Cuando leí la noticia no lo pude creer. Tenía que tratarse de un error:
un absurdo e imperdonable error. El titular rezaba así: “Un padre quiere
casarse con su propio hijo y pide eliminar el incesto como delito de las leyes”[1].
Esa
era la noticia. Ocurrió en Nueva York, cuando el pasado primero de abril de 2021, ante
una corte federal de Manhatttan, un hombre solicitó que “se declaren
inconstitucionales las leyes que prohíben el incesto, argumentando que se trata
de un asunto de autonomía individual”. Porque el sujeto argumenta que tanto él como su hijo son
adultos, y siendo padre biológico e hijo son conscientes de que no pueden
procrear juntos, pero eso no les impediría establecer un vínculo matrimonial
duradero. “Dos personas, independientemente de la relación que pudieran tener
entre sí, pueden encontrar un mayor nivel de expresión, intimidad y
espiritualidad”, fueron sus palabras textuales.
Entonces uno lee una noticia como esta y entiende que algo tenemos que
estar haciendo muy mal en el mundo como para que haya, no solo aberrados como
este sujeto, sino jueces y legisladores que en aras de la imparcialidad se
avoquen a estudiar una petición de semejante calibre.
Vayámonos al estudio sociológico. Según el portal lamenteesmaravillosa.com, en un artículo de la escritora y periodista Edith Sánchez, existen once tipos de familias dependiendo de los factores culturales, sociales, económicos y afectivos. Estas pueden ser nucleares, extensas, compuestas, de padres separados, adoptivas, de personas mayores, sin hijos, unipersonales, con mascotas, monoparentales, y hasta homoparentales; estas últimas avaladas por la ideología hegemónica, las cuales están conformadas por padres del mismo sexo. Pero aunque sean muchos los tipos de familia que se puedan encontrar, salvo el último caso, todos ellos se han gestado sobre la base original de la unión entre un hombre y una mujer sin que medie entre ellos el primer grado de consanguinidad.
Y
existen cuantas familias le dé la gana al mainstream
de inventarse, (hermanastrales, ensambladas, polifamilias),
obedeciendo los preceptos de libertad, diversidad y multiculturalismo que fomentan
los pseudo intelectuales, educadores modernos y filósofos fracasados que no tienen
nada mejor que hacer que joderle la existencia a la humanidad. Ellos sencillamente
están ávidos de romper esquemas, aniquilar la relación hombre-mujer, culpar el
patriarcado (que ya no existe en Occidente), defender la diversidad, etc., etc.
Porque al globalismo le conviene el sujeto deconstruido, dividido contra
sí mismo, desarraigado de la institución creada por la religión, que es una
piedra en el zapato contra la que tienen que lidiar para meternos sus ideas basura,
y esa institución, para los cristianos creada por Dios, es la familia, no hay
otra. La que es conformada por un hombre y una mujer: “…dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán
una sola carne”. (Génesis 2:24).
El psiquiatra y escritor chileno Sergio Peña y Lillo afirmaba que la familia se refleja en la sociedad y la cultura. [2] El hecho de que esa cultura esté cada vez más impregnada de excesivo erotismo, desnaturalizando la sexualidad y llevándola a los límites de lo pornográfico, es síntoma de que la familia no anda bien, no hay compromiso personal y responsable, no hay amor ni vocación superior de la erótica del hombre. Consecuencia de ello son estas desviaciones como la que presenta la noticia en cuestión.
En Occidente, por ejemplo, la unión entre el
hombre y la mujer para conformar una familia de acuerdo al mandato bíblico
citado, tiene por objeto “ser fecundos,
multiplicarse, llenar la tierra y sojuzgarla”. (Génesis 1:28). Al menos así
se consideraba el ideal de familia de la cosmovisión cristiana. No así en Oriente,
en donde es permitida la poligamia, figura de organización familiar bajo la
cual el hombre tiene el dominio y la autoridad total, y en la que la mujer es
un componente más de un rebaño en el que no tiene voz ni voto. Así mismo las
leyes de la sociedad musulmana le otorgan al hombre todos los privilegios en lo
jurídico, lo económico y lo social.
