sábado, 2 de enero de 2021

No te comas a las vacas

Por Juan Felipe Giraldo Trejos



 


    Hace por lo menos dos años, cuando la mayoría de los terrícolas todavía gozaba de libertad para organizar fiestas, me invitaron a un matrimonio de unos conocidos. Como no soy muy amigo de las fiestas de etiqueta, y como además me aburren las celebraciones solemnes de esas en las que reinan protocolos, y como tampoco andaba muy bien de fondos, pues decidí no ir. Me excusé con algún compromiso laboral ineludible y me lamenté con los anfitriones por no poder acompañarlos, pero el deber me llamaba. Qué vaina, otra vez sería, pero mucha suerte a los novios en esa nueva etapa que emprendían.

    Hasta ahí todo normal. El matrimonio se llevó a cabo sin ningún percance y los invitados salieron contentos, algunos hablando de más, pero ¿quién no ha ido a una fiesta a criticar? Los recién casados seguramente hoy estarán más enamorados que nunca, o a punto de divorciarse, pero eso hace parte del ciclo normal de la vida.




    Lo que me llamó la atención de esta celebración en particular fue un detalle que tal vez pueda parecer banal, un asunto sin importancia, pero a mí no me deja de sorprender. Uno de los asistentes me contó después que se había quedado de una pieza con la fastuosidad de la reunión, la belleza del decorado y el vestido de la novia, la espectacularidad del lugar, la distinción de los invitados, el buen gusto con el que dispusieron todo, la exquisitez del menú. Mejor dicho, como decimos los que no pertenecemos al mundo del glamour, fue una fiesta de ataque.

    —Hasta tenían un menú especial para las personas veganas —agregó el contertulio que no dejaba de alabar la majestuosidad de la reunión, como para que a mí me diera un hondo pesar de no haber asistido.

    Un menú especial para veganos. Sí, ese es el detalle que más me llamó la atención por lo modernista que me pareció el asunto.

    De manera que la tendencia alimentaria de los que no consumen ninguna fuente proteica de origen animal ya se ha tomado las recepciones elegantes. Ya se está convirtiendo en una opción bastante posicionada en los menús de los restaurantes de manteles y los servicios de cáterin.






    Como quien dice, está de moda no comer carne, ni huevos, ni lácteos, ni grasas que provengan de ningún animal. 

    Algunos lo hacen para mantener un estilo de vida más saludable, otros por repulsión a los cárnicos; unos cuantos para preservar el medio ambiente, o porque están en contra de las industrias donde los animales son maltratados para abastecernos de comida a nosotros los humanos. Un grupo nutrido lo hace por motivos meramente ideológicos, y esta es la razón que más me inquieta.

    No nos engañemos: el veganismo, más que una tendencia alimenticia, es una filosofía de vida, la cual ha calado más hondamente entre las personas inclinadas a las ideas de corte progresista. Incluso la mayor parte de los adeptos a esta opción están circunscritos a unas élites muy particulares.   

    Amigo lector, si usted desea convertirse a esta nueva religión, tendrá que prepararse, no sólo físicamente, sino espiritualmente, y sobre todo económicamente. Por estar asociados a la buena nutrición, estos productos no son para nada baratos. Por otro lado, hay que tener presente que el fundamento de esta corriente proviene de una ideología que tiene por objeto la negación de la naturaleza humana y la reafirmación de los “derechos animales”, tan proclamados e irrespetados como los derechos humanos.




    No me voy a referir si el veganismo como opción alimenticia es bueno o no. De eso se encargarán de hablar los médicos y los científicos, que sabrán cuáles son los componentes esenciales para una adecuada nutrición, y si la ausencia de grasas animales se puede suplir con otros alimentos de igual o mejor manera. Yo, de hecho, no me le apunto a la dieta y prefiero seguir con mis bistecs y mis perniles. Pero lo que sí quiero dejar en claro es que, como lo afirma el Dr Pablo Muñoz Iturrieta (escritor y doctor en Filosofía Política y Legal, autor del libro “Atrapado en el cuerpo equivocado”, que fue vetado en la plataforma digital de Amazon, todo porque se apoyaba en estudios científicos y serios para hablar contra la Ideología de Género), “los argumentos en favor del veganismo no son argumentos científicos, médicos ni dietarios, sino puramente filosóficos”. 

    Estos se basan en cuatro corrientes que él expone en su conversatorio[1] con la Dra Fernanda López Ferreira y que brevemente dejaré enunciadas para profundizar en ellas a futuro, pues es un tema que tiene mucha tela para cortar.

