sábado, 13 de septiembre de 2025

Pregonar la palabra de Dios: motivo suficiente para ser asesinado

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

(Columna)







     Han asesinado a Charlie Kirk, activista político conservador estadounidense, fundador de la organización TPUSA (Turning Point USA), en la que promovía la defensa de la familia nuclear como modelo ideal, los valores tradicionales y cristianos y la lucha contra el aborto, entre otras causas conservadoras.

     Además de sus posiciones constitucionalistas originales, se apoyaba, sin ningún complejo, en pasajes bíblicos para sustentar sus argumentos, pero ya sabemos que nada que tenga que ver con Dios puede ser tomado en la discusión pública por los enemigos de la fe. De la fe en un Dios Padre, que sobrepasa toda capacidad humana. De ahí que lo considerasen un fanático religioso de extrema derecha.

     Han asesinado a un hombre de fe cristiana, de familia tradicional, defensor de la moral. ¿Es eso causal de asesinato en estos tiempos? Y lo hicieron simplemente porque se atrevió, no solo a pensar diferente, sino a exponer su pensamiento abiertamente, a promoverlo y a debatir sus ideas, haciendo cambiar de opinión, no pocas veces, a sus contendores ideológicos a través de la discusión sana y respetuosa. 
     
     Sin embargo, quienes se opusieron radicalmente a su pensamiento desde un principio, hoy se mofan de su asesinato vil y cobarde, y han salido a las redes sociales a celebrarlo. Lo han gritado pletóricos de dicha, porque siempre vieron en la figura de Charlie Kirk a un enemigo que puso a tambalear sus ideologías enrevesadas y carentes de sentido común. Les hicieron creer que un hombre que apenas podía defenderse con su voz podía constituir una amenaza para sus “derechos conquistados” a través de las luchas sociales.




     Están también los medios de comunicación con sus mal disimulados pseudo periodistas opositores al mensaje de Charlie que, si bien no lo celebraron tan de frente, sí se atrevieron a insinuar que lo asesinaron por tener ideas misóginas, incitadoras de violencia y propagadoras de división. Lo acusaban de ser detentador de un discurso de odio por el hecho de que su tendencia política no coincidía con el pensamiento de la progresía.

     Ahora enlodan su nombre sobre su cadáver, pisotean su reputación, distorsionan sus enseñanzas, lo ponen a decir lo que no ha dicho, porque ya no puede refutar esas mentiras, y lo exhiben en la palestra de los más extremistas activistas de derecha. Porque sí, Charlie Kirk era de derecha, pero no ultraderecha, como hoy aseveran los noticieros. Y tampoco derecha vergonzante, sino derecha conservadora, patriota, defensora de la vida, la fe, la propiedad y la tradición. 

     Pero los progres energúmenos que quieren borrar toda historia y toda tradición de la faz de la tierra, lo único que hicieron fue haber convertido a Charlie en un mártir. Han despertado todo un movimiento para mantener viva la llama de sus ideas, porque ahora más que nunca los que no lo teníamos muy referenciado, estamos buscando sus debates en internet y nos estamos poniendo en la tarea de conseguir sus libros y leerlos para pregonar el pensamiento de este batallador. Ahora no está Charlie Kirk con su esposa y sus pequeños hijos de uno y tres años, porque un violento, seguramente inducido e instrumentalizado por un poder mayor, borró su cuerpo de un balazo, pero sus ideas se están esparciendo por todo el mundo, como un perfume beatífico que es aspirado para deleitar el sentido del olfato. En este caso, para deleitar el pensamiento con las ideas de la verdad.




     Así, Charlie ahora es más popular, más seguido, más escuchado, pero, sobre todo, más aceptado en el corazón de las personas que no temen defender sus principios e ideales basados en su sentido de lo que es correcto. Saben que esto, más que una guerra de opiniones políticas es una guerra entre el bien y el mal.

     Tal parece que en estos tiempos (más que en los tiempos anteriores) creer en las enseñanzas cristianas, en la familia, o en la defensa de la patria, constituye todo un peligro para la ideología reinante con la que nos quieren uniformizar a la fuerza. 

