Y por
fin llegó el mundial. Hubo que esperar casi seis meses de más, pero los aficionados
a este campeonato no hemos perdido la emoción. El fútbol seguirá moviendo las
masas a pesar de todo, no importa que coincida con las fiestas decembrinas: doble
celebración.
Desde que inició este torneo
por allá en el año de 1930 en Uruguay, ha sido costumbre que el evento se
realice a mitad de año. Así han sido las 21 ediciones anteriores. Esta vez,
porque las circunstancias obligan, el mundial tocará jugarlo a final de año:
una fecha demasiado atípica para una fiesta futbolera. Habrá que celebrar al
campeón con natilla y buñuelo, en medio de la novena de aguinaldos.
Y es que digo que las circunstancias obligan porque el mundial es en Catar,
y las temperaturas en este país durante la temporada de verano son algo más que
infernales, imposibles para jugar al fútbol, y a lo que sea bajo un calor que
puede llegar hasta los cincuenta grados centígrados; algo que evidentemente
hubiera puesto en peligro la vida de los futbolistas y los espectadores. La
plata, por otro lado, también obliga, y por supuesto la FIFA no iba a dejar
perder semejante oportunidad de otorgarle ese honor a los millonarios cataríes,
aunque tuviera que correr unos meses la fecha en que es tradición que se juegue
el campeonato del mundo.
Pero no importa. Más allá de que
sea en junio o en diciembre, mundial es mundial. Más allá de que sea en Catar, un
país sin tradición futbolera, sin escenarios disponibles al momento de ser elegido
sede, sin una liga profesional de calidad y con todos los reparos que ha
suscitado su cultura teocrática por aquello de los cuestionamientos que tiene
este principado con respecto a la violación de los derechos humanos; el mundial
de fútbol es una fiesta de la cual no nos queremos privar los que somos amantes
de este evento que se realiza cada cuatro años.
El país petrolero supo
resolver sin dificultad lo de la liga de fútbol y lo de los escenarios, los
cuales construyó en un lapso de diez años para finalmente obtener los estadios
más modernos y suntuosos que mundial alguno hubiera presentado como un mérito
de su organización. Eso sí, una vez finalizada la fiesta, los estadios serán
desmontados, porque sólo fueron construidos específicamente para este certamen.
Como una especie de escenarios desechables: cosas que el dinero de los jeques
puede comprar.
De otro lado, en lo referente
al tema de las violaciones a los derechos humanos en el país árabe, específicamente
por la prohibición de la homosexualidad y las restricciones a las libertades de
las mujeres, la polémica sigue servida. El preámbulo del mundial se ha visto
opacado por los cuestionamientos por parte de activistas de derechos humanos,
de organizaciones internacionales, de figuras importantes del mainstream
y demás artistas y personalidades reconocidas que a través de las redes
sociales han intentado influir en la opinión con su postura contra el mundial
de Catar.
Entre los cuestionamientos más
agudos que se le hacen al mundial están:
1. Las acusaciones de
corrupción de los dirigentes de la FIFA sobre el proceso de elección de Catar
como sede del mundial. Se sabe que hubo mucho dinero de por medio, como en los
anteriores mundiales. Sólo que al parecer esta vez hubo mucho más del que se
podía imaginar la prensa. Según una investigación del periódico inglés Sunday
Times, el país árabe pagó más de cinco millones de dólares en sobornos para
asegurarse el apoyo de su candidatura.[1] Lo
increíble habría sido que la FIFA no recibiera ningún soborno. ¿Saben las
organizaciones de prensa, los activistas y los artistas cuánto se recibió por
sobornos en los mundiales pasados? Para Rusia 2018, por ejemplo, se habla de
que hubo mucho dinero por debajo de la mesa, y en Sudáfrica 2010 lo mismo. Estados
Unidos, que tampoco tenía liga profesional ni estadios de fútbol, también pudo
realizar un mundial en 1994, de modo que las razones para asignar la sede
siempre han ido mucho más allá de lo deportivo. Los dólares son los que
mandan la parada en estos asuntos, y para nadie es un secreto el carácter
mafioso de los dirigentes de la FIFA.
Sin embargo, muchos de estos
que hoy protestan por los chanchullos de la FIFA en Catar, de alguna manera participaron
en los otros mundiales donde pululó la misma corrupción, y nunca se escuchó
nada de hacer un desplante al evento. La cosa, creo yo, va por otro lado para
que se suscite tanta polémica alrededor de este mundial, y es una cuestión
ideológica.
2. Haber utilizado mano de
obra esclava para la construcción de los estadios, la mayor parte de ella
proporcionada por migrantes a los que se les pagaba una miseria y eran
obligados a trabajar en condiciones infrahumanas. Se habla de que alrededor de
6.500 obreros murieron desde que comenzaron las obras de construcción de los
escenarios. Pese a ello, medios como CNN no han podido confirmar esta cifra de
muertes en relación con el mundial de Catar. Tal parece que los 6.500
trabajadores fallecidos desde 2010 de los que se habla, no configuran datos
reales. En todo caso se presentaron muertes por accidentes de trabajo y
condiciones extremas de calor, pero no la cantidad mencionada. Tampoco es
cierto que todos estaban trabajando para las obras del mundial. Se sabe con pruebas
que hubo tres fallecimientos directamente relacionados con las obras del
campeonato. Otras treinta víctimas se contabilizan como muertes no vinculadas a
las obras del mundial. ¿Sabe alguno de estos personajes de la farándula y los
medios que rechazan a Catar cuántas víctimas dejó la construcción de escenarios
para el mundial de Rusia? Sería bueno que investigaran ese dato.(
Por lo demás, existen peligros
inherentes de muerte en todas las construcciones, puesto que se considera una
actividad de alto riesgo. Hasta el momento nadie había protestado por ello; la
comunidad de los activistas contra Catar no se pronunció en ninguno de los
otros eventos deportivos en los que también se presentaron víctimas fatales. ¿Por
qué ahora?
