Había estado aguantándome las ganas de despotricar de alguien hacía bastante
rato, por aquello de mantener la onda de las buenas energías con la que me
estoy identificando por estos días calurosos. Había querido cultivar la paz de
mi espíritu y centrarme sólo en las cosas positivas, para lo cual no debía
dejarme permear de pensamientos oscuros, ni contaminarme con malos deseos. Estaba
viviendo en armonía con el mundo, absteniéndome de mirar las redes sociales: el
veneno del alma humana así como los transgénicos y la comida chatarra son el
veneno del cuerpo. En todo caso intenté mantener mi aura limpia, ya saben, hasta
que sin querer escuché en el café donde suelo ir a leer a una de esas estrellitas
de la farándula que se las dan de defensores de los pobres, pero uno sabe que
son un tributo a la hipocresía, así como también tipos de mala entraña...
La buena vibra se me fue para el carajo.
Se
trata de un militante de esos que se solidariza de palabra con el pueblo “oprimido”
al tiempo que viven como reyes en sus lujosas mansiones o con sus aparatos de
última tecnología capitalista. Se aprovechan de su fama para abanderar las
causas políticas que encarna —por supuesto— la Internacional Comunista, pues no
podía ser de otra forma. Piden gratuidad en todo pero no aceptan el alza de los
impuestos, y lloran solamente por el ojo izquierdo.
No, no era Gustavo Bolívar, ni La Niña Mencha, ni Julián Román, ni la hija de Pizarro. Era un tal René Pérez Joglar, nacido en Puerto Rico, y que se hace llamar Residente. Un dizque rapero y compositor del género urbano y hasta cantante, pero no creo que sea esto último, sino más bien un recitador de trabalenguas con música. Aunque no porque a mí me parezca aborrecible su arte quiere decir que no sea bueno en lo que hace. Algún talento tendrá. Ha pegado por ahí dos o tres canciones con éxito, o por lo menos yo no le conozco más ni me interesa conocerlas, pero su fama pesa más por la militancia de izquierda. De razón a mi amiga Cata, La Marxista, le encanta y dice que es el mejor artista de la historia mundial.
Este
famoso publicó un mensaje por Twitter cuando estallaron las protestas en Cuba.
No condenó el régimen; simplemente lo trató de ineficaz. Para esa gracia se
hubiera quedado callado. Insisto en que a los artistas les va mejor cuando no
se meten en política.
Eso
sí, no olvidó endilgar el hambre del pueblo cubano al supuesto bloqueo de los Estados
Unidos. En realidad no es un bloqueo, sino un embargo, y la diferencia es
abismal y habría que explicársela a estos activistas de poco entendimiento sobre
política económica internacional. A ellos les va mejor vendiendo la narrativa
al mundo: “Cuba está sometida a un bloqueo económico de más de sesenta años”. Así,
un ingenuo podría imaginarse que los yanquis
tienen barcos apostados con cañones rodeando la isla para no dejarle entrar alimentos
ni medicinas. Ese es el relato sugerido.
Fue
este mismo personaje quien hace menos de tres meses lanzó su clamor en las
redes sociales por el pueblo colombiano porque supuestamente el gobierno, al
que consideró “más peligroso que un virus”, lo estaba asesinando. Pidió la intervención
de la “ONU y de todo el mundo”. Qué curioso que esa misma intervención no la
solicitó —haciendo los quejumbrosos videos que sabe hacer— para defender al pueblo
cubano. Es que a él le gusta apoyar las revueltas en los países en donde existe
la democracia como en Colombia, Chile o Perú. Por el contrario, cuando son protestas
contra una dictadura asfixiante como la de Cuba, sólo se limita a opinar este
badulaque que el problema es la ineficacia. Un problemilla complicado; no así
el de la supresión de las libertades y el de la violación —esa sí comprobada—
de los derechos humanos. Para Residente estos males no cuentan. El único pecado
que él puede ver, es el del bloqueo, bloqueo, bloqueo…
Hay
que recordarle a Residente las causas del embargo de Estados Unidos a Cuba
cuando el Régimen Castrista llegó al poder en 1959. Con tan solo diez meses de
dictadura, “la Revolución confiscó 166 empresas norteamericanas”[1]
que operaban en Cuba. Un año después la tiranía de Fidel Castro “ya había
confiscado más de 25.000 millones de dólares en bienes privados cubanos y casi
mil millones de dólares en propiedades norteamericanas”[2],
como lo cita el politólogo y youtuber
argentino Agustín Laje en el video en que me apoyé para este artículo, y en el cual
referencia los libros fuentes[3].
