Hace dos días escuché una noticia de esas
que producen una mezcla de risa con indignación y que confirman que el mundo
está más al revés que nunca: el diputado noruego Rasmus Hansson, ecologista a
ultranza y, según el diario El País, un “acérrimo pacifista” [1],
postuló como candidato al Premio Nobel de la Paz para este año, nada más y nada
menos, que al luchador por las causas ambientales más importante del mundo
mundial, presidente de los colombianos para dolor de muchos y tristeza de
otros; al distinguido doctor Gustavo Petro Urrego.
Sí,
señores, no se ofendan ni se alarmen. Petro fue postulado para ser nominado al
Nobel desde Noruega por un congresista “muy serio”, y seguro esa candidatura la
tendrán en cuenta de aquí a noviembre, cuando al fin den a conocer el nombre
del ganador. Supongo que si la nominación se hace oficial por la organización
del Nobel, los colombianos tendremos que hacerle fuerza a nuestro presidente,
¿o no?
Lo cómico del asunto es que el señor Rasmus
tiene una forma muy particular de hacer política (como nuestro presidente
Petro), sólo que a diferencia de Petro, este señor parece ser más simpático y
hace llorar de risa, muy distinto del primer mandatario de los colombianos, que
hace llorar de verdad (aunque a veces también da risa, y en otras da pena
ajena). Hurgando en sus redes sociales, se han encontrado varios videos del
congresista noruego en los que aparece usando atuendos y pelucas, haciendo
diversas imitaciones y personificando a un hombre de la tercera edad, a un
joven estudiante y a una ama de casa como parte de la estrategia de su campaña
política en 2017 para la llegada al Congreso. Este político noruego me recuerda
a un payasito que tuvimos por aquí en el Senado hace unos años, el señor Moreno
de Caro, ¿lo recuerdan? El del lema “dejen jugar al moreno”. Yo diría que
Rasmus Hannson es el Moreno de Caro noruego, y por ello no hay que enojarse con
él por haber nominado a Petro al Nóbel, sino tenerle compasión.
Así pues, es todo un payaso, o más bien
utiliza la payasada para llamar la atención, y apuesto cien a uno a que el
señor Rasmus nominó a Petro porque es un ecologista y pacifista que cree que,
en verdad, el ex guerrillero colombiano es un hombre comprometido con la lucha
contra el cambio climático y a favor de la paz mundial. El tipo no tiene ni
idea de lo que es Colombia, no sólo porque nunca ha venido, sino porque es un
progresista que se informa con los medios progres que le dan una idea
totalmente equivocada de cuanto sucede por este platanal. Tanto él como Petro
pertenecen a esa casta de políticos eco-catastrofistas que se tapan con la
misma cobija y que sirven a la causa globalista de la Agenda 2030. El trasfondo
de todo no es la paz ni la ecología, sino que lo que los mueve son los miles de
millones de dólares que sostienen la causa y de la cual ellos son
beneficiarios.
Es muy posible que si lo nominan
oficialmente, le den ese Nobel a Petro: El parlamento noruego hace parte del mismo
entramado de políticos, grandes corporaciones, ONG’s y “filántropos” que
apuntan en una misma dirección. Sus objetivos no son los objetivos que
beneficien a la población mundial al otorgarle mayor libertad e independencia,
sino todo lo contrario: planean el devenir del mundo para beneficiarse ellos
por medio de causas que a la luz de la razón parecieran buenas. Sin embargo, lo
que menos le interesa a esta gente es la paz y el medio ambiente, sino el
negociado que se mueve alrededor de ello.
El Premio Nobel de la Paz es toda una
payasada desde el siglo XX, cuando se atrevieron a nominar a personajes tan
nefastos como Hitler, Mussolini, o Stalin. Con semejantes visionarios no hace
falta que la organización se esfuerce por elegir a los mejores. A esta altura
del camino creo que el Nobel es más una deshonra que un reconocimiento.
Pero es algo que se ve venir. Aunque la nominación no es oficial, ya comenzaron los mandaderos a hacer sonar el nombre del presidente colombiano. ¿Será que este señor Hansson estuvo en Davos recientemente y se encontró con Petro en la casa que el gobierno rentó por un millón de dólares por cuatro días? Habrá que ver si ese milloncito de dólares no fue destinado a otra causa más loable, como la de comprar una nominación a un Nobel. Perdón, la de promocionar a Colombia ante el mundo como “potencia mundial de la vida”.
