martes, 26 de mayo de 2026

De cómo intentan robarse las elecciones en Colombia

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

(Columna política)







     Así como la dictadura de Maduro se robó las elecciones en Venezuela hace dos años, y hace poco se orquestó un fraude en Perú contra López Aliaga, el candidato de derecha conservadora, patriota y provida; la izquierda petrista comenzó a poner en marcha el que será el fraude más vergonzoso de la historia nacional: la nueva Operación Morrocoy a la colombiana, en donde el régimen de Gustavo Petro está haciendo todo para robarse las elecciones.

     Recordemos qué fue la llamada Operación Morrocoy en Venezuela y cómo sirvió para que el chavismo usurpara la voluntad popular en más de una ocasión. Su nombre proviene de la tortuga terrestre venezolana llamada morrocoy, que es un símbolo de lentitud y se usa irónicamente para describir el fraude electoral basado en la ralentización del proceso adrede. En zonas donde se sabe que la oposición es mayoría, se utilizan estrategias para desincentivar a los electores de ejercer su derecho al voto, tales como reducir las máquinas, los puestos y el personal de las entidades encargadas de realizar el conteo y el registro, retrasar la apertura de mesas y el proceso de verificación de cédula hasta límites insospechados, boicotear el sistema informático para hacer todavía más engorroso el proceso, y hacer tedioso y complicado el trayecto hacia la mesa de votación para generar cuellos de botella en las filas. Mientras tanto se le facilita el avance y el rápido acceso a aquellos votantes en las zonas donde el oficialismo es fuerte, con ayuda incluso de agentes irregulares que interfieren mediante la coacción y el engaño para favorecer al régimen.

     Ya se veía venir que los socialistas que nos gobiernan no están dispuestos a entregar el poder bajo ninguna circunstancia, y por ello comenzaron a ponerle palos en la rueda al proceso electoral. 




     Las votaciones en el exterior, por ejemplo, estaban programadas para que comenzaran a partir del lunes 25 de mayo hasta el domingo 31 a las cuatro de la tarde, pero tal amplitud de horario no se ha cumplido como debiera cumplirse. La afluencia de colombianos queriendo votar alertó a los funcionarios petristas de los consulados de que realmente hay un fervor nacional para votar por el candidato más fuerte de la oposición, el señor Abelardo de la Espriella, lo cual los hizo replantear la logística de las elecciones, quién sabe por órdenes de quién.

     En ciudades como Miami y Atlanta no dieron abasto los tarjetones. En Miami tuvieron que hacer filas hasta de cinco horas para que los colombianos residentes allí pudieran depositar su voto. En Atlanta se agotaron los certificados electorales, demoraron el ingreso procurando que el reloj diera las cuatro de la tarde y cerraron la jornada con mucha puntualidad. Mucha gente protestó afuera porque no los dejaron entrar a votar a tiempo. La respuesta “satisfactoria” que recibieron de parte del cónsul fue una burla desafiante.

     En Nueva York solamente está habilitado el Consulado de Colombia en Manhattan para votar durante la semana, pero los puestos complementarios de Queens y Connecticut como escuelas, centros comunales, polideportivos u otros, sólo serán habilitados el domingo, de modo que quienes no puedan desplazarse hasta Manhattan tendrán que esperar hasta ese día para ir a votar, con el consecuente caos que se producirá por la aglomeración de personas. A las cuatro en punto cerrarán las urnas y miles que se alinearon en la fila se habrán quedado sin ejercer su derecho ciudadano. Otros, por falta de tiempo o por cansancio ante la espera, se devolverán por donde vinieron y se perderán la oportunidad de sufragar. Todo hecho adrede, por supuesto, porque la idea del régimen es que nadie vote: se saben perdidos, ya que el pueblo los repudia. 




     Lo raro es que estas anomalías no se habían presentado antes en las votaciones de los colombianos en el exterior, caracterizadas por ser limpias, fluidas y tranquilas. Tenía que ser un gobierno de izquierda el que contribuyera a alterar el buen desempeño histórico de las mismas.

     Es parte del fraude, desde luego, y es la anticipación de lo que se verá el domingo en todas las mesas de votación en el país. De ahí la importancia de salir a votar temprano en la mañana, y sobre todo prepararse mentalmente para vivir una jornada extenuante, tediosa, conflictiva y de largas filas, como le gusta al socialismo.

     Habrá que estar dispuesto a regalarle el domingo entero al ejercicio democrático si acaso queremos salvar la democracia. No nos consolemos con que esto será cuestión de ir diez minuticos a depositar el tarjetón, compatriotas, como se hacía otrora, sino más bien mentalicémonos para vivir toda una experiencia traumática, similar a la aventura de una atención médica de las EPS en los tiempos del petrismo. Es posible, incluso, que al igual que salen los pacientes de los dispensarios de medicamentos con las manos vacías, nosotros tengamos que salir del puesto de votación con la cédula en la mano sin siquiera haberla usado cuando nos digan que no han instalado las mesas aún, que no hay suficientes jurados y no pueden hacer nada, que no encuentran su número de cédula, que usted no está inscrito allí, que debe ir a otra zona, o quizás a otro país, como les ha pasado a muchos, que alguien más votó por usted, o que no ha llegado el material electoral como tarjetones, formularios y certificados. Si el día de las elecciones nos encontramos con este tipo de situaciones generalizadas en el grueso de los centros de votación, no lo dudemos, que ya está obrando el fraude. 




