sábado, 10 de mayo de 2025

Un león en el Vaticano

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

(Columna)







     Robert Francis Prevost Martínez, 69 años, estadounidense, de la orden de los agustinos, será conocido a partir del 8 de mayo como el Papa León XIV, el papa número 267 de la Iglesia Católica. Hasta ahora los expertos están analizando sus tendencias y se siguen devanando los sesos para saber en qué corriente encasillarlo, porque en aras de la honestidad, casi nadie lo tenía en la mira.

     Y es que el cardenal Prevost era como el número diez en la lista de los cardenales papables. Por encima de él estaban otros más opcionados, como los italianos Pietro Parolin y Mateo Zuppi, o el filipino Luis Antonio Tagle, o el húngaro Peter Erdö, o el guineano Robert Sarah, o el otro norteamericano aliado de Trump, Raymond Burke. Cualquiera de ellos, sobre el papel, tenía más opciones de ocupar el trono de San Pedro que el cardenal Prevost, pero a veces la Iglesia también te da sorpresas, y ya sabemos que en esto de los cónclaves cualquier cosa puede suceder.

     Del nuevo Papa León XIV, ya comienzan a decirse cosas, a investigarse su currículo, a analizarse sus trinos y sus discursos. Ya se sabe que también tiene nacionalidad peruana porque ejerció allí gran parte de su ministerio en la formación de sacerdotes y en la labor pastoral y de ayuda a las comunidades marginadas. De él se dicen cosas buenas y cosas malas, dependiendo de dónde provengan, y lo que más nos intriga a los católicos es saber si León XIV será la continuidad de su predecesor Francisco, o si por el contrario le dará un nuevo aire a una iglesia que se encuentra tan contaminada en los actuales momentos.




     De entrada, nos encontramos con el nombre que eligió el cardenal Prevost para ejercer el papado: León XIV, dando a entender que va por la línea del último papa de ese nombre, que fue León XIII, y que fue papa en el siglo XIX, entre 1878 y 1903. A este se le recuerda por su enfoque en la justicia social y también por su discurso anticomunista, que recién en aquel tiempo un señor barbudo de nombre Karl Marx había instaurado en la mente de los obreros bajo la forma de la revolución proletaria. Pero al mismo tiempo León XIII, en su encíclica Rerum Novarum, publicada en 1892, abordó los derechos de los trabajadores, la relación entre el capital y el trabajo, y la necesidad de una sociedad más justa. Es decir, se opuso al comunismo como forma de gobierno, pero sin olvidar las necesidades de los obreros que urgían de una remuneración y condiciones más justas. Como dato curioso, de León XIII es del primer papa que se tienen documentos fílmicos, por lo que se podría decir que con él comenzó la era moderna de la Iglesia en cuanto a las tecnologías de la comunicación.

     Volvamos al nuevo León, el número XIV, que ya con el nombre y con la indumentaria de su posesión dejó claro que no sería el sucesor del papa Francisco. A este sí le gustan los ornamentos eclesiales; de hecho, se pudo ver gran cantidad de simbolismo en ellos. Para muchos, esto es una clara muestra de reivindicación del poder, la opulencia y el control que ha tenido la institución religiosa más antigua del mundo. Para otros, esto simplemente hace parte de la magnificencia protocolaria de una iglesia que ha perdurado por siglos. Que también ha sido la más importante, por lo que ha ayudado a construir la civilización occidental, pero cuyos ritos no pasan de ser las formas sublimes de engalanar sus tradiciones, lo cual no le veo nada de malo.




     Para León XIV no basta con hablar en favor de los pobres y dar muestras de sencillez y austeridad, como lo hizo Francisco, sino que es más importante llevarles el evangelio con el mensaje de Cristo, porque de lo que se trata es de que tanto pobres como ricos lo lleven en sus vidas de manera verdaderamente impactante, con sentido de trascendencia, y no simplemente quedándose en la compasión por los hermanos que nada pueden hacer para salir de su pobreza si no tienen a Dios en su corazón. Al menos así lo dejó claro en su primera homilía pronunciada en la Capilla Sixtina.

     Pero otros aspectos sobre lo que podría ser el pontificado de Prevost no son tan halagüeños, ya que él ha demostrado tener unas posiciones que irían en concordancia con un progresismo light que a veces hace pensar que la Iglesia es una institución tan cambiante, que en uno de esos vientos de cambio podría perder su esencia y derrumbarse por completo hasta desaparecer. Siendo cardenal, por ejemplo, escribió varios mensajes en favor de los migrantes y condenando las políticas del presidente Donald Trump. Lo paradójico es que nunca un alto jerarca del Vaticano ha salido a abrir las puertas de sus palacios históricos para demostrar compasión por los migrantes africanos. ¿Qué pasaría si varios de ellos se saltasen por encima de los muros del Palacio Apostólico, del Palacio de la Cancillería o del Palacio de Belvedere? ¿Los mantendrían en las fronteras de su pequeño país y los nacionalizarían como ciudadanos vaticanos?




     Se le acusa también de haber encubierto a varios cardenales envueltos en escándalos de abusos sexuales, y un sector de la prensa asegura que es un agente de Soros, o que es un papa puesto por los Clinton y el globalismo. Habrá que ver si dirige su papado en concordancia con las medidas globalistas, como en efecto sí hizo Francisco, apoyando abiertamente la Agenda 2030, o si por el contrario decide mantener a la Iglesia firme en el mensaje cristiano por encima del mensaje laicista. Si León XIV actúa en la misma dirección, bien podrá irse despidiendo la Iglesia de otros tantos millones de fieles que saldrán despavoridos y decepcionados por confirmar que definitivamente el progresismo seglar se ha tomado a su institución religiosa desde adentro y que Cristo ha desaparecido de él.

     Nunca la Iglesia Católica perdió tantos fieles como cuando decidió dejarse llevar por los vaivenes del mundo moderno. Al dejar permear en su seno el influjo del progresismo, muchas personas abandonaron la fe católica, desencantados más de la laxitud que de la rigurosidad de sus dogmas. Al contrario, cuando se ha comportado como una iglesia firme en sus creencias y confirma las enseñanzas de Cristo, ha ganado más respeto e influencia que cuando ha querido expandirse a los sectores más liberales, que por más que demanden una iglesia inclusiva, nunca serán verdaderos católicos por aspectos relacionados con su estilo de vida y sus ideologías que chocan frontalmente con el Evangelio. Porque todos quieren recibir las bendiciones de Cristo, pero muy pocos están dispuestos a pagar el precio que implica cambiar.




     La Iglesia necesita renacer, y eso sólo se dará cuando ella deje de darle la espalda a Cristo y se centre en el Evangelio más que en la política y en la connivencia con el mundo.

     Habrá que dejar a León XIV ejercer su pontificado, desarrollar sus ideas, conducir a sus fieles. Hay que darle tiempo. Al menos el mensaje de su primera homilía es claro y positivo al poner a Cristo como el único salvador del mundo, pero si el Papa no confirma la fe católica a través del Evangelio, que no dude el Vaticano que se quedará solo oficiando como Estado político, perdiendo la gracia de ser una religión de salvación.

     Esperemos pues que este papa sea el león que ruja fuerte contra el enemigo que quiere demoler la fe en Cristo con sus ideologías perversas, su contubernio con el mundo, su inmoralidad y su relativismo. Que sea el líder que esté dispuesto a defender el bien y la verdad. De lo contrario, que Dios se apiade de él.







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