Ahora resulta que la FAO funge
como directorio político de la izquierda. La Agencia de Agricultura y Alimentación
de las Naciones Unidas, FAO (Food and
Agriculture Organization of the United Nations), publicó a inicios de esta
semana un informe en el que se concluye que Colombia está en riesgo de sufrir
una hambruna similar a la de los países africanos. Colombia, junto a Honduras y
Haití, fueron los únicos puntos críticos en Latinoamérica. ¿El resto de los
países? Muy bien, gracias, dice la FAO. En ninguno de los otros hay riesgo de
sufrir hambre. Solamente en Colombia, Honduras y Haití. Es más, en 2020 la FAO
felicitó a Cuba por sus buenas gestiones en materia alimentaria y porque en
dicho país “no hay hambre”.
Que Colombia esté incluida en una
lista de países en riesgo de hambre para el 2022 es una noticia que resulta
difícil de creer, si se tiene en cuenta que esta es una tierra con capacidad de
producción de alimento suficiente para abastecer a sus ciudadanos y exportar al
resto del mundo. Si ese riesgo fuera real, sería en todo caso el mismo para
todos los países del mundo. De hecho el riesgo para Colombia es menor en
comparación con otros países de la región. Esto más bien parece un informe para
que un sector político lo convierta en un botín electoral, como sólo ellos lo
saben hacer.
El mismo representante de la FAO, el señor Alan Jorge Bojanic, tuvo que salir luego a rectificar ante una nota de protesta de la canciller colombiana, diciendo que sería injusto no reconocer los grandes esfuerzos del gobierno en la lucha para garantizar la seguridad alimentaria a través de la implementación de sistemas agroalimentarios, los planes de alimentación escolar, el mantenimiento de los canales de comercialización, etc. (Por cierto, durante la pandemia, gracias a la labor de nuestros campesinos que continuaron sembrando comida, y al trabajo de los centros de acopio, no hubo escasez de alimentos en nuestro país). Entonces, ¿de qué riesgo de hambre habla la FAO? ¿Para qué presenta un informe en el que sugiere que somos un país que está ad portas de la insuficiencia alimentaria junto a Honduras y Haití cuando es sabido que en todos los países de Latinoamérica y del mundo, incluyendo los países ricos, existe un porcentaje de la población que aguanta hambre?
Me imagino que la falta de claridad en ese informe era un guiño para que la izquierda pudiera decir su frase de marras, la misma con la que apuntan a desmoralizar a los compatriotas: “Ya estamos peor que Venezuela”. Y como en el mapa del hambre que diseña la FAO apenas aparecen Colombia y dos países más, y no están marcados los países de la región con los que simpatizan políticamente los mamertos (donde comprobadamente la gente sí ha perdido su capacidad alimentaria), estos celebran el informe como si fuera un triunfo suyo.
Según la FAO, en Colombia
podría haber este año más de siete millones de personas envueltas en situación
de hambre si no se corrigen las políticas económicas del gobierno. Pero luego
sale a decir el funcionario que hay que reconocer los esfuerzos que este ha
realizado en la lucha contra el hambre. ¿Al fin qué?
Como sea, si esa indeseable contingencia
llegara a presentarse, no será por el buen diagnóstico de la FAO en cuanto a
responsabilizar exclusivamente al gobierno nacional por sus políticas
económicas —que hay que decirlo, sí han sido insuficientes, y algunas erráticas—,
sino por la situación de alcance mundial que se viene generando luego de dos
años de pandemia; además de una inmigración descontrolada de ciudadanos
venezolanos que cruzan la frontera hacia Colombia en su legítima búsqueda de un
plato de comida.
Y particularmente, en nuestro
país, la situación de carestía también se explica por la crisis que produjo el
mal llamado paro nacional de mediados del año pasado que la misma izquierda
ayudó para que se gestara y se agravara. No olvidaremos la alocución cuasi
presidencial del senador Gustavo Petro invitando a que la gente no usara el
transporte público ni comprara en las grandes superficies; ni olvidaremos al
escudero financiador de la Primera Línea —el grupo urbano que se tomó las
ciudades con toda clase de hechos vandálicos y terroristas— recogiendo plata
por internet para prácticamente armarlos contra la Fuerza Pública. Sí, hablo
del otro senador, el señor Gustavo Bolívar, que fue el primero que saltó en una
pata cuando le llegó el informe a sus manos para poder tergiversarlo en redes
sociales diciendo que si se miraba el mapa, sólo tres países aguantaban hambre
en Latinoamérica, entre ellos Colombia. Y el informe lo que decía era que lo
que podría haber en esos tres países era un incremento de la inseguridad
alimentaria en los próximos meses, cosa que tampoco es probable en Colombia.
Pero es que Dios los cría y ellos se juntan: la FAO presentando informes amañados
y los mamertos falseándolo y agravándolo todavía más. No olvidemos que la FAO
es una oficina de la ONU, la misma que tiene a su cargo la CIDH, esa que emitió
un informe durante la pasada toma guerrillera de abril diciendo que en Colombia
la Policía era la que asesinaba a los manifestantes.
Desde luego que en Colombia
tenemos una carestía real, que los alimentos cada vez están siendo más
inaccesibles para la gente más pobre, pero ¿será realmente que la causa es que
no hay producción de comida en Colombia o que el modelo económico está llevando
al desabastecimiento? ¿O será que la causa de la carestía y la escasez se debe
a la especulación de los grandes poderes económicos que se amparan en una
crisis de alcance global para abusar con los precios de los alimentos? ¿No será
que la política del gobierno de extender los subsidios como el de Ingreso Solidario
que se implementó a raíz de la pandemia ha empujado un alza de precios por el
incremento de la demanda? ¿No será que la autorización para emitir moneda es la
culpable de que todo esté más caro?
Ya sabemos que a mayor
circulante de dinero, mayor inflación: es una regla básica de la economía de la
que al parecer se olvidaron los gobernantes. Será la fórmula que aplicará el
candidato de la extrema izquierda en Colombia cuando llegue al poder, así que
preparémonos para una subida peor de los precios, y ahí sí, para un hambre que
ni la FAO va a poder pronosticar.
No hay que olvidar que la
carestía de los alimentos y de todos los bienes y servicios es un fenómeno que
se está dando no sólo en Colombia, sino a nivel mundial como consecuencia del
cierre de las empresas por falta de materia prima y mano de obra, producto
también de los confinamientos obligatorios que impuso la pandemia; además de
las medidas tendientes a implementar, a través de la agenda 2030 de la ONU y
del Foro Económico Mundial, una nueva ordenación económica que ya no se defina
por el sistema de mercado, sino por un tipo de consumo intervenido en el que
los bienes y servicios son de carácter limitado y están en poder de las
corporaciones globales.
Desde luego que el hambre puede estar a la vuelta de la esquina si el sistema sigue dando tumbos y los mercados mundiales se siguen resquebrajando, pero decir que en Colombia no habrá alimento suficiente en 2022 es un despropósito que la izquierda aprovecha para cimentar su discurso.
A no ser que la FAO lo haya
pronosticado basándose en la encuesta presidencial, cosa que sí es factible: la posibilidad inminente de que venga el hambre si gana el que va punteando las encuestas. Que Dios tenga piedad de
nosotros.
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