Por Juan Felipe Giraldo Trejos
Me robo el título de este artículo
de la conclusión a la que llegaron cuatro científicos alemanes en la ”Declaración
de Jena”, durante la reunión de la Sociedad Zoológica Alemana, respaldada por
500 investigadores. Ellos dijeron que no existe base biológica en el concepto
de raza como tal. Al menos no para
los seres humanos. Al analizar el ADN humano, no se encontró evidencia
suficiente de un gen que diferenciara las supuestas razas. La palabra, por lo
tanto, debería desaparecer de la Ciencia y la Constitución.
Esto me da pie para decir que invocar la raza
como causa de discriminación, y hacer de ello una bandera para emprender una guerra
abierta contra la sociedad, es una completa ignorancia. En pleno siglo XXI, en el
que las constituciones ya proclaman la igualdad de derechos universales, se supone
que no deberían existir distinciones de ninguna índole racial, religiosa,
sexual, política, sexual, entre otras. El alegato por esas causas no debería
ser refrendado como la razón única de un conflicto. Se supone, aunque a veces
no es así.
A
propósito del asesinato atroz de George Floyd por cuatro policías que tuvieron diferente
participación, parece que existen ciertas organizaciones que se aprovechan de la
desgracia para promover una ruptura entre la comunidad afroamericana y el Estado.
Una justa protesta de rechazo a la violencia no debería ser empañada por esas
corporaciones a las que les conviene mucho más presentar el hecho como un caso
de racismo sistemático, en lugar de presentarlo como un caso de brutalidad policial.
Anunciar al mundo que cuatro hombres blancos mataron a un hombre negro genera
más escándalo que decir que cuatro uniformados asesinaron a un civil indefenso
al que ya tenían esposado. Se ha conminado a la comunidad para que despierte y
se rebele frente al mundo por el atropello de parte de una institución como la
Policía Estatal, y de paso de todo un gobierno nacional que promueve su
discurso en una línea xenófoba. Hasta ahí pudiera pensarse que los reclamos son
más que justos. Pero se patrocinaron saqueos y se promovió la destrucción que
ya vimos esta semana y la anterior en varios estados de los Estados Unidos.
Bastó con generalizar el problema y endilgárselo a toda la sociedad para que la
barbarie quedara justificada. Los términos se redujeron a que lo mataron porque
era negro. No hay cabida a otras hipótesis, todo estaba muy claro. Bastó extender
el pecado de estos asesinos a toda la policía, y así revivir un racismo de base
que surge en el seno de los ofendidos, que a su vez se convirtieron en
ofensores, y por tanto, en unos nuevos discriminadores. Es tan racista quien
comete un delito contra un ser humano, por el sólo hecho de ser de otro color,
como quien insufla a través del discurso un resentimiento contra los que no
pertenecen a su misma cofradía.
Me van a tratar de insensible
los defensores de las minorías afro con lo que voy a decir, ya me lo imagino,
pero yo sí quisiera saber el real motivo por el que Derek Chauvin y los otros
tres policías asesinaron a George Floyd de la manera más abyecta. ¿Fue
exclusivamente porque Floyd era negro? ¿Fue porque se les fue la mano con su
brutal manera de someterlo sin pensar en lo que iba a suceder después? ¿Acaso
fue por un odio personal que llevaba consigo el señor Chauvin, el principal asesino,
teniendo en cuenta que se conocía desde antes con Floyd porque habían trabajado
juntos como personal de seguridad en una discoteca? La razón que más se acomoda
para incitar un movimiento que reviva el conflicto es la primera. El “divide y
vencerás” que haría ver a los Estados Unidos como la gran nación racista, como
la bestia que vulnera los derechos de los civiles, como la democracia fallida.
No existe afrenta más grande que satanizar a todo un país por el crimen de
cuatro racistas, si es que la razón fue esa.
