(Columna)
Siendo muy pesimista, me atrevo a pronosticar que Iván Cepeda podría ganar en primera vuelta. Siempre ha estado liderando las encuestas que, aunque ya sabemos cómo se hacen, no deja de ser inquietante que un sujeto que tiene todo el respaldo de los criminales y los más corruptos de Colombia aparezca encabezando las preferencias de votación, mucho más después de lo nefasto que ha sido el gobierno de Petro, del cual Cepeda sería su continuador. Peor todavía, el profundizador de la debacle que comenzó el 7 de agosto de 2022.
Me temo que a Cepeda no le quedaría difícil ganar, puesto que cuenta con el apoyo económico y logístico de su mentor; con el respaldo financiero de la Internacional Comunista y con el brazo armado de los grupos narcoguerrilleros, cualquiera que sea su filiación. También con el beneplácito de los regímenes de izquierda de la región, que no han dudado en inyectarle dinero, darle asesoramiento y hacerle propaganda, como el caso de Claudia Sheinbaum en México, y todavía de la dictadura Bolivariana de Venezuela, que se mantiene latente y más viva que nunca, a pesar de que ya no esté Maduro.
Iván Cepeda tiene la chequera para comprarse las elecciones en las regiones más apartadas y pobres, donde existe una gran cantidad de población instrumentalizada, adoctrinada y amenazada, y con ellos puede obtener la mayoría de los votos. Chequera que, por cierto, le pertenece al pueblo colombiano, pero es administrada por Petro. Así que Cepeda tiene licencia para usarla en su campaña, pues al no tener un respaldo orgánico del electorado, lo tiene que comprar. No es fortuito que en sus eventos de campaña siempre haya buses, refrigerios, papayeras, estudiantes y contratistas del Estado, y además lo acompañe a todos lados la minga de alquiler. Por si fuera poco, recordemos que la mayor votación en el Senado la sacó el Pacto Histórico, de modo que es muy probable que esos votos redunden en su elección.
Quien no esté dispuesto a vender su voto, al menos sí estará dispuesto a preservar su vida, y para ello tendrá que votar por la hiena Cepeda, no sea que algún comandante guerrillero dé la orden de halar el gatillo sobre la cabeza de los que quieren otra cosa. El modus operandi es simple: la gente de la periferia del país, de las poblaciones apartadas que yacen bajo el control total del narcoterrorismo, no tendrán siquiera que salir a votar. Los mismos subversivos le recogen a cada uno la cédula en su casa, la llevan al puesto de votación, y a través del jurado petrista, igualmente vendido o coaccionado, validan el voto del ciudadano amenazado. El voto cuenta como legítimo, aunque la opinión real del sufragante no sea tenida en cuenta.
Siendo un poco menos pesimista que en el primer escenario, me atrevo a decir que Cepeda y Paloma van a pasar a segunda vuelta, lo cual sería un golpe devastador para la gente, porque nos esperaría un sino oscuro debatiéndose entre el socialismo y el progresismo woke. En ese caso me tocaría votar por Paloma con la nariz tapada, eligiendo el mal menor, pero lamentándome de que El Tigre no haya llegado a segunda, o más bien no lo hayan dejado llegar. Sería un fraude cantado, porque el apoyo de la gente demuestra que a él lo acompaña la mayoría del pueblo. Abelardo no puede quedar de tercero en franca lid, de ninguna manera, pero sí podría quedar de tercero con el concurso del fraude. Por eso el Establecimiento político está asustado, ya que por más que intentan desprestigiarlo y sacarlo del camino, las encuestas y el entusiasmo de la gente los desmienten.
Siendo bastante optimista, me atrevo a pronosticar que Abelardo ganará en primera vuelta. Sería el escenario más deseado. Él sí tiene el fervor del pueblo, y sus eventos de campaña así lo han demostrado a donde quiera que ha ido. Hay un voto silencioso que no han registrado las encuestas y que se está haciendo cada vez más elocuente al paso que Abelardo va subiendo en la intención de voto. El pueblo ha depositado en él una esperanza que no ofrece ningún otro, pero sobre todo ve allí un sentido de justicia que está en mora de impartirse. El daño que le hizo la izquierda a este país tiene que cobrarse. Los criminales, los narcos, los que se robaron el presupuesto de la nación, Petro, Benedetti, todos los secuaces de ese pacto de hampones tienen que ir a la cárcel. Colombia no resiste otros cuatro años más de izquierda radical, y menos si el riesgo es la perpetuación en el poder a través de la Constituyente que proponen.
