sábado, 14 de octubre de 2023

Otra guerra para sacar provecho

Por Juan Felipe Giraldo Trejos







    Tras la masacre perpetrada por el grupo terrorista radical Hamás en la madrugada del 8 de octubre, el planeta se encuentra en vilo. La poca libertad que todavía se conserva en el mundo libre está seriamente amenazada.

    Muchas voces se han levantado en contra del movimiento de resistencia islámica; otras se han levantado en contra de Israel, que en esta oportunidad fue la nación atacada; otros se han pronunciado a favor de Palestina. Lo que debemos saber de esta nueva ofensiva terrorista que se presenta es que aquí no se trata de una guerra reciente, sino de un conflicto que ha durado por décadas y que pareciera no tener resolución. Es una guerra híbrida, con más de dos actores en disputa, con protagonistas bélicos que justifican a su manera sus acciones sin pensar en el saldo trágico que ha quedado y que seguirá quedando de esto: las vidas humanas que se pierden, al parecer, no le importan a ninguno de los bandos.

    Hamás irrespetó el cese al fuego porque su alma es yihadista, nacionalista y radical; es terrorista al ciento por ciento, y de ninguna manera es el bando bueno de esta trágica contienda. Por otro lado, Israel responde al ataque con una ofensiva en la que también han caído muchas vidas palestinas que no tendrían por qué pagar las consecuencias del ataque. No es cien por ciento bueno, pero al menos es un país que, en apariencia, respeta la democracia. Su pueblo es un pueblo trabajador, próspero, aguerrido, que ha sabido mantener unos principios y una cohesión cultural que lo han hecho grande en el mundo. Tampoco es Israel el bando malo, y no lo es Palestina, cuyo pueblo también ha sufrido las consecuencias de esta guerra. No son dos Estados en disputa, sino un Estado democrático contra un grupo terrorista. Por simple lógica, yo apoyo al Estado y repudio al grupo.



    Porque el objetivo del bando malo de este conflicto, es decir, del grupo Hamás, es establecer un Estado islámico dentro de lo que hoy es el territorio de Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza. El ex líder de esta organización, Khaled Meshaal, ha llamado a la guerra santa contra Occidente y ha convocado a todos los musulmanes para que salgan a las calles en protesta contra Israel.[1] Hamás ha sido declarada organización terrorista por la mayoría de los países de la ONU. No así por países como Turquía, Brasil, China. Noruega, Suiza, Rusia, Venezuela, Cuba, y ahora Colombia.

    Tras la última incursión de Hamás en Israel con el saldo atroz que allí dejó, se ha definido un nuevo eje del mal conformado por aquellos países que no se atrevieron a condenar sus acciones. Dentro de esos países se encuentra Colombia, con su presidente Gustavo Petro a la cabeza, quien al parecer defiende a Hamás tal vez porque él mismo fue parte de un grupo terrorista y se identifica con esa manera de proceder. Este ignorante político hizo una publicación en su cuenta de Telegram, en la cual no condenaba a Hamás y dejaba abierta la posibilidad de defenderlos. Tanto así, que el mismo grupo publicó el comentario de Petro en su página de internet como prueba de que alguien respaldaba su lucha de terror y muerte.



    Pero si realmente pretendemos entender por qué no paran de matarse en esta parte del mundo desde hace décadas, deberíamos remontarnos, como mínimo, al Plan de Partición de Palestina propuesto por la ONU por allá en noviembre de 1949.[2] No obstante, me es imposible profundizar en el origen de este conflicto por cuestión de espacio, y además tampoco me considero un experto en el tema, pero a grandes rasgos puedo decir que en aquel plan se determinó que el Estado de Palestina, existente hasta ese año, se dividiera en dos Estados independientes: uno árabe y otro judío. También se solicitó un régimen internacional especial para la ciudad de Jerusalén. Ese régimen sería administrado por la misma ONU.

   Lo que en aquel momento pareció ser algo positivo, terminó generando una sucursal del infierno en la Tierra. No se puede establecer la repartición de un territorio en el mundo sin tener en cuenta su naturaleza cultural, social y religiosa, pues ello conduce a un destino de guerra inexorable. Aunque la misión era resolver la disputa entre árabes y judíos, nunca se logró esa paz. Cabría preguntarse, en el mundo de hoy, si aquello de borrar y establecer fronteras arbitrariamente por voluntad de los burócratas de las organizaciones internacionales conduce a al establecimiento de la paz, o si por el contrario alienta la división perenne.



