Querido compatriota,
trabajador asalariado, empresario independiente, prestador de servicios, rebuscador,
informal, o cualquiera que sea la modalidad honrada en que se gane su sustento:
¿Qué pasaría si el día en que le deben de pagar a usted la nómina,
consignarle el producto de sus ventas y/o servicios, o recibir el importe que
ha sido fruto de su esfuerzo honesto, como quiera que usted trabaje
para ganarse el pan con el sudor de su frente; qué pasaría, repito, si usted mira
el saldo de su cuenta y advierte que en efecto le ha ingresado el dinero
correspondiente, pero se lo han ingresado duplicado o triplicado?
Seguramente usted sabría que
se trata de un error e inmediatamente se comunicaría con el banco para rechazar
el excedente en la cantidad consignada, o al menos para que investiguen de
dónde provino ese monto adicional, así como así. Desde luego, usted no quiere
problemas y sabe que a nadie le consignan el sueldo, las utilidades, la renta,
los honorarios o los servicios prestados… al doble.
A nadie, a no ser que sea un trabajador
del gobierno petrista. Ahora entiende uno por qué era que querían llegar al
poder, y por qué ese apoyo tan violento e incondicional de los petristas para
con su mesías: es que vivir de la teta del Estado es el sueño de todo
izquierdista que no sería capaz de tener éxito en el sector privado. Por eso
persiguen tanto los puestos de la burocracia.
Pues sí, resulta que este mes
los funcionarios públicos han recibido el pago de la nómina multiplicado por
dos y por tres gracias a un error en el “sistema de pagos” del Ministerio de
Hacienda. El propio ministro Ricardo Bonilla, en el colmo del ridículo, se
encuentra haciendo un llamado para que los beneficiarios del error no se gasten
ese “regalito” tan generoso que les mandó el gobierno. Los funcionarios, parece
que se quieren hacer los de las gafas con tal que no los obliguen a devolver el
dinero, y muchos se atreven a preguntar, al mejor estilo del presidente
anterior tan odiado por ellos, “¿de qué plata me hablas, viejo?”
Lo peor es que, aunque a estos
funcionarios se les haya consignado hasta el triple, el Estado no puede dar por
pagado de manera adelantada el período siguiente, en el hipotético caso de intentar
equilibrar el déficit de la nómina estatal, ya que esto va en contra de la ley,
siendo además un error reconocido por la misma oficina del Ministerio de
Hacienda. El que a los funcionarios de gobierno se les haya pagado de más,
incluido al presidente y a sus ministros, como si esto fuera un pequeño
préstamo que la nación les hubiera hecho de manera generosa con el dinero de
nuestros impuestos, supone un costo inmenso para los colombianos en tanto que de
alguna manera habrá que reponer el monto excedido. No importa, pues al fin y al
cabo el pueblo es quien lo paga.
Ahí están los ministros
desesperados, tanto el de Hacienda como el de las Tic’s, haciendo llamados para
que no retiren la cantidad adicional del banco, y a ver si este puede congelar
los montos consignados por error. Lo que no saben los ingenuos es que lo
primero que debieron haber hecho la mayoría de nuestros honorables empleados de
la burocracia, fue retirar el dinero de sus cuentas apenas se enteraron de la
lotería que el gobierno les había regalado por cuenta de los colombianos
trabajadores. Ya muchos se gastaron esa plata y no están obligados a devolver
nada, y sabemos que no lo van a hacer. ¡Una belleza!: el gobierno equivocándose
a favor del gobierno.
Es que no son capaces de hacer
nada bien estos ineptos del “gobierno del cambio”. Se equivocan,
coincidencialmente, para beneficiarse ellos mismos. Así cualquiera. Es esta la
mas clara muestra de que en realidad querían el poder para “vivir sabroso”
ellos, no la totalidad de los colombianos.
Todavía el ministro de Hacienda
no ha sido capaz de explicarle al pueblo por qué se pagó la nómina duplicada y
triplicada en algunos casos, ni quién o qué motivó tamaño error que va a tener
un impacto negativo en los recursos de la nación.
En un país serio eso daría para la salida
inmediata del ministro y su séquito de colaboradores, además de abrirle un
expediente por malversación de fondos. Me parece que Ricardo Bonilla es el Massa
colombiano; ese ministro de Economía de tan mala aceptación por parte de los
argentinos, quien acabó de perder las elecciones presidenciales ante Javier
Milei.
Sólo en Colombia, en el sector
oficial, que es todavía más delicado, no sucede esto. El ministro sigue tan
campante, como si nada.
¿O será que este desfalco es
parte de los incentivos y las gabelas del Black Friday del 24 de
noviembre, a ver si los funcionarios públicos pueden hacer unas compritas
adicionales para dinamizar la economía?
Es una desgracia este
ministro, un impresentable, un incompetente, un incapaz: un fiel representante
de la cáfila de desvergonzados que nos gobiernan. Lo increíble es que permanece
en el cargo como si su error fuera un mero gaje del oficio. Pero claro, hay que
ver también quién es su jefe.
Si a Karen Abudinen, ex ministra
de las Tecnologías de la Información y Comunicación del gobierno de Iván Duque,
le tocó salir de su cargo por el escándalo de los setenta mil millones que le
esquilmaron unos contratistas timadores, y cuyo error fue haber sido demasiado
confiada, siendo que la ex ministra no se robó un peso de esa plata, pero tuvo
que pagar con la denigración de su apellido y la condena social sin pruebas en
su contra, ¿qué no habría que hacerle a este ministro, al que su error terminó
por beneficiar a los funcionarios, a los políticos y a él mismo?
La diferencia es que en el
caso de corrupción de Centros Poblados se ha ido recuperando el dinero (apenas
3.500 millones de pesos) a través del embargo a los contratistas implicados,
estando varios de ellos procesados y condenados, como Emilio Tapia. Para el
caso de la nómina duplicada, hay que contar con la buena voluntad de los
funcionarios para que devuelvan la plata, aunque por ley no estarían obligados
a hacerlo, a no ser que le abran una investigación disciplinaria y penal a cada
uno.
El ministro piensa que saliendo a ofrecer disculpas va a solucionar el fraude. Un perdón destemplado borraría su ineptitud, y los medios se olvidarían pronto del episodio porque los escándalos son caudal propio en este gobierno.
Así son los funcionarios
petristas: no son capaces siquiera de pagar una nómina de manera correcta, y
así pretenden encargarse de la salud del pueblo. Igual, a ellos qué más les da.
Están allí porque lo que les interesa es vivir del erario público que sostienen
los que sí trabajan. Por eso se equivocan de tal modo que el error los
beneficia.
Mientras tanto, a los ciudadanos
de a pie nos seguirán golpeando las alzas del combustible, y especialmente de los
alimentos, y tendremos que vernos avocados a unos sacrificios imposibles en un
país que en apenas quince meses de gobierno petrista ya le vio la cara al
hambre y a la tiranía, tragándose la incertidumbre que no permite dilucidar un
buen futuro.
A lo mejor los funcionarios
que recibieron el pago doble y triple sigan el ejemplo moral de la
vicepresidente Francia Márquez, de manera que respondan, cuando se les solicite
el reintegro del excedente consignado por error, esa frase que inmortalizará a Francia
en los anales de la ignominia: “¡De malas!”.
Aunque ellos sí son muy de
buenas.





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