Yo quisiera escribir de otra
cosa que no fuera de política, abordar algún tema que suscite una inquietud más
sincera y amena entre los lectores, a ver si este blog al fin despega y despierta
el interés de aquellos que quisieran algo diferente, porque soy consciente del
tedio en el que se encuentra el público lector en lo tocante a lo político:
nadie quiere saber nada de Petro y sus secuaces.
Repito, yo quisiera hablar de algo distinto, pero cómo, si cada semana
este gobierno encabezado por un sujeto de mala estirpe genera por lo menos tres
o cuatro temas bochornosos para tratar, y es inevitable no opinar sobre de
ellos. Es que el presidente tiene un sentido del ridículo muy poco
desarrollado, y no hay que desaprovechar la oportunidad de mofarse de él, con un poco de lástima
por nosotros mismos, porque al final, quien se mofa es él.
La última con la que nos salió
este presidente es digna de risa, pero de risa nerviosa. De ese tipo de risa al
que es mejor no darle rienda suelta. Es un chiste amargo que más bien provoca
una seria preocupación y enciende las alarmas sobre la clase de mandatario que
tenemos. Ya decían algo similar los sabios estoicos: “solo hace falta un giro
de la fortuna para que la crueldad, la ambición y el desenfreno de los hombres
salga a flote”, y ese giro se llama poder. Pues sí, la última propuesta de
Petro es implementar en los teléfonos móviles un software que inutilice el
sistema operativo de los mismos cuando estos se reporten como robados. Y esa
propuesta es una exigencia que hizo el mandatario al Ministerio de las TIC para
que la lleve a cabo. Es decir, que cuando a usted o a mí, querido lector, nos
roben el celular, nosotros podamos hundir un botón para que este se destruya a sí
mismo en menos de cinco segundos, al mejor estilo de “Misión Imposible”. No que
se genere una explosión que ponga en riesgo nuestras vidas, ni más faltaba. Ya
de explosiones estamos hasta el cogote con las que nos hizo el M-19 y ahora los grupos terroristas amigos de este gobierno. De lo que
se trata es de que el procesador se invalide internamente con la orden que le
dimos, y así el celular deja de funcionar, quedando supuestamente inservible
para el pícaro que nos lo hurtó.
Me pregunto en dónde van a ubicar ese botón que autodestruirá el celular para joder al ladrón. Desde luego, tendrá que ser un comando a distancia, porque me temo que la brutalidad de este gobierno es tal, que sería capaz de poner el botón autodestructivo en el mismo celular que el ladrón se llevará corriendo. Ya habrá que andar con dos celulares dentro de poco: uno para que se lo roben, y el otro para activar desde allí el comando que hará que el celular robado se “inmole”. Vaya forma de combatir el robo y la delincuencia. Entonces habrá que hacer lo mismo con los vehículos, con las joyas, con el dinero, con las propiedades, con el ganado y hasta con los niños: para que no se roben nada, a todo habría que implantarle un chip de autodestrucción. Como quien dice, si no es para mí, no será para nadie.
Bueno, hablando en serio, si
esta es la alternativa más inteligente que tiene el gobierno para combatir el
robo de celulares, mejor que nos olvidemos de seguir hablando por teléfono,
porque no se me olvida que fue el mismo Petro el que, siendo alcalde de Bogotá,
propuso una solución todavía más salomónica para evitar el robo del celular: no
lo saquen a la calle.
En ese caso me da más miedo la
vigilancia y el espionaje del gobierno que el atraco.
Uno esperaría que un
mandatario se pronunciara en favor de aumentar el pie de fuerza para
incrementar la seguridad, que le otorgue mayores herramientas jurídicas y operativas
a la Policía, que genere un plan para incrementar el número de unidades, que dote
con más patrullas y equipo de seguridad a los uniformados para el servicio de
los ciudadanos, que los incentive a luchar contra la delincuencia común; en
fin, que tenga un plan para reforzar la seguridad en las ciudades, sea con más autoridad,
con endurecimiento de las penas, con mano fuerte contra los criminales. Eso
esperaría una persona del común de quien se supone que ostenta el poder en el
país. Pero sabiendo quién está al frente, lo mejor es no esperar nada en favor
de la seguridad, sino todo lo contrario: lo que hay que esperar es la manera de
hacerle la vida más fácil a los delincuentes, y para eso está Gustavo Petro, un
ex delincuente muy orgulloso de su pasado.
Así las cosas, la propuesta de
Petro va por otro lado, y es el de tener el poder de controlar lo que hablamos,
lo que escribimos y lo que guardamos en nuestros dispositivos personales, como
en el panóptico propuesto por el filósofo posmodernista Foucault para “vigilar
y castigar”.