    Resulta que ocurre algo similar en la consolidación del mapa geopolítico, cuando los gobernantes, por razón de sus intereses particulares, deciden promover invasiones descontroladas para mover las fronteras, llamando a eso “Derecho de Migración” y desconociendo todos los aspectos que implican estos movimientos masivos, con las consecuencias del multiculturalismo forzado que ya se conocen en el mundo. El discurso de las fronteras abiertas y la promoción de la migración desaforada desde las ONG’s y los gobiernos globalistas contradice un principio de realidad evidenciable, y es que destruye las sociedades que reciben a los nuevos advenedizos. Es nocivo tanto para ellos como para los receptores de la oleada migratoria. Se pierde el sentido de arraigo a un territorio patrio, se pierde la adhesión a principios y valores nacionales que son necesarios en aras de mantener la unidad de los pueblos.

    Porque una sociedad es, ante todo, una cohesión política, económica, cultural, idiomática, moral, religiosa y hasta gastronómica; un acuerdo de comunes basado en unas normas que difieren mucho de una cultura a otra, de un país a otro. Y esas normas de convivencia son luego son traducidas a políticas de gobierno y más tarde convertidas en leyes que le dan cuerpo a los países constituidos a través de procesos históricos, de batallas militares, de luchas sociales, de acuerdos con otros países, etc. Las fronteras que se derivan de estos procesos deben ser amparadas por leyes que garantizan la protección y la soberanía de los territorios. Así se constituyen con el tiempo los Estados-nación. En ningún caso un Estado-nación ha surgido por acción de decisiones levantadas en un discurso de la ONU. La guerra entre Israel y Palestina, o mejor, entre Israel y Hamás, se debe en gran parte a esas decisiones tomadas por los burócratas que creyeron resolver un conflicto sin tener en cuenta las diferencias culturales y étnicas de los pueblos.

    Quebrar la cohesión nacional es incitar a la destrucción de la nación misma. Y eso fue lo que hicieron con Palestina y están haciendo ahora con los países de Occidente. De ahí que una de las armas más efectivas para destruirlos sea la migración descontrolada; el derecho universal a estar en cualquier parte del mundo disfrazado con el velo del multiculturalismo, como si las leyes que se reserva cada país para controlar la entrada de foráneos a su territorio fueran un atentado contra la humanidad en lugar de una medida de control.



    La mayoría de musulmanes buenos y trabajadores, disgregados por el mundo, no tienen que ver con esto, pero hay unos pocos, incluso que no son musulmanes, a quienes les cala el mensaje del líder terrorista. Los primeros son objeto de repudio y xenofobia por parte de los intolerantes del país extranjero en el que se encuentran. Los segundos, los radicales partidarios de la yihad, se sienten con el derecho de salir a las calles a ejercer presión pidiendo una “libertad para Palestina” que han sido los mismos gobernantes palestinos quienes la han suprimido. Por eso hordas de simpatizantes del grupo terrorista se han enfrentado con la policía en las calles europeas y de los Estados Unidos, quemando la bandera de Israel y ondeando la de Palestina.

    Cabe anotar que no es el Estado de Palestina ni el pueblo de Palestina, y mucho menos la comunidad musulmana, quienes están enfrentados con Israel. La guerra es promovida por Hamás y sus adeptos en todo el mundo, muchos de ellos adoctrinados; muchos de ellos desconocedores de una historia que les contaron mal en las universidades y en los medios de comunicación, los cuales se encargaron de deformar la imagen de Israel para colocarlo como el actor malo de esta contienda.

    Porque hay quienes insisten en ver una sola cara del conflicto y se ponen de parte de los malos cuando Israel decide emprender la defensa legítima de su territorio. Condenan esta acción de contrataque, pero de ninguna manera condenan a quien provocó esta nueva conflagración. Desconocen estos fanáticos manifestantes lo que es vivir bajo el asedio de un colectivo de asesinos como lo es Hamás y se sienten valientes protestando desde el Primer Mundo cuando la guerra por la que protestan está a miles de kilómetros y ni siquiera los toca. No está demás decir que en esta ocasión la ofensiva la ha desatado el mismo grupo que estos pseudo intelectuales y pseudo revolucionarios apoyan.  