     Si además de lo anterior se hacen públicas las denuncias de camiones saliendo con cajas sospechosas de los centros de votación que son trasladadas a bodegas misteriosas, tarjetones rasgados en los basureros públicos o quemas de material electoral de dudosa procedencia, tampoco lo dudemos, porque ahí está la culminación de la Operación Morrocoy a la colombiana. 

     Y si no es suficiente con esto, contemos con que la página de la Registraduría se va a estar cayendo cada tanto, y que, a diferencia de las elecciones pasadas, es posible que los votos tengan que seguirse contando durante la madrugada del lunes, justo cuando la gente ha tenido que irse a dormir cansada de esperar el boletín final. En una de esas la página se reactiva y un nuevo líder que ha repuntado misteriosamente será el que se perfile como el ganador de la elección. Alguien podría ingresar a la plataforma que en un momento dado se mostró vulnerable y cambiar un poco desde afuera los resultados de la elección. A propósito, ¿al fin Petro pudo conseguir los códigos de acceso al software de la Registraduría que estaba solicitando con tanto ahínco?

     Ya comenzaron, por ejemplo, convocando solo a aquellos testigos electorales que se habían inscrito previamente y que pertenecen al Pacto Histórico. Muchos inscritos para ser testigos electorales provenientes de otras vertientes políticas distintas a las del gobierno, ni siquiera fueron convocados. Bajo este supuesto, no será difícil perpetuar el fraude a través de un proceso de verificación y registro de actas con personal estrictamente oficialista. ¿Quién puede confiar en un petrista? A ello añadamos que la mayoría de los jurados hacen parte del gremio de Fecode, que agrupa a los maestros del sector oficial, "para nada sectarios y adoctrinadores de izquierda". 




     Pero hay un plan B, que es peor todavía, por si ven difícil lo del fraude: alegar ellos mismos el fraude. Desde el mismo presidente se dirá que no reconocen las elecciones que de pronto un tal Tigre gane en franca lid. Se culpará a la Registraduría, se llamará al “pueblo” (minga y primeras líneas) a las calles, se azuzarán las turbas violentas bajo el manto de la protesta social y la marcha “pacífica”. Harán que incendien el país de tal modo, que al abyecto presidente no le quede de otra que decretar “Estado de Conmoción”, de paso para evitar hacer una segunda vuelta presidencial con la excusa de que la extrema derecha no permite establecer las garantías para unas “elecciones libres”. 

     Así las cosas, Petro no tendrá necesidad de abandonar la Casa de Nariño el 7 de agosto. Comenzará a aplazar y aplazar, haciendo que el orden público sea de tal magnitud que se esté ad portas de una guerra civil. Ya me lo imagino llamando a la nueva Constituyente sin tener que empacar maletas. Ya me imagino el país en llamas y los nuevos constituyentes aprobando el artículo que revive la reelección, Petro convocando a nuevas elecciones, Petro lanzándose como candidato, Petro siendo reelegido porque tendrá tan diezmada y comprada a la oposición que no tendrá ningún empacho en volver a ser el presidente, mientras el candidato del pueblo sería encarcelado u obligado a exiliarse. Lo sé, es el peor de los escenarios, pero no subestimemos a esta gente que una vez que ha olido el poder no dejará que se lo arrebaten de las manos.




     El plan C es todavía más espeluznante. No dejar que hagan segunda vuelta en caso de que El Tigre Abelardo pase, y eso lo lograrían a través de un atentado contra su vida o la de su vicepresidente en una de tantas manifestaciones públicas a las que estos asisten. Si sucede algo así, Petro ordena un Estado de Sitio, el caos de seguridad volverá a ser incontrolable y nuevamente, la solución de aplazar las elecciones será implementada. Como sea, el sinvergüenza estará en procura de la conflagración del país antes de entregar el poder, y los colombianos debemos estar preparados para lo peor.

     Por eso hay que salir a votar en masa, como nunca, para que a estos bandidos les quede muy complicado robarse las elecciones o tratar de tomarse el poder por la fuerza. Hay que darle un golpe de muerte al petrismo, cosa que entiendan que no tienen el apoyo del pueblo. Lo mismo a la vieja clase dirigente y estéril que representa Paloma Valencia. Hay que hacerles saber que el país está cansado de los políticos, de la izquierda, del progresismo, del wokismo y la victimización. Hacerles saber que no somos el mismo país de 2021 y que este movimiento popular que se levanta no está dispuesto a tolerar la violencia en las calles porque estamos dispuestos a defender la patria.

     A votar por el único candidato que en este momento podría hacerle frente a la lacra zurda: Abelardo de la Espriella. No es perfecto, pero es el mejor para los tiempos que corren.







No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Por una nueva refundación

Por Juan Felipe Giraldo Trejos (Reflexión)      Volvió a temblar la tierra. Se estremeció como un gigante que despierta de un mal sueño, o m...