El reverendo Al Sharpton,
líder de derechos civiles, y quien ofició el primero de los tres funerales de Geroge
Floyd en Minneápolis; convirtió a Floyd en un símbolo de la historia de los negros.
Culpó a los que están poniendo la rodilla sobre el cuello de haber frustrado
los sueños y los deseos de sus hermanos de raza durante cuatrocientos años, a
través de un mensaje cargado de sentimientos de impotencia con el que se
identificaron muchos de los que saquearon las vitrinas de los almacenes. Así
las cosas, exaltar los ánimos desde el púlpito, promoviendo el resentimiento, es
una actitud tan peligrosa y racista como el crimen cometido. Porque Sharpton
enfocó su discurso ensalzando los valores de la raza negra, que según el
estudio inicial que menciono en este artículo, no deben existir, porque genéticamente
ninguna raza es diferente a otra, y son las meras percepciones de la visión las
que nos han hecho incurrir en diferencias a través de la historia.
Un mal
no se salda causando otro peor. Le diría al reverendo si pudiera, que George
Floyd no es la historia de los negros, sino sólo una parte terrible de ella. Si
Estados Unidos es uno de los países en donde persiste ese flagelo repudiable
del racismo, es porque también existen afroamericanos
que lo practican, lo mismo que lo practican blancos, latinos, orientales, o cualquier
otro grupo. No culpe a otros, señor Sharpton, por lo que no pudieron hacer sus
hermanos. No saque a relucir una historia de cuatrocientos años que ya debió
haber quedado superada, pues aquellas épocas aciagas de la esclavitud todavía pareciera
que persisten en su corazón y en el de muchos de sus discípulos. Victimizarse
es la mejor forma de justificar el fracaso. Y no es que queramos el silencio
para que callen sus protestas por el abuso, sino que hay que poner las cosas en
su justo contexto.
Todos los asesinatos de todos los hombres son dignos de protesta;
incluyendo los que cometen los negros, o afroamericanos, como eufemísticamente,
y para no herir susceptibilidades, la corrección política del lenguaje optó por
llamarles. No porque el delito se visibilice en la figura de cuatro oficiales
de policía discriminadores, quiere decir que toda la sociedad americana lo sea.
Sabemos que si existe un país en el que hay cabida para todo tipo de colores, nacionalidades,
grupos étnicos, credos, tendencias sexuales y políticas; es Estados Unidos, en
donde si te portas bien tendrás la libertad garantizada. Para la muestra, tuvieron
a un hombre que siendo negro pudo llegar a ser presidente de la nación en dos
ocasiones, y su color no fue impedimento para no salir adelante, ni condición
para no triunfar. Personas con todos los matices de piel han llegado a ser
grandes figuras allí: artistas, deportistas, científicos, políticos, actores,
líderes sociales; los ejemplos abundan.
En una entrevista que le
hicieron al actor Morgan Freeman, este aseveró que no estaba de acuerdo con que
se eligiera un día para honrar la raza negra, como si toda ella fuera una
creación extra humana. Dijo que esas concesiones que se le hacen a las minorías,
lejos de reivindicarlas, las apartan más y no permite que todos sean tratados
por igual. Porque cada uno es un ser diferente, tiene un nombre, un apellido, una
identidad sin importar el grupo racial al que pertenece.
No se justifica ninguna de las
dos acciones: ni el bestial crimen de George, tan escalofriante como
despreciable, ni la reacción vandálica de quienes dicen protestar; muchos de
ellos pagados por pseudo-organizaciones que tienen intereses carentes de toda
fraternidad y hermandad. Desde su trinchera alientan la desestabilización de
una sociedad que en el fondo no está de acuerdo con el racismo ideológico que
esos mal intencionados quieren difundir.
Eso sí, advierto que por estos
días lo mejor es no portarse mal para no tener problemas con la ley. No faltan
los abusadores tipo Chauvin que se quieran aprovechar de nuestra debilidad ante
su autoritarismo, y esos los hay de cualquier pelambre.

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