sábado, 16 de enero de 2021

Eugenesia biotecnológica

Por Juan Felipe Giraldo Trejos







   Los sistemas de gobierno, que anteriormente fundaban sus ideales sobre la base de la justicia, la libertad, la equidad, el desarrollo económico, la soberanía, y demás valores nacionales; en el futuro tendrán que formular sus lineamientos políticos, económicos, sociales, demográficos, ideológicos y demás, según la forma como entiendan la concepción del hombre. Sin dicha concepción no pueden establecer un gobierno dentro de la sociedad que presiden.


    Las ideologías nuevas han surgido de las grandes revoluciones. Con la Primera Revolución Industrial los cambios en los patrones de vida de la sociedad fueron inevitables. Se produjeron las masivas migraciones de los campos a las ciudades, y con ellas se hicieron más visibles las clases sociales que en el transcurso de la historia se patentaron con sus subyacentes problemas de desigualdad de ingresos entre los proletarios y los capitalistas. De ahí surgieron ideologías como el Marxismo y el Capitalismo, que si bien esta última no fue una ideología en sí misma, sí instituyó el orden económico que posteriormente se vendría a implantar a nivel mundial.



    Ahora, con la Cuarta Revolución Industrial que se viene, el componente tecnológico es vital: los gobiernos no podrán establecer un modelo de organización política ni social si prescinden de este. Incluso los cambios irán más allá de la dimensión tecnológica (lo que se conoce como tecnologías disruptivas), extendiéndose a la dimensión física de la tecnología. El ser humano ya no usará los dispositivos como herramienta de progreso, sino que los incorporará a su cuerpo mismo. Ya no el hombre como sujeto que usa la tecnología a su servicio, sino como objeto de esta. De hecho los teléfonos inteligentes son hoy una prolongación del cuerpo de los mortales. Andar sin los dichosos aparatos equivale a dejar una parte de la vida en casa: allí están almacenados los recuerdos, los proyectos, los contactos, las actividades diarias, el estilo de vida. Se necesitará entonces que el dispositivo circule por la sangre y los circuitos electrónicos sean un tejido nuevo que ayude a formar parte de los tejidos biológicos que constituyen los órganos.



    La Cuarta Revolución Industrial, en esencia, será la fusión de los sistemas biológicos, tecnológicos y digitales: una nueva concepción del hombre como especie, ya con mezclas de genes animales, de partes metálicas robóticas y hasta de componentes cuánticos y metafísicos que lo trasciendan a otra dimensión. La mala noticia (o buena según como se mire), es que como todo de lo que se apropian las élites, esa nueva dimensión humanística no nos tocará a todos; será privilegio de algunos pocos, porque la mayoría no seremos superhombres, sino simples desposeídos que nos quedaremos fuera de la ecuación. De modo que no creo que se escriba la historia feliz que tanto nos quiere vender el progresismo, sino que esta se repetirá con otros actores y otros modos de producción, pero en esencia será la misma: una lucha de pobres contra ricos. Si antes era la tierra el elemento principal del juego de poder, y luego pasó a ser el capital, y actualmente es la información (o la data, como la conocemos hoy); pues para la Cuarta Revolución Industrial se espera que los poderosos serán quienes controlen y dominen el mundo digital utilizando esa misma información que nos están sacando a diario de nuestras experiencias personalizadas a través de la virtualización de la vida: el comercio electrónico y las redes sociales son sólo una manifestación de ello. 


    ¿Qué nos queda a los que posiblemente no participaremos del juego, es decir a la mayoría? No hay muchas opciones. Digamos que la más efectiva es desaparecer, y para ello el mundo dispone de múltiples mecanismos. Pero como quienes defendemos la vida queremos seguir habitando en el mundo para dejar un legado más feliz a las generaciones que nos sucederán, los poderosos nos brindan la opción de la Renta Básica Universal, que es de lo que ya se está hablando en los ámbitos legislativos de los diferentes países con el nombre de Ingreso Mínimo Vital, a ver si se aprueba o no. Así nos mantendrán como hordas de esclavos que no tendremos ninguna posibilidad de ser felices ni dejar legado.



    Los empleos, por ejemplo, se están reemplazando gradualmente por la robótica inteligente. Algunos tardarán diez años para desaparecer; otros veinte, pero poco a poco las máquinas irán sustituyendo al hombre hasta aniquilarlo por completo como fuerza productiva. Alguna vez en las películas futuristas y en las predicciones astrológicas nos pintaron este cuadro para generar terror, pero vemos que hoy ya es inminente, y lo peor de todo es que ni nos inquieta la posibilidad de ese orden computarizado, como si ya nos hubiéramos resignado a nuestra suerte de relegados tecnológicos.

    Si la mecanización de los procesos productivos dejó sin trabajo a miles durante la Primera Revolución Industrial, la automatización definitiva acabará con los puestos de trabajo que la industria genera. Ya no se estará reemplazando mano de obra barata y poco calificada, sino personal relevante en la toma de decisiones o en la generación de ideas y estrategias para la toma de esas decisiones. Pues bien, las máquinas ya pueden, a través de los algoritmos, decretar la política cambiaria de un país, generar una estrategia de mercadeo para una empresa, hacer análisis financieros y procesos contables, escribir un libro, componer una pieza musical, conducir automóviles, preparar y servir alimentos, o construir un edificio entero, incluyendo el diseño de los planos y la realización de los cálculos de ingeniería. También podrán constituir una fuerza policial con el pretexto de la Seguridad Nacional.



    Si ese panorama que nos espera, tan digno del más espeluznante culto apocalíptico, no nos hace reaccionar para detener esa ola de inteligencia artificial que nos amenaza como especie, la humanidad está irremediablemente perdida. 

    Las ideas que he expuesto en los párrafos anteriores, por supuesto que no son mías. Son la extracción de la conversación que hace poco sostuvieron el doctor Miklos Lukacs (Académico peruano especialista en Tecnologías Convergentes y Filosofía de la Tecnología) y Juan Ángel Soto (Director de la Fundación Civismo), que aparece en Youtube con el título de El Gran Reinicio, Big Tech y Censura[1].


    No faltará el progresista que diga que ese pensamiento de estos señores hace parte de otra más de las Teorías de la Conspiración para asustar al mundo y desestabilizar la sociedad, y que al contrario lo que se viene en materia de adelantos es muy bueno porque precisamente ayudarán a simplificar los procesos y mejorarán la vida. Pero es muy fácil aplaudir esos cambios cuando no se pasa hambre y se depende de un empleo para sobrevivir. Millones de personas que no podrán adaptarse a las nuevas tecnologías por falta de acceso a ellas y por la imposibilidad de capacitarse, quedarán como un residuo desechable de la nueva producción. Está en juego la vida de seres humanos que viven gracias a trabajos operarios y de nivel medio; a profesiones fácilmente sustituibles; a labores manuales que requirieron toda una vida de especialización, y que por más que intenten mantenerse en el mercado laboral no podrán competir con una máquina que lo hará cien veces mejor y en menos tiempo.

    Así las cosas, la nueva revolución tecnológica seguirá ampliando la brecha social a otro nivel: los que dominan la informática contra los que no están capacitados para manejarla. Los primeros están llamados a ser parte de la nueva élite del futuro. El resto del planeta, la gran mayoría, bien podemos irnos despidiendo. Asistimos a una nueva era de la humanidad: la de la eugenesia biotecnológica.


14/01/20

[1] www.youtube.com/channel/UCKoz


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