Confirmado.
El ecologismo es una religión y no una ciencia.
Una religión cuyo propósito no
es formar en principios y valores, ni orientar a la búsqueda del bien, ni a la
exaltación de un Dios creador, ni a la construcción de un modelo de vida que sirva
como guía para la humanidad. No, nada de eso. Ni siquiera a esta nueva religión
le interesa direccionar el comportamiento del hombre en un sentido que obre en
su propio beneficio, de manera que pueda salvar el medio ambiente y de paso se
salve así mismo. En lugar de ello promueve la desaparición de una parte de la
especie humana (la que no tiene razón de ser desde la óptica de los titiriteros
de la élite) para que aquellos que se están apropiando del planeta y sus
recursos (los dueños de este terreno) puedan seguir viviendo confortablemente y
tengan la posibilidad de heredarle un lugar mejor a su descendencia. A la
descendencia de ellos, por supuesto, no a la de los demás.
Por añadidura, tampoco es una
religión que respete las posiciones diferentes, los credos relacionales que van
en una vertiente contraria. De hecho, el ecologismo se conjuga con el fascismo
del que tanto se quejan los progres, y he ahí que se obtiene la combinación
perfecta de una religión mundial de la que nadie puede excluirse de profesar,
pues irá siendo poco a poco de carácter obligatoria: el ecofascismo.
Suena un poco totalitario el
asunto, pero qué le hacemos, si desde las organizaciones internacionales y ONG’s
patrocinadas por los magnates más acaudalados nos han hecho sentir culpables
hasta el remordimiento de la destrucción de un mundo que seguramente ha
sobrevivido a especies más dañinas que la especie humana, y eso es mucho decir.
¿Alguna prueba de que el ecologismo se puede constituir ya como un credo de fanáticos y catastrofistas? Pues bien, la cumbre climática que se está realizando por estos días, y que responde al nombre de COP 27, fue escenario de un pronunciamiento por parte de la ONU en el que los líderes del Centro Interreligioso para el Desarrollo Sostenible se reunirán el próximo 13 de noviembre en una “ceremonia de arrepentimiento” para hacer un “llamado profético a la justicia climática”, en el cual se darán a conocer un conjunto de diez nuevos mandamientos ambientales.[1] Si de replicar con mayor exactitud el Arca del Pacto del que se habla en las Sagradas Escrituras se trata, estos “guías espirituales” serán convocados en el Monte Sinaí, aprovechando que la COP es en Egipto, donde harán las veces de Moisés en calidad de líder del rebaño, mientras que la ONU estaría oficiando como Dios mismo, ya que es ella quien decretará los diez mandamientos ambientales. Valga decir que, si se decretan nuevos mandamientos, es porque los Mandamientos de la Ley de Dios, los originales, quedan abolidos en esta reedición de la Escritura. Así es como funcionan las nuevas narrativas, ¿verdad?
Es que ni siquiera son
originales para inventarse su propia alegoría. La falta de creatividad es,
pues, un rasgo de esta pseudo religión ambientalista que pretende inculcarnos
la idea de que el mundo pronto se va a terminar, que el apocalipsis está por
cumplirse, que hay que olvidarse de la idea de vivir en la fe de Cristo para insertarse
así en un nuevo período de oscurantismo. Las palabras de Antonio Guterres,
Secretario General de la ONU, nos alertan de la debacle soñada por ellos
mismos: “Las temperaturas globales siguen aumentando y nuestro planeta se
acerca con rapidez a puntos de inflexión que harán irreversible el caos
climático. Estamos en la autopista hacia el infierno climático con el pie en el
acelerador”.[2]
Todo se vale con tal de
tergiversar la religión de Dios; sus mandamientos. Hablando de paz, de
fraternidad, de armonía universal, de cuidado del planeta, se prepara el camino
para la falsa religión: una plataforma anticristiana que servirá para impulsar
lo que profetizó Isaías cuando decía que “enseñarán como doctrinas,
mandamientos de hombres”. (Mateo 15:9).
