sábado, 21 de agosto de 2021

La familia verdadera

Por Juan Felipe Giraldo Trejos



    

    Cuando leí la noticia no lo pude creer. Tenía que tratarse de un error: un absurdo e imperdonable error. El titular rezaba así: “Un padre quiere casarse con su propio hijo y pide eliminar el incesto como delito de las leyes”[1].

    Esa era la noticia. Ocurrió en Nueva York, cuando el pasado primero de abril de 2021, ante una corte federal de Manhatttan, un hombre solicitó que “se declaren inconstitucionales las leyes que prohíben el incesto, argumentando que se trata de un asunto de autonomía individual”. Porque el sujeto  argumenta que tanto él como su hijo son adultos, y siendo padre biológico e hijo son conscientes de que no pueden procrear juntos, pero eso no les impediría establecer un vínculo matrimonial duradero. “Dos personas, independientemente de la relación que pudieran tener entre sí, pueden encontrar un mayor nivel de expresión, intimidad y espiritualidad”, fueron sus palabras textuales.

    Entonces uno lee una noticia como esta y entiende que algo tenemos que estar haciendo muy mal en el mundo como para que haya, no solo aberrados como este sujeto, sino jueces y legisladores que en aras de la imparcialidad se avoquen a estudiar una petición de semejante calibre.



    Vayámonos al estudio sociológico. Según el portal lamenteesmaravillosa.com, en un artículo de la escritora y periodista Edith Sánchez, existen once tipos de familias dependiendo de los factores culturales, sociales, económicos y afectivos. Estas pueden ser nucleares, extensas, compuestas, de padres separados, adoptivas, de personas mayores, sin hijos, unipersonales, con mascotas, monoparentales, y hasta homoparentales; estas últimas avaladas por la ideología hegemónica, las cuales están conformadas por padres del mismo sexo. Pero aunque sean muchos los tipos de familia que se puedan encontrar, salvo el último caso, todos ellos se han gestado sobre la base original de la unión entre un hombre y una mujer sin que medie entre ellos el primer grado de consanguinidad.

    Y existen cuantas familias le dé la gana al mainstream de inventarse, (hermanastrales, ensambladas, polifamilias), obedeciendo los preceptos de libertad, diversidad y multiculturalismo que fomentan los pseudo intelectuales, educadores modernos y filósofos fracasados que no tienen nada mejor que hacer que joderle la existencia a la humanidad. Ellos sencillamente están ávidos de romper esquemas, aniquilar la relación hombre-mujer, culpar el patriarcado (que ya no existe en Occidente), defender la diversidad, etc., etc. Porque al globalismo le conviene el sujeto deconstruido, dividido contra sí mismo, desarraigado de la institución creada por la religión, que es una piedra en el zapato contra la que tienen que lidiar para meternos sus ideas basura, y esa institución, para los cristianos creada por Dios, es la familia, no hay otra. La que es conformada por un hombre y una mujer: “…dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne. (Génesis 2:24).



    El psiquiatra y escritor chileno Sergio Peña y Lillo afirmaba que la familia se refleja en la sociedad y la cultura. [2] El hecho de que esa cultura esté cada vez más impregnada de excesivo erotismo, desnaturalizando la sexualidad y llevándola a los límites de lo pornográfico, es síntoma de que la familia no anda bien, no hay compromiso personal y responsable, no hay amor ni vocación superior de la erótica del hombre. Consecuencia de ello son estas desviaciones como la que presenta la noticia en cuestión.

    En Occidente, por ejemplo, la unión entre el hombre y la mujer para conformar una familia de acuerdo al mandato bíblico citado, tiene por objeto “ser fecundos, multiplicarse, llenar la tierra y sojuzgarla”. (Génesis 1:28). Al menos así se consideraba el ideal de familia de la cosmovisión cristiana. No así en Oriente, en donde es permitida la poligamia, figura de organización familiar bajo la cual el hombre tiene el dominio y la autoridad total, y en la que la mujer es un componente más de un rebaño en el que no tiene voz ni voto. Así mismo las leyes de la sociedad musulmana le otorgan al hombre todos los privilegios en lo jurídico, lo económico y lo social.