Si el pueblo sale en masa a votar por Abelardo, convencido de que en este momento es la única fórmula para salvar a la nación, se le podría ganar a los fusiles, a la compra de votos, a la maquinaria, al fraude que planean hacer, a la mafia del Foro de Sao Paulo y a los enceguecidos que ven en Cepeda a un líder, pero tienen el corazón lleno de odio por causa de la mala educación política que recibieron, a la cual muy seguramente contribuyó FECODE.
Pero para lograr ese sueño se necesita una conciencia colectiva muy grande, un acuerdo tácito en el alma de cada colombiano sobre qué clase de líder es el que requiere el país en este momento. Para ello toca desprenderse de las nimiedades y obviar los detalles de la forma, como que De la Espriella defendió alguna vez a criminales en el ejercicio de su profesión, o que es un fantoche, un showcero, o que abusa de su saludo marcial; en fin. Si esperamos ver en él al candidato perfecto, nunca estaremos conformes con el representante que la providencia nos envíe. Eso sí, nos queda siempre la posibilidad de disfrutar el tormentoso infierno comunista; ese que aún hoy se niegan a creer a pesar de los espejos que tenemos.
Por desgracia existe una división entre los que sabemos cuáles deben ser los principios fundantes de una sociedad, y los que todavía piensan que no se necesitan principios sino alianzas. Empeñado en recalcar esa división, está el periodismo colombiano, que se jacta de hacer análisis profundos y se queja por la pelea entre los supuestos candidatos de derecha, advirtiendo que esa división podría poner a Cepeda como ganador en primera vuelta. Ignoran, o pretenden hacerlo, que no hay tal división de la derecha, porque la verdadera derecha está con El Tigre. El resto son tibios infecundos y burócratas que están más pendientes de sus prebendas y de mantener sus puestos que del futuro del país.
Hay iletrados políticos que todavía piensan que Paloma Valencia es otra candidata de derecha por el solo hecho de ser apoyada por Uribe. Craso error. Ni siquiera se puede ubicar en el centro, pues sus coaliciones y sus compañías indican que, si alguna vez tuvo ideales, ya se ha desprendido de ellos. Está volcada a la izquierda progre. Si no llega a segunda vuelta, una pequeña parte de sus votos se van con Abelardo, pero gran parte de ellos se irían con Cepeda, o votarían en blanco, beneficiando doblemente al heredero.
Siendo realista, pienso que esto se va a segunda vuelta entre Cepeda y Abelardo. A Cepeda no le alcanzaría el respaldo popular, a no ser que el fraude y la coacción sean monumentales, y Abelardo tiene muchas trampas en su contra. Ese intento de fraude que le deben de tener preparado no tiene precedentes. La izquierda sabe que, si no es así, no podrían ganar limpiamente. Estas serán, sin duda, las elecciones más sucias y violentas de la historia.
Con la mano en el corazón, votaré por Abelardo de la Espriella pensando que nunca hemos tenido un mejor candidato y probablemente no volvamos a tener esa oportunidad. Quisiera que ganara en primera, pero todo apunta a que habrá segunda vuelta y que serán unas elecciones bastante reñidas, definidas por escasos dos o tres puntos porcentuales, quizás menos. Espero equivocarme y que gane de una vez con la mayoría de los votos este 31 de mayo. Lo reconoceré felizmente, pero soy consciente de que la izquierda y el Establecimiento son dos enemigos muy poderosos que harán lo que tengan que hacer para impedir que El Tigre gane. Él tiene lo más importante, que es el apoyo del pueblo.
Sólo espero que Dios le regale una mirada a Colombia y la premie con el mejor presidente posible. Si en esta ocasión no gana la derecha con El Tigre, pensaré que fuimos nosotros mismos, los colombianos, los que le dimos la espalda al país.




No hay comentarios.:
Publicar un comentario