miércoles, 21 de mayo de 2025

Nada que celebrar

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

(Columna)







     El pasado 14 de mayo, la mayoría de los colombianos que estamos en contra del actual “gobierno” (por llamar de alguna forma esta payasada) de Gustavo Petro y su propuesta de “consulta popular” (que no es otra cosa que una consulta populista para adelantar su campaña presidencial así esté prohibida la reelección), tuvimos una pírrica alegría, porque esta consulta se hundió en el Congreso de la República por un estrecho margen.

     Celebramos, aplaudimos, felicitamos a los congresistas que no se dejaron comprar y votaron a conciencia, pues al fin el Congreso había demostrado ser un poder independiente. Sólo que no contábamos con que esa alegría sería pasajera y hasta mentirosa. Nada se ha ganado, y más bien en los próximos días la celebración podría convertirse en una tristeza infinita, pues a falta de reforma laboral, ahora tendremos las dos: reforma y consulta.

     Porque todo hay que decirlo: el hundimiento se produjo más bien por la negligencia de los mismos petristas, que hasta para votar sus propios proyectos son perezosos e incompetentes, ya que a última hora “les salió el tiro por la culata” cuando estaban seguros de que iban a ganar. Perdieron sólo por dos votos: el de la senadora Martha Peralta, que se ausentó del recinto, y el del senador Richard Fuelantala, del movimiento AICO (Autoridades Indígenas de Colombia), que tampoco se presentó a votar. Tal parece que ambos estaban distanciados con el gobierno porque no les nombraron a ciertos amiguitos en ciertos cargos, o no les dieron lo que estaban pidiendo y condicionaron su voto con la excusa de “no haber podido llegar a tiempo porque el presidente del Congreso cerró la votación demasiado pronto”.

     Ayudó también la astuta, pero legal jugada de la senadora de la oposición, Paloma Valencia, que radicó una proposición para cambiar el orden de la agenda legislativa y poder revivir el debate por la reforma laboral, dejando sin piso la posterior votación por la consulta. ¿Qué sentido tendría apoyar la consulta si de todos modos el Congreso volvería a discutir la reforma? Por eso no pasó la consulta popular. De lo contrario, habrían arrasado.




     De cómo terminó la jornada no vale la pena ni decirlo. Ya sabemos que somos un país del cuarto mundo en el que muchos de nuestros dirigentes, comenzando por el ministro de Gobierno, son unos gamines con corbata. Faltó poco para que se fueran a los golpes. Esta es nuestra democracia.

     El peligro es que, gracias a esa jugada de la oposición, les revivieron la reforma a los petristas, corriendo el riesgo de que la próxima vez los congresistas vendepatrias sí estén mejor aceitados y hayan aprendido la lección: se asegurarán Benedetti y el ministro de trabajo de que todos voten a su favor, así tengan que torcer a los parlamentarios más indecisos. Se venderán mucho más caro, pero eso a Petro no le importa, acostumbrado como está a comprar y acallar conciencias y a permear el poder público a su antojo.

     Por eso pienso que no hay nada que celebrar. Es una victoria pírrica por la cual los colombianos vamos a tener que pagar el alto precio de ser castigados con la aprobación de una reforma laboral que dejará a millones de ciudadanos sin empleo, porque así es la lógica del progresismo. El debate está abierto nuevamente, como si se fuera a empezar de cero, como si aquí no hubiera pasado nada; como si el archivo de la reforma y el posterior hundimiento de la consulta no hubieran existido. Para colmo de males, Petro radicó de nuevo la propuesta de consulta popular a través del infame ministro de Salud, quien ofició como presidente encargado mientras el sinvergüenza estuvo paseando en China y en Italia.

     Sí, porque en lugar de habernos quitado el problema de encima, ahora lo vamos a tener al doble, y con una bancada de gobierno más preparada, más alerta, más dispuesta, más generosa en sus ofrecimientos. Ya se encargará el hampón del ministro de gobierno que tenemos de no fallar esta vez. El Pacto Histórico y los partidos que dicen ser independientes, pero que votan a favor del gobierno, son clara mayoría dentro del Congreso. Sólo un milagro podría salvarnos de que aprueben esa nefasta reforma. La han revivido, y viene recargada.




     Lo mismo con la consulta popular, que volvió a ser radicada y volverá a ser sometida a votación. Ya veremos que antes de que se termine la legislatura a final de junio, esa consulta estará aprobada y reaprobada. La hacen porque la hacen, no importa a quién tengan que salir a comprar o a perseguir. No nos olvidemos que estamos gobernados por un cartel de corrupción, y para ellos la ley y las buenas formas son lo de menos.

     Esto es igual que un partido de fútbol en el que gana el equipo contrario al que el mafioso de turno estaba patrocinando, pero este le ordena al árbitro repetir el partido hasta que su equipo salga victorioso. Así estamos con la consulta y con la reforma. Una consulta que es una trampa para que el sinvergüenza de Petro y sus secuaces se roben más de setecientos mil millones de pesos con el objetivo de comprar votos, y muy posiblemente para intentar una reforma a la Constitución en la cual revivan el artículo de la reelección presidencial, que a última hora se querrán sacar de la manga.

     Una consulta que, además, añade cuatro preguntas relativas a la salud de los colombianos, indagando si quieren que les sean entregados los medicamentos, o si están de acuerdo en que el país los pueda producir. ¿Quién va a decir que no? ¿O quién no quiere ganar más dinero y trabajar menos? ¿Quién se opone a vivir una vida sin sufrimiento, sin enfermarse y hasta de pronto sin morirse? Es una consulta tipo Aladino, el genio de la lámpara, que le asegura a los colombianos que les va a conceder 16 deseos si la votan, aunque todos sabemos que eso no es verdad. Se van a robar la plata, porque así los cincuenta millones de colombianos la voten positivamente, las reformas para poner en marcha las propuestas no nos van a solucionar nuestros problemas, sino, por el contrario, nos los va a agravar.




     Aquí el que ganó fue Petro, pero no nos dimos cuenta. Por un lado, su reforma laboral, por obra de la oposición, fue resucitada en el Congreso para no tener que ir a una consulta. Por el otro lado, él vuelve a radicar la consulta, como si no importara que de todos modos la reforma puede ser aprobada. Como sea, gana con cara y con sello.

     Porque de lo que se trata aquí no es de los derechos de los pacientes ni de los trabajadores. Eso a Petro y sus secuaces les tiene sin cuidado. De lo que se trata es de permanecer en el poder, no importa si para ello tiene que convocar a una consulta, a una movilización, a un paro general, a una guerra o a una revolución. Al sinvergüenza le da lo mismo si tiene que prender en llamas su propia tierra, al mejor estilo neroniano, con tal de reinar para siempre sobre sus cenizas. Si el futuro dictador no sale por las buenas en poco más de un año, ¿quién será el valiente que se atreva a sacarlo y a encarcelarlo?




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