    Cabe recordar que el veganismo tiene sus raíces en la antigua India, lugar en donde la religión predominante es el Budismo, el cual apoya la teoría de la transmigración de las almas, lo que en últimas es la reencarnación. Según esta creencia, parte de las almas humanas reencarnan en los animales, de ahí que tanto humanos como animales pertenecemos a la misma especie. Bajo esta óptica se plantea la cuestión ética: no hay que hacer sufrir a los animales, por lo tanto no debemos comerlos.




    En la Universidad de Harvard, por ejemplo, se inventaron algo llamado Filosofía Moral Antiespecista, primera escuela del pensamiento filosófico que impulsa el veganismo, que consiste en afirmar que no existe la naturaleza humana como tal. Animales y humanos, básicamente, somos lo mismo. No valen los estudios científicos y genéticos de muchos años que demuestran lo contrario. Para esta escuela basta decir que la noción de especie es una construcción del hombre para aprovecharse de los animales, así como la noción de raza fue creada para apropiarse de la libertad de los negros. Una teoría moral, entonces, es suficiente para ponernos a la par con los caballos, los cerditos y los ornitorrincos. El lema de esta teoría podría ser: “no te comas a las vacas porque pueden ser tus parientes”.




    Otra escuela, la llamada Crítica Legal Liberal, es la que se apoya en el Estado para reconocer al animal como sujeto de derechos, protegidos bajo el código civil, seguramente, porque no bastarían las leyes contra el maltrato animal. A ellos  habría que reconocerles el estatus de ciudadanos, cedularlos y dejarlos sufragar. A lo mejor eligen con más conciencia que los humanos y no venden tan fácil su voto. Parece un chiste, pero la propuesta ya se ha planteado, y no digamos en Colombia, sino en países de vanguardia como Canadá.




    La tercera escuela es el llamado Post-modernismo, una cosa perversa que promueve el hecho de que el ser humano inventó categorías para subyugar a otros. Muy parecida a la primera. Aquí la mujer, los trabajadores, los hombres inferiores, los pobres, los animales, la naturaleza, todo son categorías inventadas por el humano para oprimir a quienes caigan en ellas. Se parte de construcciones sociales para hacer ver que el ser humano abusa de su entorno y de todo lo que hay en él, incluyendo los animales, sin importarle su sufrimiento. De ahí que ideologías como la de género, el feminismo y el animalismo emerjan con tanta fuerza en estos días que corren. A esta óptica yo le acuñaría el siguiente lema que la puntualiza: “No te comas a las vacas porque tienen sentimientos”.

    La cuarta escuela es la cereza del pastel: la Liberación Animal Marxista. Pregona que así como los trabajadores de todos los pueblos se deben unir para su liberación, también a los animales se les debe liberar de todas las granjas. Esta corriente es una estrategia del Marxismo Cultural para decir que los burgueses son enemigos de los animales porque se apropian de ellos. A los marxistas no les importa para nada el veganismo, pero se apoyan en su filosofía para ganar adeptos. Por lo general, casi todos los veganos lo son por razones diferentes a las de la alimentación, y suelen identificarse con la izquierda en materia ideológica. El lema en esta escuela podría ser: “no te comas a las vacas, porque ellas también piensan y quieren ser libres”.




    A estas alturas los miembros de este movimiento deben estar soltándome improperios, pero yo no cuestiono su decisión de alimentarse como quieran, sino la raíz de una ideología que en lugar de liberarlos de las ataduras los puede esclavizar aún más, hasta el punto de que el respeto obsesivo por los animales se puede convertir en una tiránica religión.

    En lo que sí estoy de acuerdo es que a todos los animales hay que tratarlos bien, así sea que nos los vayamos a comer. A los cerdos hay que darles el alimento apropiado y mantener limpias las cocheras por muy cerdos que sean. A las vacas hay que proveerles buenos pastos, vacunarlas, tenerlas en óptimas condiciones para hacerlas aptas para el consumo. A todos les debemos procurar un hábitat decente.

    Mi amiga Cata, La Marxista (así le digo cariñosamente sin que ella lo sepa), me llamó furibunda por este artículo que le hice llegar antes de publicarlo en el blog. Yo sólo quería una opinión de una vegana. Me dijo que cómo se me ocurría poner todas esas sandeces, que el veganismo, más que una ideología, era una obligación moral. Me acusó de no saber nada del tema, y en eso tiene razón. Que debía prepararme mejor, porque esto no era una moda de las fiestas ni de la publicidad. Al contrario, se necesitaba de mucha voluntad, de mucha conciencia y de mucha preparación para acceder a ese universo pacífico, respetuoso y moral que es el acto de alimentarse prescindiendo de los animales.




    Con razón a las invitaciones que a mí me gustan, cuyo menú es una buena fritanga con caldo de pajarilla, no asiste nadie que quiera insertarse dentro del canon de la alta gastronomía.



[1] https://pablomunoziturrieta.com/2020/10/16/la-ideologia-vegana-y-el-anti-especismo-video/



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