Pero no creamos que esta es
una idea original de Petro, no. A él no le da para tanto. Ya la idea ha sido puesta
en marcha desde 2015 y se ha usado en varios países del mundo como en Estados
Unidos o Inglaterra, donde seguramente tienen una tasa de robo más baja que la
de Colombia por cada cien mil habitantes. Se llama tecnología Kill Switch,
y es una aplicación que ha resultado ser útil a usuarios que una vez han
perdido su celular (no necesariamente por robo), han decidido inutilizarlo para
proteger la información que ellos consideran de tipo confidencial, tal como
archivos financieros, cartas personales, extractos, escrituras, conversaciones
privadas, o videos y fotografías en las cuales incluso su vida íntima pueda resultar
comprometida.
Sí, esto ya lo vienen haciendo
algunos usuarios de forma voluntaria en otras ciudades como Londres, donde tal
vez no se roben tantos celulares como en Bogotá. Lo preocupante aquí no es el software
de esta aplicación en sí, o que lo estén haciendo en países del primer mundo,
sino que lo vayan a hacer en Colombia como resultado de un decreto presidencial
que nos obligue a todos a tener inserta esta tecnología en nuestros teléfonos
móviles. Porque la desconfianza para con este gobierno es muy grande. ¿Tendrán
en cuenta, cuando nos obliguen a implementar la aplicación antirrobo en el
celular, que los ciudadanos tenemos derecho la privacidad de nuestras
comunicaciones y al Habeas Data?
En todo caso, en un país como Colombia, si bien esta medida puede ser útil para evitar la sustracción de información confidencial de los celulares al momento de ser hurtados, no es la solución al flagelo de la delincuencia común, entre otras cosas. Sería ingenuo pensar que por tener la capacidad de inutilizar el teléfono cuando se lo roben, esto va a disuadir a los ladrones de seguir haciéndolo.
Yo me acuerdo que hace unos diez años nos obligaron a hacer fila a todos los usuarios de telefonía movil en
las oficinas de los operadores para registrar nuestros nombres y cédulas, y asociarlos a los dispositivos de nuestra propiedad, dizque para evitar el robo de los mismos a través del bloqueo del código IMEI, de manera que no pudieran
nunca volver a ser utilizados dentro del país. De nada sirvió, porque se siguieron robando los celulares. A lo mejor los podían activar en los países vecinos o
les servía a los atracadores para sacarles partes, como en efecto lo harán cuando
implementen la aplicación autodestructiva. ¿Acaso los ladrones solamente roban
el celular por el afán de conseguir la información de nuestras claves y
sustraernos el dinero de las cuentas, o ver nuestros archivos personales? Para ello no haría falta tener el artilugio a la mano sabiendo el grado de conocimiento e impunidad que han alcanzado los hackers, los cuales pueden sustraer nuestros datos sin siquiera estar presentes físicamente. Además, no
olvidemos que estos dispositivos también son valiosos por los repuestos: el display,
la batería, los circuitos, las tarjetas de video y sonido, y sobre todo el
coltán y los materiales conductores que son la materia prima de dichos aparatos.
De modo que como medida de emergencia y de
carácter voluntario, la propuesta podría ayudar en parte a que los celulares
pierdan atractivo para el ladrón, siempre y cuando este software no sea obligatorio
para todo el mundo por decreto, porque si se convierte en una imposición, mucho
me temo que la información y los asuntos más privados de nuestra vida,
incluyendo nuestras conversaciones y archivos confidenciales, caerán en muy
malas manos, máxime cuando estamos en un gobierno con tites autoritarios al que
dentro de muy poco no se le podrá criticar, sabiendo que a futuro los blogs
como este y los medios de oposición estarán en vía de desaparecer.
En todo caso, ya me imagino para dónde va la propuesta de Petro: nos quieren hacer minería de datos. No es una teoría de la conspiración, sino una preocupación real. No se puede ser ingenuo. Con un software en el que es posible destruir el procesador del celular a distancia, también es posible tener a disposición cualquier clase de información que se encuentre en ese celular. Ya me imagino cómo tendrán los ojos puestos sobre los que se oponen al régimen que de a poco se viene configurando, con lo que la facultad de tener acceso a nuestras conversaciones y archivos es la manera más expedita para levantar cargos y perseguir opositores acusándolos de traidores o de golpistas. Casos se han visto en otras dictaduras que no tenían en su tiempo medios tecnológicos de tal magnitud. Con la vigilancia y el rastreo al alcance de su mano, más grande es para el régimen la posibilidad de manipular, silenciar, exiliar, encarcelar, o desaparecer de alguna manera a sus enemigos políticos.
Y mientras los ciudadanos
creemos que haciendo que el celular se autodestruya con solo apretar un botón le vamos
a dificultar la tarea a los ladrones, asimismo le estamos facilitando la tarea
a la Inteligencia de un gobierno que no quiere críticos, y que también podrá destruirnos
en cinco segundos.
Por si las moscas, esta columna
no tiene el software de la autodestrucción. Así, querido lector, que si no desea que alguien rastree qué fue lo que estuvo leyendo, más vale que no visite este blog,
no sea que se den cuenta que usted estuvo curioseando la
opinión de un ciudadano con ideas de derecha.





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