sábado, 6 de abril de 2024

Más vale que no te enfermes

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





    Fue hace 31 años cuando se promulgó en Colombia la conocida ley Número 100 de 1993 “por la cual se crea el Sistema General de Seguridad Social Integral, que tiene por objeto garantizar los derechos irrenunciables de la persona y la comunidad…”.

    En ese entonces, el país estaba inmerso en una crisis social y económica, además de política (igual que hoy), en parte motivada por la guerra entre los carteles de las mafias, lo cual también afectó significativamente los servicios de salud. Fue en el año de 1993 cuando un senador de la República de nombre Álvaro Uribe Vélez propuso una reforma sobre la base de un modelo de aseguramiento que aumentara la cobertura de atención médica al grueso de la población, utilizando para ello a operadores privados encargados de administrar y gestionar los recursos, y que fueron conocidos luego como Entidades Promotoras de Salud (EPS), las cuales funcionaron en alianza con el Estado. Este, a su vez, contribuía con una parte importante para el sostenimiento del nuevo sistema a raíz del mayor número posible de afiliados. Estos afiliados o usuarios tuvieron que pagar un porcentaje de su salario llamado cotización, según el régimen al que pertenecieran: régimen contributivo o subsidiado.



    A diferencia de lo que hubo hasta 1994, básicamente de lo que se trató este nuevo modelo impulsado a través de la Ley 100 de Uribe, es que el usuario se afiliara a una de estas entidades según su elección, y de esta forma pudiera acceder a servicios de consulta, exámenes, tratamientos y medicamentos contemplados en un muy básico y reducido Plan Obligatorio de Salud (POS), que era cubierto por la EPS. Pero todo tratamiento, examen, cirugía o medicación que no estuviera contemplado en este plan, debía ser cubierto por el contribuyente. Las EPS's, a su vez, se encargaban de pagar a las clínicas, hospitales y otras Instituciones Prestadoras de Salud (IPS) por los servicios que estos proporcionaban a los afiliados.

    La Ley 100 fue un arquetipo de aseguramiento en salud y pensión basado en lo que ya se había puesto en práctica en algunos países del primer mundo, de manera que tampoco fue una idea del todo innovadora. Su ventaja fue el aumento de la cobertura, pues más del 90% de la población colombiana ha estado afiliada al sistema desde entonces, beneficiando a los sectores más vulnerables de la sociedad que no pueden pagar un médico particular y que fueron víctimas de la inoperancia del Seguro Social, el cual era la institución que regentaba el Estado y por cuyo colapso debido al agotamiento de las reservas e insuficientes cotizaciones, hubo que hacerse la Ley 100 para reemplazarlo.

    Su desventaja, es que con el paso del tiempo el buen funcionamiento se pervirtió por la corrupción y la negligencia de algunos operadores que no solo se caracterizaron por los malos manejos de los recursos de sus usuarios, sino que además pretendieron ejercer control total de la cadena a través de la integración vertical, o invirtiendo en clínicas, laboratorios, u otros negocios de distinta índole, cuando esa no era la función que la ley había contemplado para ellos. A pesar de todo, sigue siendo un modelo rescatable, susceptible de mejorar, y el menos malo que hemos podido tener en 200 años de vida republicana dentro de las limitadas posibilidades que existen, pues es un esquema que atiende a la lógica del capital, como no podía ser de otra forma.



    Sólo un porcentaje reducido de colombianos con suficientes ingresos podía acceder a servicios de salud privilegiados antes de 1994, cuando comenzó a ponerse en marcha el sistema basado en el aseguramiento a través de las intermediarias privadas. En aquel entonces, existían las llamadas “Secretarías Seccionales de Salud, las cuales “manejaban los recursos, nombraban funcionarios, hacían las auditorías”[1], pero que al mismo tiempo eran ineficientes, mal financiadas y con una escasa cobertura. También estaba el mencionado Instituto Colombiano de los Seguros Sociales (ICCSS y luego ISS), creado en 1946 y encargado de la seguridad social de los empleados del sector privado, en contraposición a la Caja Nacional de Previsión Social (Cajanal), encargada de la seguridad social de los empleados del sector público.[2]

    La entidad del llamado Seguro Social era la responsable de asegurar la salud y pensión de la mayoría de los colombianos, pero como este órgano del Estado se llenó de burocracia, corrupción y desgreño administrativo, además de que allí metieron la mano los políticos, se hizo inviable, pues no sólo comenzó a prestar el peor servicio, sino que tampoco pudo dar abasto para pagar las pensiones de vejez de los miles de jubilados que desde 1946 llevaban aportando al sistema.

    Finalmente, la liquidación del Instituto de Seguros Sociales se llevó a cabo en 2008, al menos en su componente de salud, y luego en 2012 se liquidó el componente pensional, pasando a ser Colpensiones. Tuvo que desaparecer porque sencillamente el Estado no tuvo cómo saldar los pasivos pensionales ni atender de forma eficiente las necesidades que demandaba todo un país. El Seguro Social se convirtió en una bomba de tiempo que estalló cuando llegó a un estado de iliquidez y a un nivel de pasivos tal, que fue más fácil acabarlo que recuperarlo.


