El
titular rezaba así: “escasez de chips continuará si la demanda por celulares 5G
se sigue aumentando”.[1]
Se trataba de una entrevista realizada por
El Economista, un periódico virtual mexicano, a Oscar Albin, un ingeniero prominente
en la industria de autopartes mexicana. La entrevista versaba acerca de los
principales retos que enfrentará dicha industria para el año 2022. Luego pasaba
a exponer la tesis central de que la escasez de semiconductores para la
producción de vehículos ha impactado negativamente las cifras de ventas en
México y en el resto del mundo.
Los microprocesadores o llamados chips, son también un componente muy importante para la fabricación de teléfonos celulares. Existe actualmente una crisis en la industria por la falta de materia prima para la fabricación de dichos chips: el acero ha incrementado su precio en tres veces, el aluminio, el cobre, las resinas plásticas y otros compuestos no se quedan atrás. Los minerales conductores escasean, y si no se tienen los chips suficientes, el mercado no puede ofrecer sino aquellos productos que generan una mayor ganancia y un menor costo de manufactura. Tanto los vehículos como los teléfonos celulares requieren chips, pero se privilegia la fabricación de estos últimos sobre los primeros por cuanto generan mayores utilidades y son demandados a mayor escala, además de que entrañan menos impacto ambiental que la producción de vehículos: el mercado se enfrenta al dilema entre suplir la necesidad de movilización frente a la necesidad de comunicación.
La escasez de microprocesadores está
llevando, por consiguiente, a un aumento de los costos de la industria
automotriz y de todo el mercado de productos de tecnología digital, no sólo porque
ahora los chips cuestan mucho más que antes de la pandemia, sino porque
sencillamente no hay materias primas energéticas para fabricar los integrados.
El ingeniero entrevistado en la nota afirma que, “los fabricantes de teléfonos
son los principales devoradores de semiconductores”.
La anterior noticia me lleva a preguntarme una cosa: ¿Cómo es que estamos ad portas de lanzar una cuarta revolución industrial, que es en sí misma una revolución digital, y no hay insumos? El video “La crisis de los chips” del canal G24 en cabeza de la periodista Sandra Valencia analiza en detalle lo que podría significar esta coyuntura tecnológica.[2]
Vamos a la historia.
Las
revoluciones industriales siempre nos han llevado hacia adelante, hacia el
progreso, hacia el supuesto mejoramiento del nivel de vida de la humanidad.
Esto podrá ser discutible, pero desde luego que el avance tecnológico es
innegable. Esta vez, de la mano de los ecologistas y las organizaciones
ambientales, estamos planteando volver atrás: está demostrado que los recursos
son finitos, o al menos esa es la idea que nos han hecho creer, y que por tanto
debemos avocarnos a un gran reseteo.
El mundo ha vivido cuatro revoluciones
industriales. Por ahora vamos entrando a la cuarta, que ha resultado ser la más
compleja y controversial.
La primera se dio a mediados del siglo XVIII en Gran Bretaña y se extendió a Europa Occidental y a la América anglosajona. Fue una transformación total en lo político, lo económico, lo tecnológico y lo social. La humanidad mudó de una actividad rural basada en la agricultura y el comercio a una actividad industrial basada en la producción en serie. Cambió el sistema de economía feudalista a uno capitalista, aparecieron los burgueses y perdieron influencia los propietarios de la tierra o los llamados señores feudales que vieron cómo el capital se iba trasladando a la industria técnico-mecánica. Las ciudades cobraron mayor importancia por cuanto pasaron a ser centros urbanos altamente poblados y plagados tanto de riqueza como de miseria. Se aumentó el ingreso per cápita, lo cual no supuso necesariamente que se acrecentara la riqueza para todos, sino para los dueños del capital.
La Segunda Revolución Industrial se dio
entre 1850 y 1914, caracterizada por un período de notoria aceleración gracias
a la utilización de otros combustibles fósiles diferentes al carbón como el gas
y el petróleo, que fueron nuevas fuentes de energía. En este periplo se revelaron
materiales altamente conductores como el acero, se implementaron tecnologías avanzadas
con el descubrimiento de la electricidad, y aparecieron sistemas novedosos de transporte
como el automóvil y el avión, así como nuevas máquinas a vapor. El invento del
teléfono y la radio desarrollaron las comunicaciones a un nivel superior, el
consumo creció enormemente, y se dio la primera internacionalización de la
economía. Norteamérica y Japón fueron claves en esta Segunda Revolución Industrial
a diferencia de la primera, que sólo impactó en Reino Unido y Europa. Las
empresas y los mercados cambiaron significativamente y con ellos la división del
trabajo se hizo más compleja.
