sábado, 28 de enero de 2023

El peligroso delito de oración

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




    Nos pintan en el imaginario un mundo donde la libertad es posible, donde gracias al pensamiento moderno y a las redes sociales, que son producto de los avances de la tecnología de las comunicaciones, podemos expresar nuestra opinión libremente sin temor a ser censurados. Hoy día cualquiera que tenga acceso a un computador o a un teléfono puede opinar e influir sobre la sociedad, nos dicen convencidos los internautas, pero nada más alejado de la realidad. No es así. Nunca antes habíamos tenido tantas leyes que nos dieran la sensación de ser libres, y nunca antes hemos sido más esclavos. La única libertad posible es la que te permiten los detentadores del poder, y eso incluye no opinar ni hacer nada distinto de lo que a estos les convenga.

    Ocurrió en Inglaterra finalizando el año pasado, cuando Isabel Vaughan-Spruce fue sorprendida por una patrulla de la policía “violando el nuevo mandato de la ciudad de Birmingham”, el PSPO, u Orden de Protección del Espacio Público por sus siglas en inglés.[1] Según esta ley, nadie puede acercarse a menos de 150 metros de una clínica —en la que se practiquen abortos— con intenciones de realizar alguna manifestación o protesta en contra de este asesinato permitido, que al igual que en Colombia, también está despenalizado en el Reino Unido.  



    Entre esas protestas y manifestaciones que quedan prohibidas por violar la Ley del Espacio Público, se ha catalogado el acto de rezar en silencio (y con los ojos cerrados) como una alteración del orden: la más peligrosa de las actividades para la mentalidad atea; algo que para las autoridades inglesas es motivo de detención e imputación de cargos, y más si se realiza cerca a uno de estos centros en donde se ejecuta el sacrificio de niños por nacer.

    Es que cuando las feministas queman iglesias y destruyen monumentos o pintan grafitis en los murales, o muestran vulgarmente sus senos pintarrajeados con lemas insultantes y gritan como posesas; esto no es considerado como una trasgresión al orden público de ninguna manera: ellas, y quienes exigen el aborto “libre, seguro y gratuito”, están ejerciendo su derecho a protestar de forma autónoma. Ahora, si alguien decide que, para ejercer este mismo derecho desde una posición contraria, lo mejor es rezar en silencio frente a la clínica en cuestión, esta persona debe ser considerada como un sospechoso de alta peligrosidad. Así está el mundo. 



    Cuando el agente de policía se le acercó a Isabel y le preguntó por lo que estaba haciendo, al verla impávida en actitud reflexiva, la señora le respondió que podría estar rezando en su cabeza. ¡En su cabeza!, porque esto ha llegado al punto tal de que no se pueden tener pensamientos propios.

    Acto seguido requisaron a Vaughan-Spruce hasta en el pelo y la condujeron a la patrulla. Vale decir que los agentes en ningún momento la maltrataron ni la agredieron físicamente, pero se mostraron como los fieles guardianes de “La Policía del Pensamiento” de la que hablara Orwell en su tan mentada obra “1984”.

    Resulta que Isabel Vaughan-Spruce es la directora de la ONG Cuarenta Días por la Vida en Birmingham, cuyo propósito central es convocar principalmente a mujeres para que recen por el fin del aborto, además de apoyar a las embarazadas, madres e hijos en situación vulnerable. Su único pecado fue ir contra el aborto, y sobre todo a través de un arma poderosa a la que la dictadura de la nueva gobernanza le tiene pavor: la oración.



    Sí, esta actividad pacífica e inofensiva que el sistema de la nueva tiranía desdeña es hasta ahora la fórmula más personal de los creyentes ante la avalancha de censura y restricciones que los gobiernos vienen imponiendo en todo el mundo. Acudir al poder de Dios es la mejor defensa para pedir protección y suplicar por la piedad de nuestro creador, y para que su espíritu obre en nuestras mentes confundidas y nos inhiba de hacer el mal.