     Si Charlie Kirk era un extremista por sus ideas, cuando nunca atentó contra nadie, ni mucho menos mató a ningún ser humano, y sus batallas siempre se dieron en el escenario del debate público, ¿qué son entonces los que acabaron con su vida y los que hoy celebran que se haya destruido a una familia, se haya dejado huérfanos a unos niños y viuda a una esposa? ¿Qué son los que hoy, desde las redes sociales y hasta canales reconocidos de información, se burlan y celebran abiertamente ante un hecho tan violento como lo es el asesinato a sangre fría? ¿Son esas las personas que dicen que el amor es el amor, que piden que el discurso de odio debe ser erradicado, que todos tenemos que vivir en aras de la paz y la tolerancia? ¿Cómo se les llama entonces a los que responden con un tiro en el cuello frente a los argumentos sólidos que no encuentran cómo rebatir? ¿Son esos los pacifistas, los que luchan por los “derechos humanos”, los promotores de la inclusión y la diversidad? ¿Son esos los que piden respeto cuando se expresa un pensamiento que no va acorde con su forma de ver la vida, pero responden con bala cuando ya se les han agotado sus escasos argumentos?




     En cuanto al asesino, es muy poco lo que sabemos de él. Que venía de familia republicana, que fue una oveja descarriada que se salió del redil y que fue su propio padre el que lo denunció. Que en el rifle y en las municiones que hallaron abandonados en un bosque cercano había escritas consignas de ideología trans e izquierdista, igual que el asesino de los niños en la escuela en Minneapolis. Aquí hay algo que no cuadra. ¿Fueron esas pruebas sembradas convenientemente por el mismo FBI? ¿Hay una intención tácita de desatar la guerra civil por ideologías en los Estados Unidos para desmembrar la Unión Americana desde adentro? ¿Está el sionismo detrás de todo esto? ¿Será entonces el próximo asesinado un importante influenciador de la orilla contraria para azuzar el fuego? ¿Serán ahora los fanáticos irracionales de Charlie Kirk, que los debe de haber como en todo movimiento, los que tomarán represalias para vengar su muerte? No hay pruebas de nada, y lo que se diga solo serían teorías de conspiración, pero lo cierto es que quedan más dudas que certezas, y todo esto pareciera una puesta en escena.




     Ahora, no es menos cierto que los dueños de la narrativa en los medios hegemónicos de comunicación, en la farándula, en las universidades, en los colegios, en el Estado, son las izquierdas. Este asesinato también es producto de docentes adoctrinadores que engendraron resentidos sociales con su retórica de los derechos humanos, las diversidades, los oprimidos y demás causas de falsa bandera en nombre de la democracia y la igualdad. Es producto de intelectuales o académicos, llámense como se llamen, que utilizaron sus títulos, sus libros, sus contactos y su influencia para tirar línea y tergiversar la historia, contándola convenientemente a ciertos intereses, ocultando los pecados de su doctrina y camuflándolos con el nombre de “revolución”. Este asesinato se debe al periodismo vendido al globalismo y a las grandes corporaciones dueñas de sus espacios, para poner sus micrófonos al servicio de ese asqueante relato de la corrección política, en el que no se puede criticar nada porque enseguida te tildan de derechista, facho, ultraconservador, antiderechos, homofóbico, misógino y cuantas otras cosas más sirvan para satanizar al espectro ideológico contrario, al cual muchos renunciaron públicamente para no verse comprometidos. Se debe también a los influenciadores y figuras de reconocimiento que utilizaron su imagen para denigrar la labor de un hombre que promulgaba una verdad que no gustaba a los incapaces, mediocres y fracasados que no supieron darle un buen cauce a su vida. En fin, este asesinato es consecuencia del odio puesto a rodar por la izquierda política y cultural. Su motivación proviene de los sicarios con micrófono, con cierta autoridad intelectual. Esa gente es la que está llevando a matar a los líderes de derecha en el mundo que les están desnudando su mentira. El problema es que como toda ideología crea adictos y fanáticos, lo más probable es que del otro lado respondan, creando así las condiciones para un enfrentamiento violento que trascienda el debate de las dieas.




     Concluyo reiterando que, desde la cultura, la educación y los medios, se ha acusado a quienes no se arrodillan ante la agenda progresista. Ellos, los dueños del poder, del discurso, de la hegemonía, han sido los que les han llenado la cabeza a las nuevas generaciones de odio y confusión. De ahí que lo único que tengan para dar la batalla cultural sea la difamación, el victimismo, la falsa pose, y en últimas, la aniquilación del otro, porque la izquierda, al haber perdido la guerra por las ideas, no tiene más que acudir a la presionada del gatillo. La derecha no puede caer en lo mismo en que alguna vez cayó, porque si ceden a las provocaciones y responden con las mismas armas, habrán desatado nuevamente el terror. Si no sabemos cuál es el lado correcto de la historia, basta identificar de qué lado proviene la violencia. Entonces ahí es cuando nos tenemos que cambiar de bando: cambiarnos al bando que pone en práctica el mensaje de Jesucristo.




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