Luego de las dos guerras mundiales del siglo anterior el mundo comienza a desarrollarse aceleradamente. Finalizando la década de los setenta comienza a hablarse de la aldea global, o un comercio mundial con lenguaje único. Aparece la Tercera Revolución Industrial impactando altamente las comunicaciones. Surgen entonces las tecnologías informáticas, y el internet toma un papel preponderante junto con los sistemas de generación energética: las nuevas formas de comunicación cambian el paradigma de la civilización, y se apuesta al uso de energías renovables, dando lugar a mercados crecientes con conciencia ambiental. En la Tercera Revolución Industrial el elemento predominante fueron las telecomunicaciones digitales y el papel que jugó Internet como herramienta fue vital para conectar al mundo.
Se habla hoy de la próxima revolución industrial, la cuarta, cuyo elemento central es la inteligencia artificial y el poder de las Bigdata: la información procesada a través de los algoritmos complejos y que está interconectada masivamente a través de todos los dispositivos digitales. Sin embargo, una crisis mundial está causando pánico por la falta de los micro circuitos que son indispensables para la implementación de este salto tecnológico. Según los expertos, la razón principal para esta escasez es el cambio climático. Sí, sequías como la de Taiwán, por ejemplo, que es el principal productor de chips a nivel mundial, traen graves problemas a la cadena de suministros. Es la peor en 56 años.
Dependientes de los chips necesarios para los automóviles, equipos médicos, equipos de manufactura, cónsolas de videojuegos, teléfonos inteligentes, Smart tv’s, computadores personales, cámaras de seguridad, etc., la consecuencia de ello es que no hay suficiente oferta para una demanda creciente de aparatos tecnológicos. Por tanto, el precio de estos artículos en el mercado tiende a un alza sin precedentes. Los chips para la tecnología son como el azúcar o la sal para la gastronomía: indispensables. De estos circuitos es que depende el desarrollo de la industria y la dinámica de la economía capitalista. Si la sequía de Taiwán es una amenaza para el comercio electrónico mundial, pocas probabilidades habrá de una cuarta revolución industrial que se implemente a tiempo. Aunque este cuarto desarrollo habría comenzado recientemente, con la crisis de los chips, repito, no se puede dar abasto a la demanda por los dispositivos necesarios para impulsar la inteligencia artificial y propalar el poder de las Bigdata.
Se ha proyectado que para la tercera década del siglo XXI este salto tecnológico estaría en marcha en todo su furor. Se requiere, eso sí, que los seres humanos consumamos la menor cantidad de recursos para que las grandes corporaciones tengan un mayor acceso a la materia prima necesaria para sus transformaciones. Así es: que los habitantes del planeta gastemos menos agua y menos energía si es que queremos más tecnología. De ahí la propaganda infundada que el Foro Económico Mundial pretende que interioricemos con su lema de “no tendrás nada y serás feliz”; es decir, la idea del globalismo de que hay que ser feliz con menos para no ser víctima del consumismo. En otras palabras, sugiere la división del mundo en dos nuevas clases sociales: aquellos que dependen de la tecnología para vivir, gozando a su vez de los privilegios de la economía digital, y aquellos que tienen que resignarse a vivir con menos, sobre los que recaen todas las acciones de los primeros: una nueva pugna entre dominadores y dominados, sólo que desde la vertiente tecnológica.
No sabemos si será bueno o malo que no haya
llovido en Taiwán en tanto tiempo, que se retrase el avance tecnológico un par
de años por la falta de materia prima para la elaboración de chips, o que el
peligro de la inteligencia Artificial sea pospuesto. Lo que sí sabemos es que
sin estos semiconductores “no se podría producir prácticamente nada”, ni en el
mundo de hoy, ni en la esfera de la Cuarta Revolución Industrial.
Pero así es el mundo: se prenden las alarmas por la sequía en Taiwán, no porque los habitantes puedan morirse de sed, sino porque se detiene el avance de la revolución industrial; se estanca el crecimiento económico del mundo y no se sabe a la larga qué es peor, si el hecho de que puedan morir de sed los taiwaneses, o que en el resto del planeta nos quedemos sin celular.
Ahora más que nunca somos tan dependientes
de la tecnología, que las circunstancias tal vez nos obliguen a mirar hacia el interior
del ser. Acaso sea la naturaleza misma la que tenga frenada a propósito nuestra
evolución. Sabrá ella hasta dónde nos dejará llegar en nuestro afán de construirnos
el cadalso.
Acaso sea allí, en el interior, donde se
necesite la verdadera revolución: la revolución espiritual, la más urgente para
el mundo.
[1] https://www.eleconomista.com.mx/autos/Escasez-de-chips-continuara-si-la-demanda-por-celulares-5G-se-sigue-multiplicando-Oscar-Albin-20211218-0006.html
[2] www.youtube.com/watch?v=jh2JaeS4peg&list=PL18sLbvMjYxfdu
yNknbMF0OopH7b2iebf&index=4 Video #ATENTOS-LA-CRISIS-DE-LOS-CHIPS-DEMANDA-SOBRE-OFERTA | ANALISIS |






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