lunes, 29 de junio de 2020

Los malos ejemplos

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




    ¿A quién se le ocurre hacer un plantón en medio de una pandemia? A Fecode y a las centrales obreras. ¿A quién se le ocurre proponer el día sin IVA? Al Gobierno Nacional. ¿A quién se le ocurre salir y hacer cola a la entrada de los almacenes sin tomar las medidas de protección? A los ciudadanos inconscientes. ¿A quién se le ocurre hacer fiestas en esta época? A los necios irresponsables.
    No importa que no se guarde la distancia, no importa el riesgo de contagio, no importa que se reúnan cientos de personas cuando se supone que está prohibido. Eso no importa, porque lo que importa es vender, protestar, obstaculizar, comprar, beber trago, fregar la vida. La Federación Colombiana de Educadores ya nos dio su ejemplo el pasado 15 de junio: un aplauso para los maestros desobedientes a su sindicato que se quedaron en casa. Ellos son hombres sabios. El 19 de junio el gobierno ayudó a que la gente rompiera sus propias leyes, y a la gente le importó un comino su salud y la de los demás. A la porra los tres meses de cuarentena.

Fecode y los sindicatos

    Empecemos por Fecode. Cada que yo escucho su sigla de tres sílabas, como que comienza a darme un jaqueca que no se imaginan ustedes. No sé por qué, pero algo han hecho los miembros de este grupo para que sean el sindicato más aborrecido del país. No estoy diciendo que los aborrezco, cuidado pues con lo que vayan a interpretar de aquí. Estoy diciendo que Colombia no los ve con muy buenos ojos, que es distinto, así que cualquier reclamo se lo hacen al país, como siempre.
    Señores de Fecode, estoy de acuerdo con su lema de mejorar la educación, de exigirle al gobierno recursos, y si es necesaria la protesta, ¡háganla!, porque está consagrada en la Constitución Política, pero por favor, sepan hacerla. En primer lugar, no utilicen a los menores como objetos de su ideología. En segundo lugar, no obstruyan el paso en las calles a los demás ciudadanos que tenemos tanto derecho como ustedes a transitar en este país. En tercer lugar, si no quieren perder sus privilegios, que de hecho los tienen, demuestren que son competentes para enseñar: mejoren, aprendan. En cuarto lugar, les informo que hay un virus suelto que está dando ahora y que se llama Covid, por si no lo sabían, y es supremamente contagioso. A las personas inteligentes también les da. Qué bueno que ustedes gozan de perfecta salud para animarse a hacer plantones, pero nos pueden poner en riesgo a los demás.  
    No es como dicen los sindicalistas de Fecode, que nos parece un “un pecado mortal que salgan a marchar”. Nada de eso. El pecado está cuando interfieren con la libertad de movilización de las demás personas. Es lo que siempre hacen ellos, los maestros que debieran dar ejemplo. Soy testigo de innumerables marchas en las que detienen el tráfico y perjudican a los que deben asistir a cumplir con sus obligaciones de trabajo, de estudio, con sus citas médicas, con sus demás quehaceres. Sabemos de su derecho a la protesta por una mejor educación, pero entiendan que también hay otros derechos que los demás tenemos, como el derecho a la vida, el cual riñe ásperamente con la protesta en este momento en que la peste está en curva ascendente.
    No es momento de protestar, ni de hacer fiestas, ni de atiborrar los almacenes de cadena por ganarse un descuento; no es responsable, no es solidario con una ciudadanía que quisiera salvarse del Covid-19. Quienes nos guardamos en casa también queremos vivir sin enfermarnos. En las circunstancias actuales, lo que se genera en esos escenarios es un foco de contagio inevitable que luego alcanzará a los que estamos tratando de protegernos. Porque la brutalidad del gobierno nacional, o de Fecode y las centrales obreras, o de los ciudadanos que rompen la cuarentena y no toman medidas, es intolerable. Los llamados a plantones, los días sin IVA, las fiestas, las aglomeraciones, todo ello atenta contra la vida.
    Así que no me digan, en el caso de Fecode, que los que estamos en desacuerdo con su protesta sólo generamos ruido cuando se sabe que estamos en emergencia sanitaria.
    No veo que hayan hecho ningún despido masivo de maestros del sector público durante este confinamiento, a diferencia de muchos otros colombianos que sí han perdido su empleo. Ha tocado laborar con limitaciones, es cierto, porque la enseñanza virtual es una modalidad muy poco explotada en nuestro país, y el virus nos obligó a considerarla como un instrumento valioso. A pesar de ello, no podemos engañarnos: como no estábamos preparados para la educación a distancia, el resultado fue un aumento de la mediocridad académica.
    Sin embargo no veo que estén pensando en estrategias para mejorar la educación virtual, que seguro que como vamos, se tendrá que seguir apelando a ella. No se ven propuestas que aminoren el impacto de la emergencia, ni de parte de Fecode, ni de parte del gobierno, que tampoco entiende que no todos los estudiantes tienen acceso a un computador y a internet, y en eso les doy la razón a los maestros, pero ¿será acaso que marchar en plena pandemia solucionará en algo las cosas? Como tampoco salir desbocados a comprar artículos suntuosos sin IVA nos va a servir de nada. Al contrario, todos saldremos damnificados en un juego de pierde-pierde, así que no hay que empeorar la situación. 
    No basta sólo con exigir recursos como si estos fueran ilimitados. A este país no le cabe una deuda más encima y lo que se viene es una explosión social por la recesión que estaremos próximos a vivir.
    Salvo unos cuantos que se preocuparon por implementar métodos de enseñanza ajustados a las condiciones difíciles que nos ha tocado padecer, pareciera que muchos otros fueron rebasados por las circunstancias y que no supieron ponerse a la altura del reto. Rescato por ejemplo aquellos docentes que cambiaron su metodología para romper con el paradigma de la pedagogía tradicional, trabajando en el desarrollo de la capacidad oral y el pensamiento crítico a través de lo audiovisual que sustituyó a la tarea escrita. Eso se logra mediante la convicción de que es posible crear otra realidad; cuando se piensa más en una sustancial mejora de la educación con el uso de la herramienta tecnológica, que en invertir el tiempo en plantones que en este momento son tan inconvenientes como las reuniones sociales. Tuvo que venir el Covid para pensar en reinventarnos, no sólo a nivel educativo, sino también a nivel laboral, y al menos eso será algo bueno que saquemos de esta crisis.
    Ya sé que con lo que acabo de escribir sumo un nuevo grupo de detractores a mi columna, y eso me encanta. Fecode será sin duda un enemigo muy aguerrido, con su caterva de intelectualoides que están más en la función sindical que en la pedagógica; seguro tendrán argumentos para destrozarme en el debate y no tendré cómo defenderme. Pero no me van a convencer. Debería darles vergüenza. Creo que es de esos gremios que no se necesitan, pues poco valor le aporta al sector educativo cuando sus miembros y sus directivos tienen privilegios que la gran mayoría de colombianos no tenemos.
    “Si los demás no luchan por lo suyo, ¿por qué nosotros tenemos que quedarnos callados y no exigir lo que nos corresponde? No es culpa nuestra que otros no reclamen”, me decía un día uno de los sindicalizados con la empatía que los caracteriza. Hoy que conozco más de este gremio, yo le respondo a este docente, al que me consta que no le falta nada, que en justicia todos deberíamos tener los mismos derechos, y que para hacerlos valer, también hay que cumplir con nuestros deberes como ciudadanos. No contrariar las normas es uno de esos deberes.

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