3. La verdadera razón es la que más les urge a los progres, y es que “Catar es uno de los 70 países en el mundo donde están criminalizadas las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, según Amnistía Internacional”.[2] Hasta siete años podría ascender la pena por violar esta ley. Nos guste o no, son las leyes de ese país.
Desde luego que esto es una medida retrógrada y sin sentido,
pero el gobierno del principado ha dicho que aceptará a turistas que pertenezcan
a la comunidad LGBT siempre y cuando no hagan públicas sus manifestaciones de
afecto. Sus leyes son duras, pero son sus leyes. Lo paradójico es que
celebridades como Shakira, J Balvin, Dua Lipa o Rod Stewart, quienes rechazaron
presentarse en el mundial por considerar que en este país no se respetan los
derechos de la comunidad LGBT ni de las mujeres, sí hayan aceptado hacer su
show en otros países en donde también se violan los derechos humanos de manera
sistemática y se imponen unas legislaciones tan radicales o peores a las de
Catar. Tal es el caso de la China comunista, país en el que persiguen a católicos
y disidentes y los condenan a las peores penas, incluso a la muerte. Qué raro
que cuando Shakira o Dua Lipa estuvieron allí cantando no dijeron nada de ese gobierno
y ahora se van contra el mundial de fútbol sólo para alebrestar al mundo progre
que las sigue y las encumbra. Se supone que la vara debe ser la misma, ¿no?
Claro que la ley de Catar discrimina a los homosexuales y a las mujeres, y esto de ninguna manera se aceptaría en Occidente. No está bien criminalizar a nadie por su orientación sexual. Pero también es claro que su religión islámica es inflexible al respecto y que ella hace respetar sus costumbres y tradiciones como no se hace en Occidente con el cristianismo, al que dicho sea de paso, lo están convirtiendo en una religión vaciada de sacralidad. Los musulmanes no permiten que engendros como la ideología de género o el feminismo radical permeen su sociedad, y para ello toman medidas tan brutales como la prisión o la lapidación. No estoy de acuerdo con eso, pero ellos tienen sus normas, y esas leyes habrá que respetarlas mientras los espectadores y los protagonistas del evento estén allá.
Hacen bien los artistas, los influencers, los periodistas
y militantes del derechohumanismo en no ir a Catar si les parece que es
un país muy dictatorial. Pero también harían bien en aplicar sus principios
para todos los países que restringen las libertades y los derechos, como para
que no se le abra la puerta a una cosa llamada doble moral. También hacen bien
los que quieren ir y respetar las normas sin meterse a hablar de política. El
ejemplo lo tenemos en el cantante de reggaeton Maluma, cuyas canciones
me parecen una degradación y pensaría que son la antípoda de lo que el islam
predica. Sin embargo, fue invitado por la organización del mundial para animar
el espectáculo, y así lo entiende él. Por eso cuando un periodista le preguntó
qué opinaba de la violación de los derechos humanos en el principado, el
cantante se molestó y se retiró del set diciendo que él no podía resolver ese
asunto, que él sólo iba al mundial porque quería disfrutar de la fiesta del
fútbol. De paso ganarse unos pesos que no le caen mal a nadie, pero nada más.
La respuesta correcta que esperaba el periodista no salió de los labios de
Maluma. Él también está en su derecho de no hablar de política y de aceptar las
leyes de un país con una visión de mundo diferente. Sabe que “en Catar hay que
acatar”.
Más allá de lo bien o lo mal
que nos pueda parecer que la copa del mundo se realice en este país árabe, la
buena noticia es que una vez más tenemos copa del mundo después de lo que ha
pasado de 2020 para acá, y eso ya es un milagro.
Se marcharán unas figuras legendarias a las
que no volveremos a ver, llegarán otras. Lo importante aquí no son los negociados
de la FIFA, ni los autoritarismos de los jeques, ni las pataletas de los
faranduleros de la progresía, ni el tiempo inapropiado para este evento. Lo
importante es el balón, los jugadores, la cancha, la pasión del fútbol, los
goles, el amor por la camiseta. (Lástima lo de Colombia).
Lo importante es no dejar de
ver el evento, aunque sea por televisión. No sabemos si este pueda ser nuestro
último mundial, a sabiendas de que cada vez más el campeonato se degrada con la
mediocridad de meter 48 equipos y ahora con las injerencias de la corrección
política que quiere acabar hasta con la alegría del fútbol. Que nada de eso nos
dañe la fiesta, porque de todos modos mundial es mundial.
[1] CNN Español. (20 de
noviembre de 2022). Las siete polémicas que rodean a Qatar durante el
Mundial 2022: condiciones de migrantes, falta de derechos y el cuestionado
proceso de elección. https://cnnespanol.cnn.com/2022/11/20/siete-polemicas-qatar-mundial-2022-
[2] Citado en Amnesty International. Qatar. 2021. https://www.amnesty.org/en/location/middle-east-and-north-africa/qatar/report-qatar/







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