    Si una sociedad, entonces, es el reflejo de su institución familiar, no es de extrañar que sea precisamente ese organismo vivo al que haya que atacar, porque desaparecido este desaparecen los esquemas que forjan los valores humanos, y al relativizarse dichos valores que conllevan a una actitud de ética y compromiso, no queda más que el hombre-masa del que hablara Ortega y Gasset, fácil de manipular y someter. 


      

    En otras palabras, lo que subyace en la petición del degenerado y lo que se oculta tras el discurso de “las nuevas familias” (bajo el cual no se habla de “la familia” como institución inamovible, sino de “las familias”, en plural, porque ya son muchas), es lo mismo: no es una expresión de libertad, dinamismo y autonomía plena, sino un atentado contra la moral tradicional. Más grave aun cuando un Estado contempla la posibilidad de liberarse de su obligación de regular las leyes concernientes a las uniones familiares y al castigo del incesto, que es a donde nos pretenden llevar, porque resulta muy fácil llegar a la trasgresión de los límites de la libertad, y recordemos que ninguna libertad debe carecer de ellos.

    El solo hecho de poner sobre la mesa la discusión de hasta dónde puede ser flexibilizado el incesto, la pedofilia, la homosexualización infantil, o hasta dónde estas prácticas le están haciendo daño a un tercero, abre la puerta para reconfigurar, de una vez por todas el concepto de familia: amoldarlo al pensamiento posmoderno y finalmente dar luz verde al postulado de que como esta es un construcción social, producto de una ideología religiosa que no tiene asidero científicamente, así mismo la familia puede ser cualquier cosa, originarse a través del rechazo a la biología, cimentarse sobre la base de que toda perversión es una válida expresión de la intimidad, la sexualidad, la espiritualidad y cuantas más cosas se les ocurra.



    Extremar el discurso para que la sociedad termine corriéndose a una posición más laxa es una estrategia corrupta pero que da muy buenos réditos, pues la discusión ya está planteada, no importa si el juez de Nueva York admite o no la petición del depravado; lo importante es que ya se está debatiendo sobre ello, redefiniendo lo que es la familia, ampliando el horizonte a las posibilidades más abyectas que ni el mismo Freud pudo haberse imaginado.

    ¿Qué más viene? ¿Acaso una petición para que uno se pueda casar con un perro, un muerto o hasta con uno mismo? Porque si contemplamos la posibilidad de legalizar el incesto, ¿por qué no podríamos hacerlo con la zoofilia o la necrofilia? Es que este tiempo da para todo y nos tenemos que modernizar, ¿no es así?

    Pero las cosas hay que llamarlas por su nombre, y esto no es más que un asunto de enfermos mentales. Aquí la culpa es de un sistema que, amparado por la corrección política, no nombra las cosas como debe nombrarlas, porque no podemos ofender la diversidad. Qué miedo, qué grave sería irrespetar las diferencias. Ahí van con su agenda para fulminar nuestra cultura occidental destruyendo sus valores, matando a sus niños por nacer, borrando su pasado, quebrando su economía, y por supuesto, desintegrando sus familias.



    Entonces, como defender la familia nuclear y tradicional hoy en día se considera cosa de retrógrados, de gente intolerante y cerrada, no me queda de otra que declararme enemigo de quienes se quieren cargar con ella. Claro que hay muchos tipos de familia que son muy respetables y obedecen más a las circunstancias que a su génesis de constitución, como aquellas familias en donde están los abuelos, los tíos, los primos, que son las familias extendidas; o las que son ensambladas, es decir, compuestas por agregados de dos o más familias, como el caso de una madre con hijos que se junta a vivir con un padre que tiene hijos de una relación pasada, en fin.  Cualquiera que sea el caso, el origen siempre radicará en la familia nuclear, gestada por un hombre y una mujer, la cual fue instituida por el Creador, y ha sido, es, y seguirá siendo la familia verdadera.



[1] http://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/mundo/internacional/464800-padre-quiere-casarse-con-su-propio-hijo-y-pide-eliminar-el-incesto-como

[2] Peña y Lillo Lacassie, S. (2011). Sexo, erótica y amor. Santiago, Chile: Editorial Nueva Patris.

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