Isabel Cuervo es una
periodista colombiana independiente que fue despedida del medio para el cual
trabajaba (Radio y TV Martí) supuestamente por antisemitismo, acusación que nunca
tuvo fundamento. En el fondo no tengo dudas de que este despido fue movido por
una sola causa a la cual me uno sin objeción: haber desenmascarado al
multimillonario George Soros tras el reportaje realizado a fines de 2018, en el
que puso en evidencia el alcance de este magnate y su papel en la
desestabilización de América Latina y el mundo.
Ella, junto con otros siete
periodistas, fueron expulsados de su cadena por presentar información sobre ese
ciudadano húngaro-americano que promueve y financia organizaciones con miras a
la destrucción de las instituciones democráticas en los países de occidente,
entre ellos Colombia; infiltrándose a través de la protesta social, de políticos,
de ONG’s y de medios de comunicación que reciben aportes y se prestan a hacerle
el juego a las intenciones macabras que alberga este personaje: un sujeto que
apunta a ser uno de los artífices de ese nuevo orden del que tanto se ha escuchado
hablar por estos días, y que al parecer es uno de los que hacen parte del grupo
de poderosos que buscan acabar con la economía del pequeño capitalista para
reinar sobre el planeta. Bueno, ya él no aspira a mucho porque tiene noventa
años, pero dejó el germen de su ambición regado en su simiente.
Utilizando el capitalismo para
destruir al capitalismo, esos monstruos apoyan soterradamente, y a veces de
frente, toda clase de movimientos e ideas progresistas afines a la nueva izquierda
(incluso afines a cierta derecha engañosa que les debe favores), tan engañosa y
nefasta como en su momento lo fue la vieja izquierda.
Como lo que la periodista
presentó en su informe no convenía de ninguna manera revalidarlo; su medio, que
a lo mejor estaba participando de alguna forma de los jugosos aportes del
millonario, decidió mancillar su reputación y salir de ella y de su grupo de trabajo:
la mordaza a la libertad de expresión fue impuesta aquí con todo su rigor.
Hace días venía escuchando del
grupo de fundaciones de George Soros (Open Society Foundations) pero no me
había tomado el trabajo de informarme acerca de lo que hacían. Siempre aparecen
relacionadas con el apoyo a diferentes causas como la educación, los derechos
humanos, la salud pública y la igualdad racial. Viéndolo así, es una maravilla
este grupo, luchando para construir un espacio mejor. Será por ello que al
nonagenario le aplauden y le rinden tributos y le otorgan cuanto premio se
inventan en honor al buen “ciudadano mundial”.
Sin embargo, como yo siempre
he creído que detrás de toda filantropía se esconde un interés mezquino,
confirmé la turbiedad de esas causas, porque la crítica que se le hace a Soros
es precisamente la de apoyar los partidos comunistas y progresistas. He ahí el
pecado. No por nada los golpes militares que se han producido en África, el
auge de los partidos socialistas en Europa, las manifestaciones en América Latina
y ahora en Estados Unidos, que siempre terminan en disturbios, la orientación
de las organizaciones en pro de los derechos humanos y los movimientos
raciales, ecologistas, feministas y de comunidades LGBT; suman tantos adeptos cada
vez más numerosos. Porque Soros sabe que nada es gratis en esta vida, y que si
promueve un mensaje y lo hace calar en las emociones del conglomerado, y si además
lo financia, cualquiera sale a degollar estatuas y a gritar por los derechos de
los negros, los gays y las feministas, como si no fueran los mismos derechos humanos
que tenemos todos.
Lo que hay detrás de ese gran
caos es un gran financiador. A eso no hay que buscarle más. Ya Soros tiene el
antecedente de haber quebrado el Banco de Inglaterra en 1992, y así consta en
su biografía. En países como Malasia y Gabón es persona no grata, por algo
será, y sátrapas de la calidad de Juan Manuel Santos lo ven con beneplácito por
haber apoyado el majestuoso Proceso
de Paz en Colombia, al que además ayudó a financiar.
Lo anterior se extracta de la
investigación de la periodista Isabel Cuervo, basada en la entrevista que
obtuvo con la exinvestigadora del FBI, Lia Fowler (que también fue separada de
su cargo), y en otras investigaciones como la del profesor Omar Bula Escobar,
quien afirma que diferentes organizaciones y medios de comunicación “independientes”
en Colombia, han recibido fondos de Soros. Algunos son conocidos por haber tenido
relación con miembros de las FARC o el ELN, o por ser militantes sin uniforme,
qué sorpresa. Ahora entiende uno cómo es que le han lavado los crímenes a la izquierda
colombiana y se los han endilgado todos a la derecha. Es que con patrocinio internacional
todo se puede.
En Colombia la fundación de
Soros ha destinado recursos para partidos políticos de índole progresista y
ecologista, no necesito nombrarlos. Ha aportado al Grupo Prisa, dueño de importantes
medios de comunicación; a las fundaciones Verdad Abierta, Ideas para la Paz, ONG
de Justicia, Corporación Nuevo Arco Iris, Fundación Paz y Reconciliación y
otras. La fundación de León Valencia, por ejemplo, el ex militante del ELN, recibió
alrededor de un millón de dólares. ¿Cómo no iban a apoyar así la “Paz de Santos”?