Los diez principios
universales para lograr la “justicia climática” que proponen los organizadores
de esta pantomima tienen un alcance mucho más que ecológico: un alcance para
transformar la conciencia del ser humano: si no atiende los llamados del
ecologismo, sufrirá las consecuencias.
Según datos de la ONU, la vida
en el planeta no podría ir más allá del año 2050 de seguirse derritiendo la
capa del Océano Glacial Ártico. Se prevé un aumento de los desiertos y un
deterioro en la calidad del aire. Ni qué decir de las tragedias que nos tienen
pronosticadas, como el paso de huracanes con vientos hasta de más de 400
kilómetros por hora. El panorama, desde luego, es preocupante, pero ¿estamos
seguros de que todo esto ocurrirá por la acción inconsciente del hombre que
contamina su planeta o porque se agudizará alguno de los ciclos evolutivos de
la Tierra que conllevan cambios climáticos y transformaciones extremas que
atentan contra la especie humana?
Más allá de la problemática
ambiental, que sí existe; del cuidado que hay que tener para preservar nuestros
recursos naturales que no son renovables y que es cierto que se están agotando;
la dialéctica de estos diez mandamientos ambientales pareciera preocuparse
menos por la ecología que por la sustitución de la creencia del individuo en Dios.
Esto con el fin de cambiarla por la creencia en la capacidad del propio Hombre
de modificar el curso natural de la Tierra.
Sobre estas ideas es que va la
propuesta de los diez mandamientos para el “arrepentimiento climático”[3]:
1. Somos los administradores de este mundo.
2. La creación manifiesta la divinidad.
3. Todo en la vida está interconectado.
4. No hagas daño.
5. Cuida el mañana.
6. Elévate por encima del ego por nuestro
mundo.
7. Cambiar nuestro clima interior.
8. Arrepentirse y volver.
9. Cada acción importa.
10. Usar la mente con un corazón abierto.
De lo que se trata aquí no es de
cambiar nuestra forma de ser, de concientizarnos de la importancia de cuidar el
planeta y ser mejores personas. Lo malo no es lo que está escrito, cosa que a
la luz del sentido común cualquiera lo podría compartir. Lo que deja la
sensación de suspicacia es el quién lo escribe y para qué. Me late que esto tan
bonito se trata de unir todo bajo el dogma del cambio climático; cerrar filas en
torno a él para impedir que otra forma de pensamiento, en especial religioso,
pueda infiltrarse en esta teología de Zeus, el dios griego, amo y señor de las
nubes, la lluvia y el trueno.
Entiendo que no hay nada tan
efectivo para mitigar la moral del hombre como promover el caos y el desenfreno.
Cuando el final se asoma y no hay dónde esconderse, cuando es inevitable el sufrimiento
a futuro, o cuando no hay una esperanza que pueda darle luces a ese futuro, se
quiere vivir en el eterno presente. La consigna de vivir el momento, de no proyectarse
hacia adelante, de saber que no hay un mañana, es lo que tiene secuestrada el alma
de la humanidad. Y peor si aparecen los encumbrados que nos advierten que
estamos en un laberinto sin salida y que no podremos salir de él sin su ayuda; es
decir, sin su voluntad y su consentimiento. Porque como reza el primer
mandamiento de este falso decálogo, ellos son los administradores del mundo. Yo
diría que son los dueños… por ahora.
[1] Rvdo Miguel Ángel Casco Gonzáles. (11 de noviembre de 2022). ¡Alerta!: A
los pies del Monte Sinaí se construye el nuevo becerro de oro. El 19 digital. https://www.el19digital.com/articulos/ver/titulo:
134312-alerta-a-los-pies-del-monte-sinai-se-construye-un-nuevo-becerro-de-oro
[2] Ibíd.
[3] Toy Staff. (13 de noviembre de 2022). Líderes multirreligiosos se
reunirán en Israel y en todo el mundo para el "arrepentimiento climático".
The times of
Israel. https://www.timesofisrael.com/multifaith-leaders-to-gather-in-israel-and-around-the-world-for-climate-repentance/




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