    Pero estamos ante un escenario en el que quieren despojarnos de nuestra libertad mediante el control total y la uniformización del pensamiento. El gran pecado aquí es oponerse a una ley perversa que el Estado obliga a ser abrazada.    

    Y es que esta dictadura que se está metiendo lentamente y sin que nos percatemos, se camufla precisamente en la falsa autonomía. Ofrece un buenismo hipócrita, comprensivo, liberador, pero al tiempo promueve la abolición de la verdad, la supresión de la Historia, la negación de la naturaleza, el empobrecimiento de la lengua y la propagación del odio contra todo aquello que se oponga a la ideología que aspira a ser imperio.

    De manera, pues, que casi que se debe estar a favor del aborto para no ser encarcelado en Inglaterra. No demoran esos avances legislativos en aplicarse por estos lares. Como mínimo se nos exige que no nos pronunciemos en contra de esta práctica, lo cual es ya un atentado contra la libertad de expresión: un crimen de pensamiento.



    Eso sí, la progresía es libre de pensar, manifestarse, actuar, y en muchos casos atacar a sus contradictores, pues la mano déspota de los gobiernos les da el aval para hacerlo. Ellos no atentan contra la moral y el orden público. Los malos somos los que tenemos fe en Dios y queremos obrar con el bien.

    ¿Fue suficiente con que detuvieran a esta activista provida para que las autoridades dejaran en paz a quienes piensan diferente? Claro que no. Además, se le prohibió a esta señora participar en oraciones públicas, incluso estando lejos de las clínicas abortistas. La persecución apenas comienza. Practicar la fe será, dentro de poco, una actividad de alto riesgo.

    Es que no pasa nada si los abortistas manifiestan abiertamente su opinión y exponen sus argumentos. De todos modos, la legislación favorece sus posiciones. El problema (para ellos) está cuando los defensores de la vida del niño por nacer influyen o aconsejan a una mujer para que no lo haga. Si informan de los riesgos y persuaden a las mujeres de que se abstengan de practicarse un aborto, la cláusula 9 del Proyecto de Ley de Orden Público en Inglaterra caería con todo su peso. Podría haber prisión hasta de dos años.

    Algo como esto le sucedió a una pareja de ancianos en España, donde hay una ley similar. Según otro artículo de la profesora y columnista Mamela Fiallo, se nos informa que los ancianos “entregaron un folleto a una mujer que entró a una clínica de abortos y desistió de hacerlo al recibir la información”.[1]  No valió que la aconsejada atestiguara a favor de ellos, pues el delito aquí fue haberle hecho perder un negocio jugoso a la clínica abortista, además de que se salvó una vida, y eso, para los intereses del control demográfico, es una pérdida irreparable.



    Tal parece que rezar sí sirve. El poder de la oración, infinitamente superior a cualquier medida de restricción que se ejerza sobre la libertad religiosa, es temido por los cultores del despotismo más que cualquier otro poder. Ellos, anticristianos y relativistas morales, no saben, al fin y al cabo, cómo es que obran los milagros. Si no son capaces de reconocer en dónde empieza la vida, mucho menos lo serán para contrarrestar “el peligroso delito de oración”. 





[1] Mamela Fiallo Flor. (22 de diciembre de 2022). Crimental es una realidad en Reino Unido: mujer fue detenida por pensar. Panam Post.  Descargado de  

https://panampost.com/mamelafiallo/2022/12/23/crimental-en-reino-unido-detenida-por-pensar/

[2] Mamela Fiallo Flor. (31 de mayo de 2022). Inició juicio en España contra dos ancianos por ayudar a salvar una vida. Panam Post. Descargado de 

https://panampost.com/mamela-fiallo/2022/05/31/juicio-espana-dos-ancianos/

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Por una nueva refundación

Por Juan Felipe Giraldo Trejos (Reflexión)      Volvió a temblar la tierra. Se estremeció como un gigante que despierta de un mal sueño, o m...