sábado, 2 de diciembre de 2023

Muy de buenas

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





    Querido compatriota, trabajador asalariado, empresario independiente, prestador de servicios, rebuscador, informal, o cualquiera que sea la modalidad honrada en que se gane su sustento:

    ¿Qué pasaría si el día en que le deben de pagar a usted la nómina, consignarle el producto de sus ventas y/o servicios, o recibir el importe que ha sido fruto de su esfuerzo honesto, como quiera que usted trabaje para ganarse el pan con el sudor de su frente; qué pasaría, repito, si usted mira el saldo de su cuenta y advierte que en efecto le ha ingresado el dinero correspondiente, pero se lo han ingresado duplicado o triplicado?

    Seguramente usted sabría que se trata de un error e inmediatamente se comunicaría con el banco para rechazar el excedente en la cantidad consignada, o al menos para que investiguen de dónde provino ese monto adicional, así como así. Desde luego, usted no quiere problemas y sabe que a nadie le consignan el sueldo, las utilidades, la renta, los honorarios o los servicios prestados… al doble.

    A nadie, a no ser que sea un trabajador del gobierno petrista. Ahora entiende uno por qué era que querían llegar al poder, y por qué ese apoyo tan violento e incondicional de los petristas para con su mesías: es que vivir de la teta del Estado es el sueño de todo izquierdista que no sería capaz de tener éxito en el sector privado. Por eso persiguen tanto los puestos de la burocracia.


    Pues sí, resulta que este mes los funcionarios públicos han recibido el pago de la nómina multiplicado por dos y por tres gracias a un error en el “sistema de pagos” del Ministerio de Hacienda. El propio ministro Ricardo Bonilla, en el colmo del ridículo, se encuentra haciendo un llamado para que los beneficiarios del error no se gasten ese “regalito” tan generoso que les mandó el gobierno. Los funcionarios, parece que se quieren hacer los de las gafas con tal que no los obliguen a devolver el dinero, y muchos se atreven a preguntar, al mejor estilo del presidente anterior tan odiado por ellos, “¿de qué plata me hablas, viejo?”

    Lo peor es que, aunque a estos funcionarios se les haya consignado hasta el triple, el Estado no puede dar por pagado de manera adelantada el período siguiente, en el hipotético caso de intentar equilibrar el déficit de la nómina estatal, ya que esto va en contra de la ley, siendo además un error reconocido por la misma oficina del Ministerio de Hacienda. El que a los funcionarios de gobierno se les haya pagado de más, incluido al presidente y a sus ministros, como si esto fuera un pequeño préstamo que la nación les hubiera hecho de manera generosa con el dinero de nuestros impuestos, supone un costo inmenso para los colombianos en tanto que de alguna manera habrá que reponer el monto excedido. No importa, pues al fin y al cabo el pueblo es quien lo paga.

    Ahí están los ministros desesperados, tanto el de Hacienda como el de las Tic’s, haciendo llamados para que no retiren la cantidad adicional del banco, y a ver si este puede congelar los montos consignados por error. Lo que no saben los ingenuos es que lo primero que debieron haber hecho la mayoría de nuestros honorables empleados de la burocracia, fue retirar el dinero de sus cuentas apenas se enteraron de la lotería que el gobierno les había regalado por cuenta de los colombianos trabajadores. Ya muchos se gastaron esa plata y no están obligados a devolver nada, y sabemos que no lo van a hacer. ¡Una belleza!: el gobierno equivocándose a favor del gobierno.



    Es que no son capaces de hacer nada bien estos ineptos del “gobierno del cambio”. Se equivocan, coincidencialmente, para beneficiarse ellos mismos. Así cualquiera. Es esta la mas clara muestra de que en realidad querían el poder para “vivir sabroso” ellos, no la totalidad de los colombianos.

    Todavía el ministro de Hacienda no ha sido capaz de explicarle al pueblo por qué se pagó la nómina duplicada y triplicada en algunos casos, ni quién o qué motivó tamaño error que va a tener un impacto negativo en los recursos de la nación.

