sábado, 21 de octubre de 2023

El afán de vivir

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





    La filosofía y ciertas vertientes de la psicología nos enseñan que del poder interior nace la voluntad para aprender, crear, crecer, progresar, soportar los dolores, superar los vicios y las dificultades, restablecer la salud, mejorarse, renovarse… en últimas, nace la voluntad del hombre para vivir con entereza. Siempre de esa fuerza que proviene desde lo más hondo del ser, que es su espíritu mismo. De lo contrario, la especie humana no habría sido capaz de crear ni de transformar el mundo que ha habitado por siglos. No habría podido evolucionar ni desarrollarse ninguna civilización sobre la faz de la tierra.

    Y cuando digo evolución humana no me estoy refiriendo al logro de la perfección, de la cual estamos bastante lejos los individuos. Si admitimos que nuestros hechos en la Historia dejan mucho que desear y que más bien nos delatan como sujetos que se encaminan hacia una completa involución, dejamos en claro que ninguna humanidad es perfecta, puesto que carecemos de la divinidad de los dioses. Aún así, también hay que reconocer que el Hombre, a pesar de su naturaleza caída y su desviación innata, ha logrado cosas grandes para el progreso de la humanidad, tanto a nivel material como a nivel espiritual. El hecho de que un puñado de esa creación imperfecta manche con sus aberraciones el legado de los hombres buenos, no quita que en verdad la mayoría de estos hayan pasado por el planeta plantando su semilla para beneficio e inspiración de las generaciones posteriores.   



    Y eso parece olvidarlo muy a menudo el individuo que nos representa en esta contemporaneidad. El hombre posmoderno se siente el centro del mundo y no se ocupa más que de mirarse su propio ombligo cuando asume que todo lo existente siempre ha sido tal cual es ahora: la Historia, los descubrimientos, las máquinas, el orden mundial, el sistema de vida. Cree que antes de él no hubo nada importante para edificar el mundo en el que hoy se desenvuelve; que un invento tan relativamente reciente como el internet, por ejemplo, ha sido cosa de toda la vida y que es normal que esté ahí, siempre, al alcance de la mano.

    Hoy, cuando la innovación tecnológica se ha empeñado en sorprendernos —y hasta asustarnos al pensar en la posibilidad de que esta misma nos desplace—, se evidencia más que nunca el progreso científico y material, hasta el punto de que el Hombre ha jugado a ser Dios y se ha arrogado la potestad de ser su propio creador, incluso con características mejoradas. El transhumanismo, que ya es una posibilidad real, nos alerta sobre el peligro de desaparecer como especie natural cuando a través de procesos de nanotecnología e ingeniería genética se le puedan modificar los genes defectuosos a los futuros sujetos, y de allí llegar a crear un Superhombre. Muy diferente a aquel del que hablara Nietzsche en su momento, porque este Superhombre con poderes especiales no permitiría “la muerte de Dios”, ya que él es un dios en sí mismo. Si la humanidad apunta a eso, ¿qué aliciente tiene ser una persona normal, de carne y hueso, que no se ha sometido a ningún tipo de mejora artificial y que por tanto no gozará de las ventajas de los transhumanos?



    Y he aquí que conecto el párrafo inicial con el cual comencé esta entrada, en el que ponderaba la fuerza interior y la ayuda que prestan materias como la filosofía, la psicología, la teología y demás ciencias humanas, con el punto al cual quiero llegar, y es que si el futuro nos depara una humanidad cada vez menos humana, habrían sólo dos cosas que podrían salvarla de su decadencia y posterior desaparición: su fe en Dios, como primera medida, y la fe en su poder interior expresada en la voluntad para actuar conforme al orden natural de las cosas: es el orden que nos dice que somos mortales y que hemos de cumplir una misión en esta tierra sin trasgredir la misión de los demás.

