(Columna)
Desde hace una semana hasta este día noto que se viene recreando en las redes sociales una tendencia de animación a través de la inteligencia artificial basada en la conversión de fotografías comunes a imágenes ilustradas del estilo de animación Ghibli o Studio Ghibli, como ya se le conoce popularmente.
Admito que soy un neófito en el mundo del anime y de la inteligencia artificial, por lo cual debo ponerme a investigar más sobre el tema antes de este me sobrepase, si es que ya no lo hizo, pero a lo que me quiero referir aquí no es particularmente a la tecnología, sino a la sociología. Ya está bueno de tanta fotico animada que a todos al tiempo les dio por publicar en las redes como si eso fuera la panacea del siglo XXI. Definitivamente, entre más progresa la ciencia, más retrocede la inteligencia, y si mi abuela estuviera viva, no dudaría en exclamar: “¡Se embobaron con los muñequitos!”.
¿Quién está detrás del movimiento que ha sido furor por estos días y que según los entendidos en el tema ha consumido alrededor de 216 millones de litros de agua para poder enfriar los servidores que se sobrecalentaron por el desaforado uso de la IA en el cometido de convertir las imágenes de la red a una imagen Ghibli? ¿Por qué se viralizó de tal forma esta tendencia que puso a la mayoría de los usuarios de internet a convertir sus fotografías, incluyendo las de su archivo personal, en dibujitos a color muy bien detallados con una estética particular del Lejano Oriente?
En el caso del Studio Ghibli, se conoce que este es considerado uno de los mejores estudios de animación del mundo. Fue fundado en Japón, en 1985, por Hayao Miyazaki, y es reconocido por sus largometrajes y cortometrajes animados, comerciales de televisión y videojuegos, entre otros desarrollos audiovisuales. La expresión Ghibli es una palabra italiana que se refiere a “un viento cálido del desierto”.[1] Es esta misma sensación de calidez las que las imágenes del estudio transmiten, pues corresponden a una estética en la que predominan los colores suaves, los paisajes cálidos y los personajes expresivos; los mundos de ensueño que transportan a las personas a una atmósfera de ilusión.
Pero ¿cuál es entonces el objeto de que estemos hoy utilizando como locos la inteligencia artificial para convertir las fotos a dibujos animados? Podría ser la simple curiosidad de saber cómo seríamos si fuéramos una caricatura, no ya solamente del tipo Ghibli, sino también del estilo Disney de los noventa, de Los Simpsons, los Muppets, un Lego, o un tipo de marioneta, entre otras. Podría ser alguna sutil y divertida forma de escapar de la realidad, que ya se ha vuelto pesada hasta en las fotografías. O podría ser que estamos siendo el experimento de otra más de las herramientas con las que nos mantienen anclados a la red, de forma tal que nos exacerban la estupidez mental y nos masifican bajo el modelo del rebaño. Lo cierto del caso es que estas animaciones han sabido capturar la esencia de cada persona y transportarla a un estado de nostalgia y fantasía. No es un anime cualquiera el estilo Ghibli, sino uno que le toca el corazón al público y lo emociona al punto de querer volver a la sencillez y a la magia de la infancia.
Esta conexión profunda con la gente hizo que la tendencia se extendiera para ser aplicada a todo tipo de fotografías de la red: famosas, icónicas, ramplonas, chistosas, memes reconocidos, escenas de películas, situaciones de la vida real, posters publicitarios y hasta el archivo personal de los usuarios. Ninguna imagen se le ha escapado a los internautas, porque el mundo quiere verse ahora como un dibujo animado a color: es la pretenciosa fantasía de querer salir del cuerpo de carne y hueso para volverse un avatar virtual. Es una pequeña muestra de cómo la Cuarta Revolución Industrial ya está comenzando a dar pasos de animal grande, no porque la inteligencia artificial pueda realizar la intrascendente tarea de convertirnos en muñequitos tiernos, sino porque la puede hacer más rápido y hasta mejor de lo que pueden hacerlo los humanos. Puede dibujarnos mejor, escribirnos mejores libros, pintarnos cuadros mucho más artísticos, componernos canciones más emotivas y construirnos un mundo hecho a la medida si queremos. Sólo que este mundo ideal será digno de que lo disfruten apenas unos pocos privilegiados que ya lo tienen todo con solo chasquear los dedos, y a veces ni eso tienen que hacer. El resto de los mortales quedará en riesgo de perder sus medios de supervivencia y su razón de existir.
La inteligencia artificial utilizada para crear todas estas animaciones tan vívidas, elaborar discursos, escribir tesis, componer canciones, crear diseños, ilustraciones, campañas publicitarias, redactar leyes y hasta inventarse mejores historias de entretenimiento, nos va a dejar a muchos sin sustento y sin sentido. El escenario más deseable es aquel en el que el hombre encuentra su realización a través del trabajo, y no aquel en el que ya no tiene que trabajar porque estará todo hecho. ¿De qué podrá alimentar su cuerpo y su espíritu, entonces, si no tiene oficio ni beneficio en un mundo en el que todo, hasta el arte, lo realizan las máquinas? El panorama que nos está planteando la inteligencia artificial es angustiante, y algo tan simple como el hecho de obtener en segundos una imagen animada derivada de otra real, dejaría por fuera del mercado laboral a cantidades de personas que llevan toda su vida preparándose para eso. ¿Quién podrá competir contra la máquina en el futuro?