    En un país serio eso daría para la salida inmediata del ministro y su séquito de colaboradores, además de abrirle un expediente por malversación de fondos. Me parece que Ricardo Bonilla es el Massa colombiano; ese ministro de Economía de tan mala aceptación por parte de los argentinos, quien acabó de perder las elecciones presidenciales ante Javier Milei.

    ¿Se imaginan donde la encargada de nómina de una empresa del sector privado le girara el cheque triplicado a los empleados de la empresa? Decir que la despedirían es poco. No sólo pierde su trabajo, sino también el buen nombre. Un error de tamaña magnitud está lejos de considerarse una torpeza, un simple descuido, una falta de atención para pasar a considerarse un hecho derivado de una mala voluntad; un desangre económico adrede, un desfalco realizado con toda intención. Mínimo, esa encargada de nómina perdería sus beneficios laborales, su liquidación y hasta su libertad. No duden que la despedirían por deshonesta y terminaría tras las rejas, así no se hubiera robado nada para ella, pero sí hubiese distribuido los recursos entre todos los empleados sin una buena razón. 


    Sólo en Colombia, en el sector oficial, que es todavía más delicado, no sucede esto. El ministro sigue tan campante, como si nada.

    ¿O será que este desfalco es parte de los incentivos y las gabelas del Black Friday del 24 de noviembre, a ver si los funcionarios públicos pueden hacer unas compritas adicionales para dinamizar la economía?

    Es una desgracia este ministro, un impresentable, un incompetente, un incapaz: un fiel representante de la cáfila de desvergonzados que nos gobiernan. Lo increíble es que permanece en el cargo como si su error fuera un mero gaje del oficio. Pero claro, hay que ver también quién es su jefe.

    Si a Karen Abudinen, ex ministra de las Tecnologías de la Información y Comunicación del gobierno de Iván Duque, le tocó salir de su cargo por el escándalo de los setenta mil millones que le esquilmaron unos contratistas timadores, y cuyo error fue haber sido demasiado confiada, siendo que la ex ministra no se robó un peso de esa plata, pero tuvo que pagar con la denigración de su apellido y la condena social sin pruebas en su contra, ¿qué no habría que hacerle a este ministro, al que su error terminó por beneficiar a los funcionarios, a los políticos y a él mismo?

    La diferencia es que en el caso de corrupción de Centros Poblados se ha ido recuperando el dinero (apenas 3.500 millones de pesos) a través del embargo a los contratistas implicados, estando varios de ellos procesados y condenados, como Emilio Tapia. Para el caso de la nómina duplicada, hay que contar con la buena voluntad de los funcionarios para que devuelvan la plata, aunque por ley no estarían obligados a hacerlo, a no ser que le abran una investigación disciplinaria y penal a cada uno.

    El ministro piensa que saliendo a ofrecer disculpas va a solucionar el fraude. Un perdón destemplado borraría su ineptitud, y los medios se olvidarían pronto del episodio porque los escándalos son caudal propio en este gobierno.



    Así son los funcionarios petristas: no son capaces siquiera de pagar una nómina de manera correcta, y así pretenden encargarse de la salud del pueblo. Igual, a ellos qué más les da. Están allí porque lo que les interesa es vivir del erario público que sostienen los que sí trabajan. Por eso se equivocan de tal modo que el error los beneficia.

    Mientras tanto, a los ciudadanos de a pie nos seguirán golpeando las alzas del combustible, y especialmente de los alimentos, y tendremos que vernos avocados a unos sacrificios imposibles en un país que en apenas quince meses de gobierno petrista ya le vio la cara al hambre y a la tiranía, tragándose la incertidumbre que no permite dilucidar un buen futuro.

    A lo mejor los funcionarios que recibieron el pago doble y triple sigan el ejemplo moral de la vicepresidente Francia Márquez, de manera que respondan, cuando se les solicite el reintegro del excedente consignado por error, esa frase que inmortalizará a Francia en los anales de la ignominia: “¡De malas!”.

    Aunque ellos sí son muy de buenas.

 

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