sábado, 12 de noviembre de 2022

Los diez mandamientos de la ley del clima

Por Juan Felipe Giraldo Trejos







    Confirmado. El ecologismo es una religión y no una ciencia.

    Una religión cuyo propósito no es formar en principios y valores, ni orientar a la búsqueda del bien, ni a la exaltación de un Dios creador, ni a la construcción de un modelo de vida que sirva como guía para la humanidad. No, nada de eso. Ni siquiera a esta nueva religión le interesa direccionar el comportamiento del hombre en un sentido que obre en su propio beneficio, de manera que pueda salvar el medio ambiente y de paso se salve así mismo. En lugar de ello promueve la desaparición de una parte de la especie humana (la que no tiene razón de ser desde la óptica de los titiriteros de la élite) para que aquellos que se están apropiando del planeta y sus recursos (los dueños de este terreno) puedan seguir viviendo confortablemente y tengan la posibilidad de heredarle un lugar mejor a su descendencia. A la descendencia de ellos, por supuesto, no a la de los demás.

    Por añadidura, tampoco es una religión que respete las posiciones diferentes, los credos relacionales que van en una vertiente contraria. De hecho, el ecologismo se conjuga con el fascismo del que tanto se quejan los progres, y he ahí que se obtiene la combinación perfecta de una religión mundial de la que nadie puede excluirse de profesar, pues irá siendo poco a poco de carácter obligatoria: el ecofascismo.

    Suena un poco totalitario el asunto, pero qué le hacemos, si desde las organizaciones internacionales y ONG’s patrocinadas por los magnates más acaudalados nos han hecho sentir culpables hasta el remordimiento de la destrucción de un mundo que seguramente ha sobrevivido a especies más dañinas que la especie humana, y eso es mucho decir.   



    ¿Alguna prueba de que el ecologismo se puede constituir ya como un credo de fanáticos y catastrofistas? Pues bien, la cumbre climática que se está realizando por estos días, y que responde al nombre de COP 27, fue escenario de un pronunciamiento por parte de la ONU en el que los líderes del Centro Interreligioso para el Desarrollo Sostenible se reunirán el próximo 13 de noviembre en una “ceremonia de arrepentimiento” para hacer un “llamado profético a la justicia climática”, en el cual se darán a conocer un conjunto de diez nuevos mandamientos ambientales.[1] Si de replicar con mayor exactitud el Arca del Pacto del que se habla en las Sagradas Escrituras se trata, estos “guías espirituales” serán convocados en el Monte Sinaí, aprovechando que la COP es en Egipto, donde harán las veces de Moisés en calidad de líder del rebaño, mientras que la ONU estaría oficiando como Dios mismo, ya que es ella quien decretará los diez mandamientos ambientales. Valga decir que, si se decretan nuevos mandamientos, es porque los Mandamientos de la Ley de Dios, los originales, quedan abolidos en esta reedición de la Escritura. Así es como funcionan las nuevas narrativas, ¿verdad?

    Es que ni siquiera son originales para inventarse su propia alegoría. La falta de creatividad es, pues, un rasgo de esta pseudo religión ambientalista que pretende inculcarnos la idea de que el mundo pronto se va a terminar, que el apocalipsis está por cumplirse, que hay que olvidarse de la idea de vivir en la fe de Cristo para insertarse así en un nuevo período de oscurantismo. Las palabras de Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, nos alertan de la debacle soñada por ellos mismos: “Las temperaturas globales siguen aumentando y nuestro planeta se acerca con rapidez a puntos de inflexión que harán irreversible el caos climático. Estamos en la autopista hacia el infierno climático con el pie en el acelerador”.[2]



    Todo se vale con tal de tergiversar la religión de Dios; sus mandamientos. Hablando de paz, de fraternidad, de armonía universal, de cuidado del planeta, se prepara el camino para la falsa religión: una plataforma anticristiana que servirá para impulsar lo que profetizó Isaías cuando decía que “enseñarán como doctrinas, mandamientos de hombres”. (Mateo 15:9).