    Algo similar ocurre con las EPS’s, cuyo talón de Aquiles también fue la corrupción, al parecer inherente a toda la actividad humana. Por desgracia, lo que primó con el tiempo ya no fue brindar un buen servicio, sino el ánimo de lucro con miras a obtener la máxima rentabilidad. Así, la salud quedó reducida a un negocio más del sector privado. Algunas Entidades Promotoras incurrieron en conductas non sanctas por apartarse la ética, cuyas consecuencias se vieron reflejadas en la disminución de calidad de sus operaciones, la ralentización para asignar citas con especialistas y entregar medicamentos de alto costo a los pacientes, así como la postergación indefinida de tratamientos y cirugías que las EPS’s, por ley, debían cubrir, aún a costa de afectar su margen de ganancia.

    Hoy, cuando el sistema está en la peor crisis de su historia, gracias también a que el gobierno Petro le ha dado una manito para su disolución, las Entidades Promotoras de Salud que han quedado en pie están al borde de la quiebra y su servicio casi que se ha supeditado a la atención más elemental de la salud: consultas de medicina general, cirugías ambulatorias o de bajo costo y medicamentos genéricos, si acaso se consiguen. Para los casos críticos, al parecer el antiguo Seguro Social gozaba de mejor fama.



    Pero ahí está el meollo del asunto que ha producido toda esta debacle: que el modelo actual es el que se debe mejorar para que, además de cobertura, también se obtenga calidad, en lugar de volver a un esquema inspirado en el Instituto de Seguros Sociales que existió hace treinta años y fue un fracaso, y que es el que propone el actual gobierno.

    Con un agravante, y es que el dinero para la salud que los colombianos de todas maneras estarán obligados a pagar, no sería manejado por empresas privadas sujetas a las disposiciones de entidades de vigilancia externa como lo es la Superintendencia de Salud, sino que sería manejado por los politiqueros de turno encargados de las diferentes administraciones locales. Desde luego, es un pequeño alivio que esa reforma haya sido archivada en el Congreso de la República, pues los colombianos estamos hartos de los políticos administrando nuestro dinero: ya sabemos que al final la plata del pueblo termina engordando sus cuentas bancarias.

    No obstante, el gobierno de Gustavo Petro se niega a aceptar esta derrota política y pretende instaurar su nefasta reforma a la salud por la vía del decreto. La intervención de las EPS’s Sanitas y Nueva EPS no ha sido una casualidad justo el día en que se le hundió su proyecto. Los colombianos estamos conscientes de que lo que hizo el ex guerrillero Petro no fue una “intervención”, sino una expropiación, lisa y llana, al mejor estilo de su héroe Hugo Chávez en su tiempo.

    Es que las dictaduras comienzan cuando el tirano dictador se apropia de las historias clínicas de sus ciudadanos, y ese es el modelo por el que el gran sinvergüenza apuesta. Para ello tiene en mente la imposición de sus famosos médicos cubanos que no son otra cosa que militantes con bata: nuestra vida en manos del enemigo; nada más eso nos faltaba.



    Tengo la sospecha de que en realidad al okupa del palacio de Nariño sí le gusta el modelo de salud actual, porque las cifras indican que es uno de los mejores sistemas de la región a pesar de sus fallas, además de que quienes se han visto más beneficiados con él, han sido los ciudadanos de más escasos recursos; los que supuestamente Petro representa. Sólo que a ese sujeto le duele no haber sido el autor de la Ley 100, porque lo fue uno de sus más asiduos detractores: el expresidente Uribe. Y sobre todo le duele porque a pesar del desprestigio al que la izquierda sometió a este último, Petro no tiene ni tendrá jamás el respaldo popular que Uribe sí tuvo. Por eso quiere hacer trizas la ley que no fue capaz de proponer en su momento y trata de inventarse un mecanismo nuevo que no es otra cosa que la regresión a lo viejo con todos los errores repotenciados.

    A Petro le habría gustado decir que fue él quien propuso la reforma a la salud que mejores resultados le ha dado al país, pero se le adelantaron. De modo que no le queda de otra que pretender reinventarse la patria con un sistema estatista para someter a todos los actores involucrados: tanto médicos como pacientes perderán su derecho a aliviar y ser aliviados.

    Lo que está en juego no es un aparato montado para beneficiar sólo a unos cuantos, sino la libertad y la independencia del ciudadano mismo para que el Estado no tenga siquiera la posibilidad de saber de qué se va a morir. En caso de imponerse la reforma del gobierno, el Estado va a tener la potestad, no sólo de saberlo, sino de ordenarlo. Para esa gracia, más habrá valido encontrarnos con la muerte antes de enfermarnos, porque enfermarse en un país que estatizó su sistema de salud será como morir dos veces.


 


[1] Daniela Vanessa Ortiz Álvarez. (diciembre 24 de 2022). Reforma a la salud: ¿Volveremos al sistema que existía antes de 1993? El Tiempo. https://eltiempo.com/amp/salud/reforma-a-la-salud-volveremos-al-sistema-que-existia-antes-de-1993-728637

[2] Wikipedia.org. Instituto de Seguros Sociales.

 https://es.m.wikipedia.org/wiki/instituto_de_seguros_sociales

 








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