sábado, 12 de abril de 2025

Los aranceles de la discordia

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

(Columna)







     Que se fregó la economía; que el 7 de abril de 2025 será recordado como el lunes negro para las bolsas de valores en el mundo; que por culpa de los aranceles que impuso el gobierno de Donald Trump viviremos la peor de las carestías; que ese presidente es un loco que nos va a llevar una guerra y a un hambre sin precedentes. Todo esto escucho que dice la gente, y en especial los analistas económicos de los noticieros que podrán saber mucho de economía, pero les falta saber de Realpolitik. Porque una cosa es lo que dicen los teóricos del libre comercio (léase Adam Smith o Milton Friedman) de cómo deben interactuar los mercados unos con otros, y cómo el comercio debe ser regulado por una “mano invisible”, y otra cosa es saber que la economía también necesita ser pragmática y priorizar los intereses nacionales y las circunstancias reales cuando el exceso de libre mercado esté poniendo en peligro sus aspiraciones. 

     Y esto es exactamente lo que está aplicando el presidente de los Estados Unidos. Lo cierto es que las bolsas de valores se vinieron a la baja apenas por un día, pero ya se recuperaron otra vez. Tampoco su caída superó el 5% en promedio, y tal vez la más afectada fue la de Hong Kong, que sufrió una caída del 13,22%; la más grave desde 1997. El índice S&P 500 cayó un 10% en los dos días posteriores al anuncio de aranceles. El Dow Jones perdió 0,84%, el Nasdaq cayó 2,15%, y el S&P 500 bajó 1,57% en una jornada de alta volatilidad, mientras en Europa, el Euro STOXX 50 bajó 4,7%. ¿Se le podría llamar desplome a esto? De ninguna manera. Sólo quienes sucumbieron al pánico económico generado por los medios y las corporaciones anti trumpistas y que vendieron desesperadamente sus acciones, fueron los grandes perdedores de la jornada.




     El denominado lunes negro quedó atrás, y los aranceles de la discordia ya fueron renegociados, hasta el punto de que Europa y Latinoamérica no salieron tan perjudicadas como sí salió China, porque la verdadera guerra comercial es con la potencia del dragón. Hay que reconocer que esta fue una jugada muy arriesgada de Trump, pero hasta el momento de subir esta columna, le está saliendo, pues más de cincuenta países estuvieron dispuestos a renegociar los aranceles.

     Es cierto que Trump se echó un poco para atrás en estas negociaciones, aunque dejó los aranceles en la tarifa justa en la que los quería colocar. Él puede parecer loco, pero no es tonto, ni mucho menos un irresponsable que quiera arruinar la economía mundial. Tal vez sea su estilo el que no guste a muchos (a mí, en particular, me convence); tal vez sean sus maneras, si acaso no encuentra otras por no obtener el apoyo debido de la Organización Mundial del Comercio. Lo que queda claro es que sus votantes lo eligieron para reactivar la economía estadounidense, y eso es lo que está intentando hacer, además de verse obligado a reducir su deuda con China. Su estrategia de subir aranceles para luego volverlos a bajar después de obtener una negociación que le dejara satisfecho es propia de los hombres de negocios, pero sobre todo de los hombres de negocios en una posición de poder, como nunca la debió de haber perdido Estados Unidos. 
 
     El mismo J.D. Vance, su vicepresidente, fue tajante al defender la postura arancelaria de su jefe, y argumentó lo siguiente: “Estamos tomando una cantidad de deuda gigantesca de China para comprar los mismos productos que se fabrican en China, lo cual no es receta para ninguna clase de prosperidad económica ni para obtener buenos empleos”. Como quien dice, usted se endeuda con su vecino para comprar en la misma tienda de su vecino, así él gana por partida doble cuando le vende y cuando usted tiene que pagarle con intereses.