Desde el inicio de su presidencia, Petro
viene buscando que lo nominen al premio Nobel de Paz, o a cualquier premio que
haya por ahí circulando, que a él todo eso le sirve, pues es un hombre ávido de
reconocimiento, sediento de aplausos, urgido de adulación. Cómo será, que le
robó los aplausos a Biden en cierta conferencia de la ONU. Pero si es el Nobel,
mucho mejor para él. Imagínense, dos presidentes colombianos con el máximo
galardón de la paz a nivel mundial. ¡Qué orgullo! No importa que el país esté
ardiendo en el infierno de la violencia por causa de los grupos que estos
mismos presidentes permitieron robustecer bajo el manto de la “negociación de
paz”; no importa que aquí las masacres no cesen de producirse a pesar de que la
izquierda ya no las cuenta, como si no existiera nada de eso; no importa que
estos dos personajes no hayan podido reducir el asesinato de líderes sociales,
el secuestro, el hurto, la delincuencia y el narcoterrorismo. Y mucho menos
Petro, que en algún momento de su vida tuvo mucho que ver con la guerra de este
país. Ahora, porque un loquito de Noruega que no tiene ni idea de dónde está
parado nominó a Petro al Premio Nobel de la Paz, dirá este que en verdad ha
sido un buscador incansable de esa gesta para su país. Será la paz para los
alzados en armas, más bien, pues ahora que el ejército no los persigue con
vehemencia por orden del primer mandatario, pueden delinquir en paz.
Y si no le dan el de la Paz, que le otorguen entonces el Nobel de Ecología, o de Ciencia, pues la perorata de sus discursos hablando contra el cambio climático le ha dado la vuelta al mundo, y es preferible premiarlo antes que seguirlo escuchando. Igual, con el nivel de los congresistas del storting noruego, pues qué más da un premio aquí u otro por allá. Si se lo dieron al traidor de Juan Manuel Santos, que entregó el país a la guerrilla con su mal llamado de “Proceso de Paz”, ¿por qué no dárselo a Petro, que no sólo está haciendo la paz, sino además está logrando la “paz total”? Le deberían otorgar el Premio Nobel de la Paz Total, y así nadie lo superaría nunca, porque nuestro presidente es insuperable: nadie lo supera en holgazanería, degeneramiento, mitomanía, prepotencia, victimismo, cobardía, inutilidad, hipocresía, y otras muchas más virtudes que al parecer son requisitos para aspirar al Nobel.
Yo me atrevería a ir mucho más lejos que el chiflado diputado nórdico y lo nominaría para un Premio Nobel de Literatura, ya que nuestro presidente se la pasa escribiendo en “X” (antiguo Twitter) y vaya trinos de antología los que se manda. Si pensábamos que Petro hablaba mal porque nadie entendía su discurso, sino apenas sus seguidores que lo defendían diciendo que él era un hombre tan adelantado a su tiempo que el vulgo derechista era incapaz de captar sus profundas ideas; si pensábamos eso, repito, es porque no lo hemos visto en toda su dimensión, que es esa prosa demencial de la que es dueño al escribir. Es el único hombre que hace uso del lenguaje escrito sin necesidad de puntos, de comas, cambiando las palabras, comiéndose las letras, sin respetar las normas ortográficas, y aun así algunos logramos entenderle.
Qué cosa tan maravillosa la redacción del
presidente, y hasta en varias lenguas, como el último trino que publicó
precisamente hoy, que incendió las redes y le dio de qué hablar a los
noticieros con esa pastoral en la que acusó a la Fiscalía y a la oposición de
que le querían dar un golpe de Estado, todo porque se le está cayendo su farsa
presidencial con esos pequeños escándalos de las platas que su hijo le recibió
a los narcos para su campaña, o ahora por haberse volado los topes de financiación
permitidos por unos quinientos milloncitos que no se reportaron. Petro sabe que
a la luz de la Constitución su gobierno es ilegítimo, que si no se comprueba
que ingresó dinero de mala procedencia a su campaña, al menos sí se sabe que
violó la ley de los topes electorales. Está como un tigre cuando lo acorralan,
amenazando al país con el llamado a sus hordas violentas que él nombra con el
eufemismo de “jóvenes rebeldes”, queriendo revivir la toma guerrillera de 2021,
en donde quemaron medio país. Sólo que si esta vez las instituciones obrasen
con justicia y se dictaminara que él tiene que salir del cargo, Gustavo Petro
preferirá hacer que estalle la guerra civil en Colombia antes que abandonar su
trono presidencial.
Así y todo, ¿insisten en nominarlo para un
Premio Nobel de Paz? Eso sería como si a mí me nominaran para un Nobel de
Literatura. Yo, que no he escrito ni publicado una línea, que tengo en
literatura los mismos logros que tiene Petro en la materia de la paz: nada
Por eso quisiera invitar al congresista noruego a que venga a Colombia, sin escolta, sin acompañamiento de la Policía ni del ejército, sin armas, como un visitante cualquiera. Lo llevaría al Catatumbo, al Cauca, a una zona de conflicto para que vea cuál es la paz que ha logrado ese hombre que dice que lo inspira. No hay necesidad de ir tan lejos. Lo podríamos dejar en una calle cualquiera de Bogotá y lo pondríamos a vivir como un bogotano de un barrio humilde, a ver si todavía sigue pensando que Colombia es un remanso de paz. En una de esas de pronto quiere devolverse para Noruega, porque a lo mejor resulta que no le convence del todo la paz total y termina pidiendo más seguridad.
[1] El País. (4 de febrero de 2022). https://www.elpais.com.co/mundo/por-este-video-cuestionan-a-ramsus-hansson-el-congresista-noruego-que-nomino-a-petro-para-el-nobel-de-paz-0419.html






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