Otra gran controversia con respecto a la tendencia desatada por las imágenes del Studio Ghibli surge porque la inteligencia artificial se basa en modelos con los cuales han alimentado el algoritmo, y algunos de ellos se encuentran protegidos por derechos de autor. El uso de estos se ha vuelto indiscriminado, además de que no es permitido, y no demoran las compañías dueñas de sus derechos en comenzar a demandar a las empresas de inteligencia artificial (como Open IA, que además es propietaria de Chat GPT) y a algunos usuarios que se han valido de dichas imágenes para monetizar sus contenidos. Es decir, aparte de que se vale del trabajo humano de los artistas, la inteligencia artificial replica su trabajo para beneficiar a otros y no les reconoce nada. Y esto no solo incluye a los artistas visuales, sino a todo tipo de artistas: pintores, escritores, ilustradores, cineastas, músicos, diseñadores, incluso actores de doblaje a los que les han usurpado su voz para generar audios sin su consentimiento.
Una tercera crítica que supone el uso de la IA es la relacionada con el impacto ambiental, pues los servidores de las empresas, al calentarse, requieren millones de litros de agua para enfriar sus centros de datos. Aunque hay que aclarar que este es un problema no sólo de la IA, sino de todo el internet, que consume grandes cantidades de agua y energía para operar. Cada consulta de Chat GPT, por ejemplo, consume medio litro de agua para poder enfriar los servidores, y cada video que vemos en internet implica mucha más cantidad de agua que la que utilizamos para asearnos diariamente. Empresas como Microsoft, que es el principal dueño de ChatGPT no tiene políticas de aguas residuales, a diferencia de Amazon y Meta, que se valen de procesos de purificación de las aguas que utilizan para el enfriamiento. En este sentido no podemos ser tan hipócritas de quejarnos por el uso del agua que algunos hacen al consultar con la IA, puesto que todos usamos internet y demandamos agua y energía eléctrica, y pretender que no se haga uso de la tecnología para no gastar agua es como pretender que no nos volvamos a bañar para conservar el recurso. De lo que se trata es de tener conciencia y saber que el uso de una herramienta como la IA tiene prioridades mucho más relevantes que la de querer verse uno como un muñequito.
El mismo creador de Studio Ghibli, Hayao Miyazaki, no está de acuerdo con el uso de la IA para realizar animaciones. No por la técnica, sino por lo que la labor de dibujar e ilustrar representa para él. Afirma que el arte gráfico es una manera de transmitir emociones reales que de ninguna manera puede transmitirlas una máquina por muy perfecta que sea la réplica del humano.
De todos modos, esto de las IA no tiene reversa, y como toda nueva tecnología, planteará cambios en la manera de hacer las cosas, pero no podrá acabar con el arte ni podrá reemplazar al ser humano en su integralidad. Algo tendremos que inventarnos para valernos de los avances tecnológicos sin perjuicio de nuestro bienestar económico y mental.
He de admitir que hasta yo me vi tentado a transformarme en una caricatura del Studio Ghibli, como para no quedarme por fuera de la moda, pero ya para esas alturas Open IA estaba cobrando por la conversión en vista de la demanda de imágenes que conllevaron a un recalentamiento de los servidores, así que hasta ahí me llegó el impulso. Por fortuna, porque hubiera sido otro más de los tantos incautos en hacerle el juego a las poderosas BigTech. Ellas saben cómo manipularnos y explotarnos con cada entretención pasajera que nos lanzan. Se inventan algo que se vuelva tendencia para recopilar luego una cantidad de datos sobre nosotros con propósitos de continuar realizando la ingeniería social que tan bien les está saliendo. No olvidemos que hace unos años nos deslumbraron con la aplicación que pronosticaba cómo íbamos a ser cuando estuviéramos viejos a partir de una foto del momento, o con la que nos regresaba a la niñez, o la otra que nos convertía en una persona del sexo opuesto. También nos obnubilan con las inteligencias que nos ponen a decir lo que no hemos dicho a través de un programa para moverle los labios a los protagonistas de las fotos, o nos ponen en los lugares en los que no hemos estado jamás, o nos hacen abrazar y besar a personas que nunca hemos abrazado, porque con la inteligencia artificial todo se puede modificar, incluyendo la realidad, así esta no pase de ser realidad virtual.
En este mundo de engaños, en donde dicha red se vuelve un espejismo y es tan fácil cambiar la percepción de las cosas con unos cuantos filtros por allí, una animación por aquí, un montaje videográfico por allá para hacer de nosotros mismos unos seres extraordinarios, hay que andarse con mucho cuidado con todas estas tendencias virales, porque es muy fácil caer en el juego aparentemente inocuo y divertido que nos proponen, pero ignoramos cuánto de nosotros le estamos entregando al sistema tecnológico que nos rige por completo.
[1] Carolina Castillo. (1 de abril de 2025). ¿Qué es el Studio Ghibli y qué hay detrás del tren viral? El Comercio. https://www.elcomercio.com/tecnologia/fiebre-ghibli-redes-trend-viral-estilo-ghibli







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