    Y ese poder interior llamado “voluntad”, nos dice Ryan Holiday, autor del libro El obstáculo es el camino, “no debe verse afectado nunca por el mundo exterior… la verdadera voluntad es callada humildad, resistencia y flexibilidad…es disciplina”.[1] Al respecto, este autor que promueve la escuela estoica nos conmina a pensar que la voluntad tiene más que ver con la capacidad para detenerse o capitular, que con el ansia para desear algo o con el impulso con el que se actúa en pos de ese deseo. Que está más orientada a enfrentar la adversidad y la agitación antes que propender por el buen ánimo con el que el ser humano asimila la felicidad y la buena estrella. La voluntad como medio para controlarse en lugar de ser el detonante que permite entrar en acción sin un mínimo de razonamiento. El resorte que está más ligado al carácter que al temperamento.



    Insisto: la tecnología moderna nos ha hecho pensar que controlamos el mundo. Nada más lejos de la realidad. De hecho, no controlamos nada, pero sí somos controlados por la tecnología. Por más que se haya avanzado en las técnicas de clonación y de crear a partir de un embrión a un hombre a imagen y semejanza de Dios, lo cierto es que nadie puede regresar de la muerte; a nadie se puede resucitar.

    Pero Dios le dio libre albedrío al Hombre, que es esa misma voluntad para decidir qué hacer y qué camino elegir. Por ello uno no entiende cómo es que la mayoría de los mortales hemos elegido el camino de la complacencia, el del placer a corto plazo, el de la comodidad. Esta reflexión me recuerda una frase de Séneca en la que decía que “necesariamente consideran corta toda existencia quienes la miden de acuerdo con sus placeres ilusorios, y por lo mismo insaciables.”[2] Es volver al lema hedonista de “la vida es un ratico”, “sólo existe el ahora”, “nuestra vida es un eterno presente”. Y claro que el momento presente se debe aprovechar; valorar en su justa medida, pero cuando se reduce el propósito de vida al mero hecho de agotar el paquete completo de dichas y placeres en una corta cantidad de tiempo y con la mentalidad de que no nos alcanzarán los días para hacerlo, reafirmamos el adagio popular del “comamos y bebamos que mañana moriremos”. Como si en realidad no hubiera un mañana; como si no existiera otra dimensión de la existencia; como si la consigna de la “vida buena”, del “vivir sabroso”, fuera una especie de precepto obligatorio para ser feliz, y quien no lo aplicase a rajatabla sencillamente estaría perdiendo sus horas de existencia por andar respirando en vano.  



    ¿Y qué sucede si no se cumplen esos deseos terrenales que la mayoría de la gente tiene en mente; si no se logran esas metas altas que se gestaron del propio poder interior de los humanos para hacer realidad unos sueños que le pertenecieron en principio a otros y de los que la masa se quiere apropiar como si fuera eso lo único que le proporcionara felicidad a la especie entera? ¿Qué pasa si se prescinde del placer, de la poesía, de la belleza, de la naturaleza, de la buena vida, la comida, el arte y la prosperidad? ¿Acaso valen menos esas vidas que las que optaron por la empresa del riesgo, la adrenalina y las pasajeras sensaciones por la necesidad de sentir que realmente estaban vivos?

    La respuesta es que no pasa absolutamente nada. Tampoco por ello deja de tener sentido la vida, ni se vuelve la existencia ruin.

    Porque ni siquiera los recuerdos de glorias pasadas le quedan al fulano que tiene que enfrentarse con la muerte. De ella no se sale vencedor, y en todo caso a ella sucumbiremos. No importa si se fue feliz, si se hizo lo que se quiso, si no se consiguió absolutamente nada. No importa, pues al fin y al cabo no es esta vida corpórea la que cuenta. Al final retornamos a la misma inexistencia de la que procedemos, de modo que ¿para qué el afán?





[1] Youtube. [Audiolibros azur]. (15 de julio de 2023). “El arte inmemorial de convertir las pruebas en triunfo”. El obstáculo es el camino. Ryan Holiday. [video] 2:53:30

https://www.youtube.com/watch?v=gXH-WWejKOY&t=3250s

[2Lucio Anneo Séneca. Cartas filosóficas. Santo Domingo. Biblioteca Digital Minerd-Dominicana Lee. (s.f), pág. 123 de la edición electrónica descargada de:  https://ministeriodeeducacion.gob.do/docs/biblioteca-virtual/EzqD-seneca-lucio-anneo-cartas-filosoficaspdf.pdf


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