     En cualquier caso, los aranceles de Trump no son un golpe a la economía mundial, sino más bien a la economía de los globalistas dueños de las grandes trasnacionales, a quienes no les interesa el bienestar económico de la nación, sino simplemente seguir acumulando riqueza a costa de la economía del país. Por eso, ni la clase media, ni mucho menos los pobres, que somos todos consumidores, debiéramos preocuparnos si las acciones de las grandes compañías se caen o se recuperan. ¿Acaso tenemos nosotros acciones en esas empresas? ¿Acaso un pobre participa del mercado bursátil como para que la noticia de la caída de las bolsas lo desvele? Lo que debe interesar es que no haya una inflación sostenida en el largo plazo que perjudique el poder adquisitivo de las personas. Claro, algunos productos importados subirán de precio en Estados Unidos, y muy probablemente se acabe la feria de los artículos chinos a precio de huevo, pero el productor nacional tendrá la oportunidad de competir en franca lid y generar más empleo que pueda mejorar las perspectivas del consumo interno.

     Lo que pasa con Estados Unidos es que es una gran potencia que no tiene por qué estar importando más de lo que exporta, porque tiene toda la capacidad para autoabastecerse con sus propias empresas. Caso diferente si fuera un país subdesarrollado que no produjera tecnología ni bienes con valor agregado, y tuviera que conformarse con ser un productor de materias primas. En ese caso no puede darse el lujo de cerrar sus importaciones.




     Los aranceles de Trump desafían directamente al globalismo porque necesita priorizar los intereses económicos de los Estados Unidos, entre los cuales se encuentra la creciente inflación del país, el déficit de la balanza comercial y las altas tasas de interés. Sus objetivos son muy claros: subsanar el déficit comercial, traer de vuelta las empresas para que produzcan en Estados Unidos y no por fuera de sus fronteras, hacer que las mismas paguen sus impuestos allí y contraten el personal a la tasa salarial justa en lugar de contribuir con la proliferación de mano de obra esclava, evitar que las empresas tengan que entregar las patentes de fabricación de los bienes que involucran alta tecnología, poniendo en riesgo la seguridad y la confidencialidad, y sobre todo, reducir la deuda con China, para lo cual es posible que tenga que devaluar su propia moneda.

     Lo que está haciendo Trump en este momento no es otra cosa que lo que ya hizo en su primer mandato, sólo que parece que los medios no lo recuerdan. Y fue justo en ese período cuando Estados Unidos vivió su mayor esplendor económico a pesar de que dijeron en ese entonces que aquello supondría una crisis inflacionaria sin precedentes. Pues bien, la inflación solamente aumentó el 1% y la industria manufacturera americana tuvo un renacimiento como no se había visto en los gobiernos de Obama ni de Bush. Las empresas llegaron a registrar pleno empleo, por lo cual fue posible que obtuvieran rebajas de impuestos que las favorecieron.




     La conclusión de todo esto es que hicieron una tormenta en un vaso de agua: los aranceles para la mayoría de los países, a excepción de China, no se incrementarán más del 10%, además de que quedaron pausados por 90 días. Se le da un golpe a la economía globalista de los grandes emporios, pero tampoco se la destruye. Sólo que ahora Estados Unidos no pondrá su conocimiento y su industria al servicio de potencias competidoras, como cuando diseñó los chips para la IA que hoy se fabrican en China. Lo mismo ocurrió con la industria armamentista, en la que China ya está fabricando los misiles que luego le vende a los gringos. Esto se volvió un problema mucho más complejo que solamente confeccionar camisetas y ensamblar celulares, porque ya se está poniendo en riesgo la seguridad nacional. Los empleos que se generan son de mano de obra no calificada, y por ello se necesita traer de vuelta a los ingenieros, a los programadores, a los cerebros que se han fugado de su tierra. El déficit de E.U. llegó a un trillón de dólares en 2022, la deuda es insostenible, y se vienen tiempos duros para los americanos, no se puede negar, pero a veces un presidente tiene que hacer lo que tiene hacer y no lo que la gente quiere que haga, si de lo que se trata es de rescatar a una nación de su propia debacle.




No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Por una nueva refundación

Por Juan Felipe Giraldo Trejos (Reflexión)      Volvió a temblar la tierra. Se estremeció como un gigante que despierta de un mal sueño, o m...