Hoy ha sido un día de doble
celebración para la izquierda colombiana. Se ha librado de una piedra gigantesca
que le obstaculizaba sus planes de llegar al poder, llamada Álvaro Uribe: le
dictaron medida de detención domiciliaria, y por si fuera poco, resultó
positivo para Covid-19. El cielo hoy debe ser progresista, pues tanta alegría
junta solo puede provenir de un milagro.
A falta de una derecha decente,
unificada y fortalecida, a la izquierda no le queda más que seguir con su ascenso
vertiginoso, ya sin el estorbo de por medio; sin un rival digno que le haga
contrapeso. Alcanzará la presidencia en tan sólo dos años de seguir como va,
y está en todo su derecho de buscarla. Por eso sus militantes están celebrando la detención
de Uribe: es prácticamente asegurar media Casa de Nariño y así obtener con dos
años de anticipación el control total de la rama del poder que les falta.
Eso si es que lo logran por la
vía democrática. Nunca lo pudieron hacer. Con el ex presidente Uribe menos. Cada
que tuvieron que enfrentarlo los derrotó en las urnas a pesar que alegaban
trampa. Cuentan con la campaña sucia de sus odiadores expertos en la confusión
y el saboteo, pero eso no ha sido suficiente hasta ahora. De no ser por ese
odio, que es lo que mantiene vivos sus ideales, no se hubieran consolidado tan
bien en la mente del colombiano promedio, que a falta de una propuesta sólida
de derecha, los ve como los redentores del país.
Además, con una ayuda extra de
las cortes —que nunca actuaron en derecho sino en política—, la cosa pinta bien
para ese sector acostumbrado a la derrota, y que ya quiere hacer realidad su
sueño de ganar por una única y última vez, pues el día que ellos ganen, lo habrán
hecho para siempre.
De modo que cuando uno tiene
tan pocos méritos propios por los que alegrarse, no queda más que celebrar la
derrota de los enemigos.
¿Qué hará la impoluta izquierda
ahora que no va a contar con Uribe en la palestra pública? Posiblemente el día
de mañana lo trasladen a una cárcel, y no sé qué argumentos utilizarán para terminar
de apoltronarse en la Silla de Gobierno. Por lo menos no serán argumentos
basados en democracia, sino en lo que ellos saben: la argucia o la lucha
armada. Desde hace tiempo el único objetivo que han tenido ha sido el de culparlo
de todo lo malo que pasa en Colombia: no les falta razón en hacerlo. Esas cosas
malas que hizo Uribe sirvieron para contener la agenda socialista durante muchos
años, y es doloroso que el trabajo que uno ha planificado en conjunto con
organismos internacionales y con gobiernos autoritarios, se eche a perder por
causa de un político incisivo que tira por la borda los planes tan maquiavélicamente
fraguados. Porque ese es el talante de los que hoy celebran.
Me dirán que soy otro más de
los conspiranóicos que tanto pululan
por estos días, pero el cuento ese del tal Castrochavismo no es tan cuento como
quieren hacer creer desde la otra orilla. Su componente de peligrosidad está en
el ADN de esos líderes de izquierda que nos piensan gobernar.
Lastimosamente aquello solo se
podrá demostrar con el paso del tiempo; en la práctica, cuando la realidad pura
y dura nos apabulle.
De otro modo no es posible convencer
a esos tan mal llamados progresistas y militantes de izquierda que con las políticas
del Estado controlador, aguantaremos más hambre que en Venezuela. Pidan su nuevo
gobierno a gritos, señores, y a la vuelta de dos períodos presidenciales estaremos
todos sumidos en la más absoluta miseria: Sin propiedad privada y el país
hipotecado a la China. Ya no valdrán las lágrimas arrepentidas.
Celebren hoy el regalo
mezquino que les dieron unos jueces cuestionados. Yo haría lo mismo si el
capturado hubiera sido Timochemko o Santrich, o el mismo Cepeda, quien todavía
no me termina de convencer su explicación sobre qué hacía paseándose por las cárceles
colombianas con grabadora en mano, ¿acaso cumpliendo su deber de Senador?
Es más, creo que lo mejor que le puede suceder a Uribe para pasar a la
historia como un mártir de la patria, es irse de una vez a la cárcel. A lo mejor
la posteridad lo recuerde con mayor benevolencia, porque en el presente se
tiende a ser desagradecido.
A ver a quién le echarán la
culpa los mamertos, ¿a Duque? Ese pobre ni para enemigo sirve. Es que Álvaro
Uribe, aparte de ser el estorbo mayor del Socialismo del Siglo XXI, evitando que sus
oponentes lo implementen en Colombia, siempre tuvo un pésimo ojo para elegir sucesor,
y creo que ese es un problema de buena fe, pero gravísimo.
El asunto es que la mitad del
país todavía es de derecha, señores, y no piensen que esto ya lo tienen ganado.
En caso de ganar la izquierda
la próxima elección presidencial, habrá que reconocer el triunfo, si ha sido en
franca lid, y desearles que les vaya bien si es por el bien del país. Aunque si
parten del supuesto de que la mayor victoria es ver al enemigo derrotado, y enfocarse
solo en eso, estaremos jodidos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario