Y continúan las masacres en Colombia. Las
siguen registrando en la página de Indepaz, pero a la ultra izquierda y a los
amigos petristas ya se les olvidó contarlas como las contaban antes de entrar
en la Casa de Nariño. Recuerdo cómo salían energúmenos a acusar el gobierno de
Duque por su supuesta responsabilidad en las muertes de los líderes sociales,
cuando todos sabíamos que los que asesinaban eran las Farc o sus disidencias,
el ELN, el Clan del Golfo, los Pelusos, los Caparrapos, etc., etc. Es decir,
los grupos de narcoterrorismo que operan en Colombia y que el gobierno actual
ha dejado pelechar como la hierba mala. Ya no es tan publicitada la célebre
frase de “nos están matando” en las redes sociales, pues a ellos los muertos no
les interesa, y si les interesó alguna vez, fue solo para hacer su campaña
electorera: ya llegaron al poder. Ah, la infinita doble moral.
El pasado fin de semana las bandas criminales
volvieron a hostigar al país: un escolta de un vehículo que transportaba
valores fue asesinado en medio de un ataque a la Fuerza Pública en una
carretera del Cesar; varios vehículos de carga y autobuses fueron incendiados en
el Bajo Cauca a manos del Clan del Golfo; un helicóptero del ejército fue
impactado por el ELN en Arauca, y otro cayó en extrañas circunstancias en el
Chocó, en donde murió la teniente Julieth García, primera mujer piloto de
helicóptero UH 1N de la Fuerza Aérea que hacía poco había ostentado ese rango,
y otros tres miembros del Ejército Nacional.
Tanto fue el desorden público que el inepto
ministro de Defensa y el presidente ex guerrillero se acordaron de que su misión
es dirigir la seguridad del Estado y volvieron a dar la orden de “garantizar a
la comunidad su seguridad”, porque era que antes no la estaban garantizando, pues
seguro dieron la orden contraria.
Pero no sólo el desastre de este gobierno es
evidente en materia de seguridad, sino en los demás aspectos de la vida del
país: las políticas económicas, sociales, fiscales, de salud, agrarias,
laborales, de vivienda, y demás, son un fiasco, por no decir la puerta de
entrada al infierno.
Vamos a lo económico. Mientras a los bandidos se les ofrece el oro y el moro, al resto de ciudadanos le toca pagar más por la comida cada vez que van al mercado. El hambre, o el filo, como se le conoce coloquialmente, está azotando la nación y atosigando los vientres de los colombianos. Y no sólo pagar más por la comida, sino por cualquier tipo de bien o servicio: gasolina, medicamentos, insumos, energía, agua, gas, telefonía, vigilancia, vestuario, herramientas, gastos administrativos, en fin. Todo está más caro. La inflación ahora ha llegado al 13,28%, y sabemos que es una cifra subvalorada, pues es apenas un promedio de todos los precios de los artículos. Muchas cosas han subido más del cien por ciento, como los huevos. Claro, nos dicen que es una crisis mundial, pero también es cierto que el presidente es un acrecentador del problema y no un solucionador, así que no nos vengan con excusas.
¿Y del crecimiento económico del 5% que se
proyectaba en tiempos más felices? Pues nada, no habrá crecimiento económico
este año. Acordémonos que lo que quiere el gobierno es decrecer, dicho por la
misma ministra-filósofa de Minas y Energía. O sea, el objetivo es perder, ser
más pobres, retroceder. Cuando Colombia proyectaba su crecimiento al 4%, 5%, 6%,
se tornaba en un país atractivo para la inversión extranjera. De hecho, un país
que no crece a ese ritmo, está condenado a ser inviable. Pues ríanse de la
cifra que el Banco de la República proyectó en cuanto al crecimiento de la
economía: 0,2% para el año 2023. ¡Apague y vámonos!
Por el lado del desempleo, en estos siete meses de pesadilla, este ha aumentado al 13,7%. La destrucción de puestos de trabajo de este gobierno es maratónica, y la seguirá siendo si le aprueban su nefasta reforma laboral que eliminará la flexibilización laboral y por ende la movilidad del empleo. Ejemplo de ello es la propuesta para reglamentar los servicios de las plataformas digitales bajo la figura de contrato de trabajo a término indefinido; algo que perjudicará tanto a los dueños de las plataformas como a los trabajadores que se benefician de ellas y que ven allí la oportunidad de ganarse unos pesos sin estar atados a una relación patrono-obrero. Además, el artículo que reglamenta el despido de un trabajador, aunque sea con justa causa, impedirá que una empresa pueda contratar personal nuevo al avocar al empleador al visto bueno de un juez que falle en favor del empleado y obligue a restituirlo en su puesto de trabajo en lugar de la indemnización. Quiere decir esto que, si una empresa no desea contar más con los servicios de un trabajador por el motivo que sea, tendrá que tenerlo en su nómina por el tiempo que a este se le dé la gana. Así las cosas, ¿quién va a querer emprender en Colombia? ¿Quién querrá generar empleo si la ley se convierte en una soga que le ata las manos al empresario en el momento en que desee renovar su fuerza de trabajo? Supongo que esta es la reforma que impulsaron para darle gusto a los sindicatos y asfixiar a las empresas, sobre todo a las pequeñas y medianas, que son las que generan el 80% de los puestos de trabajo de la nación. Con este panorama podemos decir que se acabó la productividad en el país, se acabó el empleo y se acabó la iniciativa privada, porque muchos ya no verán incentivos para invertir. Bienvenidos a la pauperización y a la dependencia de la burocracia estatal a la que aspirarán millones de personas desempleadas. ¡Bienvenidos al socialismo! Los que no puedan insertarse en ese círculo, supongo que marcharán a tierras lejanas a buscar un futuro promisorio. El problema es a dónde nos podremos ir.
Seguimos con esta puerta al infierno por la
que está entrando el país con la noticia de que ya la gente tampoco puede
acceder a la vivienda digna. Nadie quiere tomar un crédito con una tasa de casi
el 50% de interés anual. El mercado inmobiliario en las actuales circunstancias
se encuentra como el presidente: petrificado. Es decir, nadie quiere construir
ni invertir en una casa por el momento. La propiedad raíz está inalcanzable. La
prueba de ello es que la vivienda de interés social cayó en un 64%. Las
constructoras lo saben, y por eso se ha generado una nueva una burbuja inmobiliaria
en los precios de la vivienda nueva. Están ávidas por vender los proyectos que
ya tenían en curso para ver qué hacen después con su razón social. Saben que
cuando el precio de la vivienda se desplome serán muchos los que perderán su
patrimonio en términos de valorización y avalúos comerciales, aunque en el
papel demuestren que su propiedad vale una fortuna. Como todo en este gobierno,
no será más que una ilusión de una riqueza que no existe.
Como la ilusión que nos crean con la plata
de los ahorros de las pensiones que quieren nacionalizar. ¿Será que dentro de unos
años, cuando los 18 millones de colombianos que hoy estamos cotizando a un fondo privado tengamos "el descaro" de pedir nuestra pensión, los políticos de turno nos dirán “claro,
señor, aquí está su plata sana y salva”?
¿Y qué hay en materia de salud, uno de los
sistemas por los que Colombia medio puede sacar pecho porque se encuentra entre
los menos peores de la región? Pues bien, no basta que esté entre los menos
malos. El gobierno Petro y sus secuaces quieren que sea el campeón de los malos,
el peor. Porque si hasta ahora el modelo de salud colombiano ha otorgado
cobertura a toda la población, ha funcionado más o menos bien, con muchas cosas
por mejorar, desde luego, sin ser un sistema perfecto; pero si ese sistema no
fue el que se inventó la izquierda, entonces hay que acabarlo. Porque sólo
ellos pueden proponer las cosas buenas para el país. Por ello no podían
permitirse el lujo de dejar pasar la reforma tributaria que propuso Duque en
2021 y por la cual las hordas petristas salieron a incendiar los bienes
públicos y privados, y a acabar con todo. Es que Petro tenía su propia reforma
a futuro, mucho más gravosa y empobrecedora que la de su antecesor, pero, al fin
y al cabo, propuesta por él, y por ese solo hecho ya se consideraba buena.
La Reforma
a la Salud que se someterá a aprobación del Congreso es la excusa perfecta para
que nos importen los famosos médicos cubanos, que no sé si serán tan buenos
como dice el mito, ni tantos como para que una dictadura los pueda diseminar
por todo un continente. Me late más bien que la mayoría de ellos lo que vienen
es a hacer proselitismo, como en Venezuela hicieron. Eso de que el médico te
visitará en tu hogar me suena a una medida de control para saber qué piensas y cómo
vives, y hasta abrirte la nevera y juzgarte por lo que comes. Cualquier gaseosa
de más que uno tenga en el refrigerador será motivo para condicionarte el “excelentísimo”
servicio de salud. Ya lo veo venir.
Y si no, entonces preguntémonos ¿por qué el gobierno se está negando a comprar medicamentos y no le ha girado el dinero a las EPS? El mismo director del Invima, que salió despedido del cargo, tuvo la indiscreción de decir que eso de comprar medicinas no era la solución a la escasez de medicamentos, ¿cómo les parece? El objetivo, como lo dijo alguna vez la ministra Corcho, es crear una crisis de salud tan grave, fracturar el sistema de tal forma, que no quede más que manejar la salud con las políticas socialistas que tanto les gusta. De modo que ni se nos ocurra enfermarnos a los colombianos a partir de ahora. Nada de comer en exceso (que ya es imposible) ni de comer mucha carne, que es mala para la artritis.
Si acaso, que el colombiano tenga a la mano un buen porro de marihuana o un pase de cocaína, que es lo que tanto les gusta promover a los petristas, porque eso sí permite desarrollar libremente la personalidad, y de esa manera obtener salud mental. Y en mente sana, cuerpo sano ¿o es al revés?
Qué más da. En este gobierno todo es al
revés. Aquí no nos quieren librar del infierno, sino darnos el empujón final
para caer en él.






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