    Los diez principios universales para lograr la “justicia climática” que proponen los organizadores de esta pantomima tienen un alcance mucho más que ecológico: un alcance para transformar la conciencia del ser humano: si no atiende los llamados del ecologismo, sufrirá las consecuencias.

    Según datos de la ONU, la vida en el planeta no podría ir más allá del año 2050 de seguirse derritiendo la capa del Océano Glacial Ártico. Se prevé un aumento de los desiertos y un deterioro en la calidad del aire. Ni qué decir de las tragedias que nos tienen pronosticadas, como el paso de huracanes con vientos hasta de más de 400 kilómetros por hora. El panorama, desde luego, es preocupante, pero ¿estamos seguros de que todo esto ocurrirá por la acción inconsciente del hombre que contamina su planeta o porque se agudizará alguno de los ciclos evolutivos de la Tierra que conllevan cambios climáticos y transformaciones extremas que atentan contra la especie humana?

    Más allá de la problemática ambiental, que sí existe; del cuidado que hay que tener para preservar nuestros recursos naturales que no son renovables y que es cierto que se están agotando; la dialéctica de estos diez mandamientos ambientales pareciera preocuparse menos por la ecología que por la sustitución de la creencia del individuo en Dios. Esto con el fin de cambiarla por la creencia en la capacidad del propio Hombre de modificar el curso natural de la Tierra.

    Sobre estas ideas es que va la propuesta de los diez mandamientos para el “arrepentimiento climático”[3]:

 

1. Somos los administradores de este mundo.

2. La creación manifiesta la divinidad.

3. Todo en la vida está interconectado.

4. No hagas daño.

5. Cuida el mañana.

6. Elévate por encima del ego por nuestro mundo.

7. Cambiar nuestro clima interior.

8. Arrepentirse y volver.

9. Cada acción importa.

10. Usar la mente con un corazón abierto.



    De lo que se trata aquí no es de cambiar nuestra forma de ser, de concientizarnos de la importancia de cuidar el planeta y ser mejores personas. Lo malo no es lo que está escrito, cosa que a la luz del sentido común cualquiera lo podría compartir. Lo que deja la sensación de suspicacia es el quién lo escribe y para qué. Me late que esto tan bonito se trata de unir todo bajo el dogma del cambio climático; cerrar filas en torno a él para impedir que otra forma de pensamiento, en especial religioso, pueda infiltrarse en esta teología de Zeus, el dios griego, amo y señor de las nubes, la lluvia y el trueno.   

    Entiendo que no hay nada tan efectivo para mitigar la moral del hombre como promover el caos y el desenfreno. Cuando el final se asoma y no hay dónde esconderse, cuando es inevitable el sufrimiento a futuro, o cuando no hay una esperanza que pueda darle luces a ese futuro, se quiere vivir en el eterno presente. La consigna de vivir el momento, de no proyectarse hacia adelante, de saber que no hay un mañana, es lo que tiene secuestrada el alma de la humanidad. Y peor si aparecen los encumbrados que nos advierten que estamos en un laberinto sin salida y que no podremos salir de él sin su ayuda; es decir, sin su voluntad y su consentimiento. Porque como reza el primer mandamiento de este falso decálogo, ellos son los administradores del mundo. Yo diría que son los dueños… por ahora.



[1] Rvdo Miguel Ángel Casco Gonzáles. (11 de noviembre de 2022). ¡Alerta!: A los pies del Monte Sinaí se construye el nuevo becerro de oro. El 19 digital.  https://www.el19digital.com/articulos/ver/titulo:

134312-alerta-a-los-pies-del-monte-sinai-se-construye-un-nuevo-becerro-de-oro

[2] Ibíd.

[3] Toy Staff. (13 de noviembre de 2022). Líderes multirreligiosos se reunirán en Israel y en todo el mundo para el "arrepentimiento climático". The times of Israel.  https://www.timesofisrael.com/multifaith-leaders-to-gather-in-israel-and-around-the-world-for-climate-repentance/

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