Si una sociedad, entonces, es el reflejo de su institución familiar, no es de extrañar que sea precisamente ese organismo vivo al que haya que atacar, porque desaparecido este desaparecen los esquemas que forjan los valores humanos, y al relativizarse dichos valores que conllevan a una actitud de ética y compromiso, no queda más que el hombre-masa del que hablara Ortega y Gasset, fácil de manipular y someter.
En
otras palabras, lo que subyace en la petición del degenerado y lo que se oculta
tras el discurso de “las nuevas familias” (bajo el cual no se habla de “la
familia” como institución inamovible, sino de “las familias”, en plural, porque
ya son muchas), es lo mismo: no es una expresión de libertad, dinamismo y
autonomía plena, sino un atentado contra la moral tradicional. Más grave aun
cuando un Estado contempla la posibilidad de liberarse de su obligación de
regular las leyes concernientes a las uniones familiares y al castigo del
incesto, que es a donde nos pretenden llevar, porque resulta muy fácil llegar a
la trasgresión de los límites de la libertad, y recordemos que ninguna libertad
debe carecer de ellos.
El
solo hecho de poner sobre la mesa la discusión de hasta dónde puede ser flexibilizado
el incesto, la pedofilia, la homosexualización infantil, o hasta dónde estas
prácticas le están haciendo daño a un tercero, abre la puerta para reconfigurar,
de una vez por todas el concepto de familia: amoldarlo al pensamiento
posmoderno y finalmente dar luz verde al postulado de que como esta es un
construcción social, producto de una ideología religiosa que no tiene asidero
científicamente, así mismo la familia puede ser cualquier cosa, originarse a
través del rechazo a la biología, cimentarse sobre la base de que toda
perversión es una válida expresión de la intimidad, la sexualidad, la
espiritualidad y cuantas más cosas se les ocurra.
Extremar el discurso para que la sociedad termine corriéndose a una posición más laxa es una estrategia corrupta pero que da muy buenos réditos, pues la discusión ya está planteada, no importa si el juez de Nueva York admite o no la petición del depravado; lo importante es que ya se está debatiendo sobre ello, redefiniendo lo que es la familia, ampliando el horizonte a las posibilidades más abyectas que ni el mismo Freud pudo haberse imaginado.
¿Qué más viene? ¿Acaso una petición para que uno se pueda casar con un
perro, un muerto o hasta con uno mismo? Porque si contemplamos la posibilidad
de legalizar el incesto, ¿por qué no podríamos hacerlo con la zoofilia o la
necrofilia? Es que este tiempo da para todo y nos tenemos que modernizar, ¿no
es así?
Pero las cosas hay que llamarlas por su nombre, y esto no es más que un asunto de enfermos mentales. Aquí la culpa es de un sistema que, amparado por la corrección política, no nombra las cosas como debe nombrarlas, porque no podemos ofender la diversidad. Qué miedo, qué grave sería irrespetar las diferencias. Ahí van con su agenda para fulminar nuestra cultura occidental destruyendo sus valores, matando a sus niños por nacer, borrando su pasado, quebrando su economía, y por supuesto, desintegrando sus familias.
Entonces,
como defender la familia nuclear y tradicional hoy en día se considera cosa de
retrógrados, de gente intolerante y cerrada, no me queda de otra que declararme
enemigo de quienes se quieren cargar con ella. Claro que hay muchos tipos de
familia que son muy respetables y obedecen más a las circunstancias que a su génesis
de constitución, como aquellas familias en donde están los abuelos, los tíos,
los primos, que son las familias extendidas; o las que son ensambladas, es
decir, compuestas por agregados de dos o más familias, como el caso de una
madre con hijos que se junta a vivir con un padre que tiene hijos de una relación
pasada, en fin. Cualquiera que sea el
caso, el origen siempre radicará en la familia nuclear, gestada por un hombre y una mujer, la cual fue instituida por el Creador, y ha sido, es, y seguirá siendo la familia
verdadera.






No hay comentarios.:
Publicar un comentario