armado político y no civil, como lo dicta nuestra actual constitución. Incluso,
aunque sea el Ministerio de Defensa quien la regenta, la Policía Nacional no
tiene formación y entrenamiento de carácter militar, sino civil.
Así las cosas, el globalismo tendrá pista
libre para implantar aquí su agenda contra la Familia, el Estado y la Religión,
esas súper estructuras que tanto odian los marxistas. Hay que acabarlas, según ellos.
No importa si la sigla CIDH, en últimas, se termina transcribiendo como la Comisión
Interamericana de Derechos de Hampones.






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