sábado, 24 de julio de 2021

Confunde y vencerás, sobre todo al niño

Por Juan Felipe Giraldo Trejos



 

    Antes de comenzar este artículo, quiero aclararle al público lector que respeto el fuero íntimo de cada quien. Con ese asunto no me meto. Cada uno verá cómo se expresa en su ámbito sexual. Que me parezca a mí moral o no, es una discusión sin importancia. Se podría dar el debate en el plano religioso, o el de la ética y los valores, o a la luz del comportamiento humano, pero en ese caso nadie saldría ganando ni perdiendo; sería sólo una cuestión de ideas subjetivas. Por eso reafirmo: cada quien haga con su cuerpo lo que le parezca, y entre más reservados seamos con nuestra sexualidad, mucho mejor.

    Dicho esto, y antes que me caigan a palos los militantes de cierta ideología, pienso que lo que debe hacer una persona con sentido común, independiente de sus creencias, es no mezclar las preferencias sexuales con la política. Es decir, no hacer de lo privado algo público sobre lo que se tiene que legislar; no fomentar en la sociedad un comportamiento que, repito, debe ser personal y relativo al fuero interno en donde ningún Estado debe intervenir. De hecho, lo privado debiera ser el último bastión de resistencia contra el poder reinante. Sobre la vida privada no debiera decidir este poder.




    Pero no faltan estos grupillos de mala intención que saben que tienen al Estado de su lado para que legisle conforme a sus caprichos, y que en caso de no ser así, pueden acudir a las comisiones internacionales, todas ellas manejadas por izquierdosos post-modernos que presionan a los países través de sus ONG’s y sus estamentos financieros para que desarrollen la agenda que les conviene. Es el caso de países como Argentina, Costa Rica, Chile, España, Canadá, Estados Unidos, entre otros, donde las políticas identitarias y de género están cobrando tanta importancia y están siendo aplicadas con tanto énfasis por los gobiernos que las imponen.



    El siguiente caso, para ejemplificar lo que trato de explicar, ocurrió en Argentina. Resulta que una entidad del gobierno está realizando una convocatoria de nombre “Ciudad Diversa, Palabras Mixtas para las Infancias”.[1] Esta convocatoria consiste en un concurso para premiar creaciones en diversas modalidades culturales y artísticas tales como comics, podcasts, o poesía “con perspectiva de género LGBTIQ para las infancias”. Léase bien que no dice “la infancia”, como debiera ser, pues en psicología se reconoce un rango de edad al que se designa con este nombre; sino “las infancias”, como si una persona pudiera gozar de varias etapas de infancia en su vida independiente de la edad que tenga. Desde allí el concurso le abre la puerta a toda clase de conjeturas sobre cuál podría ser una edad propicia para ser infante.  

    No obstante, las condiciones de la convocatoria misma lo aclaran, no vaya a ser que resulten mal pensados como uno que a todo le quieran meter suspicacia. Las edades para participar oscilan entre los ocho a los doce años; los cuatro a los siete años; y los cero a los tres años.

    Yo me pregunto: ¿qué creación artística puede realizar un menor de un año, o dos o tres, y hasta de doce años que contenga perspectiva de género “para fomentar la inclusión, la integración, la no discriminación frente a las diferentes identidades de género en las infancias”? Vaya si hay que ser un desalmado hijo de perra para promover el homosexualismo en los niños prácticamente desde que nacen. ¿Acaso a los creadores de los currículos educativos y las convocatorias se les acabaron los temas de enseñanza y no se les ocurre en qué áreas de la vida debe formarse a un niño que no sea exclusivamente en la diversidad sexual? Por eso digo, que cada quien cuando crezca haga de su culo un candelero, pero respeten a los infantes, que además son hijos ajenos, porque no creo que los que promueven este tipo de convocatorias lo hagan buscando dañar a sus propios hijos.




    Al igual que el escritor, pensador e influencer argentino Horacio Giusto, quien es precisamente la persona que denuncia esta convocatoria en su país a través de un video grabado en su programa de radio La Resistencia[2]; si a mí como padre (en caso de que lo fuera) me vienen a decir que van a capacitar a mi hijo en la perspectiva de género o en la ideología Queer, yo con mucho gusto los capacito a ellos con un puño en la cara bien puesto. No porque tenga nada en contra de los que siendo mayores de edad elijen este estilo de vida, sino porque me parece una completa Corrupción de Menores sembrar en la cabeza de los niños la idea de que la desviación de su sexualidad es algo positivo, inclusivo, amistoso, fraterno, y cuantos epítetos más quieran asignar los ideólogos de esta aberrante conducta. Y digo aberrante porque no está bien orientar la educación de un niño hacia la estimulación temprana de su sexualidad, y menos adoctrinarlo para decirle que sentirse y verse del sexo opuesto es una conducta muy natural y que debe ser celebrada por la sociedad.

    En todo caso, si algo hay que enseñarles a los niños, es a aceptarse, respetarse y respetar a los demás con el sexo con el que nacieron y no alentarlos para que pretendan cambiar lo que no se puede cambiar. Negar la naturaleza es negar a Dios.

    Hoy es en Argentina, que ya es país pionero en todo lo indeseable gracias a su gobierno arrodillado al globalismo. Poco a poco esta macabra ideología estará imponiéndose en Colombia —si es que acaso ya no lo están haciendo— y el resto de países con un ahínco desdeñable. Ya nos estará llegando el turno. 




    Bueno, no me voy muy lejos. Hace poco recibí la invitación para asistir a un un seminario virtual de literatura infantil y juvenil llamado LIJPE, en el que participaban conferencistas de toda Latinoamérica, aunque el evento era en Pereira. Me entró una sutil suspicacia cuando vi las fotos de los ponentes: en las mujeres se notaban algunos capules recortados o motilados al ras; también mechones verdes y pelos alborotados, mucha gafa progre, rostros sin maquillar, en fin. Los ponentes masculinos no me parecieron tan extraños, aunque un poco delicados en su manera de hablar para mi concepto. Me dije a mí mismo que estaba siendo demasiado banal juzgando por las meras apariencias, cosa que no está bien y lo admito. Mis sospechas no hubieran pasado de ser meros juicios a priori si no hubiera sido por el mensaje de bienvenida en el cual escribieron la siguiente frase: “Queridxs amigxs”. Así, con ese lenguaje “inclusivo” que no sólo es una aberración idiomática, sino que ya uno sabe la intención del seminario, o por lo menos la tendencia a la que se le apunta. En últimas todo parte de la misma raíz: género. Vuelve y juega. La insistente divulgación de los postulados basados en la diversidad sexual, no para evidenciar el respeto por las diferencias, sino para acrecentarlas, porque no entiende uno por qué hay que utilizar ese lenguaje en un seminario que precisamente, es de literatura infantil y juvenil.    

    Lo grave es que alguien se atreve a redactar este tipo de proyectos con la más absoluta impunidad y no pasa nada. Más grave aún es que la sociedad no se pronuncie al respecto. Todo se ha normalizado tanto, todo nos parece tan avanzado y vanguardista, que el intolerante y el retrógrado —y el que termina siendo demandado— es uno por poner el grito en el cielo.




    En aras de la equidad, la inclusión y la comprensión, y cuanta justificación se encuentran, hacen lo que sea para confundir y manipular a las personas, y sobre todo a los que intelectualmente no tienen las herramientas para defenderse.



[1] https://www.buenosaires.gob.ar/cultura/festivales-de-buenos-aires/palabras-mixtas-para-las-infancias

[2]https://www.youtube.com/watch?v=9GhyJMxCvHY&t=389s


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