    Meshaal, quien ahora ya no es líder de Hamás, sino que es quien dirige la diáspora de musulmanes por el mundo, declaró el viernes 13 de octubre que este día debería ser el día de la Yihad: la obligación religiosa de los musulmanes de hacer la guerra santa en caso de ser necesario, con el objeto de “dar a conocer la ley de Dios”. ¿No es este acaso un mensaje para generar más violencia? ¿No es acaso una declaración de guerra, un día de sacrificio, como el mismo Meshaal lo dice, para justificar su causa terrorista?



    Y el asunto se agrava más si atendemos a la pregunta que formula la periodista Isabel Cuervo desde su canal de información[3], cuando nos hace indagar por las células del terrorismo de Hamás que deben estar operando en este momento, clandestinamente, en todos los países donde el globalismo ha introducido su inmigración descontrolada. Es la preocupación de que ese flagelo promovido sirva para exportar terroristas que se diseminen por todo el mundo. Las manifestaciones que se ven en las calles de Nueva York o de París no se crea que son solo de unos simples simpatizantes equivocados. Allí se oculta algo que todavía no se puede esclarecer porque no se sabe quiénes son los líderes de las células que operan en Estados Unidos, por ejemplo, y que están planeando atentados terroristas. Todo se queda en la aparente protesta pacífica.

        Desde este lado del mundo se observa el conflicto con cierto desinterés, pero no somos conscientes de que esta guerra está más cerca de lo que creemos. Desde luego, es un choque programado, dirigido, muy bien planeado para seguirle asestando golpes a Occidente. Otra guerra libreteada, igual que la de Ucrania y Rusia. A unos cuantos políticos les conviene que sea así para fomentar su negocio de fabricación y venta de armas. A otros les conviene para justificar incursiones armadas en países vecinos con el ánimo de “garantizar la paz y la estabilidad en la región”. A otros les sirve la guerra para recaudar mayores impuestos de los contribuyentes. “Hay que ayudar a Israel”, dice el Secretario de Estado norteamericano al Primer Ministro Israelí. “Estados Unidos siempre estará ahí”. Ofrece ayuda para cuidar la frontera con Palestina, pero su gobierno no es capaz de cuidar su propia frontera de la inmigración salida de madre azuzada por los enemigos del país.

    “Hay que ayudar a Palestina”, dirán los otros, los amigos del terrorismo como el presidente colombiano que en realidad no quieren ayudar a Palestina, sino financiar a Hamás, que no es lo mismo.



   Lo cierto —y lo más lamentable— es que ya son muchos los israelíes caídos y muchos los palestinos caídos. Al fin y al cabo, los inocentes son los únicos que pierden con la guerra. Y no ve uno ninguna manifestación en favor de las reales víctimas de un conflicto irresoluble. Sólo ataques de lado y lado, señalamientos, desafíos, insultos, protestas a favor o en contra de este o aquel. No, nadie se acuerda de los muertos ni de sus familiares que los lloran, nadie habla por ellos. Muertos de un lado y de otro, cuya única culpa fue haber nacido en medio del fuego cruzado. La población civil de cualquier nacionalidad es la única que “paga el pato”, mientras los verdaderos señores de la guerra están en sus tronos presidenciales escribiendo mentiras y azuzando más violencia desde la comodidad de sus palacios.



[1] Harriet Alexander. (12 de octubre de 2023). El exlíder de Hamás, Khaled Meshaal, convoca el día de la yihad el viernes 12 y dice a los musulmanes que “salgan a las calles” en protesta contra IsraelDailymail.

https:/Dailymail.co.uk/news/article-12621915/khaled-meshaal-hamas-Friday-13th 


[2] Naciones Unidas. (s.f). Historia de la cuestión Palestina. https://www.un.org/unispal/es/history/#:~:text=Tras%20estudiar%20distintas%20alternativas%2C%20las,II)%2C%20de%201947).


[3] Youtube. [Isabel Cuervo]. (13 de octubre de 2023). Viernes 13- el mundo ante la Yihad y Hamás- lo que debes saber. [Video].

https://www.youtube.com/watch?v=YYCVOYMfCCc&t=823s 


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