Y
expropiar es robar, no hay otra definición.
De
modo que el Régimen no sólo robó a los extranjeros, sino la riqueza de sus
propios ciudadanos. Esta fue una de las razones por las que Estados Unidos
suprimió el comercio con Cuba, embargándola y dejando de tratar con ella, lo
cual no quiere decir que Cuba no pueda comerciar con otros países. De hecho lo
hizo durante cuarenta años con la Unión Soviética, que prácticamente la mantuvo
sin necesidad de establecer relaciones de intercambio, porque en Cuba no había
mucho para intercambiar. Y en las últimas dos décadas Cuba ha sido la mantenida
de Venezuela. Si bien esta ya no tiene con qué enviarle el petróleo regalado
por Chávez y Maduro, está posando sus ojos en el país vecino. Le tienta
apoderarse del maldito negocio de la coca que tiene sometida a la tierra
cafetera. La mafia bolivariana ya se está haciendo presente.
Pero volviendo con Residente, el idealista
que dice no ser comunista, y acto seguido pasa a cantar creyendo en “la igualdad
de oportunidades infinita” y en la gratuidad de los servicios básicos y de la
comida, y del que se sabe que compró una mansión en la cuna del capitalismo,
porque allí es donde factura sus shows más costosos; le quiero decir en primer
lugar: nada es gratis en la vida; alguien tiene que pagarlo. En segundo lugar,
los bienes y servicios no se causan por arte de magia. Se necesitan medios de
producción para materializarlos, y eso seguro, no lo da una economía basada en
el control estatal como la cubana. No hay nada más idealista que el comunismo.
Pero Residente debe entender muy poco de Economía, de Geopolítica, de
Ley de Oferta y Demanda. Él debe tener un agente financiero administrándole sus
bienes, sus ingresos por sus presentaciones; incluso el dinero que le entra por
ser un mercenario de los gobiernos de izquierda. ¿O acaso el dictador Maduro no
le tuvo que dar una buena contribución por prestarse para apoyar la causa del
Socialismo del Siglo XXI?
Ah, qué cólera me producen estos figurines hipócritas y vendidos. Como este tal Residente dándoselas de muy artista independiente y revolucionario, pero no siendo más que un frustrado matón de barrio con cara de pertenecer a La Primera Línea Colombiana. Invitando a atreverse, pero él mismo no se atreve a condenar un régimen de oprobio. No es más que otra marioneta de la hegemonía que él piensa que es de derecha y que hace rato se la apropió la izquierda. Y lo peor, que no practica lo que predica.
Yo,
por mi parte, sí volveré a mis rituales de buenas energías, esperando no volver
a saber de este “idealista” en mucho tiempo, no sea que me provoque los más ensordecedores
pensamientos, y no es bueno para mi salud mental.
[1] Jorge G. Castañeda, La vida en
rojo, una biografía del Ché Guevara, Sudamericana, Buenos Aires, Pág 176,
177.
[2] Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner, Álvaro Vargas Llosa, Manual del Perfecto Idiota latinoamericano,
Plaza y Janes, Pág 154.
[3] https://www.youtube.com/watch?v=hL4ztHPKUhA





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