También han recibido de la fundación Open Society portales como La Silla Vacía
y Las Dos Orillas.
Y el discurso, las
inversiones, la influencia, se han hecho globales. Al principio fue en los países
de primer mundo donde se gestaron los movimientos oscuros que a su vez utilizan
la estrategia de la victimización como su principal arma para justificarse y ganar
seguidores; y ahora se han gestado por Latinoamérica también. No es coincidencia
que se hayan presentado al mismo tiempo protestas violentas en Colombia, en Chile,
en México, en Francia y en Estados Unidos como las que se presentaron a finales
de 2019. No es coincidencia la ola de inmigrantes que a finales de 2018 de
repente comenzaron a marchar desde Centro América hacia Estados Unidos, como si
se hubieran puesto de acuerdo o los hubieran asociado.
Sin embargo es poco lo que en
los medios de comunicación tradicionales se habla de este hombre y su maléfica
injerencia en los asuntos internacionales. ¿Será acaso que reciben aportes? No
me consta. Lo poco que se sabe de él se consigue en internet, y casi todo
apunta a su desmesurado afán por financiar organizaciones que enganchan
ciudadanos para adiestrarlos en las conductas golpistas y beligerantes. Aunque
no demoran las redes en comenzar a quitar contenido que vaya en contra de Soros
y sus beneficiarios. Poco a poco los censores se han ido ideologizando y no es
raro que a uno, en una red como Facebook, le censuren un comentario dirigido contra
una ideología, supuestamente por ofensivo, mientras que aquellos que comentan
con toda clase de injurias contra la orilla opuesta gozan de completa impunidad.
Lo digo por experiencia propia.
Soros es prácticamente el
dueño indirecto de las ONG`s porque a casi todas les gira recursos, propiciando
la dictadura de esas ONG’s, que son las que están dirigiendo la agenda mundial:
desde la misma ONU, pasando por la OMS, la CEPAL y otras, todas alineadas con
el nuevo socialismo que está ávido de imponerse por la razón o por la fuerza.
¿Quién dirige estas agrupaciones? No es raro que si uno busca la biografía de
tipos como Tedros Adhanom, por ejemplo, quien no ha hecho sino ocultar
información y mentir sobre la pandemia, se dé cuenta de que tienen en su pasado
el lunar de la militancia comunista, y eso nunca se olvida.
Soros no ha tenido problema en
destinar miles de millones de dólares a entidades que tienen como fin levantar
estados como Minessota contra la Union Americana para desmembrar a los Estados
Unidos. Le interesa la división, la anarquía, la revuelta popular. También
destinó fondos a Black Lives Matter con el propósito de que realizaran protestas
y actos vandálicos, ofreciendo incluso pagar las fianzas de aquellos
antisociales que resultaran detenidos. En las pasadas manifestaciones que utilizaron
el vil asesinato de George Floyd como pretexto, se pudo ver el modus operandi de estas organizaciones:
saqueos, enfrentamientos con la policía, vandalismo, atentados contra la vida y
la libertad.
Lo cierto es que al día de hoy Isabel Cuervo y su equipo de trabajo
continúan desempleados tras el despido de Radio y TV Martí. Es difícil que un
medio independiente los contrate: siempre habrá una entidad invisible que no
deja de mover sus tentáculos para que la verdad no salga a la luz pública. Y de
los medios oficiales ni se diga, porque sabemos que estos son controlados por
otros poderosos que a lo mejor también simpatizan con el magnate, esto nunca se
sabe. Además a ellos no les gusta mucho los grandes logros que consiguen los
periodistas independientes sin financiación ni recursos. No fue gratuito que
periódicos tan prestigiosos como el Washington Post y el New York Times atacaran
la entrevista de Isabel con Lia Fowler diciendo que era falsa, extractada de
otros medios, o copiada de Youtube. Y ella, en un programa tan modesto como
Hola Ota Ola demostró que no, que era seria y sobre todo real.
Que le crean o no, eso ya es
cuestión de elegir qué periodista tiene credibilidad. Isabel Cuervo realizó su
investigación muy juiciosa y yo le creo aunque no tenga el renombre de otros
periodistas. Por eso me uno a su causa de enfrentarse con un poderoso como
George Soros y desenmascarar sus intenciones. Y no solo a Soros, sino a todos
aquellos que defienden ese mal llamado propósito “filantrópico”. Es más bien la forma de convertirse en el titiritero
del mundo.
Porque siempre hay que
desconfiar de la belleza, porque el diablo se transforma en ángel de luz,
porque de aquello que más te hablan es precisamente de lo que carecen. Por eso
desconfío de esas luchas que se dan por los derechos de una clase de individuos
especiales. Por eso me estremecen esas influyentes personalidades a las que
todos veneran. Mejor deberíamos apuntarnos a la misma meta, que es el respeto
por la vida y por la libertad, sin hacer eco de la defensa de los ismos que solo conducen a la ceguera
mental.
Un saludo para Isabel donde
quiera que se encuentre.

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