sábado, 3 de febrero de 2024

La deshonra de ser nominado a un Nobel

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





    Hace dos días escuché una noticia de esas que producen una mezcla de risa con indignación y que confirman que el mundo está más al revés que nunca: el diputado noruego Rasmus Hansson, ecologista a ultranza y, según el diario El País, un “acérrimo pacifista” [1], postuló como candidato al Premio Nobel de la Paz para este año, nada más y nada menos, que al luchador por las causas ambientales más importante del mundo mundial, presidente de los colombianos para dolor de muchos y tristeza de otros; al distinguido doctor Gustavo Petro Urrego.

    Sí, señores, no se ofendan ni se alarmen. Petro fue postulado para ser nominado al Nobel desde Noruega por un congresista “muy serio”, y seguro esa candidatura la tendrán en cuenta de aquí a noviembre, cuando al fin den a conocer el nombre del ganador. Supongo que si la nominación se hace oficial por la organización del Nobel, los colombianos tendremos que hacerle fuerza a nuestro presidente, ¿o no?

    Lo cómico del asunto es que el señor Rasmus tiene una forma muy particular de hacer política (como nuestro presidente Petro), sólo que a diferencia de Petro, este señor parece ser más simpático y hace llorar de risa, muy distinto del primer mandatario de los colombianos, que hace llorar de verdad (aunque a veces también da risa, y en otras da pena ajena). Hurgando en sus redes sociales, se han encontrado varios videos del congresista noruego en los que aparece usando atuendos y pelucas, haciendo diversas imitaciones y personificando a un hombre de la tercera edad, a un joven estudiante y a una ama de casa como parte de la estrategia de su campaña política en 2017 para la llegada al Congreso. Este político noruego me recuerda a un payasito que tuvimos por aquí en el Senado hace unos años, el señor Moreno de Caro, ¿lo recuerdan? El del lema “dejen jugar al moreno”. Yo diría que Rasmus Hannson es el Moreno de Caro noruego, y por ello no hay que enojarse con él por haber nominado a Petro al Nóbel, sino tenerle compasión.



    Así pues, es todo un payaso, o más bien utiliza la payasada para llamar la atención, y apuesto cien a uno a que el señor Rasmus nominó a Petro porque es un ecologista y pacifista que cree que, en verdad, el ex guerrillero colombiano es un hombre comprometido con la lucha contra el cambio climático y a favor de la paz mundial. El tipo no tiene ni idea de lo que es Colombia, no sólo porque nunca ha venido, sino porque es un progresista que se informa con los medios progres que le dan una idea totalmente equivocada de cuanto sucede por este platanal. Tanto él como Petro pertenecen a esa casta de políticos eco-catastrofistas que se tapan con la misma cobija y que sirven a la causa globalista de la Agenda 2030. El trasfondo de todo no es la paz ni la ecología, sino que lo que los mueve son los miles de millones de dólares que sostienen la causa y de la cual ellos son beneficiarios.

    Es muy posible que si lo nominan oficialmente, le den ese Nobel a Petro: El parlamento noruego hace parte del mismo entramado de políticos, grandes corporaciones, ONG’s y “filántropos” que apuntan en una misma dirección. Sus objetivos no son los objetivos que beneficien a la población mundial al otorgarle mayor libertad e independencia, sino todo lo contrario: planean el devenir del mundo para beneficiarse ellos por medio de causas que a la luz de la razón parecieran buenas. Sin embargo, lo que menos le interesa a esta gente es la paz y el medio ambiente, sino el negociado que se mueve alrededor de ello.

    El Premio Nobel de la Paz es toda una payasada desde el siglo XX, cuando se atrevieron a nominar a personajes tan nefastos como Hitler, Mussolini, o Stalin. Con semejantes visionarios no hace falta que la organización se esfuerce por elegir a los mejores. A esta altura del camino creo que el Nobel es más una deshonra que un reconocimiento.



    Pero es algo que se ve venir. Aunque la nominación no es oficial, ya comenzaron los mandaderos a hacer sonar el nombre del presidente colombiano. ¿Será que este señor Hansson estuvo en Davos recientemente y se encontró con Petro en la casa que el gobierno rentó por un millón de dólares por cuatro días? Habrá que ver si ese milloncito de dólares no fue destinado a otra causa más loable, como la de comprar una nominación a un Nobel. Perdón, la de promocionar a Colombia ante el mundo como “potencia mundial de la vida”.

    Desde el inicio de su presidencia, Petro viene buscando que lo nominen al premio Nobel de Paz, o a cualquier premio que haya por ahí circulando, que a él todo eso le sirve, pues es un hombre ávido de reconocimiento, sediento de aplausos, urgido de adulación. Cómo será, que le robó los aplausos a Biden en cierta conferencia de la ONU. Pero si es el Nobel, mucho mejor para él. Imagínense, dos presidentes colombianos con el máximo galardón de la paz a nivel mundial. ¡Qué orgullo! No importa que el país esté ardiendo en el infierno de la violencia por causa de los grupos que estos mismos presidentes permitieron robustecer bajo el manto de la “negociación de paz”; no importa que aquí las masacres no cesen de producirse a pesar de que la izquierda ya no las cuenta, como si no existiera nada de eso; no importa que estos dos personajes no hayan podido reducir el asesinato de líderes sociales, el secuestro, el hurto, la delincuencia y el narcoterrorismo. Y mucho menos Petro, que en algún momento de su vida tuvo mucho que ver con la guerra de este país. Ahora, porque un loquito de Noruega que no tiene ni idea de dónde está parado nominó a Petro al Premio Nobel de la Paz, dirá este que en verdad ha sido un buscador incansable de esa gesta para su país. Será la paz para los alzados en armas, más bien, pues ahora que el ejército no los persigue con vehemencia por orden del primer mandatario, pueden delinquir en paz.



    Y si no le dan el de la Paz, que le otorguen entonces el Nobel de Ecología, o de Ciencia, pues la perorata de sus discursos hablando contra el cambio climático le ha dado la vuelta al mundo, y es preferible premiarlo antes que seguirlo escuchando. Igual, con el nivel de los congresistas del storting noruego, pues qué más da un premio aquí u otro por allá. Si se lo dieron al traidor de Juan Manuel Santos, que entregó el país a la guerrilla con su mal llamado de “Proceso de Paz”, ¿por qué no dárselo a Petro, que no sólo está haciendo la paz, sino además está logrando la “paz total”? Le deberían otorgar el Premio Nobel de la Paz Total, y así nadie lo superaría nunca, porque nuestro presidente es insuperable: nadie lo supera en holgazanería, degeneramiento, mitomanía, prepotencia, victimismo, cobardía, inutilidad, hipocresía, y otras muchas más virtudes que al parecer son requisitos para aspirar al Nobel.



    Yo me atrevería a ir mucho más lejos que el chiflado diputado nórdico y lo nominaría para un Premio Nobel de Literatura, ya que nuestro presidente se la pasa escribiendo en “X” (antiguo Twitter) y vaya trinos de antología los que se manda. Si pensábamos que Petro hablaba mal porque nadie entendía su discurso, sino apenas sus seguidores que lo defendían diciendo que él era un hombre tan adelantado a su tiempo que el vulgo derechista era incapaz de captar sus profundas ideas; si pensábamos eso, repito, es porque no lo hemos visto en toda su dimensión, que es esa prosa demencial de la que es dueño al escribir. Es el único hombre que hace uso del lenguaje escrito sin necesidad de puntos, de comas, cambiando las palabras, comiéndose las letras, sin respetar las normas ortográficas, y aun así algunos logramos entenderle.

    Qué cosa tan maravillosa la redacción del presidente, y hasta en varias lenguas, como el último trino que publicó precisamente hoy, que incendió las redes y le dio de qué hablar a los noticieros con esa pastoral en la que acusó a la Fiscalía y a la oposición de que le querían dar un golpe de Estado, todo porque se le está cayendo su farsa presidencial con esos pequeños escándalos de las platas que su hijo le recibió a los narcos para su campaña, o ahora por haberse volado los topes de financiación permitidos por unos quinientos milloncitos que no se reportaron. Petro sabe que a la luz de la Constitución su gobierno es ilegítimo, que si no se comprueba que ingresó dinero de mala procedencia a su campaña, al menos sí se sabe que violó la ley de los topes electorales. Está como un tigre cuando lo acorralan, amenazando al país con el llamado a sus hordas violentas que él nombra con el eufemismo de “jóvenes rebeldes”, queriendo revivir la toma guerrillera de 2021, en donde quemaron medio país. Sólo que si esta vez las instituciones obrasen con justicia y se dictaminara que él tiene que salir del cargo, Gustavo Petro preferirá hacer que estalle la guerra civil en Colombia antes que abandonar su trono presidencial.

    Así y todo, ¿insisten en nominarlo para un Premio Nobel de Paz? Eso sería como si a mí me nominaran para un Nobel de Literatura. Yo, que no he escrito ni publicado una línea, que tengo en literatura los mismos logros que tiene Petro en la materia de la paz: nada



    Por eso quisiera invitar al congresista noruego a que venga a Colombia, sin escolta, sin acompañamiento de la Policía ni del ejército, sin armas, como un visitante cualquiera. Lo llevaría al Catatumbo, al Cauca, a una zona de conflicto para que vea cuál es la paz que ha logrado ese hombre que dice que lo inspira. No hay necesidad de ir tan lejos. Lo podríamos dejar en una calle cualquiera de Bogotá y lo pondríamos a vivir como un bogotano de un barrio humilde, a ver si todavía sigue pensando que Colombia es un remanso de paz. En una de esas de pronto quiere devolverse para Noruega, porque a lo mejor resulta que no le convence del todo la paz total y termina pidiendo más seguridad.



[1] El País. (4 de febrero de 2022). https://www.elpais.com.co/mundo/por-este-video-cuestionan-a-ramsus-hansson-el-congresista-noruego-que-nomino-a-petro-para-el-nobel-de-paz-0419.html









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