sábado, 5 de febrero de 2022

Los juegos del hambre

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




    Ahora resulta que la FAO funge como directorio político de la izquierda. La Agencia de Agricultura y Alimentación de las Naciones Unidas, FAO (Food and Agriculture Organization of the United Nations), publicó a inicios de esta semana un informe en el que se concluye que Colombia está en riesgo de sufrir una hambruna similar a la de los países africanos. Colombia, junto a Honduras y Haití, fueron los únicos puntos críticos en Latinoamérica. ¿El resto de los países? Muy bien, gracias, dice la FAO. En ninguno de los otros hay riesgo de sufrir hambre. Solamente en Colombia, Honduras y Haití. Es más, en 2020 la FAO felicitó a Cuba por sus buenas gestiones en materia alimentaria y porque en dicho país “no hay hambre”.

    Que Colombia esté incluida en una lista de países en riesgo de hambre para el 2022 es una noticia que resulta difícil de creer, si se tiene en cuenta que esta es una tierra con capacidad de producción de alimento suficiente para abastecer a sus ciudadanos y exportar al resto del mundo. Si ese riesgo fuera real, sería en todo caso el mismo para todos los países del mundo. De hecho el riesgo para Colombia es menor en comparación con otros países de la región. Esto más bien parece un informe para que un sector político lo convierta en un botín electoral, como sólo ellos lo saben hacer.


    El mismo representante de la FAO, el señor Alan Jorge Bojanic, tuvo que salir luego a rectificar ante una nota de protesta de la canciller colombiana, diciendo que sería injusto no reconocer los grandes esfuerzos del gobierno en la lucha para garantizar la seguridad alimentaria a través de la implementación de sistemas agroalimentarios, los planes de alimentación escolar, el mantenimiento de los canales de comercialización, etc. (Por cierto, durante la pandemia, gracias a la labor de nuestros campesinos que continuaron sembrando comida, y al trabajo de los centros de acopio, no hubo escasez de alimentos en nuestro país). Entonces, ¿de qué riesgo de hambre habla la FAO? ¿Para qué presenta un informe en el que sugiere que somos un país que está ad portas de la insuficiencia alimentaria junto a Honduras y Haití cuando es sabido que en todos los países de Latinoamérica y del mundo, incluyendo los países ricos, existe un porcentaje de la población que aguanta hambre?

    Me imagino que la falta de claridad en ese informe era un guiño para que la izquierda pudiera decir su frase de marras, la misma con la que apuntan a desmoralizar a los compatriotas: “Ya estamos peor que Venezuela”. Y como en el mapa del hambre que diseña la FAO apenas aparecen Colombia y dos países más, y no están marcados los países de la región con los que simpatizan políticamente los mamertos (donde comprobadamente la gente sí ha perdido su capacidad alimentaria), estos celebran el informe como si fuera un triunfo suyo.



    Según la FAO, en Colombia podría haber este año más de siete millones de personas envueltas en situación de hambre si no se corrigen las políticas económicas del gobierno. Pero luego sale a decir el funcionario que hay que reconocer los esfuerzos que este ha realizado en la lucha contra el hambre. ¿Al fin qué?

    Como sea, si esa indeseable contingencia llegara a presentarse, no será por el buen diagnóstico de la FAO en cuanto a responsabilizar exclusivamente al gobierno nacional por sus políticas económicas —que hay que decirlo, sí han sido insuficientes, y algunas erráticas—, sino por la situación de alcance mundial que se viene generando luego de dos años de pandemia; además de una inmigración descontrolada de ciudadanos venezolanos que cruzan la frontera hacia Colombia en su legítima búsqueda de un plato de comida.

    Y particularmente, en nuestro país, la situación de carestía también se explica por la crisis que produjo el mal llamado paro nacional de mediados del año pasado que la misma izquierda ayudó para que se gestara y se agravara. No olvidaremos la alocución cuasi presidencial del senador Gustavo Petro invitando a que la gente no usara el transporte público ni comprara en las grandes superficies; ni olvidaremos al escudero financiador de la Primera Línea —el grupo urbano que se tomó las ciudades con toda clase de hechos vandálicos y terroristas— recogiendo plata por internet para prácticamente armarlos contra la Fuerza Pública. Sí, hablo del otro senador, el señor Gustavo Bolívar, que fue el primero que saltó en una pata cuando le llegó el informe a sus manos para poder tergiversarlo en redes sociales diciendo que si se miraba el mapa, sólo tres países aguantaban hambre en Latinoamérica, entre ellos Colombia. Y el informe lo que decía era que lo que podría haber en esos tres países era un incremento de la inseguridad alimentaria en los próximos meses, cosa que tampoco es probable en Colombia. Pero es que Dios los cría y ellos se juntan: la FAO presentando informes amañados y los mamertos falseándolo y agravándolo todavía más. No olvidemos que la FAO es una oficina de la ONU, la misma que tiene a su cargo la CIDH, esa que emitió un informe durante la pasada toma guerrillera de abril diciendo que en Colombia la Policía era la que asesinaba a los manifestantes.



    Desde luego que en Colombia tenemos una carestía real, que los alimentos cada vez están siendo más inaccesibles para la gente más pobre, pero ¿será realmente que la causa es que no hay producción de comida en Colombia o que el modelo económico está llevando al desabastecimiento? ¿O será que la causa de la carestía y la escasez se debe a la especulación de los grandes poderes económicos que se amparan en una crisis de alcance global para abusar con los precios de los alimentos? ¿No será que la política del gobierno de extender los subsidios como el de Ingreso Solidario que se implementó a raíz de la pandemia ha empujado un alza de precios por el incremento de la demanda? ¿No será que la autorización para emitir moneda es la culpable de que todo esté más caro?

    Ya sabemos que a mayor circulante de dinero, mayor inflación: es una regla básica de la economía de la que al parecer se olvidaron los gobernantes. Será la fórmula que aplicará el candidato de la extrema izquierda en Colombia cuando llegue al poder, así que preparémonos para una subida peor de los precios, y ahí sí, para un hambre que ni la FAO va a poder pronosticar.  

    No hay que olvidar que la carestía de los alimentos y de todos los bienes y servicios es un fenómeno que se está dando no sólo en Colombia, sino a nivel mundial como consecuencia del cierre de las empresas por falta de materia prima y mano de obra, producto también de los confinamientos obligatorios que impuso la pandemia; además de las medidas tendientes a implementar, a través de la agenda 2030 de la ONU y del Foro Económico Mundial, una nueva ordenación económica que ya no se defina por el sistema de mercado, sino por un tipo de consumo intervenido en el que los bienes y servicios son de carácter limitado y están en poder de las corporaciones globales.



    Desde luego que el hambre puede estar a la vuelta de la esquina si el sistema sigue dando tumbos y los mercados mundiales se siguen resquebrajando, pero decir que en Colombia no habrá alimento suficiente en 2022 es un despropósito que la izquierda aprovecha para cimentar su discurso.

    A no ser que la FAO lo haya pronosticado basándose en la encuesta presidencial, cosa que sí es factible: la posibilidad inminente de que venga el hambre si gana el que va punteando las encuestas. Que Dios tenga piedad de nosotros.


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